miércoles, 11 de junio de 2014

ÓSCAR OLIVA








No está en ninguna parte...


No está en ninguna parte
Cuando regresé de la oficina busqué su sombra
levanté el cuaderno
arrimé la silla a la mesa
y me puse a trazar su geometría
Tomé un vaso de agua y me sorprendió su dulzura
Busqué en mi traje en las gavetas de mi escritorio
Cansado sentí deseos de mujer pero no salí a la calle
Releí viejas cartas que me puse a atar lazos con mi saliva
a construir amores perdidos con mis cabellos
habitaciones y amigos que un día conocí en mi frente
Pero sentía su presencia como un acoso
su lujuria dentro de mi estómago
(Tal vez en el jardín desenterraba plantas y buscaba hormigas
para la poderosa baba de su lengua entumecida como escorpión)


                                                 en Áspera Cicatriz


Óscar Oliva(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1937). La voz desbocada 
(en La espiga amotinada, 1960); Áspera cicatriz (en Ocupación de la 
palabra, 1965); Estado de sitio (1972); Trabajo ilegal (1994); Ecouter 
le monde, Escuchar el  mundo, selección y presentación de José María 
Espinaza (Québec, 2000) y Lienzos Transparentes (2003).

PEDRO MIR




Hay un país en el mundo


Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.

Sencillamente
liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa.

Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteronas antiguas
o el día en los tejados.

Sencillamente
frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.

Sencillamente triste y oprimido.

Sencillamente agreste y despoblado

En verdad.
Con tres millones
suma de la vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falda del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el canto de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio del amor.

Entonces
es lo que he declarado.

Hay
un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.

Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar
cantando
su franja propietaria.

Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.

Y creerá
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.

Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
de donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras cantando
entre los surcos
su propiedad.

Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.

Hay
un país en el mundo
donde un campesino breve,
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para su bronca muerte.

¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije:
sencillamente triste y oprimido.

Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un país.
Precisamente
pobre de población.
Pero
no es eso solamente.
Natural de la noche soy producto de un viaje.
Dadme tiempo
coraje
para hacer la canción.

Plumón de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.

Decid al viento los apellidos
de los ladrones y las cavernas
y abrid los ojos donde un desastre
los campesinos no tienen tierra.

El aire brusco de un breve puño
que se detiene junto a una piedra
abre una herida donde unos ojos
los campesinos no tienen tierra.

Los que la roban no tienen ángeles
no tienen órbita entre las piernas
no tienen sexo donde una patria
los campesinos no tienen tierra.

No tienen paz entre las pestañas
no tienen tierra no tienen tierra.

.......

Miro un brusco tropel de raíles
son del ingenio
sus soportes de verde aborigen
son del ingenio
y las mansas montañas de origen
son del ingenio
y la caña y la yerba y el mimbre
son del ingenio
y los muelles y el agua y el liquen
son del ingenio
y el camino y sus dos cicatrices
son del ingenio
y los pueblos pequeños y vírgenes
son del ingenio.

Es verdad que en el tránsito del río,
cordilleras de miel, desfiladeros
de azúcar y cristales marineros
disfrutan de un metálico albedrío,
y que al pie del esfuerzo solidario
aparece el instinto proletario.

Pero ebrio de orégano y de anís,
y mártir de los tórridos paisajes
hay un hombre de pie en los engranajes.
Desterrado en su tierra. y un país,
en el mundo,
fragrante,
colocado
en el mismo trayecto de la guerra.
Traficante de tierras y sin tierra.
Material. Matinal. Y desterrado.

.......

Quiero ver su amargura necesaria
donde el hombre y la res y el surco duermen
y adelgazan los sueños en el germen
de quietud que eterniza la plegaria.

Donde un ángel respira.
donde arde
una súplica pálida y secreta
y siguiendo el carril de la carrera
un boyero se extingue con la tarde.

Después
no quiero más que paz.
Un nido
de constructiva paz en cada palma.
Y quizás a propósito del alma
el enjambre de besos
y el olvido.



Pedro Mir(1913 -2000) fue un escritor dominicano, considerado
el Poeta Nacional de la República Dominicana en 1984), pertene
ciente a la generación de los Independientes del 40. Entre muchos 
libros, escribió Hay un país en el mundo(1949) Contracanto a Walt Whitman(1952) Seis momentos de esperanza (1953) Poemas de 
buen amor y a veces de fantasía (1969) Amén De Mariposas (1969) 
etc.

RAFAEL ALCIDES


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El Agradecido

                                                A Nati Revuelta


Toda mi vida ha sido un desastre
del que no me arrepiento.
La falta de niñez me hizo hombre
y el amor me sostiene.

La cárcel, el hambre, todo;
todo eso me ha estado muy bien:
las puñaladas en la noche,
y el padre desconocido.

Y así de lo que no tuve
nace esto que soy:
bien poca cosa, es verdad,
pero enorme, agradecido como un perro.

                                                                          1963


Rafael Alcides(Barrancas, Cuba, 1933) es poeta, narrador y
periodista. Inició su actividad literaria en la revista Ciclón,
dirigida por Virgilio Piñera, para acabar formando parte de
la llamada Generación del 50 cubana.

FERNANDO ORTIZ





ELOGIO DEL SONETO


Yo sé que el Occidente en el soneto
dejó diamantes de su poesía.
Es el motivo por la que la mía
humildemente protegí en su seto.

¿Dónde la causa y dónde su secreto
por el que a todos esta forma unía?
Quizá por ser tan clara como el día
y su decir preciso por lo escueto.

El griego y el latín ya están lejanos.
Sus vates componían el poema
en silábicas sumas: larga, breve…

El italiano nos dejó en las manos
el soneto, y así salvó el problema
con una arquitectura firme y leve .



PRIMERA DESPEDIDA

                                           A mi hermano Manuel

Ahora imagino una mañana clara
en la que soy un niño y los ojos
están despiertos. Ando por el campo
del Aljarafe. Aún la hora es temprana
y aún el fresco del alba va conmigo.
El canto de los pájaros retorna
a mi memoria. Suenan las campanas
de la primera misa, alegres tañen.
Mojada está la hoja de rocío
y mojada la hierba que mi mano
hacia los dientes lleva. Lentamente
voy caminando. Un gallo lejos se oye.
Y aquí, desde los alto de una higuera,
blancas las casas, los olivos verdes.

                                   de Primera despedida, 1978


Fernando Ortiz, poeta, crítico literario y articulista español, nacido
en Sevilla en 1947, considerado por varios antólogos como impres
cindible para su generación.



IVÁN OÑATE






Cuando Morí


Para volarme la tapa de los sesos,
no hizo falta una mágnum 44
o la lugger
que portaba Marlon Brando
en “El baile de los malditos”.
Bastó
mi dedo índice.
Mi dedo índice apuntando mi sien.
Fue un suicidio
íntimo, discreto.


 Portada de la segunda edición



 Cómo dónde cuándo


En el centro del poema
existe un bosque

En él
se esconde un árbol

Allí
bajo su sombra

(Mientras contemplo pasar
al río de Heráclito)

Volveré
a esperarte para Ser

Por todos los instantes
del eterno retorno

El poema que existe
en el centro del bosque
bajo la sombra de un árbol.

                     (de La nada sagrada, 1998)


Iván Oñate(Ambato, Ecuador, 1948) es una de las voces más 
importantes de la literatura en castellano. Con más de una
docena de libros publicados, muchos de ellos traducidos a
diversos idiomas, y con una carrera académica que lo ha 
llevado a impartir cátedra, conferencias y clases magistrales 
en múltiples universidades de Estados Unidos, México y Europa.

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR


Roberto Fernández Retamar


Felices Los Normales

                                                              A Antonia Eiriz


Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, 
un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
  Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
  Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.





Otro poema conjetural

                                                          (J.L.B., 1899-1999)


Así como descreí (al menos eso he repetido) de la fama,
Descreí también de la inmortalidad,
Y es claro que hoy finado no puedo ser quien traza o dicta
estas líneas falsamente póstumas,
Pero no es menos claro que ellas no existirían sin las que
yo produje de veras,
Si es que yo y de veras tienen sentido en el extrañísimo
            universo
(Algún curioso habrá reparado en que ese superlativo no
            podría ser mío,
Pero eso no da autenticidad a las restantes palabras).
Afirmé que la duración del alma arbitraria está asegurada
            en vidas ajenas,
Y nada puedo hacer para impedir quedar en el autor que
            me atribuye este texto,
Y en muchos otros autores inconciliables.
Acaso en mí también fueron inconciliables los rostros, los
            estilos que asumí,
Y sin embargo hace tiempo los vanos diccionarios, las
vanas historias de la literatura
Los han reunido bajo tres palabras, entre dos fechas,
De las cuales soy el abrumado, el imaginario prisionero,
            no la realidad.
Qué mal he sido leído con demasiada frecuencia.
Cómo no repararon en que laberintos, bibliotecas, tigres,
espadas, saberes occidentales y orientales
Eran transparentes metáforas del pobre corazón de aquel
            muchacho
Que simplemente quería ser feliz con una muchacha
Como sus amigos corrientes en Buenos Aires o en Ginebra.
Al evocar mis antepasados, los presenté en mármol o
bronce, y fingí ignorar
Que ellos mezclaron con sus batallas lágrimas, ayes y amores.
La tristeza, la soledad, la desolación contribuyeron a que
existieran mis páginas perfectas,
Pero yo habría cambiado tantas de esas páginas
Por haber besado labios que nunca besé.
Dije abominar de los espejos, y no se entendió que lo que
              quería era verme reflejado
En ojos oscuros y claros bajo la gran luna de oro
O en la penumbra de la alcoba.
Me han atribuido la indeseable paternidad
De vocingleras sectas literarias y cenáculos de eruditos,
Cuando yo quería ser padre de hijas e hijos de carne y hueso.

Nadie extrañe dónde decidí quedar enterrado
Si antes no me entendió ni me ayudó a salir de mi celebrada cárcel.
Lamenté no haber tenido el valor de mis mayores,
Pero ahora que nadie puede censurármelo como jactancia
Proclamo que no fui menos valiente al afrontar una adversidad atroz.
Hubiera preferido muchas veces la bala en el pecho o el
íntimo cuchillo en la garganta
Antes que el espanto que contemplé en mí
Mientras pude contemplar.

No se olvide que no soy quien escribe estos versos.
No los escribe nadie.


RFR(La Habana en 1930). Poeta.  De su obra poética merecen 
destacarse:  «Vuelta de la antigua esperanza», «Con las mismas
manos», «Buena suerte viviendo» y «Qué veremos arder».  

JORGE ENRIQUE ADOUM





EL DESENTERRADO

                      Escapa por tu vida: no mires tras de ti.
                         Génesis, XIX, 17


Si dijeras, si preguntaras de dónde
viene, quién es, en dónde vive, no podría
hablar sino de muertos, de substancias hace
tiempo descompuestas y de las que sólo
quedan los retratos; si preguntas de nuevo,
diría que transcurre el cuarto al fondo
de la casa, que conserva destruyendo labios
como látigos, rostros, restos de útiles
inútiles y de parientes transitorios
en su soltera soledad.
Pero ¿quién puede todavía
señalar el lugar del nacimiento, quién
en la encrucijada de los aposentos, halla
la puerta por donde equivocó el camino?

Detrás de su ciega cerradura, el hombre
y su mujer ajena, que la tarde devuelve
puntualmente, suelen engañarse con amantes
abandonados o difuntos, desvestirse a oscuras,
cerrar los ojos, primero las ventanas, y con la voz
y con las manos bajas, incitarse a dormir
porque hace frío. Pero un día despiertan
para siempre desnudos, descubren la edad
del triste territorio conyugal, y se toleran
por última vez, por la definitiva, perdonándose
de espaldas su muda confesión de tiempo compartido.

Y a través de caderas sucesivas, volcadas
como generaciones de campanas, el seco río
de costumbres y ceniza continúa, arrastra
flores falsas, recuerdos, lágrimas usadas
como medallas, y en cualquier hijo recomienza
su antepasado cementerio.

Y es duro apacentar
el alma, y es preciso salvarla de la tenaz
familia: apártala de tu golpeado horario
y sus descuentos, defiéndela renunciando
a las uñas que ya nada pueden defender,
ayúdame arrancando las difíciles pestañas
que al sueño estorban, las ropas, las
palabras que establecen la identidad
desenterrada.
Porque desnudo y de nuevo
sin historia vengo: saludo, grito, golpeo
con el corazón exacto la vivienda
del residente, quiero tocar sus manos
convertidas en raíz de mujer y de tierra, y otra vez
pregunto si estuve aquí desde antes,
cuándo salí para volver amando este retorno,
si he llegado ya, si he destruido
el antiguo patrimonio de miedo y abalorios
por donde dios se abrió paso a puñetazos,
si cuanto tuve y defendía ha muerto
de su propio ruido, de su propia espada,
para sobre la herencia del salvaje tiempo
y sus secretos, para sobre sus huesos
definitivamente terrestres y quebrados,
sobre la sangre noche a noche vertida
en la verdura rota, en los telares,
recién nacer o seguir resucitando.


                                    De "Ecuador Amargo" 1949




Podría ser también


Un bar. De noche, es evidente
Podría ser también un cabaret o un teatro.
Música de piano. O un bandoneón. Quizás una
 guitarra.
Tal vez, también, una canción. Depende:
Un tango, un bolero, una nostalgia griega,
algo impalpable, como un blues, inalcanzable
como los muslos de esa muchacha de Venecia
que te mira desde el fondo de tu vaso.
Recordar, cuando uno es o está solo , duele más
Que imaginar: eso es lo que queremos demostrar.
El micrófono aumente la verdadera voz, la
ausencia:
se trata del viaje a una mujer como a una ciudad
a la que no se llega por invisible, por distante.
Y si uno llegara y estuviera allí, en ella,
va a tratarse, con esa música, de una separación
que será para siempre, como siempre.
¿A quién culpar? ¿Son destino el país
que no tuviste, la mujer en la que no encontraste?
una compañía -cualquiera-  más o menos
conyugal,
o recién hallada, digo más o menos duradera,
nunca la querida no buscada, nunca la presentida,
destruiría esa sensación agridulce o dulceamarga
de lo que no es, lo que no fue, sin que importen
la voz o el rostro que le pertenecen,
tampoco la edad que sus piernas sostienen:
lo que no puede ser porque si no fuera no seria.
En el fondo dolería que no doliera.
Incluso que no doliera más de lo que duele.


Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926-Quito, 2009), poeta 
fundamental de la poesía ecuatoriana y latinoamericana.