martes, 3 de junio de 2014

ISIDORA AGUIRRE


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                   con Eugène Ionesco



Isidora Aguirre


                              Carta a Roque Dalton



Maestro, me lo había dicho su amigo el poeta Lihn,
pero no pude creerlo, ni el estaba seguro -escucho la
noticia en Paris sin confirmar-, así es que en el estu-
dio de televisión de los Domingos-a-todo-color,
cuando anunciaron unas viajeras centroamericanas
premiadas de cosméticos Jean-les Pins entre las que
había una compatriota suya, supe que a ella le iba a
preguntar por su muerte. Es que antes de bailar la
"cumbia", y el "carbonero" pronunció su misma,
idéntica frase: "Como mi tierra no tiene folclore, se lo
pedimos prestado al país vecino" (se acuerda?
Granja Experimental, tarde rosa, mucho ron bebido y
usted cantando el corrido del Hijo Desobediente?) Me
quede anhelante, la pregunta doliéndome en la len-
gua mientras la concurrencia, a una seña del anima-
dor, se ponía en cuatro pies para gritar un-dos-tres
Nescafe! Entonces esa mujercita de lentes y trasero
abultado le hizo un guiño a los de la orquesta para que
la siguieran y empezó a menear las caderas en su baile
prestado por el país vecino. Y yo, maestro, pensando
en su vida, tan todo lo contrario de lo que estaba ocu-
rriendo allí, y en su CLARO GOLPE DE ALMA que me

marcó para siempre...

ARMANDO URIBE





Éste y Ése y Aquél tienen familias
felices y bien hechas, hijos, nietos
y hasta biznietos rubios, estudiosos
y buenosmozos, buenos y cristianos
mientras tus hijos Dios de Dios padecen
de psoriasis y son psicológicamente
inestables, ¿por qué, Dios de los dioses
de barro tus hijos padecen y desbarran?
Tus hijos son tus hijos y parecen hijastros.
Pero sus hijos y sus nietos y sus generaciones
no son como los nuestros unos degenerados
y descastados padres de pordioseros
y éstos tus hijos, Dios de dioses son
tus hijos y te reconocen, hacen
lo que tu´ les dijiste que hicieran, mientras ellos
hacen los signos, se persignan, tragan
hostias como muertos de hambre (pero están saciados)
y tus sacerdotes les hacen venias, comen
con ellos ostras y delicadeces,
a sus mujeres menstruales bendicen
para que tengan hijos y los tienen,
y los pocos que somos, o se mueren
naturalmente o se suicidan.
¿Hay un por qué? No hay un por qué.
Tú eres el Dios que se te ocurre ser.








ÁNGEL GONZÁLEZ











ESPERANZA...

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Te paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas 
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
                        Mi corazón:
tu nido.

            Muerde en él,  esperanza.







POÉTICA a la que intento a veces aplicarme.


Escribir un poema: marcar la piel del agua.
Suavemente, los signos
se deforman, se agrandan,
expresan lo que quieren
la brisa, el sol, las nubes,
se distienden, se tensan, hasta
que el hombre que los mira
—adormecido el viento,
la luz alta—
o ve su propio rostro
o —transparencia pura, hondo
fracaso— no ve nada.





Ángel González(Oviedo, España, 1925). Fue partícipe de la llamada 
“Generación del 50. Entre su obra poética figura “Áspero mundo” 
1956), Grado elemental” (1962), “A todo amor” (1988), la antología “Lecciones de cosas y otros poemas” (1998), la selección personal de
cien poemas y otros inéditos “101+19=120 (2000) y “Otoño y otras 
luces” (2001). En 1985 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias
de las Letras; y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en
1996. Falleció en Madrid en 2008.

EDUARDO LLANOS MELUSSA





AVISO CLASIFICADO


Centro de inteligencia y prisión preventiva
en vías de expansión a todo el territorio
necesita contratar personal de apoyo
en jornadas nocturnas, diurnas o vespertinas.

Se exige dinamismo, reserva, sangre fría,
olfato, patriotismo, buen oído y buen ojo.
Deseable posesión de vehículo propio,
estudios de karate y buena puntería.

Se ofrece buen sueldo, comisiones y viáticos.
Labor no rutinaria -con viajes de confianza
dentro y fuera del país-. Carrera funcionaria.

Postular solamente los más interesados.
Enviar nombre completo, sin datos ni currículo:
de eso ya tenemos un registro exhaustivo.



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JUAN CALZADILLA

















EL DOBLE HACE SU ENTRADA


Pierdo mi tiempo dibujando monstruos
en las paredes
de una habitación desierta
espectros que sin atreverse a entrar se asoman por la ventana
yo les hago señas los invito a que pasen
todo en vano: siempre terminan escapándose
saludo sus sábanas de ángeles
sus apariencias extravagantes

Monto en cólera
al cabo soporto en silencio que no se vayan jamás
siempre encuentran un sitio mejor para instalarse
mas mi cólera aumenta, trepa por las paredes del cuarto
al volver descubro allí mismo a un enorme perro
seguramente hace guardia
ahora bien yo intento ganar su confianza
arrojándole las partes de mi cuerpo que aún
no ha terminado de comerse

que aún no ha terminado de comerse.





Juan Calzadilla(Altagracia de Orituco), estudió en la Universidad
Central de Venezuela y en el Instituto Pedagógico Nacional, es co
fundador del grupo El techo de la ballena (1961) y de la revista 
Imagen (1984). Dentro de su obra se destacan los títulos: Dictado 
por la jauría (1962); Malos modales (1968); Antología paralela 
(1988); Minimales (1993); Diario sin sujeto (1999); Aforemas (2004) 
Bicéfalo (reedición 2008).



THOMAS MANN





UN RECUERDO DE CARLOS FUENTES


En un artículo publicado en “El País” el 24 de junio de 1998, Carlos Fuentes nos cuenta que en el verano de 1950, con 21 años recién cumplidos, llegó a Suiza a continuar sus estudios en la Universidad de Ginebra, y que, cierto día de junio, en Zúrich, fue invitado a cenar por unos amigos en el hotel Baur-au-Lac, junto al lago. Allí, a la luz de las linternas chinas y de las velas que lo iluminaban, al levantar la mirada, vio en la mesa de al lado, acompañado de tres damas, a un caballero de más de 70 años, muy elegante y rígido en sus ademanes, de rostro cansado y ojos de fuego. Él comía y las señoras charlaban; hasta que poco a poco fue cayendo en la cuenta, se le fue revelando, que estaba ante Thomas Mann, el más europeo de todos los escritores europeos de cuya obra se había empapado en México: Kafka, Proust, Musil, Joseph Roth. A la mañana siguiente acudió expresamente para verlo al hotel Dolder, donde se alojaba, y allí se lo encontró, vestido todo de blanco, con los ojos aún más alertas que la noche anterior.
Esta es su narración del encuentro:
«Varios hombres jóvenes jugaban tenis en las canchas, pero él sólo tenía ojos para uno de ellos, como si éste fuese el Elegido, el Apolo del deporte blanco. Ciertamente, era un joven muy bello, de no más de 20 años, 21 acaso; mi propia edad. Mann no podía quitarle de encima los ojos al muchacho y yo no podía quitarle la mirada a Mann. Estaba presenciando una escena de “La muerte en Venecia”, sólo que 38 años más tarde, cuando Mann ya no tenía 37 (su edad al escribir la novela maestra sobre el deseo sexual), sino 75, más viejo aún que el afligido Aschenbach enamorando de lejos al joven Tadzio en la playa de Lido donde 20 años después de ver a Mann en Zúrich, vi a Luchino Visconti, en compañía de Carlos Monsiváis, filmar “La muerte en Venecia” con una mujer que asumía todas las bellezas y todos los deseos, incluso los de la androginia, Silvana Mangano.
En Zúrich aquella mañana, la situación se repetía, asombrosa, famosa, dolorosa. El circunspecto hombre de letras, el Premio Nobel de Literatura, Mann el septuagenario, no podía esconder ni de mí ni de nadie más, su deseo apasionado por un muchacho de 20 años que jugaba tenis en una cancha del hotel Dolder una radiante mañana de junio del lejano 1950 en Zúrich. Entonces, una mujer joven llegó hasta donde se encontraba su padre, pareció regañarlo cariñosamente, lo obligó a abandonar su apasionada avanzada y regresar con ella a la vida de todos los días, no sólo la del hotel, sino la de este autor inmensamente disciplinado cuyos impulsos dionisiacos eran siempre controlados por el dictado apolíneo de gozar la vida sólo a condición de darle forma.

Para Mann, lo vi esa mañana, la forma artística precedía a la carne prohibida. La belleza se encontraba en el arte, no en el prematuro cadáver de nuestros deseos informes, pasajeros, al cabo corruptos. Fue para mí un momento dramático, inolvidable: un comentario verdadero sobre la vida y la obra de Thomas Mann, el arribo de su hija Erika, visiblemente burlona ante las debilidades eróticas de su padre, suavemente empujándolo de regreso, no al orden de “cucolandia”, sino al orden del espíritu, de la literatura, de la forma artística, donde Thomas Mann podía tener el 20 y las chanchas, ser el dueño, y no el juguete, de sus emociones. »



CARLOS EDMUNDO DE ORY




DESCRIPCIÓN DE MI ESPOSA CON
ACOMPAÑAMIENTO DE TIMBALES


Ella es mi escarabajo sagrado
Ella es mi cripta de amatista
Ella es mi ciudadela lacustre
Ella es mi palomar de silencio
Ella es mi tapia de jazmines
Ella es mi langosta de oro
Ella es mi kiosko de música
Ella es mi lecho de malaquita
Ella es mi medusa dorada
Ella es mi caracol de seda
Ella es mi cuarto de ranúnculos
Ella es mi topacio amarillo
Ella es mi Anadiómena marina
Ella es mi Ageronia atlantis
Ella es mi puerta de oricalco
Ella es mi palanquín de hojas
Ella es mi postre de ciruelas
Ella es mi pentágrama de sangre
Ella es mi oráculo de besos
Ella es mi estrella boreal

                                                      (París, 17 mayo 1956)

             De POESÍA (1945-1969)



ASÍ COMO LOS CABALLOS OLFATEAN Y SIENTEN


Así como los caballos olfatean y sienten
horror al bisonte, así los sueños olfatean
y sienten horror a la muerte
Acabo de despertar
Como todo animal carnívoro he soñado con mi presa
a la cual he de descubrir por pacífica y porque
su olor me llama demasiado
Aún tiene su razón de ser el lobo
Entre los cadáveres de renos estaba la mujer muerta
En esto reconocí que los grandes lobos,
los killers,
habían venido a merodear por las cercanías.

                                                                           (¿1952?)


           De MÚSICA DE LOBO (1968-1969)