lunes, 2 de junio de 2014

LANGSTON HUGHES





CURVA FINAL

Cuando al doblar en una esquina
Te encuentres a ti mismo,
Sabrás que ya no quedan
Esquinas por doblar.



PENA

Ojos
Que se hielan
De no llorar.

Corazón
Que no sabe
Cómo morir.



AMOR QUE PASA

Porque eres para mí una canción
No debo cantarte mucho tiempo.

Porque eres para mí una oración
No puedo repetirte en todas partes.

Porque eres para mí como una rosa
No vivirás cuando el verano muera. 

                                                       versión JULIO GALER




El negro habla de ríos

He conocido ríos...
He conocido ríos antiguos como el mundo y más antiguos que la
fluencia de sangre humana por las venas humanas.
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos.

Me he bañado en el Eufrates cuando las albas eran jóvenes,
He armado mi cabaña cerca del Congo y me ha arrullado el sueño,
He tendido la vista sobre el Nilo y he levantado pirámides en lo alto.

He escuchado el cantar del Mississippi cuando Lincoln bajó a New Orleans,
Y he visto su barroso pecho dorarse todo con la puesta del sol.

He conocido ríos:
Ríos envejecidos, morenos.
Mi espíritu se ha ahondado como los ríos.


                                             versiones Jorge Luis Borges



Yo también 

Yo también canto América.

Soy el más oscuro hermano.
Me mandan a comer a la cocina
cuando llegan las visitas
Pero yo me río
como bien
y me hago fuerte.

Mañana
Estaré en la mesa
cuando lleguen las visitas.
Nadie se
atreverá a ordenarme
“Vete a la cocina”.

Además
Verán lo hermoso que soy
y se avergonzarán

Yo también soy América.


                                                 Trad. H-Yépez



HELLA HAASSE





HELLA HAASSE    /     EL OJO DE LA CERRADURA


                                                                       Por Leonor Silvestri


La autora holandesa Hella S. Haasse (1918) nacida en Batavia, actual Yakarta, es considerada en su país y en muchos territorios europeos donde ha sido traducida, “la señora de la novela histórica”. Su último trabajo tiene como tema la vida de una mujer en las Indias holandesas bajo la máxima lo personal es político, es decir: cómo el relato de una persona sin aparentemente ningún valor histórico revela el trasfondo ideológico y político de todas las etnias reunidas de facto en un mismo territorio.

Ante la imprevista llegada de una carta de un investigador que está escribiendo sobre su amiga de la infancia, convertida en huidiza militante micropolítica, la octogenaria Harma, narradora en primera persona de este texto y, hasta cierto punto, alter ego de Haasse, se dispone a pasar en limpio sus recuerdos, descartar todo lo que no había de cierto en ellos, y escribirlos. Efectivamente, esta breve novela puede ser leída como una especie de falsa autobiografía ya que la holandesa Harma cuenta la relación con su mejor amiga de la infancia, Dee, una extraña e incomprensible belleza euroasiática descendiente de holandeses, casi como un monólogo con ella misma, no tanto para darle pistas al investigador sino más bien para entender ella su propia vida durante su larga estancia como colona y su vuelta a Holanda. No en vano esta mujer se pregunta: “¿Puedo confiar realmente en mis recuerdos?”, tomando conciencia de cuánto hay de construcción y supervivencia en la memoria.

Hasta aquí, esta novela podría ser, de algún modo, cualquier otra novela intimista. Sin embargo, el hecho de que sea una novela histórica con un escenario tan exótico y ajeno al público lector argentino como es el drama de la ocupación de los territorios indonesios (primero por los holandeses, luego por los japoneses) hace de esta suerte de diario personal una reflexión ideológica sobre la búsqueda, y la lucha, por la identidad de un pueblo y del racismo entre holandeses, indo-holandeses y habitantes autóctonos. La novela se desliza como seda en la descripción de costumbres coloniales y territorios asiáticos, sus mitos y sus relatos a través de la piel de otros personajes que también dejarán entrever la conexión entre comunismo y nacionalismo en estas latitudes y el odio y la violencia que la ocupación holandesa generó, tal vez como metáfora actual de que los pueblos no aprenden de los horrores que les tocó vivir y, más aun, los reproducen.

Por otra parte, el desapego, racionalidad y falta de desesperación que Harma demuestra al pasar revista a su propio drama protegen este texto de todo melodrama exasperado y lo ponen al nivel de la reflexión filosófica más afilada. La memoria selectiva pero abundante de Harma permitirá a quien lea la novela construir realmente la trama entre los intersticios de lo no dicho, de lo que no se ve pero se intuye, aquello que ella misma negó durante décadas para poder desarrollarse. Y el símbolo del ojo de la cerradura del antiguo baúl de su padre que no logra abrir, y a través del cual tiene que fisgonear, puesto que allí es donde ella supone se encuentran todos los recuerdos de importancia no sólo de su infancia sino también de su adolescencia en Yakarta, para finalmente darse cuenta de que, como dijera el filósofo Séneca, todas mis cosas están conmigo. No es ésta la única muestra de sabiduría ancestral, puesto que el texto termina proféticamente con la frase del ornamento caligráfico que el baúl contiene, cita de un prosista místico persa: “Todo lo que haya visto u oído, todo lo que crea conocer ya no es eso, sino otra cosa”.


El ojo de la cerradura es una novela breve hecha a base de pequeñas cosas, donde los lectores son la clave para desentrañar la trama, puesto que su entendimiento no sólo de historia sino su activa participación es condición sine qua non para develar las sombras que los corazones de aquellos que creemos conocer –incluso más que a nosotros mismos– nos esconden.

ROBERT DESNOS




ÚLTIMO POEMA


Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.





TANTO SOÑÉ CONTIGO


Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizás ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años, seguramente me transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios, que los primeros labios y la primera frente que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.


                                                                 Versiones Aldo Pellegrini




CUENTOS DE HADAS


Había una vez ( y fueron tantas veces )
un hombre que adoraba a una mujer.
Había una vez ( la vez fue muchas veces )
que una mujer a un hombre idolatraba.
Había una vez ( lo fue muchas más veces )
una mujer y un hombre que no amaban
a aquel o aquella que los adoraban.
Había una vez ( tal vez sólo una vez )
una mujer y un hombre que se amaban.



                                   Versión Germán Zuluaga Uribe



GERMAIN DROOGENBROODT





El poema


Llevado
de la fuente primaria
de los sentimientos

palabras obstinadas
fuera de paso

como árboles
constantemente buscando
la luz.




Muerte


La mente enterrada
con el cuerpo en la tierra

única amalgama
del recuerdo

confiada
a la noche.




Atardecer

                        El murmullo del agua
                     dice lo que pienso
                                                   Chiang Tzu


El sol
que prende el fuego del alba
declina en su propia sangre
entre el ramaje de los árboles
el viento lanza un último suspiro
audible queda el murmullo del río
pero el ojo que busca sosiego
se embriaga con el vino
que tan generoso vierte
el atardecer.


Germain Droogenbroodt(Bélgica, 1944). Poeta, Traductor, 
Editor. Fundo la editorial Point. Vive en España.



PEDRO GEOFFROY RIVAS





Para los nietos del jaguar


          desde abajo
desde donde fue el principio
vino creciendo la raíz
extrañamente hacia arriba
buscando luz tal vez aire respuestas
escaleras para los jugos primordiales
oscuro metal marcándonos hasta un futuro irremediable

          así se gritó el rumbo
se trazó la señal
se roturó el surco de la estirpe
nadie supo donde comenzó
cómo vino
retorciéndose
apretado entre piedras
levantando agua serpientes minerales
ríos de verde hasta olvidar el nudo del origen
cargándonos la sangre de preguntas
dudas
sollozos germinales contra la oculta ordenación
la ceniza levantando su flor
bestias ancestrales reviviendo sus lunas
negras constelaciones contra un cielo amarillo
encendiendo la noche con sus jades de asombro
poblándonos el pecho de sedientos rugidos
ah qué noche tan noche
qué soledad tan sola
qué silencio preñado de palabras
te abrieron
te rompieron
te escupieron la entraña
devolviste en amor lo que engendró la rabia
vencida triunfadora
dominante esclava
qué sueño despiadado corriéndote la sangre
qué bárbaro prodigio desbordándote
fijándote en el tiempo
volandera raíz
oculta rosa
ah qué mano la tuya amontonando vida
junto al retoño triste
qué fuente de dolor alimentándolo
hasta llegar a lo alto de la nueva palabra
extraña
ajena
de tan lejos venida
pero tú ya sabías
desde siempre sabías que era tuyo el acento
tuya la claridad del barro
tuya la rebelde sumisión de la piedra
tuya toda la música
cómo pudiste
antigua madre
acoger en tu seno
toda la furia acumulada en los canales seminíferos
de un bárbaro extremeño
loco de sol y de destino
a quien generaciones y más generaciones
le corrían a gritos
entre la piel sudada y la armadura
cómo pudiste
contener en tu mínima vasija
toda el agua de tantos manantiales
ser la portadora del verbo
en el que caben todas las acciones
cómo pudiste
diminuto cayuco
pequeño axcali de conacaste
acarrear río abajo a tantos pueblos
cómo pudiste única raíz
sostener tanto árboles
subir
desde tu piel de níspero
a todas las concentraciones
que en tu lejano nombre se suceden
ah portadora de incontables icpalis
incansable tejedora de ayates
moledora de todos los maíces
qué historia de prodigios
creció desde la oculta flor de tus ovarios
hacia las dimensiones del delirio
ríos de semen corrieron a la par de la sangre
ríos de áspero sueño
de preguntas sin voz
desesperados ríos de semillas
anegando los llanos salvajes de la angustia
arroyos con futuro de mar
agua recién nacida llorando sus gotitas
entre helechos oscuros y sagradas serpientes
dime
antigua madre
tu claridad de estatua
para encontrar los túneles secretos
que corren por el lecho profundo de tu cauce
dime tu tumultuosa soledad
el cotidiano duelo de tu entrega
para poder ahora desandar las raíces
navegar por las venas de una edad sin memoria
y otra vez descubrir tu comarca de encendidas pieles
asombrada de pájaros
prometedora de mágicos frutos
bajo el ajeno cielo donde un sol desconocido
traza la geometría de los nuevos designios

pero aún estamos aquí

y otra vez ganaremos la tierra
para los nietos del jaguar



Geoffroy Rivas(Santa Ana, 1908-1979). Fue antropólogo, periodista 
y poeta. Son considerados muy valiosos sus aportes académicos
principalmente su Toponimia náhuat de Cusclatlán y La lengua 
salvadoreña. Este conocimiento nutre su arte poético, poblado de 
religiones desaparecidas y parábolas que entremezclan tiempos y 
espacios históricos.

JORGE CARROL



     Foto propiedad del autor



Soledad padre


 ¿Debo ocultar que también en este Día del Padre estoy solo?...

 ¿Debo volver al brandy nocturno en la mañana gris?

 ¿Debo mañana dejar como James Dickey la publicidad y dedicarme a vivir
de la poesía?

 ¿Debo asumir que hoy es un domingo comercial y que no me importa que
mis hijos no estén a mi lado?

 Debo dejar este rollo...
en la cocina la salsa para los penne rigati se cuece lentamente como mi vida.




Té para dos


Ella sería otra si hubiera nacido con la voz de Anita O’Day.
Ella vuela por los cielos de Chagall comiendo estrellas.



 Gato con mujer


Fue en el Louvre que saltaste de rama en rama a mis ojos lánguidos.
Manet te había acunado en negro sobre las blancas nalgas cadenciosas de
una bella mujer desnuda de asombros, en una aguada de tinta china pequeña;
quizá de 20 por 27 centímetros.
Pero creciste más negro aún, un 19 de enero de 1964, en un óleo de 89
centímetros por un metro 30, de Picasso.
Sos como todos los gatos inteligentemente negros: vivís tus siete vidas a
caballo de las nalgas de mujeres hermosas, entre el Louvre y el Museo Picasso en
Málaga, esperando la caricia de nuevos pinceles y nuevos colores.
La muerte no es para vos, un paradigma, es apenas, otro cuadro.



SANTIAGO ESPEL





FUMIGACIONES


De qué me puede servir cambiar
el talco por la aspirina, la liebre por el gato,
si este rebaño de cretinos no dejará de bailar,
no abandonará la pista de baile ni la mandolina
hasta que el inevitable insecticida de los recambios
los tumbe sobre el insulto que fuera halago, risa fácil,
complicidades profesionales de venia contrita.

De qué me puede servir estar
injertándote esta vida en el bolsillo de nuestras palmas
o en las hilachas de nuestros recuerdos y desacuerdos,
y si las calculadas lluvias de orín arrasarán
por encima de todo pronóstico, por debajo de todo pacto,
con todo bicho malposado sobre el maizal de harapos de amor.

                                           De Cantos bizarros



Cambio de piel


En algún monte, entre las piedras, la serpiente está cambiando su piel.
En todos los palacios londinenses, a la misma hora, está cambiando la guardia.
Mientras pedalea en su bicicleta, sin saberlo, mi hijo está cambiando de voz.




MUJER DE FE


No tuvo suficiente con la carta astral,
ni escarmentó con solari parravicini:
sin embargo espera que pase algo trascendente,
que florezcan los nardos por ejemplo,
que el gallo cante tres veces al día
o que las arañas resignen de una vez el patio;
espera, velando una vieja máquina de coser,
junto a un perro sin nombre ni apellido,
regando una higuera seca en un jardín vacío.


Santiago Espel(Buenos Aires, 1960). Publicó en poesía rapé, 1988; 
Pavesas & Muelles, 1990; Misas en Harlem, 1993; Cantos Bizarros, 
1998; La claridad meridiana, 2001; La víspera sí, 2002; Isoca, 2004; 
Vulgata, 2006 y La penitencia, 2012. 

XAVIER ABRIL





Patética


Caída del éxtasis,
en el atardecer, entre pasiones e incendio,
música de silencio.

Tu frente se eleva como el fuego.

Se oyen los ríos, la corriente de la libertad y del paisaje.

La hoja independiente, la gota de agua,
iguales a un cosmos o poema.

Estás allí donde la sangre canta,
en lo desnudo del aire, en la vena del alba.




Tono último del alba


A una sola línea del sueño, del color que es su vida. El mundo de
mis manos se vuelve sutil en su cuello. Luego, se pierde el mundo.
Esto ya es el gozo, la media luna, el canto de primavera. De sus axi-
las veo emerger la estación, el verano.

Adormecida en el alba entre dos rayos.




JOSÉ CORONEL URTECHO




La cazadora


Mi señora tan luego se levanta
va a cazar un venado matutino,
sin miedo a los colmillos del zahino
ni al mortal topetazo de la danta.


Entra con ojo alerta y firme planta
por la espesura donde no hay
/camino
y de los matorrales, repentino,
salta un venado que su paso
/espanta.


Ella rápida apresta la escopeta,
veloz le apunta, le dispara y mata
Y después el marido que es poeta

cuando regresa la mujer que adora
en un soneto clásico relata
la bella hazaña de la cazadora.