miércoles, 28 de mayo de 2014

JOSÉ CORONEL URTECHO





Obra Maestra


O
¡cuánto me ha costado hacer esto!

                                                                     (1928)



Plenilunio


Una gallina en un arado
puso un huevo colorado
puso 1
puso 2
puso 3
puso 4
puso 5
puso 6
puso 7
puso 8
puso 9
puso 10
puso puaff!
La luna


(¿?)





Nihil Novum 


No busques nada nuevo, ¡oh mi canción!;
nada hay oculto bajo el rascacielo,
nada en la maquina que sube al cielo,
nada ha cambiado desde Salomón.

Es muy antiguo el hombre y su pasión,
guarda en el nuevo día el viejo anhelo,
bajo la nueva noche igual desvelo
y el mismo palpitar del corazón.

No te engañen los nuevos continentes,
con sus plantas, sus bestias y sus gentes,
ni sus canciones con su nuevo acento.

Todo lo que dice algo ya está dicho:
sólo nos queda el aire y su capricho
de vagos sones que se lleva el viento.


José Coronel Urtecho, poeta, narrador, dramaturgo, ensayista,
periodista y traductor, educador, historiador, funcionario público
legislador y diplomático nicaragüense, nacido en Granada, Nicara
gua, en 1906, muerto en Los Chiles, Alajuela, Costa Rica e
1994.

RICARDO LLOPESA





MI PENE


Mi pene,
como cualquier otro,
a veces es un pene loco.
Estamos durmiendo
por la noche
después de larga jornada
y se despierta
a medianoche
sin sueño,
la cabeza erguida,
como si hubiese dormido
el día entero.

No lo puedo dominar,
ni atar a la cama,
ni a la mesa
porque tiene el cuerpo débil.
No es enclenque
pero su cabeza es delicada.

Llora.
Por su ojo brota
una lágrima.
Luego, babea
como un niño.

A veces, no puedo comprenderlo
y por su silencio
pienso que tiene hambre
cuando se rebota,
yo me pregunto:
¿cómo podrá comer
si no tiene boca
ni dientes
y pide carne

como un loco?



ARGUEDAS


Puede ser el suicidio una forma de menosprecio.
Puede ser el suicidio una manera de alcanzar
la única verdad,
puede ser.

 Puede ser un modo de renunciar,
una protesta contra la civilización
cada vez menos civilizada.

Cuando el novelista José María Arguedas
toma el camino del suicidio fue al encuentro de la vida
aquel 28 de noviembre de 1969,
anunciado por él como fecha de su muerte.

Bravo indio quechua que diste brillo a la lengua
desde la valiente Lima que luchó en Miraflores..
Al parecer, Arguedas padecía de un mal psíquico,
eso que hoy llaman depresión
y agota el cuerpo y la mente
hasta la extenuación y la muerte.
Eso le impedía escribir,
y su crisis se prolongaba
hasta más allá de su deseo.

Un buen día
conoció a una zamba prostituta,
gorda y joven,
llena de alegría,
que dio su amor al escritor.

Pero Arguedas se resistía a vivir.
No había nacido para este mundo.
Pensó en las posibles muertes.
Descartó el doloroso veneno de los pobres
que hace retorcerse de dolor en la panza.
Descartó las vulgares píldoras que matan bien
pero a veces fallan, justo en ese preciso instante
en que la vida se separa del cuerpo.
Descartó ahorcarse,
a pesar de la efectividad de la ejecución.
No estaba dispuesto a producir ninguna sorpresa
a sus amigos al verlo colgado, meciéndose bajo el palo.

En verdad,
Arguedas había visto en los animales más nobleza
que entre los hombres. La vida para él era innecesaria
porque tenía pegazón a la muerte.
Disfrutaba revolcándose con los cerdos,
sentir sobre su piel las caricias húmedas de sus hocicos,
la dicha de sus dulces gruñidos en los oídos,
como cuando se revolcaba con los perros chuscos
llenándose de caricias,
comprendiéndose de amigo a amigo,
de perro a perro,
porque el hombre es también animal;
un animal que piensa en voz alta para ser oído,
para ser venerado por los demás como actor.
En cambio, el animal es noble.
Su gran teatro es la intimidad.
Por eso le gustaban a Arguedas
los cerdos y los perros,
porque los cerdos y los perros
guardan más dignidad que las personas.

Arguedas huía de la convivencia con los hombres.
Como animal doméstico sabía
que los hombres prescinden de la amistad
si no es para explotar la virtud.

Al final eligió un revolver 22
como el medio más decente
para evitar molestias a los amigos.
Se apuntó en la sien y bastó un solo disparo.

Arguedas había entrado en el mundo oculto
de la serpiente emplumada, en el espíritu
del gran cerdo que se revuelca sobre el fango;
iba al encuentro de Manco Cápac y Atahualpa,
al reencuentro de Huáscar y el Inca Garcilaso,
a la fiesta de Pachamama y la del Señor de los Milagros. 



EDUARDO GALEANO





Las plumas

  
Andan emplumados los indios que sobreviven a orillas del río Paraguay.

El plumaje adorna y tiene poderes.

Las plumas verdes del loro dan señorío al cuerpo, que gustoso las luce en los tobillos y en las muñecas, y también dan vida a las hojas de los árboles.

Si no fuera por las plumas rosadas de un ave llamada espátula, la tuna no daría frutos.

Las plumas negras del pato son buenas contra el mal humor.

Las plumas blancas de las cigüeñas ahuyentan las plagas.

El guacamayo ofrece plumas rojas, para llamar a la lluvia, y plumas amarillas, para atraer las buenas noticias.


Las plumas grises del avestruz dan brío al canto humano, que se eleva agradeciendo la luz de cada día.



CLAUDIA LARS




Eva a Adán


¡Si tienes sed, Adán, abrévate de mi boca!
¡Ten fe y obra el milagro! ¡Mis besos serán buenos
como el agua que un día brotara de la roca
y como la que el Hijo de humildes nazarenos,

que será, de amar tanto, Dios mismo, cambie en vino!
¡Si tienes hambre, toma: mi corazón es vianda!
¡Mis ojos son antorcha de luz en tu camino!
¡Y el camino soy yo! —¡Oh, bebe y come y anda!

¡En mis débiles brazos está tu fortaleza,
por mí lo serás todo y triunfarás en todo;
por mí tus ojos pueden descubrir la belleza,

tus pasos echar alas, tu suavidad ser fuerte!...
Yo soy quien te completa, ¡mortal! ¡Desde que el lodo

Se llenó del aliento de Dios contra la muerte!




             Casa sobre tu pecho


                           I

A medio otoño, casi del olvido
volviendo con la rosa del verano;
el mar del corazón bajo tu mano
y el camino de ayer para el oído.

No es golondrina, no, la que ha venido
al cielo de este cielo cotidiano;
porque llega del frío más lejano
sabe escoger la tarde de su nido.

Así, con simples nombres de acomodo,
voluntaria de ser, en nuevo modo,
tu sabor y tu clara compañía.

Si recojo praderas en tu casa,
ya presiento la rosa que no pasa
y soy nueva en la rosa todavía.


                        II

Detrás de las orillas iniciales,
de la agitada soledad de afuera,
un suave octubre, de caricia entera,
y una isla dulce...en olas de rosales.

Pues nunca los amores son iguales,
este arrimo de amor, a tu manera,
de una lejana y muerta primavera
saca el reino del musgo y los panales.

Recuerda...y recordando...en sabio rito
a breve sangre anuda lo infinito,
iluminado y tierno en su desvelo.

Y un poder encendido por tu llama
junta el panal, el musgo y la retama,
para esta casa tuya, entre mi pelo.


                          III

A ti, todo el poder de mi sentido:
este valle de yerba y de paloma;
mi profunda violeta con su idioma
en los verdes recodos aprendido.

A ti, mi río-fuego, detenido
en un labio sediento, que lo aroma;
mi ágil laurel y el pájaro que asoma
dando el país del aire en su latido.

Toda mi tierra corporal y oscura:
la que acoge, levanta y asegura,
recia en la entraña y en el tacto fina.

No ha de quedar a piel de amor el goce,
porque ya tu mirada reconoce
tierra adentro, la luz de cada espina.


                              IV

Tu casa tiene un nombre de tristeza:
un leve nombre de ceniza y frío;
toca el fértil azul del nombre mío
y es noche oculta en que tu voz tropieza.

Antes fue claro y vivo, con riqueza
de fácil nardo y de inicial estío;
iba copiando cielos como un río
y en él, para mi amor, tu amor empieza.

Yo recojo ese nombre de la muerte
y lo acerco a los dos, sin que despierte,
mientras un gran silencio nos anuda...

Me brota de las manos nueva tierra,
y el nombre queda en ti, y en ti se encierra
guardando el clima de su patria muda.


                              V

Aquí a tu lado, en medio de las cosas
y del recuerdo...tuya, conmovida;
por tu claro hospedaje detenida
y también por tus horas dolorosas.

Van a tu amor las arpas de las rosas
y todos los rosales de la vida;
ya no pierdo mi frente, ya encendida
es tu jardín, la tarde en que reposas.

Inmensidad de cielo y tierra envuelve
esta alianza secreta, que resuelve
pasos de ayer en casa tan segura.

De ti saldrán los días venideros,
y en los junios de luz y en los eneros
tendré el hondo crecer de esta dulzura.


                             VI

Casa de piedra y sueño, que se entrega
en torre de alas y en jardín cerrado;
tamaño de amor insospechado,
reino tardío de una alondra ciega.

A tu fina quietud mi paso llega,
dichoso de llegar, pero cansado;
me corona la luz...tengo un aliado,
y la noche de paz nada me niega.

Este es mi sitio, mi querencia humana,
para empezar de nuevo mi mañana
y borrrar en su amparo la fatiga.

Por eso casa mía, casa cierta,
en mis labios te das, limpia y despierta,
con el ángel de flores que te abriga.



Carmen Brannon, más conocida bajo el seudónimo literario de
Claudia Lars , nace en Armenia, Sonsonate, en 1899, y fallece en
San Salvador en 1974. Deja tras de sí numerosos libros de versos, 
entre ellos: Estrellas en El Pozo, Canción Redonda, Sobre El Ángel
y El Hombre, Fábula de Una Verdad, Nuestro Pulsante Mundo,
entre otros, y un libro en prosa, Tierra de Infancia, de carácter 
autobiográfico.

KNUTS SKUJENIEKS





El botón


Como un cerezo que protege en su copa
el último de sus frutos,
protejo yo en mi camisa raída
el único botón que me queda.

Cuando extinguidos recuerdos y esperanzas
va empezando a pesarme el hatillo,
manoseo en mi pecho el botón
que me cosiste en tiempos ya lejanos.

A pesar de los años y del hambre,
a pesar de la nieve y del sueño,
me cosiste vida en este ojal maltrecho
con hilo de amor y eternidad.

La noche ha vencido al día. Miro
hacia la única ventana iluminada.
No hay ventana. En el pecho me brilla la vida
sobre el botón que un día me cosiste.


                                                                  (1964)





6 de mayo de 1968, 7.20 horas, a 2º centígrados


Atestiguo.
Conozco la ley.
Prometo decir solamente la verdad.

Y la verdad es esta:

Que los buenos días tienen manos frías de cadáver,
que los ríos sufren al correr por las venas hinchadas,
que la amistad se ha convertido en óxido,
que la tierra hierve y de ella surgen negros efluvios,
que la legalidad se desvanece en confusos clamores,
que a los árboles les es vedado su verde deseo,
que las alambradas gimen como niños maltratados,
que las palabras de la poesía merecen ropajes raídos,
que la gema no sabe si ha de abrirse o marchitarse,
que morir es más fácil que estar vivos.

                                                                            (1990)


                        de El botón y otros poemas


Trad. Del letón Pietro U. Dini y Albert Lázaro-Tinaut

ERLING KITTELSEN






Poética


Saltar por los maderos de un disoluto río
el realista ve la realidad y cae dentro
el romántico va desenfrenado y cae afuera
el postmodernista encuentra al mundo ya
deconstruído y chapotea en él
el socialrealista en un salto ve claramente
los considerandos beneficiarios del maderero mayorista
el surrealista prueba una à la francesa
y acaba en la cascada, el periferista hasta
en medio de la corriente cree que lo logrará
el futurista recurre a los zapatos universales, yerra
Sentados en unas piedras redondas seguimos
el ballet del río, una tenue capa de celulosa nutriente
con dulzón aroma ácido cuenta de la actividad
sueños, políticas de bloque, contaminación, lucha
por violetas, conexiones viales, visiones del futuro
¿Disoluto? ¿Quién ha llamado disoluto al río?
si este fluye quietamente


                                                      De i (1995)




La casa océano tiene algo dentro de sí – tierra-
canta algo dentro de sí
en el portal océano se le ayuda
a la montaña salir – sella una quietud en la atmósfera
no se dejaba esconder, de pie
en aire y sol-lluvia, lluvia
la imagen se desborda
pájaro perfora membrana, desgarra, desgasta, hojea vuela hacia adentro
ojea

                                                          De HUN (1989)


 


Quiero ser ciego
darte mi visión

te hago vidente    
te apegas a mí

prefiero ser ciego
encontrarnos en otro lugar



                                            De MOTTAKEREN (2005)




Erling Kittelsen(Noruega, 1946). Poeta, narrador y dramaturgo.
Ha publicado veinticinco libros, entre ellos, los libros de poemas:
Wild birds, 1970; Hun, 1979; På himmelen (In Heaven), 2000
Vindkald, 2001;  Mottakeren (The Recipient), 2005; Diamantfje
llene (The Diamond Mountains), 2008.