lunes, 19 de mayo de 2014

MANUEL ALEGRE




                

       


POEMARMA


Que el poema tenga ruedas motores palancas
que sea máquina espectáculo cine
Que le diga a la estatua: sal del camino que atrancas.
Que sea un autobús en forma de poema.

Que el poema cante en lo alto de las chimeneas
que se levante y haga el pino en cada plaza
que diga quién soy yo y quién eres tú
que no sea sólo uno más que pasa.

Que el poema exprese lo esencial de su tema
y sea apenas un teorema con dos brazos.
Que el poema invente una nueva estratagema
para escapar de quien sigue sus pasos.

Que el poema corra salte brinque
que sea pulga y le haga cosquillas al burgués
que el poema se vista subversivo con vaquero azul
y vaya a explicar en una pared algunos porqués.

Que el poema se meta en los anuncios de las ciudades
que sea flecha señalización radar
que el poema cante en todas las edades
(¡qué bonito!) en presente y en futuro el verbo amar.

Que el poema sea micrófono y hable
una noche de ésas de repente a las tres y pico
para que la luna explote y el sueño estalle
y la gente despierte por fin en Portugal.

Que el poema sea encuentro en donde era despedida.
Que participe. Comunique. Y destruya
para siempre la distancia entre el arte y la vida.
Que salte del papel a la página de la calle.

Que sea experimentado mucho más que experimental
que tenga ideas sí pero también piernas.
E incluso si se rompe una no importa:
mejor con muletas que con alas eternas.

Que el poema asalte este desorden ordenado
que llegue al banco y grite: ¡abajo la panza!
Que haga gimnasia militar aplicada
y no se vaya como todos para Francia.

Que el poema quede. Y que quedando se aplique
a no crear barriga y no usar zapatillas.
Que el poema sea un nuevo Infante Enrique
vuelto hacia dentro. Y sin castillos.

Que el poema se vista de domingo cada día
y eche cohetes dentro de lo cotidiano.
Que el poema vista la prosa de poesía
por lo menos una vez en cada año.

Que el poema haga un poeta de cada
funcionario harto ya de funcionar.
Ah que de nuevo despierte en el lusíada
la saudade de lo nuevo y el deseo de hallar.

Que el poema diga lo que es necesario
que llegue disimulado junto a ti
y apunte hacia la tierra que tú pisas y yo piso.
Y que el poema diga: lo lejos es aquí.


El Canto y las Armas, 1967 

                                   Trad. de María Tecla Portela Carreiro




         


PORTUGAL

Este verde azul cinzento
Este sol esta bruma este
Sabor a Atlântico por dentro
Do vento oeste.

Este não haver regresso
Do verbo navegar.
País do avesso
Só mar.

                        


 


PORTUGAL

Este verde azul ceniciento
Este sol esta bruma este
Sabor a Atlántico por dentro
Del viento oeste

Este no haber regreso
Del verbo navegar.
País del adverso
Sólo mar.


                               Trad. Verónica Aranda


 











ARMANDO DA SILVA CARVALHO





Cenizas de Sísifo


Yo vi el sobresalto.
En ese bosque de láminas y guantes
palpaste cada cosa como
un grito.

Y amaste mi boca
como quien corta
los pulso al silencio.

Si el viento te esparce
entre hojas y ceniza
es siempre la misma voz que no perdona

la misma ley

el mismo laberinto.







Entre dientes


Acostado sobre ti
me enseñas a salir
de la tiniebla.

Con la boca dolorida
por tanta palabra
ensangrentada
devoro tu cabello
oro que se deshace
entre los dientes.

Y tu sonrisa
cuando te penetro
ilumina de pronto

la noche de mi cuerpo.


             Trad.  XOSÉ LOIS GARCÍA





Armando da Silva Carvalho (Olho Marinho, Óbidos, 1938) poeta
novelista y traductor portugués.


ANTÓNIO RAMOS ROSA





Antonio Ramos Rosa en la poesía portuguesa

                                                              Miguel Ángel Flores


La importancia de la obra como poeta y ensayista de Antonio Ramos Rosa sólo puede ser comprendida en su profundidad dentro del contexto de los cambios en la poesía portuguesa originados a principios de los años cincuenta y por el activo papel que jugó la Alianza Francesa en la meridional ciudad de Faro, donde nació el poeta el 7 de octubre de 1924.

Antonio Ramos Rosa es en la actualidad...



HERBERTO HELDER





EL POEMA


I

Un poema crece inseguro
en la confusión de la carne.
Sube aún sin palabras, sólo ferocidad y placer,
tal vez como sangre
o sombra de sangre por los canales de ser.

Fuera existe el mundo. Fuera, la espléndida violencia
o los granos de uva de donde nacen
las raíces minúsculas del sol.
Fuera, los cuerpos genuinos e inalterables
de nuestro amor,
los ríos, la gran paz exterior de las cosas,
las hojas durmiendo el silencio
— la hora teatral de la posesión.

Y el poema crece tomando todo en su regazo.
Y ya ningún poder destruye el poema.
Insustentable, único,
Invade las órbitas, la superficie  amorfa de las paredes,
y la miseria de los minutos,
y la fuerza equilibrada de las cosas,
y la redonda  libre armonía del mundo.
—Abajo, el instrumento perplejo ignora
la dificultad del misterio.

—Y el poema se hace contra el tiempo y la carne.


                                      Trad. Xosé Lois García




EN MARTE APARECE TU CABEZA


En Marte aparece tu cabeza –
yo quería decir. En el lugar donde
desapareció la ventana,
la cabeza de vaca de fuego, aparece
la cabeza. Donde estaba la cortina fría,
de pájaro escuchando.
En Marte, como la ropa bate en el viento
y en la Tierra las herraduras baten
en mi cabello.
Como el fuego dentro de la piedra turquesa,
en Marte aparece tu
cabeza de vaca. Por detrás de la fría cortina –
yo quería decir.

Ahora sé que debo saber, solo.
Las letras de la lluvia locas a espaldas –
escribiendo, escribiendo.
Solo, yo la sé dormir. Con un ramo
de peces y un violín
en medio de los ll, de los mm, de los ii
de la lluvia.
Con mi ramo de violines, yo solo
en medio de la lluvia. Ahora
sé que debo escribir mis peces.
Tu cabeza
aparece en la ventana de Marte en fuego.

El fuego que anda en ti que andas como una
piedra turquesa,
al lado de la fría cortina. Mirando, escuchando
como un pájaro, donde llueve.

Como sólo ahora sé con las letras.

La lluvia te abre, el día bate, la ropa
tropieza con las herraduras
en mi cabello. Y sólo ahora haces
tu gesto con lluvia, en medio de las letras.
Abrete, oh ábrete. En la cortina,
ahora, tu cabeza al lado de los peces –
escuchando, escribiendo,
como sólo ahora yo sé: mi ramo
de violines.
Escucha: el vaso, la catedral, el libro,
el candil.
Yo ahora sé escribiendo de lado el fuego
de la cabeza. Escucha: descascaro
manzanas, como manzanas, las manzanas
en su color al medio – y se juntan
entre sí, y soñarán. Escucha:
lloviendo, escuchando, escribiendo.
La ropa bate en el viento.
Escucha como ahora sólo bate el color
en las manzanas. Tu cabeza, la cortina fría.

Te doy las letras de los peces, escuchando –
sólo ahora, sólo ahora.
Escuchando en ti, abriendo
con tu llave todas tus manzanas
en su color. Sólo ahora
escribiendo yo sé.