martes, 13 de mayo de 2014

HAROLD BRODKEY




El recuerdo fugitivo

¿Qué quedó de Harold Brodkey? A diez años de su muerte, la pregunta resuena contra un muro de silencio. En Estados Unidos, donde supo ser una rutilante promesa y una celebridad literaria de primera línea, sus libros están agotados y son inconseguibles, y poco y nada se discute sobre una obra que levantó enormes controversias entre los críticos desde los años ‘60. Radar indaga en las razones del ascenso y la caída de una de las mentes más brillantes de la literatura norteamericana.

                             Por Rodrigo Fresán



Harold Brodkey (1930-1996) solía afirmar en privado y en público que, a lo largo de los años, Norman Mailer, John Cheever, Saul Bellow y John Updike no habían dejado de robarle indiscriminada y descaradamente “mis oraciones”. No conforme con ello, Brodkey también aseguraba que su belleza había hecho sucumbir a hombres (arrancando con su padrastro, parece) y mujeres (Marilyn Monroe incluida), que el ser tan irresistible se había traducido en varios intentos frustrados de secuestro, que Sean Connery se había inspirado en su look y modales para el rol de Indiana Jones y la última cruzada. Y —si de l o que se trataba…











HAROLD BRODKEY. IN MEMORIAM


                                            POR REBECA GARCÍA NIETO


Harold Brodkey no lo tuvo fácil. Creció en St. Louis, Missouri, al igual que otros pesos pesados de la literatura norteamericana como T. S. Eliot, William Inge, Tennessee Williams o William Burroughs. Debe de ser difícil aspirar a ser escritor en un lugar donde, según el propio autor, “los habitantes hablan como Eliots más simples, como William Burroughs inhibidos o como tímidos Tennessee Williams”. La cosa se complica cuando, además, uno tiene que cargar con la cruz de ser el mejor escritor vivo en la lengua de Shakespeare: “La posibilidad de ser no solo el mejor escritor vivo en lengua inglesa, sino el equivalente de un Wordsworth o un Milton no es un papel que un judío de St. Louis, a medio educar y con un padre chatarrero, esté listo para interpretar. En sueños, sí; en la realidad, no”.

Pero ¿esta cruz le fue impuesta o fue él el que se empeñó en cargar con ella? Para Harold Bloom, “pope” de la crítica literaria, Brodkey era “un Proust americano, sin paralelo desde Faulkner”. El escritor siempre pensó que las excesivas alabanzas de algunos críticos le habían perjudicado: que te cuelguen 




   


El sida termina con Harold Brodkey, uno de los mitos de la narrativa norteamericana.

El autor de 'Alma fugitiva' fue calificado por los críticos como "un nuevo Proust"

                                      Por Juan Cavestany



PATRICK WHITE




Patrick White: Las esferas del mandala

                    Un ensayo inédito del premio Nobel JM Coetzee.


Patrick White nació en 1912 en el seno de una rica familia de ganaderos de Nueva Gales del Sur, Australia. Desde pequeño sufrió asma crónica. Para la gente era un niño adusto y poco agradable. A los doce años lo mandaron a una escuela privada en Inglaterra, donde pasó cinco años infelices. Cuando volvió a su casa en 1929 la tendencia a detestarse a sí mismo se había convertido en un atributo arraigado de su carácter. También cargaba con un oscuro secreto: era homosexual.

Al volver a Australia, trabajó durante un tiempo como peón agrícola y descubrió que experimentaba un inesperado amor por su paisaje natal. En su tiempo libre, escribía afanosamente…



Patrick White, escritor australiano ganador del premio Nobel de Literatura de 1973, fotografiado en Sidney (Australia) el 19 de octubre de 1973. / Foto: S/D Autor, Wikipedia, Dutch National Archives


An image of Portrait of Patrick White by Louis Kahan
Portrait of Patrick White by Louis Kahan