sábado, 26 de abril de 2014

ZBIGNIEW HERBERT




INFORME DESDE LA CIUDAD SITIADA


Demasiado viejo para llevar las armas y luchar como los otros
fui designado como un favor para el mediocre papel de cronista
registro -sin saber para quién- los acontecimientos del asedio

debo ser exacto mas no sé cuándo comenzó la invasión
hace doscientos años en diciembre septiembre¹ quizá ayer al amanecer
todos padecen aquí del deterioro de la noción del tiempo

nos quedó sólo el lugar el apego al lugar
aún poseemos las ruinas de los templos los espectros de jardines y casas
si perdemos nuestras ruinas nada nos quedará

escribo tal como sé en el ritmo de semanas inconclusas
lunes: almacenes vacíos la rata ha devenido moneda corriente
martes: alcalde asesinado por agentes desconocidos
miércoles: conversaciones sobre el armisticio el enemigo confinó a los legados ignoramos dónde se encuentran esto es el lugar de su suplicio
jueves: tras una turbulenta asamblea se rechaza por mayoría de votos
la propuesta de los comerciantes de especias de rendición incondicional
viernes: comienza la peste sábado: se ha suicidado
un desconocido inflexible defensor domingo: no hay agua rechazamos
un ataque en la puerta este llamada Puerta de la Alianza

lo sé todo esto es monótono a nadie puede conmover

evito comentarios las emociones mantengo a raya escribo sobre hechos
aparentemente sólo ellos son valorados en los mercados foráneos
pero con cierto orgullo deseo informar al mundo
que gracias a la guerra hemos criado una nueva variedad de niños
a nuestros niños no les gustan los cuentos juegan a matar
despiertos y dormidos sueñan con la sopa el pan los huesos
exactamente como los perros y los gatos

al atardecer me gusta deambular por los confines de la Ciudad
a lo largo de las fronteras de nuestra libertad incierta
miro desde lo alto el hormigueo de los ejércitos sus luces
escucho el tronar de los tambores los alaridos bárbaros
en verdad es inconcebible que la Ciudad todavía se defienda

el asedio continúa los enemigos deben ser reemplazados
nada les une excepto el anhelo de nuestra destrucción
godos tártaros suecos huestes del César regimientos de la 
Transfiguración del Señor2
quién los enumerará
los colores de los estandartes cambian como el bosque en el horizonte
desde el delicado amarillo de aves en primavera a través del verde del rojo hasta el negro invernal

así al atardecer liberado de los hechos puedo pensar
en asuntos antiguos lejanos por ejemplo en nuestros
aliados de ultramar lo sé su compasión es sincera
envían harinas sacos de ánimo grasa y buenos consejos
ignoran incluso que nos traicionaron sus padres
nuestros ex-aliados desde los tiempos de la segunda Apocalipsis

sus hijos no tienen culpa merecen gratitud así que les estamos agradecidos
no sufrieron un asedio largo como una eternidad
a quienes alcanzó la desdicha están siempre solos
los defensores del Dalai-Lama kurdos montañeses afganos

ahora cuando escribo estas palabras los partidarios del pacto
conquistaron cierta ventaja sobre la fracción de los intransigentes
habituales las oscilaciones de ánimo los destinos aún se sopesan

los cementerios crecen disminuye el número de los defensores
pero la defensa perdura y perdurará hasta el final
y si cae la Ciudad y uno solo sobrevive
él portará consigo la Ciudad por los caminos del exilio
él será la Ciudad

miramos en el rostro del hambre el rostro del fuego el rostro de la muerte
y el peor de todos -el rostro de la traición
y sólo nuestro sueños no fueron humillados

                                                                                         (1984)

¹La noche del 13 de Diciembre de 1981 fue decretado en todo el país el estado de guerra, el movimiento democrático «Solidaridad», el primer sindicato independiente en un país socialista, fue disuelto y declarados ilegales todos los acuerdos firmados entre el sindicato y el gobierno. A la declaración del estado de guerra siguió una represión generalizada. En Septiembre de 1939, por otra parte, dio comienzo, como es sabido, la segunda guerra mundial.
2El Regimiento de la Transfiguración del Señor era el nombre de un cuerpo militar especial que constituía la guardia personal y fidelísima del zar.




DOS GOTAS


Los bosques ardían-
y ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas

la gente corría a los refugios
él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse

cubiertos con una sola manta
musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes

Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza

con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas

hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara


                         De Informe sobre la ciudad sitiada, Madrid, 
                         Ediciones Hiperión, 1993. 2.ª edición, 2008

Trad. Xaverio Ballester




JEAN MORÉAS





No digáis

No digáis que la vida es un festín alegre;
Lo dice un alma tonta o bien un alma baja.
No digáis sobre todo: es desdicha sin fin;
Lo dice un alma débil que temprano se cansa.

Reíd como las ramas en primavera agítanse,
Llorad como los vientos o la ola en la playa,
El placer y el dolor padeced y gozad; y decid:
Es mucho todo esto y es la sombra de un sueño.


                                 Trad. Miguel Frontán


Jean Moréas. (1856-1910). Poeta francés de origen griego. Nace
en Atenas y fallece en Saint-Mandé. Firmó el manifiesto del sim
bolismo en Le Figaro, en 1886. Entre sus obras en verso destaca
Tórtolas y víboras, 1878, obra que publicó en Atenas. En París,
publicó: Las Sirtes, 1884; y Las cantilenas, 1886. Su mejor obra:
Las estancias, 1899-1920, formada por 7 libros. 

MIGUEL D. ETCHEBARNE





LEJANÍA

Lejana está la infancia y detenida
la ilusión en el borde de la espera;
quien malogró su fresca primavera
ya no encuentra destino en esta vida.
Aquí relato con palabra herida
algo de lo que tuve y lo que era:
un destino de verde sementera
que se perdió en la tierra empobrecida.
En el medio del pecho, recatado,
mucho tiempo guardé mi pensamiento
para unir el futuro y el pasado.
Ahora que no lo espero ni lo intento
entrego en el cantar emocionado
lo que quedó de tanto sentimiento.

                                     De Lejanía, 1945


Al paisaje lejano

Por la ruta del cielo que se asoma
con su color más límpido y lozano,
lo recupero en tiempo y en aroma
como antes en los meses de verano.

Con emoción de monte y de paloma
lo siento tan agreste y tan cercano
como el gusto del agua que se toma
al borde del arroyo con la mano.

Quién sabe qué será de aquella estancia
en el partido de la Magdalena:
campo quebrado y mar a la distancia.

Aparejando el gozo con la pena
allí quedó el recuerdo de la infancia
perfumada de malva y yerbabuena.



Miguel D. Etchebarne (Tigre, 1915-Pcia. de Bs. As. 1973). Poeta.
Libros: “El Arroyo Perdido” (1941)  “Región de Soledad” (1943)
“Lejanía” (1945) “La Pampa” (antología, 1946), “Soliloquio”
(1947), “Campo de Buenos Aires” (1948), “Juan Nadie – vida y
muerte de un compadre” (1954) y “La influencia del arrabal en
la poesía argentina culta” (ensayo, 1955).