viernes, 25 de abril de 2014

VERGÍLIO FERREIRA





Pensar

¿Como es posible que ciertos tipos digan bellas frases a la hora de su muerte? El «todo está bien» de Kant, o el «más luz» de Goethe, o el «mañana qué vendrá» de Pessoa, o incluso, a la manera de Sócrates, el «llévense de aquí a las mujeres» de Herculano. A la hora de la muerte lo que se debería hacer es estar callado. Es lo que debería de apetecer a medida que se fuera llegando allí. De ahí que quizás el hecho de que no se pierda el habla, aunque sea el lamento, es la señal de que todavía se está vivo. Pero si la cosa duele, se queda quieto y callado, esperando. La gran verdad de la vida es la muerte. Y un muerto está tranquilo. ¿Cómo es posible que algunos a la hora de la muerte tengan la insolencia de hacer frases?




Vergílio Ferreira(Melo, 1916-Lisboa, 1996), novelista, ensayista y
profesor, es una voz potente y singular de la literatura europea
del siglo XX. Vinculada inicialmente al neorrealismo, su prosa se

decanta poco a poco hacia una visión existencialista. 

EUGÉNIO DE ANDRADE





Es urgente el amor
Es urgente un barco en el mar.

Es urgente destruir ciertas palabras,
odio soledad crueldad,
ciertos lamentos,
muchas espadas.

Es urgente inventar alegría,
multiplicar los besos, los trigales
es urgente descubrir rosas y ríos
y mañanas claras.

Cae en los hombros el silencio y la luz
impura, hasta doler.
Es urgente el amor, es urgente
Permanecer.


                                      Trad. Nidia Hernández


EdeA(Póvoa de Atalaia, 1923). Realizó estudios en Lisboa y Coimbra.
Poeta, prosista y traductor. Vivió en Oporto desde 1950. Algunos de
sus libros de poesía son: Las manos y los frutos, 1948; Los amantes
sin dinero, 1950; Hasta mañana, 1956, Corazón del día, 1958; Mar de Septiembre, 1961; Ostinato Rigore, 1964; obscuro Dominio, 1971.

HARALD SVERDRUP


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EL SAPO


Majestuosamente sobre una hoja de nenúfar
está sentado un Buda verde húmedo
con ojos como joyas,
frío y confiado
con las plantas trepadoras
y animales descendentes.

Tu verrugosa sabiduría
que te estira la piel
y la boca que se ensancha
en una dolorida sonrisa de viejo
le dice a cada  niño que tu reino
es verdaderamente de este mundo.
¿Quién se atreve a adorarte?


                                     Traducción Francisco J Úriz



LUIS PASTORI






CALLE SOLA


Tu calle ya no es tu calle.
Que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
Manuel Machado
La estrella se mudó de tu ventana.
Por ello, en soledad, entre otras cosas,
el jardín y sus fuentes memoriosas
se asordan bajo un doble de campana.

Junto al vagar de occiduas mariposas
entre la hiedra, el colibrí se afana
por ser el ruiseñor que en la mañana
canta fugaz a las fugaces rosas.

En la imagen, vestigio del olvido,
el aire tiene un aire envejecido,
de tanta lasitud y tanta calma.

Da pena terminar el recorrido,
pues allá, hacia el final descolorido,
la calle está más sola que tu alma.



STANLEY KUNITZ




La ballena de Wellfleet


Hace algunos veranos, en Cape Cod, una ballena encalló en la playa, una ballena de aleta de diecinueve metros.  Cuando retrocedió la marea, me acerqué a verlo.  Estaba tendido, en su desolación monstruosa, emitiendo sonidos aterradores,  gimiendo roncamente, gruñendo.  Coloqué mis manos en sus costados y pude sentir la vida que había en su interior.  Y estando allí, de pie junto a él, vi que su ojo se abría súbitamente.  Un ojo grande, rojo y frío, que me miraba directamente.  Hubo entre los dos un escalofrío de reconocimiento.  Luego el ojo se cerró para siempre.  He estado pensando en ballenas desde entonces.
                                                                                                            Entrada del diario



1.

También tienes tu idioma,
    inquietante popurrí de chasquidos
       ululatos y trinos,
llamados de ubicación y de amor,
    silbidos y gruñidos.  Ocasionalmente,
 es el ruido de muebles destrozándose,
o el crujir de una puerta enmohecida,
    sonidos que se derriten, todos, en una líquida
        canción de infinitas variaciones,
como para  compensar
    la vasta soledad de los mares.
        Una voz inmaterial irrumpe a veces,
como de lejanos arrecifes, 
    y escucharla es casi intolerable
       con su ancho lamento enlutado,
su tristeza sin nombre, que a la vez excede
    y no alcanza lo humano.   Su rumor
       se arrastra en el oído como
un disco deteniéndose.


2.

No hubo viento. Ni olas.  Ni nubes.
   Sólo el murmullo de la marea,
       retirándose, acariciando la orilla,
una perezosa corriente de gaviotas en lo alto,
    y puntos mínimos de luz
       burbujeando en el canal.
Fue en el confín del verano.
    Te deslizaste desde la boca del puerto
        hasta donde pudimos verte,
destellando la noticia de tu advenimiento,
    cortando la superficie diamantina
       con el creciente de tu aleta dorsal.
Aplaudimos tal esplendor
    cuando hizo erupción  la negra barrica
         de tu cabeza, embistiendo las aguas,
y floreciste para nosotros
    en la alta fuente de tu  respiración.


3.


Toda la tarde nadaste,
    incansable,  contornando la bahía,
       con tan plácido movimiento,
los leves giros de tu aleta caudal,
    y la tenue ondulación de las dorsales,
hacían pensar en una cosa vertida,
    y no guiada; en el feliz matrimonio
        de la gracia y el vigor
Y cuando elevaste tu salto por los aires,
    batiendo las aletas ,
       sentimos el placer de contemplar
la pura encarnación de la energía
    en la nobleza de la forma.
Parecías no querer que te viésemos
    con empatía, ni amor,
       ni comprensión,
sino con asombro y sobrecogimiento.

Esa noche te contemplamos
    nadando bajo la luna.
       Tu espalda era de un gris fundido.
Adivinábamos tu paso silencioso
    por la fosforescencia de su estela.
Al amanecer te hallamos varado entre las rocas.


4.

Un muchacho se acercó y luego un hombre
    y aún llegaron otros corriendo, y dos
       niñas de colegio,  con trajes amarillos
y un ama de casa acicalada
    con sus rollos, y familias completas en vehículos
       de playa, con un surtido de perros aullando.
La marea se había apartado completamente.
    Era posible rodearte a pie,
         mientras tus pesados suspiros te hundían en el bajo,
clavado por tu propio peso,
    colapsado en ti mismo,
       tus aletas estremeciéndose
en temblores,  tu espiráculo
    burbujeando espasmódicamente, rugiendo.
       En la fosa abierta de tu boca
se descubrían las barbas alambradas,
    un penacho de cerdas como cuernos.
       Cuando el  Encargado de Mamíferos
llegó desde Boston
    para tomar unas muestras de tu sangre
        ya rezumabas por debajo.
Alguien había tallado sus iniciales
    en tu flanco.  Los buscadores de souvenirs
      habían arrancado tiras de tu piel,
membrana delgadas como el papel.
    Estabas ampollado y herido por el sol.
        Las gaviotas te habían estado picoteando.
El ruido que hiciste fue un balido irregular y ronco.

¿Qué nos atrajo, como un imán, hacia tu muerte?
   Creaste un vínculo entre nosotros,
       centinelas de la guardia nocturna,
que te rodeamos en círculo,
   embriagados a la luz de la hoguera.
        Cuando llegaba el alba compartimos
 contigo la hora de tu desolación,
    la  pasión tenaz y gigantesca
         de tu clamor de ultramundo,
mientras echabas tu cabeza ciega
    hacia nosotros y abrías laboriosamente
         un ojo inyectado de sangre, brillante,
en el que nadamos con pavor y reconocimiento.


5.

Viajante, jefe del mundo pelágico,
    trajiste contigo el mito
       de un país lejano, recordado apenas,
en el que reptiles voladores
   atravesaban el vapor de los fangos
       y los lagartos del trueno con sus trompetas
se regodeaban en los cañaverales.

   Mientras sobre la tierra se erigían y desplomaban imperios,
       tu patria, que dio pecho al mar abierto,
se meció al ritmo consolador
    de las mareas.  ¿Quiénes, de nuestros ancestros, fueron los primeros
       en hundirse dentro de aquellos coloreados crepúsculos
para escudriñar el fondo de la oscuridad?
    Te extendías por el camino del Atlántico del Norte
       desde Puerto España hasta la Bahía de Baffin
bordeando los témpanos de hielo
    atravesando el grosor estival,
       golpeando el agua con tu cola[1], elevándote en el aire,[2] voceando, [3]
pastando en las dehesas del mar
    un plancton anaranjado, rico en krilles[4]
       y crujiente de vida.
Descendiste por la plataforma continental
    guiado por el sol y las estrellas
       y el sabor de los sedimentos aluviales
en tu camino hacia el sur
     hacia las temperadas lagunas,
       el trópico del deseo,
donde los amantes yacen vientre a vientre
en la sensual refriega de su deporte;
       y te diste la vuelta, como un dios exiliado,
apartado del ancho elemento primigenio,
    cedido a la misericordia del tiempo.
         Maestro de las rutas de las ballenas,
permite que las alas blancas de las gaviotas
    extiendan su manto sobre tu cuerpo.
         Te has convertido en nuestro semejante,
desgraciado y mortal.



Notas de la traductora:

[1] lob-tailing: sacar y golpear la cola contra el agua
[2] breaching: dar saltos en el aire, con el cuerpo completamente fuera del agua.
[3] sounding: la ballena exhibe su cola o aleta caudal y emite un sonido al golpear el agua que forma parte de su sistema de comunicaciones no vocales.
[4] krill: Banco de crustáceos planctónicos semejantes al camarón, que constituye el alimento principal de las ballenas.


                                                            Traducción Rossana Plessmann


CZESLAW MILOSZ





ENCANTAMIENTO


La razón humana es bella e invencible.
No hay reja, alambre de púas, pulpa de libros,
Sentencia de destierro que prevalezcan en su contra.
Establece en el lenguaje las ideas universales
Y nos lleva la mano al escribir Verdad y Justicia
Con mayúsculas, mentira y opresión con minúsculas.
Pone lo que debe ser por encima de las cosas como son,
Es enemiga de la desesperación y amiga de la esperanza.
No distingue al judío del griego o al esclavo del amo,
Nos deja en resguardo los bienes del mundo.
Salva a las frases austeras y transparentes
Del sucio desacuerdo de las palabras torturadas.
Dice que todo es nuevo bajo el sol.
Abre el gélido puño del pasado.
Bellas y muy jóvenes son Filosofía
Y Poesía, su aliada al servicio del bien.
Sólo ayer Naturaleza celebró su nacimiento.
La noticia llegó hasta las montañas
Por vía del unicornio y del eco.
Su amistad será gloriosa: sin límites, su tiempo.
Sus enemigos se han entregado a la destrucción.


                                     Traducción Pura Löpes Colomé
                                                             

Czeslaw Milosz(Lituania, 1911 - Cracovia, 2004). Poeta.

VLADIMIR HOLAN





Te ha preguntado

Te ha preguntado una muchacha: ¿Qué es poesía?
quisiste decirle: El hecho de que existes, sí, de que existes
y que con temor y asombro,
testimonios del milagro,
envidio dolorosamente la plenitud de tu belleza,
y que no puedo besarte ni dormir contigo
y que nada poseo, y que a quien no puede hacer regalos
no le queda más remedio que cantar.

Pero no se lo has dicho, te has callado
y ella no ha oído esta canción.



Encuentro en un ascensor

Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos.
nos miramos sin hacer nada más.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella salió, y yo, que iba más arriba,
comprendí que nunca volvería a verla,
que nos habíamos encontrado una vez, para siempre,
que aun habiéndola seguido lo hubiera hecho como un muerto
y que si ella hubiera vuelto a mí
no hubiera vuelto más que del otro mundo.


                                    De Una noche con Hamlet y otros poemas
                                          Barral Editores 

Traducción de Josef Forbelsky










Hay


Hay destinos
donde lo que carece de temblor no es sólido.
Hay amores
en los que el mundo no te basta, falta un pasito.
Hay placeres
en los que te castigas por el arte, pues el arte es pecado.
Hay momentos de mutismo
en que la boca de la mujer hace pensar que el pudor es sólo
cuestión de sexo.
Hay cabellos teñidos por un meteoro
donde es el diablo quien hace la raya.
Hay soledades
en las que miras sólo con un ojo y miras sólo sal.
Hay momentos de frío
en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas.
Hay momentos de gravedad
en los que sientes que has caído ya entre los que caen.
Hay silencios
que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!

                                                            Versión de Clara Janés


Vladimir Holan(Rep. Checa, 1905-1980). Poeta checo nacido en 
Praga, considerado el gran poeta checo del siglo XX. 
En sus primeros tiempos publicó Abanico en delirio (1926) y El
triunfo de la muerte (1930), con un estilo muy cercano a Mallarmé.

VICENTE GERBASI





EN EL FONDO FORESTAL DEL DIA


El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día.

Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.

Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.
Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.



TADEUSZ RÓZEWICZ





MI POESÍA


No explica nada
no aclara nada
no hace sacrificios
no abarca todo
no recupera esperanzas
no crea nuevas reglas del juego
no participa en él
tiene un lugar definido
que debe colmar
si no es un lenguaje criptico
si habla sin originalidad
si no guarda sorpresas
evidentemente es así
como las cosas deben ser
obediente a su propia necesidad
su alcance y limitaciones
pierde hasta contra si misma
no usurpa el espacio de otra poética
ni puede ser remplazada por ninguna otra
abierta a todo des
provista de misterio 
tiene muchas tareas
a las cuales nunca hará justicia


                                           Trad. Rafael Cadenas



SIRKKA TURKKA





Cuando los pensamientos son lencería,
apilados en los estantes, ordenados, alineados
como las copas de champán y ponche,
la grabada plata deslustrada y el viejo oro liso.
Y llega el invierno, comandante en jefe Ulysses Simpson Grant,
el rey Lear, su barba blanca.
El lago se vislumbra entre los árboles, en el lago
una perca rayada, tigre ártico.
Entre el bosque se vislumbra la tierra, cuya cuna
es de alto pino tambaleante.
Del cual no podemos soltar los ojos,
del cual nos levantamos,
al cual nos abismamos, cuando los pensamientos
están apilados, ordenados,
apinados, cuando son de puro
pino, de su raíz.
Cuando duerme el pez.
Entra en otro mundo y cierra los ojos.
Aquí no florece el liquen, así es su color de advertencia.
Y cuando matan a la hembra de un tiro, quedan las crías.
Aquí la sangre está parada, encantada,
con un truco de magia meten el corazón bajo la piedra
y lo sacan.
Aquí empujan el corazón hasta al pecho de la perca.
Oh qué alegría, cuando a la pena sigue la pena.
Cuando el invierno siempre está llegando y yendo
como la marcha de Rákóczy,
como el Lear, su barba blanca,
una tragedia verdadera, el otoño es su materia.
Uno lo sabe con los ojos cerrados: el invierno llega tras el invierno,
como la pena llega tras la pena, el verano allí en el medio
como un tumor maligno, que rompe la arquitectura del bosque:
tantas hojas y no se ven los árboles.
Y no llega el verano, la enfermedad, sin el invierno, el rey agujereado,
el comandante en jefe de la aurora boreal, no sin la barba congelada.
Donde nosotros, la tribu de gallinetas de agua, estamos condenados a vagar,
donde nosotros, las estrellas, estamos condenadas a centellear.
Donde la perca se hunde hasta el fondo,
cierra los ojos y se queda mirando

                                                               Trad. Aida Presilla Straus


Sirkka Turkka(Finlandia 1939). Se licenció en Humanidades, 
trabajó como agricultora, bibliotecaria y veterinaria aficionada. 
Es una de las poetas más destacadas de su generación y de su país.
Algunos de sus libros de poesía son; Habitación en el espacio, 1973.
El hombre que amó demasiado a su mujer,1979. A pesar del verano, 
1983.