jueves, 24 de abril de 2014

ROBERTO MANZANO





Cómo los brotes solos


Cómo los brotes solos
ganan, hacia la luz, los irradiantes polos;

cómo se espesan las neblinas
dentro de los bajíos que escoltan las colinas;

ay, cómo se revienta
el ala del esfuerzo en la tormenta;

y cómo el polvo ido
vuelve a ser este polvo amanecido;

un terrón que se añade, otro terrón
que se añade, en la lógica de la acumulación;

lo oscuro avanza, y lo más claro
avanza, y el silencio, y el disparo;

todo se agolpa en un silencio torvo
con vocación de puerta o tozudez de estorbo;

mirando en torno vemos
al que marcha feliz, repleto de coronas y de remos;

y vemos que las horas
siguen su paso, aglomerando auroras;

que los minutos
caen, en derribo de oro, como invisibles frutos;
cuándo se juntará la junta
para dar la respuesta a la humilde pregunta;

se anuda afuera, silencioso, el tallo
mientras rompe la espuma el casco del caballo;

algo, fuera de todo ojo, se redondea
sin que intervenga el cónclave o la idea;

y la luna platea lo que el sol dora
en una rueda sucesiva y corredora;

y las ansias del hombre
son una inflorescencia bordada que no tiene nombre;

es una cíclica aglomeración
que ya apagada vuelve a encandilarse con pasión;

siempre va del segundo al año
hacia la nube, como Jacob, por el peldaño;

como Jacob, pegando con golpe taciturno
al adversario en lo nocturno;

como Jacob, cojeando en la andadura
hacia la altura;

una puerta se abre bajo el puño
a pesar de la herida y del rasguño;

de un solo trago se bebe la experiencia,
pero cómo la falta de luz en la conciencia?:

cómo, si no es subiendo
en una soledad heroica, sin estruendo?;

cómo, si no es nutriendo la quimera
mientras arde la mano en la salmuera?;

hay que imitar
lo que ocurre a la arcilla, a la mazorca, al mar;

el que no sedimenta
no avienta;

la luna con imán
más luces capta con menor afán;

nos hurtaron la recta
que del silencio cruza hacia la voz perfecta;

todo camina
a su meta genuina;

todo busca, en la luz, su gema
contra el ríspido muro del problema;

vámonos, vámonos con lo que avanza
para saber si es cierta la esperanza!


RM(Ciego de Ávila, Cuba, 1949). Poeta, ensayista, editor, 
promotor cultural y profesor.

JAIME VÁNDOR





Alternativas de fe


I.

No me llaméis descreído porque
no crea en las mayúsculas,
en los grandes conceptos
no en las proclamas
las consignas, los estandartes.
No en las doctrinas,
en los tomos de filosofía,
en los devocionarios.
No. Sí en la palabra.
Y en la mirada. Su debido soporte.
Tengo fe en la palabra
en la sinceridad de
la mirada clara
fe en la canción
en la buena intención.
No en las estadísticas
sí en el aval de la experiencia.
No en los grandes números
sí en el modesto uno.
No en la humanidad
sí en el hombre.
Si no creyera en la palabra
cerraría todos los libros
los archivos, el ordenador,
y me echaría a dormir
bolas protectoras
en los oídos, a oscuras,
un paño húmedo en los ojos.
Pero nada de eso pasa.
Yo no desespero, porque –
yo creo en la palabra.


II.

No me llaméis hombre sin fe
ni descreído no me llaméis
porque cada afirmación
la ponga en una balanza. Empezando
por los versículos de la Biblia.
Me embelesa su belleza literaria, pero
su veracidad la observo a trasluz,
porque bien dice el texto
que los fieles llamáis sagrado:
‘el simple todo lo cree,
mas el prudente discierne sus pasos’.
Y sigue Proverbios: ‘¡qué buena
es una palabra a su debido tiempo!’
¡La palabra! La debida palabra
Y la mirada. Su oportuno soporte.

                                    en Más acá del Bien y del Mal


NORGE ESPINOSA


Norge Espinosa Mendoza
Foto de  Carolina Vilches
























ILLE MI PAR ESSE DEO VIDETUR


Es la suya una vida tan especialmente sórdida
que sus mejores amigos han decidido abandonarle.
A la salida del oficio, al pasar, lo han descubierto
en brazo de los hombres que van al bar más terrible
bailando para ellos, como una actriz cantando
hasta que cae la noche, y luego ya la madrugada.
Tiene apenas veinticuatro, pero aún parecen veinte
esos años que el océano ayuda a perpetuar.
En sus cabellos rubios, en su torso tan perfecto,
la luz demora más antes de desvanecerse
y no faltan en esos ojos el fulgor que ya han perdido
las muchachas más esbeltas que se exhiben junto al mar.

Si alguien le pregunta qué piensa de la Vida,
responderá, riendo, que nada de eso le importa;
no ha ambicionado nunca un lugar limpio y estable,
no le preocupa nada semejante al Amor.
Sabe que morirá, y que su fin será terrible.
Convencido ya de esto, de qué valdría lamentar
las horas en el puerto, los golpes; arrepentirse
de su existencia agraz, en la que aún puede reír.
Ciertamente nadie
podrá convencerlo
para que vuelva al lado de su madre,
para que regrese a la mesa familiar.


             de Las estrategias del páramo. Ed. Unión, La Habana, 2000




ENRIQUE BACCI





EL ROSTRO ANTE LO QUE PUEDA ENCONTRAR


De ideomas cónico, plateado por inmensas lunaradas, oscuro al reír, si
río. Las aletas del sentido
centinelas, una voz de noche llama, una voz de día escucha lo
pedestre.
Tan lejos del habla como el quién cabalo piafa ante el incendio de las
aguas. Dorado
trompetero, pejerrey.




Credo del Río Negro 


Â

Nada la naranja desde San Gregorio
 encima de los barcos         nada
 salvo la intención           uno
 que sabe nadar       ni por asomo
 ve tanto naranja
 llegando por el agua sshhss sshhss

 Â Â Â Â Â Â Â Â -----------------------

 los dedos remos   en el aire
 que pensar        aullar
 de la brisa         loba

 Â Â Â Â Â Â -----------------------

 en las veces del azar
 cuando asombra y dice oh

 quien dijera   sobre un carro con caballos
 de romano.   SÃ-ntoma de toro que parece
 si tropieza    moribundo     y está ahÃ-
 creyendo que la mueca de creer es convencer.

 Â Â Â Â -------------------------
 Cuando uno dice   aquÃ-
 comienza a despedirse. Expiar
 o comparar lo poco que faltó

 del mundo hay un espejo con nada
 siempre  igual que si un desgarro
 de tanto el brazo echar    lejazo
 quinina y quasia         el rÃ-o
 ni tan negro

 las manos de mujeres que rayaban la naranja
 peinada transparencia
 aciago pendular de la ocasión

 donde uno dice
 está.

 

 



EDUARDO MILÁN
















4.

disciplina para el humo
desaparición
la hora sombra
perdida la hora sombra
la hora huella
dejada la hora huella de uso

una madre portuguesa se va del puerto
sube al cielo, baja al subsuelo
esa madre sin barco
no sé, una madre portuguesa no regresa

fuera de lugar, desaparecer
sólo aparecer cuenta
quedaba lo que poesía, desaparecía
ahora fragmenta

la pérdida el resto de ganar, lo que no ganó
pierde, la liebre pierde, el hervidero de cigarras
sol que tritura canto igual que mortero hierba