martes, 22 de abril de 2014

JOSÉ HIERRO





ADAGIO PARA FRANZ SCHUBERT
            (Quinteto en Do mayor)

                                                          A Paca Aguirre


                            I

Apenas vaho sobre el cristal
con ademanes de ceniza, con estelas de niebla,
señala el mayordomo el lugar reservado
a cada uno de los comensales,
y susurra sus nombres con sílabas de ráfaga.
Franz ―todos― bebe copas, copas, copas
de un oro ajado, de un resplandor marchito,
una luz madura en otras tierras
diluidas en la memoria.
¿Dónde estarán los compañeros que no ve?
Acaso fueron arrastrados por las aguas de Heráclito
hasta donde el ocaso se remansa y languidece.
Han cesado las risas. Las palabras son ascuas.
Todo es en este instante
desolación, herrumbre, acabamiento.
Huele a manzanas y a membrillos
demasiado maduros.
A través del ojo de buey
Franz contempla los días
que se aproximan navegando.
La ciudad que lo espera le saluda
con sus brazos alzados a las nubes,
enfundados en terciopelo gris.
Paralizado, congelado, el tiempo
va adquiriendo la pátina de estar atardeciendo,
otoñándose sobre el mar,
sobre la muerte, sobre el amor, sobre la música
que se libera, misteriosamente,
de nadie sabe qué prisiones.


                         II

Esta música lleva mucha muerte dentro.
El amor lleva dentro mucha música,
mucho mar, mucha muerte.
La muerte es un amor que habla con el silencio.
El amor es una melodía hija del mar y de la muerte:
asciende, gira, enlaza el cuerpo, lo encadena
hasta asfixiarlo despiadadamente.


                          III

La nave fantasmal ―pero real― navega
sobre el amor, sobre la muerte
(también sobre el olvido),
y glisa sobre el arpa de las olas,
navega sobre el agua como el laúd sobre la música
(y es que música y mar tienen el mismo origen).
Este mar lleva dentro mucha música,
mucho amor, mucha muerte.
                               Y también mucha vida.


                        IV

 ...Y también mucha vida.
No sólo la que testimonia
el hervor de los brazos blanquísimos de las olas
al otro lado del cristal ―solar, lunar― del camarote,
sino la que agoniza en el lado de acá.
Abanicos de plumas y de oro empiezan a girar.
Giran y giran cada vez más vertiginosamente
―acelerando, siempre acelerando―
absorbidos, cautivos, reclamados por bocas abisales,
fraques azules, grises, rumor de besos y batir de alas,
ojos ennoblecidos por las lágrimas,
labios besados hondamente, que por eso
tienen más vida que quitar,
y el giro, el giro, el vértigo del vals,
el del polaco tísico
que escuchaba en la Valldemosa invernal
golpear insistente sobre el suelo la gota de agua.
El vals futuro, felicidad florida
de la dinastía risueña de los vieneses
resucitados cada 1 de enero en los televisores,
supervivientes de un imperio feliz e injusto
que ya no puede ser.
Son absorbidos, chupados, esclavizados
por lo hondo tenebroso. En el embudo
caen y desaparecen gorjeos de las aves
de los bosques de Viena, huéspedes de las ramas
húmedas de los tilos y los abedules,
aroma de grosellas y frambuesas,
de fresas y de arándanos: todos aprisionados
en las redes de escarcha del otoño.
El implacable sumidero
devora tules, sedas, lámparas de luz azulada,
nubes que se suicidan arrojándose
al hueco que termina
en el corazón verde del mar,
en la hoguera sombría y helada de la nada,
en lo fatal, irreversiblemente mudo.
Los invisibles compañeros
contemplan aterrados y desamparados
ese derrumbamiento que acaba en el silencio.


                          V

...El silencio que surca el ataúd de caoba.
a sus desvanecidos compañeros.
Con la clarividencia del moribundo
oye su despedida, sus adioses
con voces de violines, de violas, de violonchelos.
Sonaban a diamante y penumbra.
La nave ―¿o ataúd?― en que Franz llega,
irremediablemente solo, cabecea sobre las ondas,
las azota su quilla con ritmo sosegado:
―chasquido, pellizcado, pizzicatto sombrío―
entre dos nadas, entre dos nuncas.


                           VI

...Entre dos nuncas. El recién llegado
contempla el cielo encajonado
entre dos muros, entre dos sombras, entre dos silencios,
entre dos nadas.
Sentado sobre su banco de cemento
saca de su bolsillo unos trozos de pan,
los desmiga. Da de comer a las palomas.


                         (De Cuaderno de Nueva York, 1998)

LUIS ALBERTO DE CUENCA





HAMMURABI


Las chicas como tú se ríen en las barbas
del mismísimo Hammurabi.

«Ojo por ojo
y diente por diente»
(lo hizo escribir en Babilonia,
hace cuatro mil años).

Las chicas como tú responden
al amor con desdén
y al desdén con amor.
Por fastidiar a Hammurabi.





UN AMOR IMPOSIBLE


Te he encontrado en la calle
y, luego, hemos cenado juntos.
Te lo he dicho otra vez:
mi vida quiere ser lo que llamaba Bowra
"the pursuit of honour through risk".
Y tu sonrisa se transforma
en una mueca obscena,
y sigues sin saber qué es el pudor.
Antes de medianoche
estabas muerta ya, amor mío.




LOS DOS MARCELOS

                                       A la memoria de Gabriel


En abril de este año hablé con Bioy Casares.
Le recordé al maestro que en un prólogo suyo de hace cincuenta años
llamó pesado a Proust,
y que en una Postdata al mismo prólogo,
escrita veinticinco años después,
cantó la palinodia:
«¿Qué es eso de matar a quienes más queremos?
Bioy me dijo que, de pequeño, aborrecía a Proust,
pero que luego se hizo mayor y aprendió a amarlo.
Yo le dije que Proust me aburría,
que no me interesaba, ni antes ni ahora, en absoluto.
Bioy entonces me dijo que leyera Albertine Disparue
como si fuera una novela policíaca,
que a lo mejor así empezaba a gustarme A la recherche du temps perdu,
como a todo el mundo sensato.
No he seguido el consejo de A.B.C.
Él se había mostrado irreverente con Proust cuando era joven,
que es cuando se dice la verdad.
Yo no quiero dejar de ser joven.
No soporto la idea de que cualquier enciclopedia
dedique siete páginas a Marcel Proust y siete líneas a Marcel Schwob.
No es justo lo que han hecho con los dos Marcelos.




POESÍA EN EL CAMPUS





“A mí me interesa tanto Homero 
como Flash Gordon”

           LEER

YUKIO MISHIMA

JOSÉ NORIEGA





Un gato envuelto en poemas









“El libro de papel durará mucho, pero sólo lo producirán 
editoriales diminutas”, entrevista con José Noriega










José Noriega, editor de El gato gris. Foto: L. Fraile

FRANCISCO PINO


Francisco Pino, perfil a vuela pluma


El mendigo


Algo se muestra claro, nítido: Pedir.
He de pedir.
Aprenderé a pedir.
Mi oración arrancará de Dios mi persona.
Mi figura será revelada por mi oración.
Sin que las figuras del retablo colaborasen para salir al alba, ¿salieron al alba?
Como las figuras salí.
Del mismo modo que las figuras que trabajó otra mano y dibujó la luz, yo salí sin mí a mí.
Solamente en la oración trabajo mi persona y fraguo mi figura.
El mendigo soy. Sólo soy cuando extiendo mi mano a tu dádiva.
Como el mendigo, mi tarea es pedir.

Pediré habitar en la casa de Yavé todos los días de mi vida.



ESTA VEJEZ


Esta vejez reposa
sobre un aire de luna.
mónde huyeron los soles?

Apenas si se ve,
andas, ¿tropezarás?
Bien abiertos los ojos.

Esta vejez mil cimas,
subes, no llegas nunca.
Subir, ramo de rosas.

Esta vejez, mil simas,
bajas, ni te aproximas.
Bajar, un crisantemo.

Cimas, abismos llaman.
Quieres abrirles, mas
nunca encuentras las llaves.

Vejez, el detenerse
en el volar: vilano.
Que no le soplen nunca.

                                                   (Claro decir 2002)



MIQUEL MARTÍ I POL



    Sálvame la mirada (Miquel Martí i Pol, 
            1994) by Pedro Madueño


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Calladamente

Desde esta áspera soledad te pienso.
Ya no estarás jamás cuando las hojas
abandonen los chopos que mirábamos
en silencio desde el portal de casa.
Tantas cosas se han ido con tu marcha
que apenas queda espacio de mí mismo
para poder acordarme de ti ahora.
Pero la vida, poderosa, estalla
en este estrecho ámbito en que vivo.
Tú ya no estás, y ya en los chopos
apuntan hojas nuevas.
Proclama el verde limpio su esperanza
y yo sigo viviendo,
y es viviendo como puedo pensarte
y hacerte crecer en mi silencio
hasta que la silente soledad me trague
como a ti te ha tragado para siempre.



El amor

Todo tiene sentido en el amor.
¿De dónde brota el agua de la fuerza
que mantiene al corazón tan vivo
sino de su alto manantial de amor?
Sólo por amor nos crecen rosas
en las manos, se alumbran los misterios,
y en el amor es justo todo y necesario.
Cree, así, en el cuerpo y trata en él
de perdurar y que perdure todo
dignificándolo siempre con amor
generoso, y darás vida con él.

                               De Antología Esencial



JUAN CARLOS MESTRE





TRES POEMAS PARA PIER PAOLO PASOLINI

Sólo porque estás muerto he podido hablarte como a un hombre,
de otra manera tus leyes me lo hubieran impedido.

                                                                        P. P. Pasolini


I

Hubiera querido góndolas y uvas en tu frente, blanca túnica de vichí
para tu cuerpo de arbusto, vomitel, árbol enorme donde tallen
timbales, panderetas, músicas al tacto valiente de tu risa,
tarambas, oboes y luces en la noche que te cuida,
fósil de ámbar, rejalgar, cristal indefinido que gobierna
adolescentes. Pero ya el humo que resolvió a los príncipes
es témpano dulcísimo, véspero en la tarde de los Médicis,
cascabel y sedas en tu luz definitiva, vértigo ahora
cuando un arpa inicia fuentes de bálsamo en la memoria,
incienso en tu cenotafio de orégano y ciruelas, harina
en el hojaldre sin fin, honrado jinete tan suave en el galope
y hasta relincho fucsia del centauro que quiso Botticelli
para llevarte a hombros a la soledad del ibis, madre
comunal y sagrada que devoró el jaguar, cinta en el pelo,
miel de palma y almendras en el licor de los festejos.


II

Voy a nombrarte como sol que duda entre el jazmín o la libélula,
apenas aurora y ya friso de acanto que te oculta, breve fue
el amor o la alimaña y ya están los evangelios anunciando
fresas en tus labios, liebres, sacristanes, adobes y pulpa de manzana;
quiero esta extensa geografía reducida a brote simple de cerezo
y en tu oreja cultivar infiel e íntima la vida, el deseo, el goce
carnal de un cielo que devore tu muerte y te devuelva intacto
al ágora y al puente, al tren, al mingitorio, a las campanas y a la luna.
Que ya vienen las mariquitas de Roma tocando la marimba y las estatuas
y la hojarasca y las navajas no son, Dante y el cisne de Veronés,
y Venecia no se hunde por ti y no se hace inalcanzable el vértice,
porque ya estamos todos sin vergüenza en el pubis de Safo, yuruma,
jarabe de maíz, sustancia, hucha y alhelí, caimán y novia.


III

Y es preciso detener la resignación que como mañana blanca de domingo
azuza al cárabo, devolver la alegría al alcahuete, el miedo al juez, fingir
hasta el éxodo, adornar con azucena cada culpa, convidar a matrimonio,
volverse cadmio, baya, ser prodigio, retallecer, rugir y hasta ocultar
con velo lo jovial, ingerir jarabes que te vuelvan grillo y regreses
en el canto, araña, saurio, gelatina, nivel del mar que lo inunde todo.
Porque no me acostumbro, prometido, a revejecer, a regirte en el recuerdo,
a reservarte el mármol como si cónsul hubieras sido, tú, hereje mayor, joya
que adorno el pulgar, hierba que embosqueció la era, nunca harija, trigo,
rayo que destrona, hiere, apila y excarcela. Te quiero ya tambor, voz atonal,
adormidera, flauta, tubo de viento. Levanta tu cabeza, cáliz de pan, ven nómada,
regresa, hágase la justicia y alegrémonos: Ecce homo.





ANTONIO COLINAS





EL LABERINTO INVISIBLE


Para el que sabe ver
siempre habrá al final del laberinto
de la vida
una puerta de oro.

Si la atraviesas hallarás un patio
con musgo, empedrado,
y en él dos cedros opulentos con
sus pájaros dormidos.
(No encontrarás ya aquí la música de Orfeo,
sino sólo silencio.)
Cruza el patio, verás luego otra puerta.
Ábrela.
Ya dentro, en la penumbra,
verás un muro
y, en él, unas palabras muy borrosas
de cuya sencillez brota una luz
que, lenta, pasa a ti y te devuelve
al fin la  libertad,
la plenitud de ser:
“Sean siempre alabadas
las palabras dulcísimas
que sanan: paz y bien”.

Después, ya en soledad profunda,
verás que te hallas frente a otra puerta
que aún no puedes abrir,
porque no es el momento:
la que quizá te lleve a otro laberinto,
al laberinto último, invisible.
¿De él habrá salida?

(Sólo queda esperar,
esperar al amparo seguro
de esas letras borrosas
que sanan.)                                        



GHERASIM LUCA





Encarnar


I

Yo te floro
tú me faunas

Yo te carno
yo te puerto
y te ventano
tú me huesas
tú me océanas
tú me corajeas
tú me meteoras

Yo te llavedeoro
yo te extraordinario
tú me paroxismas

tú me paroxismas
y paradojas
yo te clavicordio
tú me silenciosamentas
tú me espejeas
yo te relojpulsero

tú me espejismas
me oasis
tú me pájaras
insectas
cataratas

Yo te lunaro
tú me cúmulas
yo te pleamaro
yo te transparento
tú me crepusculas
me translucidas
tú me castillovacías
y me laberintas
paralajeas
y me parabolas
tú me horizontalas
y me verticalas
tú me oblicuas

Yo te equinoccio
yo te poeto
tú me danzas
yo te particulo
tú me perpendiculas
y me entrepisas

tu me visibleas
me siluetas
tú me infinitas
me indivisibleas
me ironías

yo te frágilo
y te ardiento
yo te fonéticamento
tú me jeroglificas

tú me espacias
y me cascadas
yo te cascado
a su vez pero tú

tú me fluidas

tú me cometas

tú me volcaniqueas

nos pulverizamos el uno al otro

nos escandalosamentamos el uno al otro
noche y día
nos elunoalotramos este mismo día
tú me tangentas
yo te concentrico

tú me solubles
tú me insolubles
yú me asfixiantas
y me liberadoreas
tú me latidas

tú me mareas
me extasias
tú me apasionadamentas
y me absolutas
yo te ausento
y te absurdo

yo te pezono tú te cabellas
y te caderas
tú me embrujas
yo te seno
yo te pecho tu seno luego te aspecto
yo te encorseto
tú me aromas tú me mareas
tú deslizas
yo te muslo te acaricio
yo te tiemblo
tú me zancadeas
tú me insoportableas
yo te amazono
yo te garganto te estomagueo
te faldo
te ligo te medio te Bacheo
sí te Bacheo por clavicordio seno y flauta


II

yo te temblando
tú me seduces me absorbes
yo te disputo
te arriesgo te trepo
tú me hojeas
yo te nado
pero tú, tú me remolineas
tú me apacentas me circundas
tú me carnecueropielas y me muerdes
tú me cintanegras
tú me sandaliarojas
y cuando no tacas mis sentidos
tú los cocodrilas
los ballenas tú los fascinas
tú me cubres
yo te descubro te invento
a veces te destapas a ti misma

tú me labio humedas
yo me envío y te deliranto
tú me delirantas y me apasionadas
yo te hombro y te vertebro yo te codo
te pestaño y te pupilo
y si no te escapulo antes de mis pulmones
incluso luego de que me axiles
yo te respiro
noche y día yo te respiro
yo te boco
yo te paladareo yo te diento y te garro
te vulvo y te parpado
yo te aliento
te inglo
te sangreo te cuello
te terneros te cierto
te mejillo y te veno

yo te manos
te transpiro
te lenguo
te nuco
yo te navego
yo te sombro yo te cuerpo y te fantasmo
yo te retino en mi aliento
tu te iris a ti misma

yo te escribo
tú me piensas


                                  Trad. del inglés por Rita Gon Hesaynes


GL, poeta rumano nacido en Bucarest. Se educó en un ambiente
liberal judío, inmerso en la lengua francesa. Funda un movimiento
surrealista interdisciplinar y adopta de manera definitiva el francés
como idioma de creación. En 1952 se instala en París. Sus poemas, 
dibujos o collages (cubomanías) los publica la revista Phases. En su 
soledad, en la búsqueda de una base sólida, a Luca le perturba el as
censo del antisemitismo y se arroja al río Sena en 1994.