miércoles, 26 de marzo de 2014

REYNALDO JIMÉNEZ





Soterrada en el zoom


la hilera de hormigas porta estandartes,
plazos ahora fríos que fueron planos
incidentes: un ojo dejado
por la lluvia, virado hacia arriba,
dentaduras de pasto. el cambio no las
afecta: ellas no esperan
aceptación del clima, leyes
diseminadas para retacear. nada las recibe:
un poco halcón, él desplaza, desvaído, su
cuerpo zoom y capta baldosas -rugosidad
dando el entorno-; con calma deberá
posesionarse del espacio
que perdure. Babel proliferó esos huecos
entre la acción, suspensiones de un
segundo donde nada parece
porque sucede.

espesura, te estás por
romper: suelta
tu intangible. a través,
destellan otras caravanas, pocilga
para nubes detenidas sobre
tantas confesiones, a
destiempo, explícito aposento
que, transeúnte, de incógnito,
se digiere. arrinconado en la obviedad
pero hacia el mito
de sí mismo -el mundo es el refugio,
refugio para unos niños temibles,
temerosos de su privada voracidad;
más allá de la acción, la investidura.

solo, centro de la multitud -son
tus disfraces, simetría-, sin oír,
la desposesión, del tamaño de
una hormiga: a veces misterioso
asalta lo miserable, preparado apenas
para lugares comunes; acaricia esa
cabellera, el desencanto: "¿y para esto
he venido?" (y esto de dónde lo
saqué).

ajeno se deseara de los ghettos
ensañados: supervivir un circo
al que se odia y se requiere, en virtud
de pócimas idénticas. la vida verdadera,
ensamblaje -el origen, intemperie, y el fin,
anonimato: imperceptible de sí mismo-, cobra
detrás de la vigilia, detrás del sueño.

alrededor, estas almas deslizantes
-no, no las compares
entre sí o con hormigas: la verdadera
vida nada ancla en la relación
de unos actos, una verdad que haga más firme
e imposible retroceder. resta el cedazo
ante el encuentro, el menoscabo
en la enunciación. nadie adivina su envés,
cara de tres puntas solitarias: zona, comida,
evaporación por hilachas del sueño,
sólo fiebre metalizando. ya no tramo;
la detención ansiosa me sacó a pasear
y los mínimos detalles me confiscan,
impiedad que registra.


"no sé nacer, y ansío."




NÉSTOR PERLONGHER




Albañiles desnudos(2)

                                              a Reynaldo Jiménez


Cantan en suspensión las ajorcas del vuelo.
El redondel la trama del batracio tendido
es, humanas alturas en el jagüel ahogadas.
Desde el azul celeste nada se ve sino unas sombras
desvaídas, hormigas locas en el lodazal.

Ruedan en flotantes escalinatas la escarlatina del cilicio.
Compuertas danle al nomeolvides para que bórrese de sí
con una ilusión (distante). Sobre todo distante. Desde los
ventanales del hospital se les ve cargando plumeros,
hormigas gordas acariciadas por la mirada que las unta
 y forma a través del salto inmóvil.



ANTONIN ARTAUD



   Man Ray, Portrait of Antonin Artaud, 1926



POETA NEGRO

Poeta negro, un seno de doncella 
te obsesiona 
poeta amargo, la vida bulle 
y la ciudad arde, 
y el cielo se resuelve en lluvia, 
y tu pluma araña el corazón de la vida.
Selva, selva, hormiguean ojos 
en los pináculos multiplicados; 
cabellera de tormenta, los poetas 
montan sobre caballos, perros.

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran 
el cielo afluye las narices 
como azul leche nutricia; 
estoy pendiente de vuestras bocas 
mujeres, duros corazones de vinagre.
                                         
                                                  en "El ombligo de los limbos"

HENRI MICHAUX




AGIR, VOY 


Empujando la puerta en ti he entrado
Agir, voy
Estoy ahí
Te sostengo
No más abandono
No más dificultades
Cordeles desatados, tus dificultades caen
La pesadilla de donde volviste despavorida ya no está
Te respaldo
Pones conmigo
El pie sobre el primer tramo de la escalera sin fin
Que te lleva
Que te sube
Que te realiza
Te calmo
Extiendo manteles de paz en ti
Alivio a la criatura de tu sueño
Afluencia
Afluencia en palmas sobre el círculo de las imágenes de la
    asustada
Afluencia sobre su hogar... y el fuego se reanima


AGIR, VOY
Tus ideas de impulso están sostenidas
Tus ideas de fracaso están debilitadas
Tengo mi fuerza en tu cuerpo, insinuada...
y tu rostro, al perder sus arrugas, rejuvenece
La enfermedad ya no encuentra su trayecto en ti
La fiebre te abandona


La paz de las bóvedas
La paz de las praderas de nuevo florecientes
La paz regresa a ti


En nombre del número más elevado, yo te ayudo
Como una fumarola
Todo lo que abruma tus hombros se volatiliza
Las cabezas malvadas de tu entorno
Observadoras viperinas de la miseria de los débiles
Ya no te ven
Ya no están


Equipaje de refuerzo
En misterio y en línea profundo
Como un surco submarino
Como un canto grave
Voy
Este canto te coge
Este canto te levanta
Este canto lo animan muchos arroyos
Este canto está alimentado por un Niágara en calma
Este canto es todo para ti


No más tenazas
No más sombras negras
No más temores
Ya no hay rastro
Ya no tiene que haberlo
Donde había dificultad, hay guata
Donde había dispersión, hay soldadura
Donde había infección, hay sangre nueva
Donde había cerrojos está el océano abierto
El océano portador y la plenitud de ti
Intacta, como un huevo de marfil.


He lavado la cara a tu futuro.


                 Transcrito de: Poemas Escogidos.Visor Madrid. 
                 2001. Traducción Julia Escobar.

LUIS SURDÍAZ


luis suardiaz


Como quien vuelve de un largo viaje


Como quien  vuelve de un largo viaje
me aprieto contra mi mujer.
Quiero extenderme junto a esa llamita que es mi mujer
Porque regreso cada vez de un viaje más lejano

Ella duerme.

Disuelve la fatiga bajo los tibios edredones.
Como quien llega después de un siglo
al castillo donde la leyenda hace que duerma
la muchacha de larga cabellera,
sacudo el polvo, acomodo los papeles
y me tiendo a su lado.

No para interrumpir el sueño que es mi  mujer.
Sacudo el grave polvo de la nieve, echo a un lado
los espejismos del invierno, para recogerme
cerca de ese perfume y aún soñar
junto a esa llamita que es mi mujer,
como quien vuelve de un largo viaje



Luis Suardíaz, poeta, ensayista, crítico, editor y periodista
Nace en 1936. En 1953 se vincula a los grupos literarios de 
Camagüey junto a Severo Sarduy, Rolando Escardó y otros 
escritores camagüeyanos. Fallece en La Habana en 2005.

KENNETH ANGER