viernes, 14 de marzo de 2014

ANGEL MARTÍNEZ BAIGORRI


Retrato


Angel


-Sí, podéis creédmelo, aquí está el ángel.
Los que no lo vean, será porque para ellos los ángeles son completamente
invisibles.
Mirad si lo sentís latir, volar, vosotros.
-¿Por qué me parece tan fea la palabra musa? ¡M u u s a! Musa...
Cuanto mejor los dice el pueblo: ángel: -Tiene ángel.
Y cuando entre el murmullo de una reunión se hace un silencio, siempre hay
uno que dice:
-Ha pasado un ángel.
Cada una de estas páginas, líneas, palabras, letras, quiere ser un silencio
reunido de almas en el que yo sentí pasar un ángel.
Se siente el vuelo y no se ven las alas.
¡Qué lástima que la blancura tenga cuerpo!
¡Qué lástima que un ángel no sea ángel solo!

Y que sin fuego no haya luz, luz sola.



RÍO SIN FIN


YA por fin he llegado a donde el río acaba
Y a donde lodo muere con el río.

Itálica de siglos y de sueños
Nueva y vieja, de ayer y ya arruinada.

Y donde todo muere con el río:
Todo lo que los hombres
hicieron o quisieron
Hacer, ya lo está ahogando entre sus brazos
La libre vida de lo que Dios crea.


Río sin fin:
No veo el fin del río.

El fin del río es uno en muchos ríos,
Como el principio en muchos ríos uno.

Río sin fin. San Juan en varios brazos.

Brazos de mar por recibirle abiertos...

Para ahogarlo -¿de amor? -de mar
entre sus brazos.


Al fin al río que se llevó todo
Ahogado en su corriente, el mar lo sorbe.


-Aguarda, río, aguarda
Que el mar te sorba y no serás más río.


                                    de Río hasta el fin (Editora UCA, Managua,
                                    Nicaragua. 1999)


Ángel Martínez Baigorri(1899-1971) poeta y sacerdote jesuita.

JOSEPH BRODSKY





EL BUSTO DE TIBERIO


Yo te saludo, pasados dos mil años.
También tú fuiste marido de una puta.
Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches,
chusma con jeringas en húmedos portales,
ruinas. Yo, un viajero del montón,
saludo ahora tu busto polvoriento
en la desierta galería. Ah, Tiberio,
aquí no alcanzas ni los treinta. Del rostro
mana la confianza de quien domina el músculo
más que el futuro de su suma. Y la cabeza,
que el escultor cortara en vida,
muestra en esencia el augurio del poder.
Todo lo que queda bajo el mentón es Roma:
provincias, cohortes y también rentistas,
más un sinfín de infantes que besan tu aguijón
-placer en clave de la loba
que alimenta a los críos Remo
y Rómulo-.(¡Los mismos labios!,
musitando, dulces, inconexos
entre los pliegues de la toga. ) A fin de cuentas:
un busto en señal de independencia entre cuerpo y cerebro.
De hecho, incluido el del Imperio.
De dibujar tú mismo tu retrato,
sería todo él circunvoluciones.

Aquí no alcanzas ni los treinta. Nada
en ti detiene la mirada.
Ni, a su vez, tu firme observar
está dispuesto a detenerse en algo:
ni en rostro alguno ni en un
paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
¡Qué más te da lo que rezonguen
Tácito o Suetonio en busca de las causas
que te hicieron cruel! No hay causas en el mundo,
tan sólo efectos. Los hombres son sus víctimas.
Y sobre todo en las mazmorras donde todos confiesan;
no en vano confesar bajo tortura,
como las confidencias del niño,
se torna monocorde. Lo mejor es
no tener nada que ver con la verdad.
Por lo demás, ésta no eleva. A nadie.
Menos aún al César. Al menos,
tú apareces más capaz de ahogarte
en tu baño que por una gran idea.
Y en general, ¿ser cruel no es acaso
precipitar tan sólo el común destino
de toda cosa, o la caída libre
de un cuerpo simple en el vacío? En él
siempre acabas en el momento de caer.
No vendrá el diluvio tras nosotros

Enero. Un aluvión de nubes
sobre la invernal ciudad a modo de mármol sobrante.
El Tíber, que huye de la realidad.
Las fuentes, que echan agua hacia el lugar
de donde nadie mira, ni cómo quien no ve,
ni entornando la mirada. ¡Es otro tiempo!
Y no hay modo de atrapar al lobo
enloquecido. ¡Ah, Tiberio!
¿Quiénes somos nosotros para ser tus jueces?
Has sido un monstruo, mas fiera impasible.
Pues la naturaleza, cuando crea sus monstruos
-las víctimas jamás-, los plasma, no obstante,
a semejanza suya. Más nos vale mil veces
-si escoger nos es dado-
que venga a destruirnos un engendro del infierno
antes que un neurasténico. Con treinta sin cumplir,
el rostro hecho en piedra, cara rocosa,
creada para dos milenios,
te asemejas a un instrumento natural
de exterminio, y en nada a un esclavo
de pasión humana alguna, o a un forjador de ideas
y demás. Y defenderte de las invenciones
es como proteger al árbol de sus hojas,
con su complejo de que ellas son, entre susurros
inconexos pero claros, mayoría.
En la desierta galería. En mediodía gris.
El ventanal tiznado con las luces del invierno.
El ruido de la calle. Ajeno por completo
a la textura del espacio, el busto…
¡No puede ser que no me oigas!
Pues yo también huí, sin mirar hacia atrás,
de todo lo que me había sucedido; me convertí en isla
con sus ruinas, sus cigüeñas. También me esculpí
el rostro por medio de un candil.
A mano. Y lo que llegase a decir,
lo que haya dicho, a nadie le interesa,
y no en su momento, sino hoy mismo.
¿No es esto también un modo de acelerar
la historia? ¿No es un intento -logrado por desdicha-
de colocarse el efecto delante de la causa?
Y además, también en el total vacío,
lo cual no garantiza un gran aplauso.
¿Arrepentirse? ¿Rehacer tu suerte?
¿Jugar, como se dice, con otra baraja?
Pero, ¿vale la pena acaso? La lluvia radiactiva
nos cubrirá no mucho peor que tu historiador.
¿Y quién vendrá a maldecirnos? ¿Una estrella?
¿La luna? ¿Una termita enloquecida por
las incontables mutaciones, de tronco fofo, eterna?
Todo es posible. Pero, cuando, como un objeto duro,
se tope con nosotros, ella también, tal vez,
algo turbada, detendrá la excavación.

«Un busto -exclamará en el lenguaje de las ruinas,
del músculo abreviado-, un busto, un busto.»
                                                          

                                       De “No vendrá el diluvio tras nosotros” 
                                      (Antología 1960-1996)

        Versión de Ricardo San Vicente 


Iosif Aleksandrovich Brodsky (Leningrado, 1940-Nueva York, 1996)
poeta, traductor, crítico, ensayista, dramaturgo, Premio Nobel de
Literatura en 1987.


ANTONI MARÍ





Saber que el ansia, el sueño, la vida de la idea,
son un desierto de soledad que avanza.
Y sentir cómo crece, intrépido y fértil,
desde el enorme abismo del alma y del mundo.

  
Sentir la soledad como el ansia, y como el ansia
el cumplimiento del sueño y el devenir
nosotros, sueño de nosotros,
príncipes y señores de nuestro vasto reino.


                                                          Trad. Vicente Valero


Antoni Marí, poeta, ensayista y narrador catalán(Ibiza, 1944)
En 1989 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica por Un viatge 
d’hivern. Preludi, Un viatge d’hivern y El desert.

FRANCESC PARCERISAS


FRANCESC


EL VIEJO PROFESOR

                                   A partir de un motivo de John Bayley
  

Escribe junto a la ventana. Hay árboles
y libros por doquier. Olvido y más olvido.
Tal vez celos. Si ha de llover desconsoladamente,
que no pare. ¿Existen emociones
que siempre hemos querido ocultarnos?
¿Palabras que parecen no tener ningún linaje
conocido? ¿Qué quiere decir fresno, pino, aliso, abedul;
qué quiere decir amar, olvidar, huir?
Ganará; siempre gana el otro lado.
Sin pasado; o sin pasado
que seamos capaces de reconocer —que es lo mismo.
La vida desea felicidad.


                                                   (Trad. del autor)



MICHAEL LONGLEY





ALTO EL FUEGO


I

Recuerda a su propio padre y conmovido hasta el llanto
Aquiles le cogió de la mano y empujó al viejo rey
Suavemente lejos, pero Príamo acurrucado a sus pies y
Llorando con él hasta que su tristeza llenó el pabellón.


II

Tomando el cadáver de Héctor con sus propias manos  Aquiles
se aseguró de que fuera lavado y, por el amor del viejo rey,
colocado con el uniforme, listo para que Príamo lo llevara
envuelto como un regalo  a su hogar en Troya al amanecer.


III

Después de que hubieran comido juntos, les agradó a los dos
contemplar su respectiva belleza como podrían hacer los amantes,
Aquiles, construido como un dios, Príamo  todavía hermoso
y lleno de conversación, que antes había suspirado:


IV

"Me arrodillo y hago lo que debe hacerse:
beso  la mano de Aquiles, el asesino de mi hijo”.



                                                Trad. ANTONIO LINARES 


MIROSLAV KRLEZA


 



El regreso de Filip Latinovicz (fragmento)


" Estaba amaneciendo cuando Filip llegó a la estación de Kaptol. Hacía veintitrés años que no había vuelto a poner los pies en ese rincón, y sin embargo todo seguía resultándole muy familiar: los tejados babeantes y podridos, y el bulbo sobre la torre de los Frailes, y la casa de una planta, gris y descolorida por el viento, al final de una alameda sombría. La cabeza de Medusa de yeso sobre la puerta de roble maciza y guarnecida de herrajes, y el pomo frío. Veintitrés años habían pasado desde aquella mañana en que había llegado arrastrándose hasta esa puerta como el hijo pródigo: estudiante de séptimo en el instituto, le había robado un billete de cien a su madre y se había pasado tres días y tres noches bebiendo y corriéndose juergas con prostitutas y camareras, para al volver encontrarse la puerta cerrada con llave y quedarse en la calle, y desde entonces vivía en la calle, hacía ya muchos años, sin que nada hubiera cambiado realmente. Se paró ante la puerta hostil y cerrada e, igual que aquella mañana, creyó experimentar la sensación del tacto frío y metálico de aquel pomo pesado, macizo, en la palma de su mano: sabía que esa puerta se le resistiría cuando la empujara, y sabía que las hojas se movían en las copas de los castaños, y oyó el aleteo de una golondrina que levantaba el vuelo por encima de su cabeza, y había tenido (aquella mañana) la impresión de estar soñando; estaba todo sucio, cansado, falto de sueño, y sentía que algo se deslizaba por el cuello de su camisa, probablemente una chinche. Nunca olvidaría aquel amanecer oscuro, ni aquella última, tercera noche ebria, ni aquella mañana gris —mientras viviera. "


ACÁ

JULIO CÉSAR IBARRA





EL CATECISMO “MADE IN” CHILE



            En Chile el catecismo es el de siempre,
            pero para vivir y ser políticamente correcto
            hay que traducirlo:



 1.     En Chile debemos aparentar ser todos católicos
y reverenciar a Dios.
Se incluyen comunistas, socialistas,                                                                       
hijos del Islam, anarquistas, ateos, masones,                                                    
satánicos, narcotraficantes, fascistas, nazis,                                                      
los que andan "más perdidos que el teniente Bello" (famosa historia local), Et caetera...



2.     Oficialmente todos nos amamos unos a los otros,
menos, está claro, si se es o se actúa como:
homosexual, lesbiana, prostituta, amante del marido
o de la esposa, burro cachero, cantante de boite,
bailarina nudista, machista o feminista, vago,
cafiche, ex-cura, político no destacado,
subversivo con éxito, empresario top, modelo o animador de televisión,
futbolista arratonado,
×político pre-candidato a la presidencia de la República,
que habla mal de su “parner” o que ha perdido el juego.
(En definitiva: busque usted las características principales
para agrupar a estos ejemplos de seres deleznables en alguna categoría).



 3.     Hay que llevar una vida ordenada:
Estudie, ojalá, elija una profesión rentable,
y titúlese  en una universidad  “de prestigio”
         de preferencia católica –  y si no le queda otra:
busque un oficio – cualquiera  sea éste  –
y hágase millonario o millonaria.
(El casamiento por interés siempre ha sido un buen negocio).
Cásese, tenga hijos, matricúlelos en un  Colegio Particular,
y ojalá que la mensualidad sea  superior a US$200 (doscientos dólares).
Compre una casa, un auto, sea poseedor de tarjetas de crédito.
Aprenda  inglés o francés.
Viaje – por lo menos una vez en su vida -
a los Estados Unidos, Europa, y por supuesto a la Tierra Santa.
Compre un cupo en un partido político
- cualquiera -  hoy son casi todos iguales.  
Inscríbase en un club deportivo con prestigio social.
En definitiva: Sea Alguien.



4.     No se preocupe por el mundo.
Nadie tiene la obligación de subir la montaña o ir al desierto.
¿Para qué? Si ya lo hicieron Jesucristo,  Zaratustra y otros.
Ellos ya se quebraron la cabeza, y nos ofrecieron su alma.
¡Por favor!  No es nuestra responsabilidad  pensar en la humanidad.



 5.     Da lo mismo ser judío, cristiano, socialista o musulmán. 
Lo importante es hacer buenos negocios.



 6.     Sólo se puede buscar a Dios en las iglesias autorizadas para ello.



 7.     Sólo se puede amar una vez en la vida y para siempre.
El error no está permitido.



 8.     La vida de los hombres y mujeres siempre tiene un precio
Y hay algunas vidas que no valen nada.



 9.     Sólo las mujeres deben enseñar el amor a los niños y niñas
Porque el amor de los hombres siempre deriva en vicio.



10.     El cuerpo debe ser tratado como un templo, bien adornado,
el espíritu que sople en el interior,
debe tener suficiente dinero para mantenerlo.



                                                Julio César Ibarra: “La Montaña” (1998).  
                                                Editorial Virtual www.ciberokupa.cl



MLADEN MACHIEDO





MÁRGENES   
  (Margine)


Nosotros entregamos a los escritores de la Europa Occidental las traducciones de sus obras, y ellos a nosotros - cuando son generosos - su cocina nacional. Durante nuestras cada vez más escasas estadías allá.

Se  anuncia el “euro” como la moneda del cerrado, olvidadizo Occidente. Y en otro tiempo   el viento era alegre por los caballos del este: ‘laetus Eois/Eurus equis’ (Eneida, II, 417-418).

Hay días cuando uno sólo dormiría, no existente… quitándole el tiempo a la melancolía, al  dolor…

El pasado cambia. Porque nuestro yo que lo “visita” en diferentes espacios de tiempo no es igual. Por esto el hombre se extraña de su  yo  anterior.

Todos nos hemos empobrecido. Menos aquellos a los cuales la guerra dio la mano para que se enriquecieran.

Algunos así vivos entre los muertos,
Otros ya muy muertos entre los vivos.
  
Occidente, en vez de corazón tiene  tripas.

No puedo resistir de no citarle:
“La vida es corta, el arte es  largo, la ocasión es fugitiva, la experiencia engañosa, el juicio difícil”. Aforismo de Hipócrates.

Con especial placer la muerte espía a la belleza; la cual se le resiste. ¿No es así, sorella morte?  

“Cuánto tiempo más se quedan?”
- frase usual
con la cual los isleños posponen la conversación
de año en año
de generación en generación.

El mensaje del gasto es tautológico: dirige exclusivamente a sí mismo.     

El francés elegante, el español orgulloso, el italiano seductor, el portugués sensual.
¿Y el croata? ¿Firme- y- melancólico?


                                              Traducción Željka Lovrenčić

MLADEN MACHIEDO


Naše doba sliči mahnitom 17. stoljeću


Doble piedad
(Dvostruka milost)


En el marco de la ventana
repleto del cielo oscuro
se bambolearon dos mástiles.

Uno tocó las hojas de la palma
el otro fue coronado
con la estrella vespertina.

                       /Hvar, 2 de agosto de 1993/



Y cuando estás en tu buena época… 
(I kad si u dobrom svojem razdoblju…)


Y cuando estás en tu buena época y las cosas te van bien, sal  por un momento de sí  y da vuelta de paso: verás  por lo menos un rostro sollozante por dentro.



“Las ventanas del alma”
(Prozori duše)


Como pequeños lagos
un poco turbios
en el fondo de cráteres apagados
de los alguna vez incandescentes volcanes
estarán
los ojos.


Autobiografía
(Autobiografija)


ni signo de exclamación
ni hito
sólo el signo de interrogación
felizmente inconcluso



                                                Trad.  Željka Lovrenčić


Mladen Machiedo(Croacia, 1938). Trabajó como profesor regular
de literatura italiana en la Facultad de Filosofía y Letras de su ciudad
natal, Zagreb. Es ensayista, teorético de literatura, crítico literario,
redactor de antologías, traductor y poeta.