miércoles, 5 de marzo de 2014

IVÁN CARVAJAL


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La ofrenda del cerezo



I

Simulacro de la escarcha
en el día soleado,
mapa de un cielo de estrellas
albas y enanas, o un firmamento
que apenas se sostiene
de las cuerdas mecidas
por un rumor de niños que se alejan.
Las flores del cerezo
copan el cuadro de la ventana.




II

Esta ventana se abre al jardín.
Detrás de sus cristales,
la luz y el cerezo.
En este instante
la ventana existe
para que la luz 


Ilumine el despliegue
de las flores blancas,
su suave balanceo.



  
III

El mundo podría seguir rotando sobre su eje
aun si no estuviese este cerezo en marzo
sobre la acera de una calle en Washington.
Tal vez ninguna necesidad tenga la Tierra
de su color, de su perfume o de su peso.
Ninguna necesidad de él tienen los imperios.
Seguirían su curso los negocios.
El asesino no detendría el disparo
ni la víctima se volvería a mirarlo
antes de caer. Que aquí florezca
se debe a la intriga diplomática:
Un obsequio del imperio japonés
a Norteamérica.




IV

Ninguna necesidad tiene el cerezo
que venga de tan lejos y me detenga
a contemplarlo en su milagro.
Nada es necesario para el árbol
salvo la luz, la noche, el agua,
los fermentos, la brisa del Potomac
y el vuelo de las moscas.
La rotación incesante de la Tierra.




V

Para ser, el árbol no necesita que
me detenga a contemplarlo.
No mora el cerezo real en mi palabra.
Mi palabra es tarda, solo evoca
un cerezo que florecía en Washington
y aquel otro en el jardín de Arga
junto al Mediterráneo. Existen
una avenida que va al Potomac
y una ventana que da al jardín
para guardarlos, y en mi memoria
avenidas de diáfanos cristales
por donde llego al árbol que contemplo.




VI

El poema es movimiento interno.
Memoria, imagen. Luego vacío.
Imaginación y palabra inventan otro cerezo,
la sombra del cerezo contemplado
en otro lugar una mañana.
¿La sombra?…¡La luz! La luz
espléndida en la flor del cerezo.




VII

Contemplo al cerezo en su milagro.
Florece. Y aunque me embriaga su aroma,
no estaré aquí para probar sus frutos.
Mi vida depende del cerezo apenas
mientras dure este instante. Un blanco manto
que cae y se mece, un fresco olor,
mi júbilo. Me iré en unos minutos.
Mi vida no depende del cerezo.
Y sin embargo irá el fantasma
del árbol conmigo para siempre.




VIII

El universo continuaría en expansión
sin el cerezo. Seguirían la historia
y las catástrofes. El ascensor descendería
con su carga y en el puente
esa pareja de amantes se abrazaría igual.
Y sin embargo el esplendor del día
se hundiría en mi mente
sin el cerezo en flor.
Sin el fantasma de ese cerezo en flor.




IX

Siembro un cerezo en Chigchirián.
Tal vez un día alguno de estos petirrojos
parezca un sol del tamaño de un puño,
la mancha de un corazón sobre el manto
blanco del cerezo. Tal vez estaré
sentado en una silla del jardín
esperando el milagro. Otro cerezo
distinto de aquellos que contemplé
plantados en una avenida que va al Potomac
y en un jardín que da al Mediterráneo.
Otro cerezo: Hoy mi mano abre
su nido en el suelo. Y espero la lluvia
con unción.




X

¡Una ventana para este cerezo
y una avenida para llegar a él!
Tampoco se detendría la vida
si no plantase hoy este cerezo,
si un día no llegase a florecer.
Mi política en este pequeño reino
-el huerto de Chigchirián-
apenas consiste en abrir un hoyo
para sembrar el árbol.
Mi diplomacia: la paciente espera.
Que la Tierra gire y con ella el Sol
en torno a su tallo. Que las ramas
sean sacudidas por la lluvia y el viento.
Que florezca y revoloteen las moscas
polinizándolo. Por lo demás,
la historia y las catástrofes
seguirían su curso sin el poeta,
sin el jardín, sin el cerezo.


Iván Carvajal(San Gabriel, Charchi, 1948). Estudió Filosofía. 
Ha publicado Poemas de un mal tiempo para la lírica (1980)
Del avatar (1981), Los amantes de Sumpa (1983), Parajes (1984), 
En los labios / la celada (1996), Inventando a Lennon (2000)
La casa del furor (2004) y la antología Tentativa y zozobra (2001). 
Fundó y dirigió la revista de ensayo y poesía País Secreto.

DAVID ROSENMANN-TAUB


David Rosenmann- Taub


Réquiem


Dandún, óyeme, dandún,
no hay quién te saque, dandún:
ni allá con la banderilla,
ni aquí con demente luz.

Trataro, mira, trataro,
creo que te perderás:
allá con la banderilla,
aquí con serenidad.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Cascarón, ay badulaque,
dandún, tímido rumor:
allá con la banderilla,
aquí con el batallón

de los muertos, oh dandún,
tan cuajarón, tan dulí:
allá desmayas de llanto,
aquí te echas a reír.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Ja ja ja riéte madre,
ja ja ja riéte muerte,
retuércete banderilla,
trataro, livor, retuércete.

De risa dóblate, quita,
arreméteme, abedul:
allá en tu sombra ja ja,
aquí nos falta la luz.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Felpa de sueño, desvelo,
blanco en blanco, monte blanco,
mucho cardo retorcido,
mucha brisa, poco alado,

nieve poquita, candela,
sin semblante con semblante,
sin voz con voz, oh trataro,
laúd, dandún, soplo, nadie.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Arriba, tú, despacito,
sh, callandito, dandún,
menos que plúmula, rurru,
no te arranques de la luz.

No enterrado, no enterrado,
no me dejes de existir,
tibia hojarasca, no hielo,
tan cuajarón, tan dulí.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Tú bajabas, tú ascendías,
cordón, gaviota, ¿hacia dónde?,
saco, carroza, ¿hacia dónde?,
terror, descanso, ¿hacia dónde?

¿Hacia dónde, llamarada?,
¿qué ribera alcanzarías?,
¿y dejabas qué frontera?,
¿pero de dónde partías?

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Dandún, óyeme, dandún,
en lo hondo del ciprés,
si no se pudre el olvido
nonunca te olvidaré.

Dandún, óyeme, ceniza,
si es que puedes sollozar,
sollózame más sollózame
aquí con serenidad.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Entrame, abrojo: mecerte,
quiero mecerte, mecerte,
naufragio niño, riciales
destellos, aguzanieves.

Rurrupata, rurrupata,
rodomiel, pupa, runrún:
allá en tu sombra llorando,
aquí nos falta la luz.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

Upa, triguito, ravé,
ota naanca, dulzura,
teno fío, teno fío,
teno fío, el cuco, upa.

No es el cuco, sangre mía,
el cuco, el cuco, los dos
solitos, upa, ravé,
garra, desesperación.

Ya se cerró tris pulsera,
ya se cerró tris collar,
aunque siempre te miremos
no te veremos jamás.

¿Hacia dónde, llamarada,
te quedabas y te ibas?:
allá te quedas y aúllo,
aquí te vas, agonía.

No puede ser, vuelve, vuelve,
dandún, Dios mío, dandún,
no puede ser, esta orilla
es un lamento de luz.

Ya se cerró tris pulsera,
no… se cerró… no… collar,
no, no…siempre… no… miremos
no te veremos jamás.

En las sienes, tú, dandún,
tan antiguo tu reír,
trataro, la banderilla,
tan cuajarón, tan dulí.

Ya se cerró, se cerró,
no es el cuco, sangre mía,
ya se cerró, se cerró,
no es la muerte, sangre mía,
ya se cerró, se cerró,
garra, desesperación,
si no se pudre el olvido
nonunca te olvidaré,
el cuco, el cuco, los dos
solitos, upa, ravé,
ya se cerró, se cerró,
garra, desesperación.


DR-T(Santiago de Chile en 1927). Su primer libro, Cortejo 
y Epinicio, apareció cuando el poeta tenía veintidós años, 
y fue aclamado comouna revelación. Desde entonces, 
ha publicado más de quince volúmenes de poesía,
entre ellos Los Despojos del Sol, La Enredadera del
Júbilo, Los Surcos Inundados, El Mensajero, Auge,
Quince y La Opción.

JULIO SALGADO




COMO ESTIGMA APARECÍA EN LOS SUEÑOS


Carneada.
Fue rubia en el cielo.
Las avispas comían en sus pechos
y los ángeles borrachos,
iban a los bares de los alrededores
sobre los túmulos debajo de los algarrobos
en la época en que florecían las tuscas.
La llevaban a pasear
a esos pequeños milagros que suceden
en nuestro propio corazón.
Y ahí todo se quemaba
como pedacitos de paja.
Y solo el humo que de alguna manera
aparecía,
por lo menos a mí
me hacía soñar.


Julio Salgado nació en Frías, Santiago del Estero, Argentina
en 1944. Poeta.


ENRIQUE JARAMILLO LEVI


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Me habitas sin tregua


Me habitas sin tregua
en noches solitarias como esta.
Como una reina un poco triste y algo extraviada llegas,
sin hacer ruido te acurrucas suavemente
junto a mi ventrículo izquierdo.
Y yo te acojo en cada respiro,
en cada palpitación que acompasas,
hasta quedarme dormido,
henchido de ti,
pleno.

                       Panamá, 23 de diciembre de 2013


JOSÉ KOZER





REINO


La ducha, la furia de las aguas, el jabón de tocador, las mismas
Furias con sus caretas negras,
el ojo resplandeciente de buey
tumultuoso de las aguas, los
ojos rasgados de un gris
inalterable de las Furias, y
tener que pasarme todo el día
sentado en un sillón, pámpanos
y calas, una hormiga rubia se
desenreda en los pámpanos, el
colibrí se queda mirando (atónito)
la jalde frigidez que su mirada
asalta en las calas, calas y
pámpanos de la tela que reviste
hace dos décadas la butaca donde
paso el día sentado entre unos
libros titubeando, me dejo llevar
de una vez por todas al diablo
por la somnolencia, pido un
café cargado para seguir leyendo
a Martín Adán, a Balzac, sobre
Zukofsky, madre que me parió,
cuánto libro quedará sin leer
aquí en casa. Y el poeta peruano
del bello apellido (Víctor) Coral
(vc, marca registrada) que me
escribe los otros días para
decirme que me considera un
asceta de la escritura (volontiers)
eso me marca, ahora sí que sí,
ni modo, me he de volver un
asceta (no se puede quedar mal
con los amigos): me quedan unos
años para arribar a la otra orilla
donde se juntan a diario, sotto
voce, los tremendos Berryman,
Duncan, Olson, Creeley, el
antisemita de Spicer, et. al.,
anacoretas que no anacoberos
de la escritura. Leo a uno, paso
a otro, soy el jetudo que a salto
de mata se inmiscuye colándose
en un velorio donde no lo han
llamado ni le darán vela: oigo,
remedo, apenas presto atención
(yo tengo velocidad) y sin
embargo, anoto (copio) rebobino,
bovino de unas letras ajenas que
reconvierto a mi manera, en el
fondo sé que estoy también
matando la madeja (suelta) del
tiempo: escribo, y me deshilacho.
Son historias de espanto
(alcoholismo, narcomanía,
pobreza, verse pisoteado por los
carreristas de la poesía, cuántos
nombres desaparecerán, llenaríamos
cuadernos de incontables páginas
con sus nombres, nos saltan a la
torera para luego la hist. de la lit.
acogernos con bombos y platillos,
su madre): y todo por dejar un par
de grumos (sueltos) cochina histeria
de unos gruñidos, mejor o peor
atados. ¿Habráse visto? ¿A qué?
Y no poder vivir, no haber vivido
con otro destino, ¿qué me pasó?
¿En qué berenjenal de ascuas
fulgurantes me metí? Sácame,
madre, de estas trastiendas, estos
patios interiores dentro de patios
concéntricos interiores, el vestigio
y la letra cuarteados de unos tanteos
en rededor de un núcleo hueco. Ser
a última hora de feliz naturaleza.
Adagio entre las inconmensurables
pitanzas de la escrita letra. Amor,
una canción, sí cómo no, y un jamón.
Sácame, sácame en andas, a tientas,
bien tapado, a como sea, y vea yo la
luz del día que se avecina, de dril
cien trajeado, cuello y corbata ancha,
nudo doble: gozón de pueblo rural
bailando fino con gozona maja y
vistosa un recio danzón que nos
lleve (sombras) de la mano a un
patio interior, donde en silla de
guano o de hierro blanco forjado
(al rojo vivo) hagamos impertérritos
la jugada (jugarreta que intentamos
hacerle a la Muerte) del acoplamiento,
rígido (yo) (tú) undosa.