jueves, 23 de enero de 2014

TADEUSZ RÓZEWICZ





Cuento sobre las viejas feas


me gustan las viejas
las viejas feas
malignas
ellas: sal de la tierra
no les da asco la basura
humana

son ellas que conocen el revés
de la medalla
del amor
de la fe

las viejas
vienen y van
mientras los dictadores
se hacen los graciosos
mostrando sus manos en sangre

las viejas feas se levantan
junto con el sol
compran carne frutas pan
lavan hacen la cocina
se quedan en las calles con brazos cruzados
y se callan

las viejas
son inmortales


Hamlet se agita dentro de su red
Fausto hace un juego vil y ridículo
Raskolnikov bate con su hacha
las viejas son
irrebatibles
sonríen levemente

muere el dios
las viejas se levantan sin hacerle caso
cada día
compran pan vino pescado
se muere la civilización
las viejas se levantan junto con el sol
abren las ventanas

tiran la basura
se muere el hombre
las viejas
lavan al difunto
entierran a sus muertos
siembran flores
sobre sus tumbas

me gustan las viejas
las viejas feas
malignas

creen en la vida eterna
ellas: sal de la tierra
corteza del árbol
mirando con sus ojos de humildes bestias

cobardía y heroísmo
grandeza y mezquindad
a todo le dan una dimensión

conforme a las exigencias del día
de su día cotidiano

sus hijos descubren América
perecen en las Termópilas
crucificados se desangran
conquistan el Cosmos

las viejas salen a las calles
junto con el sol compran leche
pan carne todavía falta pimienta
para el guiso
las viejas abren las ventanas

sólo los tontos se ríen
de las viejas
de las viejas feas
malignas

porque ellas son mujeres
hermosas
las buenas viejas hermosas

como huevos
secretos sin misterio
bolas rodando incansablemente

las viejas son
momias
como de gatos sagrados

pequeñas
todas arrugadas
y cada día más secas
manantiales frutas
o gordas
budas ensimismadas

cuando mueren
se les escapa
una pobre lágrima juntándose
con una sonrisa feliz
de jovenzuela





ROGER CAILLOIS





Mitología


Piedras de China


En el fondo del valle del río I Ngan se alzan algunas piedras que
recuerdan por su forma a las piedras que sobrevuelan las montañas.
La gente del lugar las reacomoda ligeramente y las coloca en la
entrada de los templos. Son naturalmente notables, extraordinarias.


La piedra yng che se yergue elegante y bella en los escarpes de la
montaña Ling-nan, a pesar de no haber sufrido la acción del cincel o
del dolobre. Tiene un sonido metálico. Se emplea como ornamento.
Esta piedra es una maravilla. Grande, es rara.


Al oeste de la prefectura de K’i, a setenta li del distrito de Long,
existe una gruta llamada la caverna de los dragones o de los peces.
 Allí se encuentra una piedra que a veces es grande, otras veces
 pequeña. Si  alguien la rompe y examina su interior, percibe las
figuras de dragones y de peces.
Quienes pasan ante la caverna evitan hablar de ella. Escuchan
ruidos lejanos de truenos y de huracanes. Se detienen, presas

del terror. No todo el mundo escucha estos ruidos.



CHARLES BERNSTEIN


Charles Bernstein y Robert Creeley, Buffalo, Abril 2003



EN UN MUNDO AGITADO COMO ÉSTE


No hace mucho, o acaso lo soñé
o lo inventé, o de pronto le perdí
la pista al tren en el abracadabra
de días que se esfuman; no, si doblo
esta vuelta a la esquina, llego a ella
desde tres lados a la vez, o boto
el balón contra todos los videntes
adormilados —bueno, pueden verlo
sus propios ojos, que no hay nada bajo
mi manga, o noten cómo hasta las rocas
se quiebran a presión. Cuanto más andes
en una dirección, tanto más lejos
tendrás que seguir antes que el retorno
se vuelva enteramente indivisible.


                                                           Trad. Enrique Winter

KORNEL FILIPOWICZ





La felicidad de vivir


Blaiberg hombre
Con un corazón trasplantado
Dijo
Veintiún días después
De la operación cito
Hoy me he lavado me he afeitado
Y me he puesto solo los calcetines
Y ha sido el día más hermoso
De mi vida.

                                Trad. Abel Murcia