miércoles, 22 de enero de 2014

JAYNE CORTEZ





TAMBORES DONDEQUIERA TAMBORES


Tambores dondequiera tambores
tambores permanecen
aceleran muslos en su radar
en su redoble de bajo sin
sin mendigar
luz del día medianoche teniendo que estar en el bar
teniendo que mugir como rana
teniendo que ser tambores
                         tambores
quemados tambores para aclarar la piel entre sueños
pedernal de amaneceres antibióticos
espermas de potasa y canela elevándose con
         un algebra de tambores pantanosos
no más dientes pyrex
excremento topacio
angulares pesadillas
no más labios como hachas
nalgas perforadas corten
en el fondo de tambores fermentados de barro

Tambores fluyendo con una máscara de tornados
banda pick up con latigazos espirales
en su bric-a-brac
en su parpadeo de tendones triturados
primaveras sin orillas
entradas encauzadas con catafalcos de
tambores bordados de señales
Tambores hechos de ríos
hechos de la multiplicación de los pasos de danza
hechos de cabeza de bagre en abrazo de lengua
hechos de una roseta de tapa de cuna de colofonia naranja
con impulso moteado como reclusión
y revolución decorando su tambor
con grasosa memoria hecha del cuerpo de Nat Turner
tambores preocupados en pómulos de ancestros
girando en huellas
en tambores de bolero
el polvo en esas pieles en esos carrizos tañendo
en octavas de calles de tambores de liberación
de membranas cercanas a las memorias del sol
y ducto vital de brillo de esta atmósfera
tambores del tamaño de piquetes de pulga
tambores que son cabezas de mosca
tambores de corcho y plátano
tambores de vasija de aceite
y guirnaldas de franela llameante de tambores de uñas iridiscentes
           dondequiera tambores

Tambores
rasposos bigotes de la imaginación
en ondas de tinta de peinados irresistibles
tambores triturados en acero
alambres de plata fuera de campanas nasales
embalsamados con imágenes que inoculan tambores en pinchos de los pies
de nuevas canoas y nuevos diseños
de nuevos huracanes
tamborileando con rojas palmas de pasión
tamborileando con pueblos en Mozambique
tamborileando con aspecto despeinado de mensaje
moviéndose por latidos de seis tambores hembra
        dondequiera tambores

Tambores de vientres acrobáticos
de vejigas y trompetas encerradas
en un tambor de codos abiertos
el alto viento de jóvenes tambores
fosforescente tambores de pantanos de benceno
tambores barracuda
en tambores de asfalto de pezones estrellados de tambores de hambre
indexados entre óvulos
entre ligamentos florales
y el ritmo raquítico
tamborileando en un vacío de blues
callo barítono en pacto de arcoíris
de tambores de corazón en escabeche
pescados por poros de pimiento
por ovaciones de agallas hinchadas
balbuceantes tambores de bocio sosteniendo
fisuras aporreadas en una cáscara de favelas
tambores
las frecuencias en posición
tambores
la humedad sulfurosa de rollos preñados
rotos pistones y cabinas de tambores
sobrando con pábulo
con flúor
con silbatos citadinos y tenedores penetrando tambores
de bórax y salvajes pelos
tambores de garganta turbo-jet
colmillos tachonados de cromo de fuertes estampidas
en diafragmas  tom-tom
de tambores de perla de negro diamante
península de mi enloquecido tambor
eje de mi tambor de tos hidráulica
tambores diatónicos
alegre hueso de mi tambor que ríe como hiena
excitación de una triada de tambores electrodos
            dondequiera tambores

Tambores en rojizos filos del viento de Roxbury
altos chéveres buenos tambores
tambores llanto  tambores grito
interpretación de sueños de hechizos selváticos y
tambores habitación fuego
buscando a través de tambores de castaño
alcanzando lavaderos de tambores de sangre africana
rientes tambores tambores emergentes
tambores susurrando tambores trepando
tambores migrando a pedales y humores
de tamborines casqueados con los dedos
tambores de ladrillo  tambores de cangrejo
tambores de eructos nuevos  tambores con viejo yodo
ondulantes tambores axilares
tambores parlantes   tambores cubanos
golpes de pata de gorrión  de tambores de lengua amarrada
claves de albercas ópalo
pirámides de nuez molida
ey Piwi de tambores Panama
sanukadei  sanukadei
y mi ancha boca paradiddles of adupe adupe drums

Y estos presumidos tambores de latas chispeantes
y estos tambores hechos en casa sacudidores de lágrimas
y este tambor bong bong hondo en el cencerro de Zimbabwe
y tambores batiendo stacatto a través del Limpopo
cruzando la muerte tambores prepucio tamborileando contra tambores

Fieros tambores
tambores gruñones  tambores atronadores
eco tambores
sobre tambores armando más ruido
de tambores cu cu ka juka
tímpanos
tambores que patean  tambores khahi  tambores Wolof
tambores hechos de dinamita
tambores hechos de aullidos de elefante
tambores Fulani  tambores Fon   tambores Ga
tambores de nuevos juniflips
tambores de antiguo Mardi Gras
tambores Fanti  tambores Ashanti   tambores Senfo
y mis tambores labios índigo abofeteando conga
ritmos más apretados de tambor en
ritmos lío abocados  ritmos de parto
ritmos de lares
melancólicas  panzas cruzadas en un cuchillo de ritmos
de ritmos de
calabazas de tata de cascabeleantes tambores ritmo
de tambores a tambores de címbalos de bronce de tambores
deslumbrantes con colibríes
con semillas de guayaba  con conchas cauris
con medusas  con nueces de kola
con cobalto y uranio y
Mandingos en el camino a sueños Kokomo
          dondequiera tambores
domo domo domo domo domo domo tambores
tambores Oduwa  dondequiera tambores  dondequiera tambores
Ekuse


                           Trad. Adriana González

PROSPER MÉRIMÉE





La Venus de d'Ille (fragmento)


" Las ventanas estaban cerradas. Antes de acostarme, abrí una para respirar el aire fresco de la noche, por cierto delicioso después de una copiosa cena. Enfrente se veía el Canigó, de admirable aspecto en todo momento, pero que aquella noche me pareció la montaña más hermosa del mundo, iluminada como lo estaba por una esplendorosa luna.
(...)
Los cabellos, levantados sobre la frente, parecían haber sido dorados en otro tiempo. La cabeza, pequeña como la de casi todas las estatuas griegas, estaba ligeramente inclinada hacia delante. En cuanto al rostro, nunca podré llegar a definir su extraña expresión; su tipo no se parecía al de ninguna de las estatuas antiguas que yo recordaba. No tenía esa belleza serena y severa que creaban los escultores griegos, los cuales, por sistema, daban a todos los rasgos del semblante una majestuosa inmovilidad. En éste, por el contrario, observé con sorpresa la manifiesta intención del artista de mostrar la malicia llegando casi a la maldad. Todos los rasgos estaban levemente contraídos: los ojos eran algo oblicuos, la boca parecía un tanto levantada en los extremos y las narices un poco henchidas. Desdén, ironía, crueldad, todo esto sugería aquella cara, que, no obstante, era de increíble belleza. La verdad es que, cuanto más se contemplaba aquella admirable estatua, tanto más se experimentaba el penoso sentimiento de que una hermosura tan maravillosa pudiera aliarse con la ausencia de toda sensibilidad. "




CLAUDE ROY





Dos versos de un poema chino


El aroma de cabellos muy negros y muy finos  
en el peine, un perfume de ámbar y de tarde de tormenta,  
la risa de una sirvienta, el ruido muy dulce de pies desnudos sobre la arena.
Fuera en el jardín un rumor de aguas vivas      
y de pájaros que se bañan en el pilón de piedra.
Por qué en febrero gris cuando se derrite la nieve sucia,    
la joven que se peinaba en Xian una mañana de verano      
en el tiempo del último emperador de los Tang del Sur.
Por qué viene ella de repente a mezclar con la bruma de invierno
el murmullo del peine en sus cabellos sueltos,
un perfume de cabellos negros y finos,
el ruido apenas ruido de los sirvientes pies desnudos        
caminando por las losas y por la arena del jardín      
y el canto de una oropéndola muerta desde hace doce siglos      
mezclada con el rumor de aguas que no se agotan jamás.  
Todo porque un poeta chino enamorado de la joven  
acaricia en dos versos sus cabellos sueltos     
su lejano perfume de ámbar y de tarde de tormenta.






CR(poeta, 1915, Charentais, Francia). Su obra literaria abarca
todos los géneros: novela, ensayo, poesía, crítica. Ha publica
do alrededor de una veintena de libros de poemas, entre ellos:
À la lisière du temps (1984), Le voyage d'automne (1987) y Le
noir de l'aube (1990). 

PAUL BLACKBURN





EL IDIOTA


Yo no tartamudeo
pero hablo despacio
cuando hablo.

Teniendo a menudo nada que decir,
no digo nada.
Teniendo a menudo nada que decir
a veces hablo demasiado.

Pero no hay reglas:
y a veces estoy dentro
sin gran división entre
intención y fin.

Pero sin embargo puedo ser cauteloso
casi nunca soy práctico
y el asunto queda inconcluso.



                          Trad. Sergio Mondragón



HABLADA POR TELÉFONO CON WILLIAM
CARLOS WILLIAMS

“Me harías una—
                         caridad si
no vinieras a verme...
Tengo di-fi/cultad
                              en hablar, yo
ya no cuento con eso, yo
me temo que sería muy a-
                           ... pe-
                           ... nan-te
para mí
                          —Bill ¿usted todavía
                         contesta cartas?
“No, mis manos
están mudas. Tú has... grabado
un disco en mi corazón
                            Adiós”.

                                           (Octubre 1962)


Trad. José Coronel UrtechoErnesto Cardenal


Paul Blackburn(1926-1971)

JAMES BROUGHTON









Regocijo pascual


Sacúdete los escrúpulos.
Organiza tus sueños.
Profundiza tus raíces.
Extiende tus ramas.
Confía en las aguas profundas
y pon rumbo hacia la apertura,
aun si tú visión
te hunde.

Deja tu adicción
a la mofa y a la queja.
Abre un puesto de observación.
Baila en el borde.
Corre con tu fuego arrasador.
Estás más cerca de la gloria
al saltar un abismo
que al tapizar un bache.

Nada de pachorras.
Nada de dudas
Con toda intrepidez
Camina hacia la claridad.
En cada encrucijada
Prepárate
a toparte con lo asombroso.
Sólo el amor prevalece.

En ruta hacia el desastre
persiste en los cánticos.
Eleva tu aquello inefable
fuera de lo mundano.
¡Nada perece;
nada sobrevive;
todo se transforma!
¡Luna de miel con el Gran Gozo!


             Tomado de “Sermons of the Big Joy”, 
             James Broughton, 1994













































ANNE SEXTON






El Beso


Mi boca florece como una herida.
He estado equivocada todo el año, tediosas
noches, nada sino ásperos codos en ellos
y delicadas cajas de Kleenex, llamando llora bebé
¡llora bebé, tonto!

Antes de ayer mi cuerpo estaba inútil.
Ahora está desgarrándose en sus rincones cuadrados.
Está desgarrando los vestidos de la Vieja Mary, nudo anudo
y mira, ahora está bombardeada con esos eléctricos cerrojos.
¡Zing! ¡Una resurrección!

Una vez fue un bote, bastante madera
y sin trabajo, sin agua salada debajo
y necesitando un poco de pintura. No había más
que un conjunto de tablas. Pero la elevaste, la encordaste.
Ella ha sido elegida.

Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
los tambores, las cuerdas están tocando irremediablemente.
Tú hiciste esto.
Puro genio trabajando. Querido, el compositor ha entrado
al fuego.


                               De LA BALADA DE LA MASTURBADORA 
                                    SOLITARIA y otros poemas



Traducción de Griselda García


EDWARD ABBEY





PREGUNTA FRÍVOLA

Dices
que me quieres ahora.
Vale.
Pero, ¿me amarás
cuando sea viejo
y calvo y gordo
e impotente
como un calcetín vacío
y frío?



                              Trad. Jorge Ordaz


Edward Abbey.(EEUU, 1927-1989). Escritor y ambientalista.

CLAUDE ROY






Elegía de Hawk Creek


En este final de mediodía en el que ya las sombras se alargan
subimos hacia el noreste en tramos pequeños
y sabemos que probablemente no volveremos a vernos
aquí     Nos hemos detenido en un mirador
equipado bajo los pinos con una mesa de troncos y bancos por
el Sierra Club     Hemos comido bocadillos
y bebido cerveza de lata compartiéndolo todo con
un descarado arrendajo y una ardilla gris
con mirada penetrante de intelectual persa   Después
hemos vuelto al jeep y hemos descendido hacia el valle
y a las seis de la tarde hemos llegado
al bosque de sequoias

Árboles Pieles-Roja   altísimos Redwoods
tan esbeltos     altivos     pacificamente paralelos     Los
rayos de sol que caen casi horizontales no saben por
dónde abrirse paso entre vuestros troncos alineados
Hermosura plural y pálida que hace respirar
profundamente y en silencio
Hemos caminado por muchos bosques diferentes
pero como este    bosque de mástiles    de flechas para gigantes
jamás

El sentimiento físico de verticalidad
la catedral de Coutances     el building de Mies van der Rohe
en la Quinta Avenida     la mezquita de Kairuán
y las primera imágenes al ralentí de los primeros cohetes
que despegaron hacia la Luna desde Cabo Cañaberal
o el saltador chino en el circo de Pekín
surgiendo del trampolín como un hombre-dardo

El buen olor     El silencio rojo     Los árboles enhiestos
Y sabemos que probablemente no regresaremos nunca

aquí     Lo que tiene de hermoso y desgarrador la cresta
del viaje     es que el viaje se parece al amor
electivo     al amor de una persona única     Como dice
Octavio Paz     A esa persona a la que amamos
«para siempre» la amamos solamente una vez

El bosque de Redwoods permanecerá en mí «para
siempre»   su olor único y su empuje vertical
y glorioso     Pero no ha sido más que «una sola una vez»
Es demasiado hermoso para durar     dicen las gentes de sentido común

Hemos dormido en un motel junto al bosque
desayunado crêpes de trigo rociadas con sirope de arce
y caminado largo tiempo a través de otra luz     la de
la mañana en el bosque anterior a Cortés y Colón
Al mediodía junto a la orilla del río hemos alcanzado
Hawk Creek     Hay un gran aserradero en el que las
sierras circulares y los tronzadores hacen gritar y sangrar
los troncos de las sequoias     Y en la Federal Highway nº 5
hay que tener mucho cuidado al adelantar a los enormes camiones
que llevan a la ciudad los grandes troncos momificados
árboles-faraones camino de la eternidad
de la muerte

Una sola vez subiendo hacia el noreste
y para siempre     los hermosos árboles salvajes
sus desnudos troncos de indios pielroja de fábula
recios y erectos como si la tierra aclamase al
cielo azul     con una aprobación terca de árboles en pie