lunes, 13 de enero de 2014

JAN ERIK VOLD





El poema nos recuerda el mundo


1

Desembarcamos.
Lo primero
que nos encontramos
fue una niña

pequeña. Le preguntamos
que dónde estábamos.
Luego
La matamos de un tiro.

Pensamos
que era demasiado peligroso
dejarla
marchar.


2

Al que van a fusilar
le tapan
los ojos
con una venda. ¿Para qué no

vea
al
verdugo? No
-para que el verdugo

no
lo
vea
a él.


3


El presidente en zapatillas de fieltro
en la sala de control
con su esposa
Rosalyn a su lado, mientras el alcalde

está dispuesto a ocupar
el refugio, donde hay
provisiones para 240 personas
durante cuatro días. ¿Cuánta agua residual

se ha soltado
al río Susquehanna? La leche de las vacas
de la zona crepita. En Portugal
las heridas del hombre florecen.


4

Los campos de concentración reducidos
a ruinas. “Volverán a
reconstruirlos”. Y
el Archivo Nacional trasladado

a Jerusalén. “Ya ha ocurrido
otras veces: Primero
se apodera uno
del pueblo, luego de la memoria

del pueblo” De un país que no
existe
no hay nada
que confiscar.


5

Les atan las manos a la espalda
les ponen una capucha
en la cabeza, los colocan delante del muro.
El pelotón de ejecución

carga
y dispara, con cartuchos
de fogueo. Esto ocurre en el penal Libertad
en Montevideo

capital de
Uruguay. Luego llevan
a los presos
a comer.


                                  Trad. de Francisco J. Uriz


Jan Erik Vold(Oslo, Noruega, 1939). En los años 60s, estudió
lenguas y literatura en las universidades de Oslo, Uppsala y
Santa Bárbara. Escritor, poeta y traductor.

VASCO GRAÇA MOURA




blues de la muerte del amor


ya no muere nadie de amor, yo una vez
anduve cerca, estuve casi a punto,
fue en tiempo de humores excitados,
depresiones sincopadas, muy graves, querida,
pero al final no morí, como se ve, ah, no,
me la pasaba oyendo a dios y música de jazz,
adelgacé bastante, pero me zafé por poco, oh yes,
ah, sí, la noche adentro, querida mía.

la gente sopla y no atina, hay un sofoco
en el corazón, una tensión en el clarinete y
tan desgraciado me sentí, pero realmente,
pero realmente nunca tuve talento, ah, no,
yo nunca tuve vocación de kamikaze,
es todo una cuestión de swing, de swing, querida mía,

saber salir a tiempo, saber salir, está claro, pero hacerlo.
y yo no me arrepiento, querida mía, ah, no, ah, sí.
hay ritmos en la calle que vienen de casa en casa
al encender las luces, una aquí, otra allí
pero puede ser que el vendaval venga cualquier día
en el crepúsculo de la canción y pare en mi casa,
lo que yo nunca pedí, ah, no, pide que se calle,
querida mía, toda la gente del barrio,
y entonces murmuraré, al ver huir la escala
del clarinete: –morir o no morir, darling, ah, sí.




soneto encontrado en la botella


a ti te quiero en esta isla desierta:
ningún libro, ningún cuadro, ni disco
(me gustan tantas cosas que me crispo
pues al escoger así nunca se acierta).

quiero traerte a ti, ágil, despierta
desaliñadamente a cada risco,
y vivir de algas, peces y marisco
sin volver a hacer señales de alerta

a los navíos de lejos ver pasar
mientras la ropa seca en la palmera
(esta isla tiene una, de manera
que no sólo rocas y agitado mar).

 y tú entre corales, náufraga desnuda,
flotando en mi pecho al claro de luna.

                           
                                  de “El soporte de la música”. 
                                  Taller de Edición Rocca, Colombia, 2013. 

Trad. Lauren Mendinueta