martes, 9 de diciembre de 2014

JULIO AUMENTE

(Foto: Juan Manuel Vacas / 'Diario Córdoba')


Al filo de las noches


Un cuerpo que se entrega no es difícil hallarlo.
Eso eras tú, un hermoso cuerpo divino y vivo.
Una breve cintura, un racimo dorado
en tus ojos brillando entre los ríos de Agosto.
Pero es fácil que un cuerpo fulja como una gema
si como amor se mira, con verdadero amor.
Amor y no esa débil pasión que muere a un tiempo
con el último goce de los cuerpos vencidos.
Para mí la palabra, para ti la caricia;
para mí la sonrisa y el arco de tus cejas,
para mí el fruncimiento de tu labio rosado,
superior, tibio, altivo, carnal, condescendiente.
Pero el amor no muere porque nunca ha nacido
en ti, que languideces al tocar de los dedos.
Tú buscas el secreto, la dulzura, el peligro
del momento robado al filo de las noches.
La amistad para ti, o el amor, eran sólo

nombres a que invocar en las horas perdidas.




La dama del camafeo


Acodada en el ventanal
con la mirada ida, estás pálida y blanca
contemplando la luna azarosa,
pensando en quién te juró y prometió amarte siempre.

Desdichada doncella soñadora,
predestinada víctima del discreto amador.

Así en marfil o concha perlada, en amatista o ágata transparente,
tu perfil delicado, la fantasía o decepción
tiñen de carmesí suave tus mejillas,
tristeza de unos ojos húmedos de inútil esperanza.