miércoles, 1 de octubre de 2014

SEBASTIÁN HERNAIZ





Menard


Hay un tipo que vive en la calle y viene
seguido a la biblioteca donde trabajo,
nunca le falta a mano su carpeta
con la inscripción: “bibliografía”. Pide
cortés, siempre el mismo libro:
-Buen día, ¿podría ser El contrato social?
Yo le doy la edición mimeográfica
que editó la Universidad de Córdoba
con algún subsidio europeo: la que él
espera que yo le dé. Abre el libro –las letras
de mecanógrafo viejo- y lee. Lee y escribe,
apartado en alguna mesa. Lee y copia,
en su carpeta, el libro que le di:
hay un linyera en mi biblioteca,
está escribiendo El contrato social.

                                            De El prejuicio del sexo