martes, 21 de octubre de 2014

AUGUSTO DE CAMPOS









La articulación entre poesía y tecnología en la obra de
Augusto de Campos




GERALDINO BRASIL





DE CARNE Y HUESO


                             A José Paulo Cavalcanti Jr.


Quiero que Pedro escuche mi poema:
Pedro, que es maquinista, no se saldrá de sus rieles.
Quiero que José escuche mi poema,
mas José con su cartera de cobranzas en la calle del mercado va en busca
            del esquivo deudor de quien vive.
Quiero que Flora escuche mi poema,
pero Flora está leyendo sobre anticonceptivos.
Quiero que Severino escuche mi poema,
y Severino, en la pared que construye montó su radio de pilas.
Quiero que Bety escuche mi poema,
pero Bety se va a casar; salió de compras.
Quiero que Mario escuche mi poema,
pero Mario anda de mal genio, está fastidiado.
Quiero que Teresa escuche mi poema
pero un poema no es marido, no lo sustituye, no sirve.
Quiero que un niño escuche mi poema
mas eso será cuando crezca y en él llore un niño.
Quiero que Jorge escuche mi poema,
pero Jorge se va a morir y está aprendiendo a rezar.
Quiero que los poetas escuchen mi poema
pero los poetas están leyendo en sus estudios a puerta cerrada.
Quiero que la ciudad escuche mi poema
mas –Ay de mi!- en las casas están cenando o más probablemente
durmiendo sin cenar.




lunes, 6 de octubre de 2014

JUAN PEDRO APARICIO





CARTA SIN RESPUESTA


Una amiga había comentado ante el espejo: “Nadie me llama guapa, así que yo me lo digo muchas veces a mí misma para animarme”. A Sofía, que nunca había recibido una carta de amor, se le ocurrió enviarse una, escrita por ella misma, pero firmada por un inventado Roberto Sastre que vivía en Villalba. Para más verismo, tomó el tren de cercanías y echó la carta en un buzón de esa localidad. Y de esa manera recibió muchas cartas, casi una a la semana. Había que ver con qué ilusión abría el sobre y leía las dos o tres cuartillas manuscritas, con una letra recta, firme, que no se doblegaba a derecha ni a izquierda.
A veces, Roberto y ella tenían discusiones y hasta pequeños enfados, como pasa con todas las parejas de enamorados. Roberto se empeñaba en que fueran a Marbella una semana y ella le ponía excusas, por más que lo estuviera deseando. Le decía que no estaba segura de que compartir habitación durante siete días fuese una buena idea. Procuraba no obstante ser muy suave y persuasiva porque no quería perderle ni que se enfadara, pero Roberto tenía que comprender que llevaban muy poco tiempo de relaciones como para convivir así una semana.
En esas estaban cuando la última carta de Roberto no llegó. Esperó una semana, diez días, un mes, reclamó a Correos pero definitivamente la carta no llegó. Se sintió muy ofendida por el silencio. “¿Qué se habrá creído este?” –le llegó a decir a una amiga.

Y nunca más le volvió a escribir, que ella no se iba a rebajar.


















EL BUEN DETECTIVE


Era un buen detective y no le costó fotografiarlos desnudos desde una terraza que dominaba las oficinas del hombre en cuyo despacho se veían a la hora del cierre. Cuando reveló el carrete se asombró reconociendo a la dueña de aquellos senos altivos, de aquel pubis marmóreo: su propia mujer. ¿Qué hacer? Tenía que calmarse antes de decidir. Así que iría a ver a su cliente, la dama que le había contratado para que vigilara a su marido. Le abrió la puerta una doncella que en esta ocasión no le pasó al salón sino a uno de los dormitorios de arriba. “Señora, ahí los tiene” -le dijo, arrojando las fotos sobre el tocador, a través de cuyo espejo ella le miraba. La mujer no pareció asombrada. El detective tuvo una sospecha. “¿Lo sabía usted?” Pero no hubo respuesta. Ella había empezado a desnudarse. “Nos han empujado a ello, ¿no cree?”.














EL PERDÓN(de La mitad del diablo)


Antes de dar garrote el verdugo tenía por costumbre
pedir con la mayor humildad perdón a los
condenados por aquello que la ley le obligaba a hacerles.
Ocasionalmente alguno se negaba a
dárselo y el verdugo prolongaba entonces su agonía.






jueves, 2 de octubre de 2014

ROSARIO BLÉFARI






No se me puede decir nada

-3-


Esta noche las sombras se funden en la sombra mayor
lo inmenso nos resguarda
-mencionó un cielo examinador, qué bien-
un hombre silencioso nos conduce velozmente
y yo pongo en suspenso mi vida para probar que está a mi lado
su sabor es distinto y no me acostumbro
palpo la electricidad recorriendo sus vasos
reclina la cabeza hacia atrás
como una entrega

no te puedo llevar
no te van a dejar entrar
esta es una escena que sostengo sola
escudero
agradezco en el frío que no hayas venido
sería demasiado para estos corazones que palpitan y avanzan
con las riendas muy cortas y anteojeras

lo que es natural para otros no lo es para vos
por eso te siento así
como la memoria de una boca que reverbera
en la ciudad de la tenue luz
de las caras iluminadas por las sombras más cálidas
la ciudad del frío en la nariz
del cielo imprevisible
de los malos recuerdos alejándose en el tiempo
de las bebidas calientes en la calle y el humo ascendiendo
de los gorros tejidos y las manos con guantes sosteniendo las tazas
olor a leña ardiendo
a carbón en el otro barrio

la ciudad de las botas altas
de los pájaros negros durmiendo como sustitutos de hojas
en las ramas de los árboles

la ciudad de naranja, canela, vainilla y clavo de olor
de las panaderías ofreciendo exquisiteces
de las guirnaldas y los hombres altos y las mujeres fuertes
de las mejillas rojas
del empedrado asomando bajo las burbujas gigantes
en la plaza del mercado
donde me sirven el arenque en un pan

caminar y caminar y dejarse marear por tantos aromas
que se mezclan en las fronteras de los barrios

la ciudad, era la ciudad de todos los tiempos
donde una bailarina y un cocinero se pueden enamorar
a orillas del canal
en medio de una reconstrucción constante
y donde los pasos de los soldados
son como un eco interminable

te quiero contemplando el canal de invierno
imaginando cómo será en verano cuando ponen las mesas y las sillas



               rosario-blefari



RB(1965, Mar del Plata, Argentina). Cantante, compositora, 
actriz y escritora. 

FOGWILL

miércoles, 1 de octubre de 2014

LAURA PRATTO





la mesa no estaba
y todo esto
también es nuevo:
el color de las paredes,
sobre todo
el tamaño de la cama,
la puerta principal,
no es para mí,
no es para una salida
de emergencia,
no da sobre las sábanas
el sol cuando entra,
una orientación;
la palabra "cuidado"
cuando viene de vos
me extraña,
parece que diera rabia


                           de El hilván, 2009



súbito fervor de huída,
tracé un mapa demencial,
soñé que partía sólo con lo puesto
y eso era liviano, deseable
de llevar, antes
pasaría a despedirme
y mi primera inflexión
delataría:
la carga es pesada,
dentro de mí ya no cabe un alfiler


                                       de El hilván, 2009




una palabra tuya
bastaba para callarme
la misma ahora
da que hablar



                                  de Cría, 2009


Laura Pratto(San Francisco, Cba, 1976). Estudió Ingeniería
en Sistemas de Información en la Universidad Tecnológica 
Nacional y se recibió de Analista de Sistemas.
Ha publicado Alcance (Bajo la luna, Buenos Aires,2006)
El hilván (Editorial Bajo la Luna, 2009) y Cría (Ediciones 
Recovecos, 2009)

SEBASTIÁN HERNAIZ





Menard


Hay un tipo que vive en la calle y viene
seguido a la biblioteca donde trabajo,
nunca le falta a mano su carpeta
con la inscripción: “bibliografía”. Pide
cortés, siempre el mismo libro:
-Buen día, ¿podría ser El contrato social?
Yo le doy la edición mimeográfica
que editó la Universidad de Córdoba
con algún subsidio europeo: la que él
espera que yo le dé. Abre el libro –las letras
de mecanógrafo viejo- y lee. Lee y escribe,
apartado en alguna mesa. Lee y copia,
en su carpeta, el libro que le di:
hay un linyera en mi biblioteca,
está escribiendo El contrato social.

                                            De El prejuicio del sexo