viernes, 29 de agosto de 2014

LÉON-GONTRAN DAMAS





Hipo


Y aunque tome siete sorbos de agua
tres o cuatro veces en las veinticuatro horas
me regresa mi infancia en un hipo que sacude mi
      instinto
como el polizonte al pilluelo
Desastre
hábleme del desastre
hábleme de eso
Mi madre queriendo un hijo de buenos modales en la
mesa
         las manos sobre la mesa
         el pan no se corta
         el pan se parte
         el pan no se desperdicia el pan de Dios
         el pan del sudor de la frente de su Padre
         el pan del pan

         Un hueso se come con mesura y discreción
         el estómago debe ser sociable
         y todo estómago sociable se abstiene de eructos
        un tenedor no es un mondadientes
        prohibido sonarse
        haciendo ruido
        a la vista de todo el mundo
        además enderécese
        una nariz bien educada no limpia el plato
        y después y después
        y después en el nombre del Padre
                       y del Hijo
                       y  del Espíritu Santo
        al final de cada comida
              y después y después
              y después desastre
hábleme del desastre
hábleme de eso

Mi madre queriendo un hijo memorando
           si no se aprende su lección de historia
           no irá a misa el domingo con
           su ropa de domingo
           este niño será la vergüenza de nuestra familia
           este niño nos tendrá con el credo en la boca
           cállese

           no le he dicho que debe hablar francés
           el francés de Francia
           el francés del francés
           el francés francés

Desastre
hábleme del desastre
hábleme de eso

Mi madre queriendo un hijo hijo de su madre
           usted no saludó a la vecina
           otra vez con los zapatos sucios
           y que lo vuelva a ver en la calle
           en el prado o en la plaza de la Savane
           o a la sombra del monumento a los muertos
           jugando
           bromeando con cualquier fulano
           un fulano cualquiera que no ha recibido el bautismo

Desastre
hábleme del desastre
hábleme de eso

Mi madre queriendo un hijo muy do
           muy re
          muy mi
          muy fa
          muy sol
          muy si
          muy do
          re-mi-fa
          sol-la-si
                  do

          Me llegó el rumor de que usted no estaba
          en su clase de violín
          un banjo
         ¿dice usted un banjo?
         ¿cómo dice usted?
         un banjo ¿de verdad dice usted un banjo?
         no señor
         sepa que en nuestra casa no se acepta
         ni ban
         ni jo
         ni gui
         ni tarra
         los mulatos no hacen eso
         déjeles ya eso a los negros. 



                      Trad. Rosalía Cortés R.(Bogotá 2005)



AIMÉ CÉSAIRE





SUPERVIVENCIA


Te evoco
bananero patético que agitas mi desnudo corazón
en el día salmodiante
te evoco
viejo hechicero de las montañas sordas por la noche
justamente la noche que precede a la última
y sus redobles de tedio golpeando en la poterna loca de las ciudades
    enterradas
pero no es sino el preludio de las selvas en marcha sobre el cuello
    sangrante del mundo
es mi odio singular
llevando a la deriva sus témpanos de hielo en el aliento de las
    verdaderas llamas
dadme
ah dadme el ojo inmortal del ámbar
y sombras y tumbas de granito cuadriculado
pues la barrera ideal de los planos húmedos y de las hierbas
    acuáticas
escucharán en las zonas verdes
los intérpretes del olvidos anudándose y desanudándose
y las raíces de la montaña
exaltando la estirpe real de los almendros de la esperanza
florecerán por los senderos de la carne
(la penuria de vivir pasando como una tempestad)
mientras que bajo el cartel del cielo
un fuego de oro sonreirá
al canto ardiente de las llamas de mi cuerpo


                                    De Las armas milagrosas, 1946


Trad. Lizandro Z.D.Galtier, 1974



DEREK WALCOTT





Volcán


Joyce le temía a los relámpagos,
pero los leones rugieron durante su sepelio
desde el zoológico de Zurich.
¿Era Zurich o Trieste?
No importa. Éstas son leyendas, en tanto
sea leyenda la muerte de Joyce,
o el fuerte rumor de que Conrad
ha muerto, y que Victoria es irónica.
Al borde del nocturno horizonte
desde esta casa de playa en el acantilado,
pueden mirarse ahora, hasta el amanecer,
dos resplandores que llegan —millas mar adentro—
desde las plataformas petroleras;
se asemejan al resplandor de un puro
o al resplandor del volcán
al final de Victoria.
Uno podría abandonar la escritura
por las señales lentamente ardiendo
de lo grandioso, y ser, en cambio,
su ideal lector, reflexivo,
voraz, haciendo que el amor por las obras maestras
sea superior al intento
de repetirlas o superarlas,
castro-oscarpaul01.jpgy convertirse en el mejor lector del mundo.
Por lo menos esto requiere asombro,
algo que se ha perdido en nuestro tiempo;
demasiada gente que lo ha visto todo,
demasiada gente capaz de predecir,
demasiados que se niegan a penetrar el silencio
de la victoria, la indolencia
que consume hasta la médula,
demasiados que no son otra cosa
que ceniza erguida, como el cigarro,
demasiados que dan por sentado el relámpago.
¡Qué tan común es el relámpago,
qué tan perdidos están los leviatanes
que dejamos de buscar!
Había gigantes en aquellos días.
En aquellos días se hacían buenos puros.
Debo leer con más cuidado.


                              Trad. Óscar Paúl Castro Montes



CRISTINA PERI ROSSI





Y El Psiquiatra Me Preguntó


Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?-
El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
inolvidables.


                                          Diáspora, 1976




Dedicatoria


La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras.

                                            Evohé, 1971


Poeta y novelista uruguaya nacida en Montevideo, en 1941.
Evohé, 1971, Descripción de un naufragio, 1974, Diáspora, 
1976, Lingüística general, 1979, Europa después de la lluvia, 
1987, Babel bárbara , 1991, Otra vez Eros, 1994 y Aquella 
noche, 1996.

NICOLÁS GUILLÉN




CANTO NEGRO


¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.

Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
yambó,
aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!


PABLO DEL CORRO





Au revoir


El hombre de ochenta y ocho años
aun no apaga la luz
La mujer de ochenta y dos tampoco
Hay un perfecto gajo de mandarina en el cielo
sentada en esa luna, ella
es la niña en el columpio
Acaba de decirme que Francia está
cada vez más cerca suyo
Yo presiento que au revoir
es algo terrible, algo
que no quiero traducir
porque ahora el viento norte
cambió la noche
Limpió una a una las estrellas
de mi patio
El gajo luminoso ha caído abruptamente
por el lado que caen siempre
las cosas
Leí una vez que en otoño
la luz que arrastra consigo
es el primer sol de Europa
en la mañana
La niña del columpio me pidió
que no esté triste esta noche
El hombre de ochenta y ocho años
se ha dormido
la mujer de ochenta y dos
también
apago sus luces sin hacer
el menor ruido
Nunca enciendo mi lámpara
al acostarme
Creo haberme quedado dormido
con mi diccionario de francés
entre las manos.



lunes, 25 de agosto de 2014

TRUMAN CAPOTE


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Las paredes están frías

                                                   Truman Capote

—… así que Grant les ha dicho que vinieran a una fiesta fantástica y, bueno, ha sido así de fácil. La verdad, creo que ha sido una genialidad recogerlos, sólo Dios sabe que podrían resucitarnos de la tumba.

La chica que estaba hablando dio unos golpecitos a su cigarrillo para que la ceniza cayera a la alfombrilla persa y miró con…acá

PABLO MAKOVSKY





El regalo ajeno


En mis cumpleaños de la infancia siempre hubo tías que me regalaban medias o calzoncillos. Llegaban urgidas por mi salto de edad, excitadas por el encuentro familiar. Y estrujaban en sus manos un paquetito blanduzco envuelto en papel de regalo, del que se desentendían entregándoselo a mi madre o a mi padre.
Más tarde, yo recibía el presente con un ligero rencor. Sin decírmelo, intuía que un regalo era algo que debía mostrarse, que en esa exhibición resultaba homenajeado también quien había hecho el regalo. Tal vez ese íntimo desprecio, al descubrir el calzoncillo dentro del envoltorio deshecho, me hundía en una culpa volátil que luego, al reconocer días más tarde el regalo en el cajón de la cómoda, resurgía como una bruma mental, algo así como el efluvio fantasmagórico de un sentimiento que no termina de cristalizar.
Así, yo me convertía en ajeno al regalo. El regalo, por su parte, desplegaba sobre mí un halo espectral: en él se ausentaba la ofrenda intuida y se presentaban los restos de mi desprecio, como un cadáver hecho de sensaciones, como un cadáver pegado al cuerpo... un calzoncillo, unas medias. El regalo me era entonces ajeno: destinado a mí, desterrado su carácter de obsequio, aquello estorbaba como una mácula entre mis cosas más íntimas.

A su vez, mi intimidad, convocada por esos calzones sin estrenar, parecía fugarse de la escena y dejaba una trémula comezón, el resplandor de una ausencia, algo semejante a una puerta, un umbral: por allí escapaba aquél que de pronto se volvía ajeno al homenaje de su pequeño cumpleaños.



jueves, 21 de agosto de 2014

ANÍBAL CRISTOBO





Otro experimento doméstico


Jyrim dice
que no lo dejamos irse –una semana
después

y sigue ahí – adentro
de una copa, en la cocina
de una casa al sur de la Provincia de Buenos Aires. Nadie

le pregunta si él también creía
que la aurora boreal era la evidencia
de un mar abierto, no

congelado
en algún punto del Océano Ártico. “Que te pise
un gato y te mee
un sapo”, le escribe

a mi hermano, que pasa riendo
por el patio. 1979: debo estar observando
todo esto.-




                         Su blog: kriller71

martes, 19 de agosto de 2014

LUIS GRUSS





En plena guerra los caballos


En plena guerra los caballos no se espantan ni ante los más aterradores estampidos. Por lo general se dedican a comer pasto si hay pasto, a tomar agua si hay agua, a desplazarse en calma por el campo de batalla como si nada pasara. En plena guerra copulan los caballos y recuerdan, mientras ejecutan el acto amoroso, antiguas cabalgatas que se desarrollaban en el silencio verde de los campos. ¿Será posible dejar de sufrir? ¿Pueden los caballos en plena guerra configurar un modelo, una actitud ejemplar, una técnica específica de vida y sobrevida? También se sabe que los niños palestinos juegan al fútbol mientras los modernos ejércitos disparan contra ellos desde la tierra, el aire y el mar. Los niños palestinos. Los caballos. Comer pasto. Jugar al fútbol. Copular. Dejar de sufrir.


                                                                                       (2012)



PAUL KLEE




SOY DIOS


Soy dios.
Tanta divinidad
se acumuló en mí
que ya no puedo morir.

La cabeza roja, a punto de estallar.

Uno de los mundos
que encierra
nacerá.

Pero antes de realizar
tengo que sufrir.
                             (1901)

                                           De Gedichte, 1960  


                    Trad. Pablo Gianera


En Diario de Poesía, Nº 79