jueves, 22 de mayo de 2014

JUAN LISCANO





SOLSTICIOS HIEMAL


V

Mientras avanza lo que nos vuelve nada
o lo que parece el umbral de lo inaprensible
se expande, suficiente, la soledad.

Cuando su núcleo germinal
está detrás de la frente,
en un punto fúlgido, invisible.
Se enciende la otra mirada,
entre emoción y pensamiento,
el amor cobra valor absoluto, íngrimo,
se acepta el llamado de donde no se sabe
y reina la expectativa dócil,
ante la pronta llegada, el término, el confín.
Se es parte memoria y parte piel aún tibia,
no cabe nostalgia del desorden cumplido,
de la diversidad, de la multitud, de la confusión.
Se asume lo desconocido
en una expiración profunda y sin reserva.


VII

Llegado es el momento de derramar el vino
sin probarlo,
de arrojar al agua el óbolo ritual,
de apagar las hogueras festivas,
de despojarse, de no aferrarse,
abierto el espacio ingrávido.

Dios no ha muerto.
Sólo se perdió el rastro de su huella.



                                                           De Resurgencias, 1995