martes, 20 de mayo de 2014

ALBERTO HIDALGO



 Alberto Hidalgo y Jorge Rendón Vásquez En Olivos, 
 Buenos Aires, Primavera de 1960
       


FUNCIÓN DE TU PRESENCIA LEJANA


Sólo el recuerdo nos separa con su empecinamiento de montaña
Sólo el recuerdo nos desune con su hacer ver que estás distante.
Mujer or todos lados, de la cabeza a los pies, principio a fin, mujer 
sin treguas, en este lado de mi vida y al otro lado de mis años
todavía te alcanzo, todavía
Entre los dos hay un incendio de llamas cárdenas perladas,
pues por servirte cambia color el mismo fuego.
Entre los dos hay llamaradas horizontales,
pues en tu honor cambia la geometría de las cosas
Entre los dos está tu cuerpo
Tus dos propósitos bien realizados de dar mirada a lo profundo
como si fueran expresión de la fatiga de los siglos,
por los rincones de mis noches me persiguen
e iluminan el remanso de mi sueño con su luz negra,
y sé por eso que lo negro no es tan negro como el color triste de tus ojos.
Paso en  medio de avenidas de campanas,
con armónica sucesión de escuchados terciopelos,
o tus silencios a mis lados forman filas
y yo me tiendo ntre ellas como un camino largo que inevitablemente
lleva a ti.
Te acumulé en mis oídos y aún me siento millonario de tu voz.
Te bebí me bebiste no bebimos
con la saciada sed que encendiera el ardor de nuestras tardes
Entonces todos fueron alivios en tu boca,
desde la que partían a reventarse en mi alma, hecha ya espacio,
tus cohetes luminosos en profusión de grados y colores.
Y hoy me queman, me queman esos besos.
¡Cicatrices de besos me dejaste!
Pero el recuerdo nos separa porque  es echar de menos
En la memoria sólo vive lo sucedido, no lo actual,
y no hay dolor más grande que saberlo sucedido.
La posesión otra vez es una forma de anular la memoria,
la ausencia lo contrario que el olvido requiere.
Y si al recuerdo sólo lo cura la presencia,
¡Ven de nuevo a mis brazos para olvidarte un poco!


                                          De Edad del corazón, Buenos Aires,

                                          ed. Teatro del pueblo, 1940