martes, 4 de febrero de 2014

ROBERT KELLY


Robert Kelly


Declaración


Como un inicio.
         El poema se mueve entre hechos para que la enteridad de lo visible SEA visible.
         En el ritmo y plenitud del tiempo: recopilar, clasificar y construir, “piedras bajo sus montañas”. Hablamos de la composición.
          “Conoce lo que esta a vuestra vista, y lo que está oculto te será revelado”.
         El poeta no se puede detener con lo visible pero debe abarcarlo antes de que su “crear” comience.
         Siempre nuestra maldita confusión de lo que es una cosa es qué es lo que hace. Dante acerca de la función y el ser, el Infierno está donde las imágenes pierden sus funciones, meramente son.
          “Los espejos revestidos en el reverso con estaño, y los sueños de los hombres ciegos, sólo capturan la superficie de la cara, y esa tenue luz no puede perdurar con firmeza aunque pueda lograr que el júbilo fugaz parezca real”.
         En nuestros días no encontramos o no buscamos la gracia de Dios, esa luz que Dante no pudo hospedar pero lo hospedó a él: luz procedente de una más-completamente-asida visión compleja de lo real.
         Nuestra experiencia de lo No-Yo (impersonal, “objetivo”, no el id de los rechazos y los desplazamientos) las tratamos como si demónicas, como si respondiesen a los Eichmanns que farfullan dentro nuestro. Es suficiente que diga que no hemos aún clarificado nuestra mirada, y todavía vemos demasiado a partir de la memoria, y no lo suficiente al mediodía.
         No basta con estar nostálgico de lo inmediato. Construye a partir de lo inmediato; música.
         Así que los hechos no son sólo superficies.
         Y aquí es necesario decir que la imagen honda es la percepción funcional de todas las dimensiones más allá de la superficie.
         No nos podemos mover en el espacio de Dios. En el proceso del descubrimiento (no invención) que llamamos poema, lo real oculto debe ser “creado” en el instante mismo de ser hallado. Tengo en mente esta instantaneidad cuando hablo del acontecimiento del poema, asimismo, del poeta en su poema.
         No estoy hablando acerca del Método: toda la vida de un hombre es apenas suficiente para llegar a un método. Ni tampoco de artilugio, formas de hacer que las cosas “funcionen”. El artilugio es basura, no importa cómo lo despliegues. El oficio de un poeta es su habilidad de orientarse a sí mismo por el uso de las palabras, su habilidad de permitir a un poema ser su propia forma emergente.
         Ya que somos hombres, en la escala humana de las relaciones de tiempo y espacio, el descubrimiento es de nosotros a través de lo visible, de lo visible a través de nosotros.
         La puerta es lo visible; pero debemos entrar.


                                                         Aparecido en Nomad/New York, 
                                                         núm. 10-11, 1962, p. 58.


            Trad. H-Yépez