viernes, 28 de febrero de 2014

RICHARD GWYN




Ciudad sumergida


Me mostraste una ciudad sumergida, y nadé entre sus columnas, 
debajo de avenidas hundidas, un intruso en un plató submarino. 
Pensaba en términos de ángulos de cámara, primeros planos de 
peces alucinógenos, vegetación ondulante.
La ciudad sumergida se tragaba el tiempo de mis ojos y cerebro, 
hasta que lentamente, como si urgida por nuestra presencia allí, 
la ciudad cobrara vida, hordas de ahogados se apiñaban en calles 
anchas y rojas. Como ellos, me dirigí hacia la trémula catedral, una 
carcasa de ballena, fracturada y enorme, nadé hasta más allá de las 
ventanas de vidrios coloridos
y vi debajo de la nutrida grey, clérigos tambaleantes, sacramentos 
suspendidos listos para la comunión, piezas dispuestas
en una épica dislocada: una misa bajo el mar. Y luego, cuando me 
hundí todavía más, un calamar enorme se detuvo a mi lado, se 
quedó mirándome fijamente, tentáculos extendidos; plácidamente se 
deslizó alejándose con ojos que ahora miraban hacia arriba a la nada 
que ya había ocurrido.

                                                        Trad. Jorge Fondebrider