martes, 4 de febrero de 2014

JACK GILBERT






EL DESPOJO DE CIRCE

Circe no hallaba placer en los cerdos.
Ni en cerdos, ni en lobos, ni en leones
serviles. Cantaba en nuestra lengua
y, hermosa, aguardaba la virtud.
Todos los meses llegaban
de mar adentro, braceando caleta arriba.
Detrás, la inmensa luz del océano.
Cada vez un mundo quizás.
De una temporada a otra.
De una cena a otra cena.
Y siempre, al primer viso de lujuria,
se convertían en lo que eran.
¿Odiseo? Un conocido embustero.
Un galán de club. Intocable.

                                             Traducción de Eva Gasteazoro











OVIDIO EN LÁGRIMAS

El amor es como un jardín en el corazón, dijo él.
Le preguntaron qué quería decir con jardín.
Explicó sobre los jardines. “En las ciudades”,
dijo, “hay lugares amurallados donde el color
y el decoro se magnifican en una civilización.
Como una bella mujer”, les dijo. Cómo como
mujer, preguntaron ellos. Pensó en las mujeres
de esos hombres y les dijo: jardín es un lenguaje
figurado, y pidió vino para todos. A la segunda ronda,
lloraba. Hablaba sobre cómo Carlomagno
no sabía leer, y aún así creó un mundo. De Santa
Sofía y cómo se montó la cúpula sobre una base cuadrada
después de novecientos años de fracaso.
La mano que lo sostenía resbaló y él cayó al suelo.
“Blanca piedra, blanca luz de sol”, dijo mientras
lo recogían. “No las grandes fogatas
al fin del mundo”. Su voz
se desvanecía mientras se lo llevaban. “Tanto la melodía
como la sinfonía. La danza imperfecta dentro
la maravillosa danza. Ante todo la danza”.


                                                         Traducción de Eva Gasteazoro