lunes, 13 de enero de 2014

VASCO GRAÇA MOURA




blues de la muerte del amor


ya no muere nadie de amor, yo una vez
anduve cerca, estuve casi a punto,
fue en tiempo de humores excitados,
depresiones sincopadas, muy graves, querida,
pero al final no morí, como se ve, ah, no,
me la pasaba oyendo a dios y música de jazz,
adelgacé bastante, pero me zafé por poco, oh yes,
ah, sí, la noche adentro, querida mía.

la gente sopla y no atina, hay un sofoco
en el corazón, una tensión en el clarinete y
tan desgraciado me sentí, pero realmente,
pero realmente nunca tuve talento, ah, no,
yo nunca tuve vocación de kamikaze,
es todo una cuestión de swing, de swing, querida mía,

saber salir a tiempo, saber salir, está claro, pero hacerlo.
y yo no me arrepiento, querida mía, ah, no, ah, sí.
hay ritmos en la calle que vienen de casa en casa
al encender las luces, una aquí, otra allí
pero puede ser que el vendaval venga cualquier día
en el crepúsculo de la canción y pare en mi casa,
lo que yo nunca pedí, ah, no, pide que se calle,
querida mía, toda la gente del barrio,
y entonces murmuraré, al ver huir la escala
del clarinete: –morir o no morir, darling, ah, sí.




soneto encontrado en la botella


a ti te quiero en esta isla desierta:
ningún libro, ningún cuadro, ni disco
(me gustan tantas cosas que me crispo
pues al escoger así nunca se acierta).

quiero traerte a ti, ágil, despierta
desaliñadamente a cada risco,
y vivir de algas, peces y marisco
sin volver a hacer señales de alerta

a los navíos de lejos ver pasar
mientras la ropa seca en la palmera
(esta isla tiene una, de manera
que no sólo rocas y agitado mar).

 y tú entre corales, náufraga desnuda,
flotando en mi pecho al claro de luna.

                           
                                  de “El soporte de la música”. 
                                  Taller de Edición Rocca, Colombia, 2013. 

Trad. Lauren Mendinueta