lunes, 27 de enero de 2014

JOSÉ ANTONIO LABORDETA





ESPERAD EN LA ORILLA
los instantes precisos de tu voz
llamándose como se llaman
los amantes y no olvidarte nunca
a pesar del silencio,
la ciudad infinita y el camino.
Dejar sobre su rostro
el delicado beso de la aurora
y partir. Amor mío, amor mío:
qué lejanos ahora aquellos largos besos
clandestinos y qué próxima, en cambio,
la quietud del otoño
en nuestros ojos.








TE VI EN EL JARDÍN DE LA MEMORIA
llamándome como cuando de niños
íbamos hasta el río a merendar.
Te vi oculta en los trigales
secos y duros de mi tierra
abandonando tus lágrimas de adiós
eternamente. Te vi.
Te veo a cotidiano modo
llamándome como nunca lo hiciste
cuando estuviste aquí junto a nosotros.
Luego todo se pierde
y la voz de los amantes vecinos
me derrumban tu imagen
perdida en el otoño.