miércoles, 15 de enero de 2014

GABRIEL JAIME CARO





Nueva York,Verano...


... Junio veinticinco de mil novecientos
ochenta y nueve a las horas en que
empieza a irse la tarde, con algo de frío
en los rincones flotantes.
Cuando yo quedo impresionado del
dominio de las ardillas gigantes.
En medio de todo esto, el verano es un renegado, con
un paraíso de quinientas orquestas, que no dejan de
tocar todo el día y toda la noche, creando los vuelos
de aves díscolas, en los momentos de velocidad,
de la zamba vuelta mitología.
A caminar por los bosques de maleza, por ejemplo, no
estorban, no molestan. Con algo de frío entre los
rincones flotantes.
Y volviendo al terco laberinto, creado por la extremada
abundancia de las cosas; son soluciones para
la poética, en un mundo descarado de inmigraciones
del |no tener. Para un |mundo mejor nada quepueda
importarle más que un mínimo rato de perfección.
Aquí el sol sirve de decoración para una contaminación
de sentimientos que combate la conciencia, sin
ton ni son. He ahí lo que se verá en este continuo
relampagueo selenita: azul celeste por todas partes.
Azul celeste contra azul celeste.