viernes, 24 de enero de 2014

FRANK O'HARA





Homosexualidad


¿Así que nos sacamos las máscaras, no, y mantenemos
la boca cerrada? ¡como si nos hubiera penetrado una mirada!
El canto de una vieja arpía no tiene más criterio
que los vapores que el alma libera cuando uno enferma;
así que me envuelvo con sombras como con una manta
y arrugo los ojos como en el instante más exquisito
de una ópera muy larga, ¡y entonces nos vamos!
sin reproches ni esperanzas de que nuestros pies delicados
toquen la tierra otra vez, y mucho menos “muy pronto”.
Es la ley de mi propia voz lo que investigaré.
Comienzo como el hielo, mi dedo en mi oreja, mi oreja
en mi corazón, ese orgulloso perro mestizo en la basura
bajo la lluvia. Admirarse a uno mismo con total franqueza
es maravilloso, enumerando los méritos de cada
letrina. La de la calle 14 es borracha y crédula,
la de la 53 trata de temblar pero descansa mucho. Los buenos
aman los parques y los ineptos las estaciones de tren
y están los divinos que atraviesan la sombra
de una creciente cabeza abisinia de arriba a abajo
en el polvo, arrastran sus tacos elegantes de aire caliente
y gritan para confundir a los valientes “Es un día de verano,
y deseo ser deseado más que nada en el mundo”.




Beber una Coca contigo


es todavía más divertido que ir a San Sebastián, Irún, Hendaye,
Biarritz, Bayonne
o tener náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
en parte a causa de que con tu camisa naranja eres como un
mejor y más alegre San Sebastián
en parte a causa de mi amor por ti, en parte a causa de tu amor
por el yogur en parte a causa de los tulipanes de naranja
fluorescente alrededor de los abedules
en parte a causa del misterio que adquieren nuestras sonrisas
ante la gente y las estatuas
cuando estoy contigo es difícil creer que pueda existir algo tan
inmóvil tan solemne tan desagradablemente definitivo como una
 estatua mientras que justo frente a ella bajo la cálida luz de
Nueva York de las 4 en punto deambulamos
por aquí y allá entre uno y otro como un árbol que respira a través
de sus lentes y en la
exposición de retratos parece no haber absolutamente ningún
rostro, solo pintura de pronto te preguntas por qué demonios
alguien los hizo
                                                              te miro
a ti y preferiría mirarte a ti que a todos los retratos del mundo
tal vez con la excepción del Jinete polaco de vez en cuando y
que de todos modos está en el Frick al que todavía no fuiste
gracias a Dios así que podremos ir juntos por primera vez
y el hecho de que te mueves de una manera tan hermosa
más o menos resuelve el Futurismo
igual que estando casa nunca pienso en el Desnudo bajando
una escalera o estando en un ensayo en ese dibujo de
Leonardo o Miguel Ángel que solía maravillarme y de qué les
sirven a los Impresionistas todas las investigaciones
 sobre ellos si nunca encontraron a la persona indicada con la
cual pararse junto al árbol al caer el sol o para el caso a Marino
Marini si no eligió al jinete con el mismo cuidado  que al caballo
                          parece que todos ellos fueron privados de alguna
experiencia maravillosa la cual yo no voy a desperdiciar razón
por la cual te lo estoy diciendo


                                versiones de Eleonora González Capria