miércoles, 11 de diciembre de 2013

ERRI DE LUCA






Del tiempo en que los obreros follaban



ARNALDO CALVEYRA





EN SEGUIDA DE LA INFANCIA

En seguida de la infancia
está morir
sigue la muerte
un dedo titubea
se apacigua
en mitad de los labios
queda la casa
abierta,
afueras nunca afueras
por todo
puertas de la casa
la palmera,
la anochecida blanca,
abrazada a palmeras
quieta, quietas…


                                    Arnaldo Calveyra, Poesía reunida
                                    Bs. As., Adriana Hidalgo, 2012

ESTEBAN VOLKOV





ENTREVISTA A ESTEBAN VOLKOV, NIETO DE TROTSKY, A 75
AÑOS DE LA LLEGADA A MEXICO DEL REVOLUCIONARIO RUSO

“El marxismo está cada día más vigente”

Esteban Volkov no es sólo el nieto de Trotsky, sino también el
único testigo aún con vida de su asesinato por un agente de
Stalin, el español Ramón Mercader. Químico de profesión,
reivindica el legado de su abuelo.

                                                                     Por Eduardo Febbro
Desde México D.F.

Esteban Volkov atravesó un siglo sin perderse nada del que dejó atrás ni del nuevo en el que vive como si fuera un contemporáneo recién llegado a este mundo de tecnología y mentiras globalizadas. Esteban Volkov hablaba en francés con su abuelo, León Trotsky, de quien se cumplen 75 años de su llegada a México. El revolucionario ruso había huido de los esbirros de Stalin para instalarse en México. Trotsky y su mujer trajeron a Esteban Volkov desde París.

La historia de Volkov niño es una tragedia que la abrumadora alegría con que hoy se expresa no permite ni siquiera adivinar. Esteban Volkov no es sólo el nieto de Trotsky, sino también el único testigo aún con vida de su asesinato por un agente de Stalin, el español Ramón Mercader. El padre de Volkov fue deportado a Siberia en 1928 y desapareció en un Gulag cuando fue enviado allí en 1935. Su madre escapó de la URSS con él y se reunió con los Trotsky en la isla turca de Principios. La vida no le dio descanso y se suicidó en Berlín en 1933.

Esteban Volkov se quedó solo en la capital alemana hasta que lo trasladaron a un internado de Viena y después a París. Trotsky y su esposa estaban exiliados en México y lograron traer a Esteban con ellos. Hubo un primer atentado contra Trotsky del que toda la familia salió ilesa. Pero llegó un infiltrado, Ramón Mercader. El 20 de agosto de 1940, cuando Esteban Volkov volvió del colegio, encontró a Trotsky con el cráneo roto a martillazos. Volkov cuenta que Trotsky pidió a su entorno que alejaran a su nieto de le escena.

Esteban Volkov creció en México. No hace política. Estudió ingeniería química, pero siempre mantuvo viva la memoria de León Trotsky a través del museo, que es la casa donde vivió con sus abuelos, Trotsky y su mujer. Esteban Volkov tiene 86 años y una memoria que no falla nunca. En esta entrevista con Página/12, el nieto del revolucionario ruso evoca aquellos años, el legado de Trotsky, su obra y los estragos del mundo actual.


–75 años después de la llegada de Trotsky a México y cuando han transcurrido 72 años de su asesinato, ¿qué pueden representar hoy la figura y el legado de León Trotsky?

–En la medida en que el marxismo está cobrando cada día más vigencia, a pesar de todas las veces que lo han enterrado siempre surge con más vida, uno de los mensajeros y portadores y guías marxistas más actuales es indiscutiblemente el gran revolucionario León Trotsky. Fue un personaje clave en uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea como fue la Revolución Rusa. Trotsky tuvo un papel vital en ella. Pero lo que es más meritorio en él en todas las etapas en las que intervino es el hecho de que transcribió con minuciosidad toda aquella experiencia histórica y política. Trotsky dejó un legado muy valioso, un arsenal ideológico revolucionario de gran actualidad y extremadamente fértil y útil para todas las luchas revolucionarias actuales y futuras. No hay dudas de que el capitalismo está demostrando que es un sistema totalmente obsoleto e injusto y que no cumple para nada las necesidades del género humano. Al contrario, el capitalismo está destruyendo el planeta, está creando más miseria, mas sufrimiento. 

La necesidad de un cambio es vital. Tengo la certeza de que la mayor parte de la humanidad tomará conciencia de esta situación y luchará por otro mundo. Es ahí donde todo el arsenal ideológico de Trotsky es extremadamente valioso. Hoy los medios intoxican a las masas y terminan creando eso que Marcuse llamaba una mentalidad unidimensional. Pero los procesos de toma de conciencia son como relámpagos.


–Muchos historiadores consideran que ese arsenal está aún inexplotado.

–Ocurre que es muy vasto: no hay área, no hay país que Trotsky no haya abarcado en sus análisis. Cualquier documento que uno lea de Trotsky es muy útil e instructivo y con un gran acierto en sus análisis. Por ahora no hay otra cosa mejor que el socialismo. El marxismo fue el único que hizo un diagnóstico certero de lo que es el capitalismo. Trotsky hizo el mismo análisis en lo que se refiere a lo que realmente era el burocratismo stalinista. ¡Nadie mejor que él! Esa fue su gran contribución: haber analizado el bonapartismo stalinista. Lamentablemente, el trotskismo no escapó a la deriva que conocen todos los partidos políticos. Pero el pronóstico de Trotsky cuando decía “estoy seguro de la Cuarta Internacional” está abierto, aún no se ha cumplido. Sus seguidores deberían hacer que eso sea una realidad. No hay que encerrarse en una campana de vidrio. Los partidos deben llevar a cabo una labor activa y revolucionaria. No hay que encerrarse en un café para discutir y sentirse grandes teóricos de la humanidad.


–El México que Trotsky conoció cuando llegó hace 75 años era un país revolucionario. El de hoy es muy distinto.

–Si, él llegó a México cuando aún persistían el espíritu y el oleaje de la Revolución. Aún había un clima revolucionario. Después vino un proceso de industrialización bajo un régimen capitalista y México se alejó de los fundamentos de la Revolución Mexicana.


–Curiosamente, usted ha protegido el legado de Trotsky pero, sin embargo, no ha incurrido en el campo de la política.

–No, claro, yo soy químico. Mis comentarios son los del observador científico, no del político. Pero yo he vivido en carne propia todo el capítulo que fue la contrarrevolución stalinista. Todo ese clima de asesinatos, de terror, de monstruosas falsificaciones históricas. Lo he vivido en carne propia y conmigo millones de seres humanos. Pero yo tengo el privilegio de estar vivo y poder testimoniar. Sabemos que la memoria histórica es uno de los patrimonios más importantes del género humano. Para poder construir el futuro hace falta esa memoria histórica. Uno de los grandes crímenes de Stalin, aparte de masacrar a millones de seres humanos, falsificar la historia y arrancar páginas y alterar su contenido, fue justamente esto: mutilar y falsificar la historia.


–¿Usted cree que los crímenes del stalinismo están mal conservados por la memoria en relación con los que cometió Hitler?

–Indiscutiblemente Hitler fue un gran, gran criminal, pero en esa competencia yo creo que Stalin le gana por mucho. Hitler era un asesino frío dentro de su lógica racista y absurda. Pero Stalin le incluyó a eso una dosis de crueldad y de sadismo que nadie ha superado hasta ahora. No le bastaba con matar. Yo soy un sobreviviente con suerte.


–¿Usted conservó vivo el recuerdo de Trotsky a través del museo que está en Coyoacán un poco para rescatar esa memoria?

–Yo seguí viviendo en esa casa muchos años con la abuela. Su deseo siempre fue conservar ese lugar histórico. Y no ha sido sin lucha y sin esfuerzo. Los stalinistas de México intentaron en muchas ocasiones borrar ese lugar. ¡Hasta quisieron hacer una guardería infantil! Pero no lo lograron. Yo nunca me interesé en la política, pero por ósmosis estaba al corriente de todas las dinámicas de las luchas. Pero Trotsky siempre me protegió de la política. En tiempos del abuelo él les decía a sus secretarios y guardaespaldas que no me hablaran a mí de política. El trataba de alejarme de la política. Pero yo he vivido una vida normal, muy cerca de esa atmósfera de adrenalina que se vivía en la casa de Trotsky. Era un estado de excitación muy grato.


–Sin embargo, usted fue testigo del primer atentado y del segundo, el que le costó la vida a Trotsky.

–Sí, en el primer atentado, cuando ametrallaron la casa, yo estaba ahí. Nos salvamos todos milagrosamente. Uno de los stalinistas vació su revólver sobre la cama donde yo estaba escondido. Pero me encogí y me salvé.


–¿Qué piensa hoy de movimientos como el de los indignados o el movimiento estudiantil mexicano YoSoy132?

–Es un inicio, el comienzo de una conciencia para asumir una actitud de lucha política. Aporta mucho.


–En este aniversario de la llegada de Trotsky a México, ¿qué es lo que usted recupera de él como mensaje, como compromiso más allá de su obra?

–Yo creo que lo principal es el aspecto ético, moral, donde el actuar debe estar coordinado con el pensar. El pensamiento y la acción deben ser una sola cosa. La verdad debe estar por encima de todo. El ejemplo es su vida. Ha sido una guía, para mí y mi familia. Para mis hijas, por ejemplo, que no son marxistas ni revolucionarias, ellas tienen muy inculcado ese principio ético de absoluto respeto a la verdad y a la justicia.

                                                                         (2012)

AUGUSTO DE CAMPOS







                                                                                             (1962)


HEINRICH MANN





EL ÁNGEL AZUL


PROLOGO


La novela El profesor Unrat de Heinrich Mann trasciende las fronteras de la cultura alemana y el momento específico en que transcurre la historia. La representación cinematográfica de la obra, bajo el títuloEl ángel azul con el que se conocería posteriormente, no hizo sino poner de relieve el drama de un hombre maduro que se ve de pronto perdidamente enamorado de una muchacha que, además de pertenecer a una condición social inferior a la suya, se dedica a actividades que son duramente censuradas por la sociedad de la época. Heinrich Mann consigue penetrar en lo más profundo de la sicología de los personajes. 

Así, cuando constatamos que el profesor Unrat — apodado "Basura" por sus alumnos a causa de su descuidada figura y de un ácido juego de palabras provocado por la semejanza fonética entre su apellido y el mote con el cual lo designan— vive obsesionado con la idea de sorprender en falta a sus alumnos, advertimos la sorda lucha interior del protagonista que se devana los sesos pensando en la destrucción de sus alumnos más contumaces. 

Se trata de un maestro rígido que se siente constantemente amenazado por las burlas de sus alumnos. Basta un gesto inusual de un estudiante durante la hora de recreo, un rumor inesperado en la sala de clases, un silencio sospechoso en el aula, para que de inmediato Unrat se ponga a la defensiva. No es extraño entonces que el protagonista interprete la natural desidia de los adolescentes ante los deberes escolares como verdaderos ataques en su contra y decida sancionarlos, planteándoles exigencias académicas que van más allá de sus posibilidades. Su paranoia no le da respiro. 

Pasa sus días y sus noches atenaceado por ese insistente
diálogo interior que le hace revivir cada mal rato de la jornada y que lo lleva a pensar en los castigos que va a infligir a los más insubordinados de su clase: a Von Ertzum, por su aire campechano tan distante de las letras griegas y por su exasperante lentitud para comprender; a Kieselack, por su arrogancia y espíritu de rebeldía; a Lohmann, por su displicencia. Unrat francamente detesta al curso entero por ese sentido filial y secreto con que el grupo se resiste a sus métodos pedagógicos, pero como todo tirano, al mismo tiempo les teme. Cierto día, tras encerrar en el calabozo —nombre que se le da a un pequeño cuarto que sirve de guardarropa— a los más díscolos de la clase y mientras pasea por la sala con el sabor de haber dominado la rebelión juvenil, su atención recae en el cuaderno de uno de los castigados. AJ hojearlo con disimulo se encuentra con unos encendidos versos de amor dirigidos a una tal Rosa Fröhlich. 

A partir de ese momento la condición obsesiva del protagonista queda en evidencia una vez más. No tendrá paz ni un solo instante. Ya en su hogar, recuerda persistentemente los versos y el nombre de la artista que incita a los muchachos a una conducta pecaminosa; sin poder dormir se echa sobre los hombros su viejo y raído gabán, y sale a la noche lluviosa en busca de la bailarina; recorre las callejuelas desiertas que lo llevarán hasta los límites de la ciudad con ojos ansiosos, mientras en su rostro se dibuja una sonrisa venenosa, preludio de su venganza contra los alumnos. El encuentro del viejo maestro con la bailarina de los pies desnudos — que canta en el cabaret El Ángel Azul con expresión maliciosa: "Como soy tan joven y tan inocente..." ante un público masculino enfervorizado por el alcohol— da inicio a una tormenta interior que ya no lo dejará en paz. 

A partir de ese momento visitará cada noche su camarín y se irá enredando con la muchacha en una relación ambigua que lo arrastrará hacia una vida bohemia y sin escrúpulos. La búsqueda del placer en sitios tan alejados del mundo académico nos recuerda otras obras de ta literatura alemana que dan cuenta de similar motivo literario. Desde luego la prodigiosa novela La muerte en Venecia, escrita por Thomas Mann, hermano de Heinrich. En ella el escritor e intelectual Gustavo von Aschenbach —quien "no había disfrutado nunca del ocio ni conoció la descuidada indolencia de ta juventud"— repentinamente siente el impulso de viajar a un lugar desconocido. Se imagina comarcas tropicales cenagosas, selvas, islas, pantanos, gigantescas palmeras que se alzan en medio de una vegetación lujuriosa. Comprende que está hastiado de su "robustez moral", de las duchas matutinas de agua fría, de esa férrea disciplina heredada de su padre que ahora no le sirve para nada; toma entonces la decisión de emprender un viaje a Venecia en busca de esa sensualidad que le permita recuperar el sentido más vital de la existencia. 

Un leitmotiv semejante encontramos en la creación filosófico— poética de Goethe,Fausto. El viejo sabio toma conciencia al final de sus días de que gran parte de su vida la ha dedicado a la lectura, el estudio y la investigación. Tras comprobar, con rabia y dolor, que no ha vivido los placeres de la vida, decide vender su alma al diablo a cambio de recuperar su juventud y así vivir plenamente una segunda existencia. Heinrich Mann, con una aguda percepción y un lenguaje preciso, desnuda el alma de quien, tras una insaciable sed de castigo, esconde a un ser feble y atemorizado, en una palabra, a un cobarde.



ARTHUR DANTO





EL FINAL DEL ARTE

                                                Por Arthur Danto

El arte ha muerto. Sus movimientos actuales no reflejan la menor 
vitalidad; ni siquiera muestran las agónicas convulsiones que
preceden a la muerte; no son más que las mecánicas acciones

reflejas de un cadáver sometido a una fuerza galvánica.



ARTHUR RIMBAUD Y PAUL VERLAINE





SONETO AL HUECO DEL CULO

Oscuro y fruncido como un clavel violeta
respira, tímidamente oculto bajo el musgo;
el licor del amor todavía lo humedece
y fluye por el leve declive de las nalgas.

Filamentos parecidos a lágrimas de leche
lloran ante el triste soplo que los arrastra
a través de piedritas de abonos arcillosos
hacia el declive que ahora los reclama.

A menudo mi boca se acopla a su ventosa
y allí mi alma, del coito material envidiosa,
cava su lagrimal feroz, su nido de sollozos.

Es la argolla extasiada y la flauta mimosa,
tubo por donde baja el celestial confite,
Canaán femenino de humedades nacientes.



JUAN MANUEL ROCA





Poema invadido por romanos

Los romanos eran maliciosos.
Llenaron Europa de ruinas
Confabulados con el tiempo.
Les interesaba el futuro,
Las huellas más que las pisadas.
Los romanos, Casandra, eran mañosos.
No fraguaron el Acueducto de Segovia
Como un ducto de agua y de luz.
Lo pensaron como vestigio,
Como un absorto pasado.
Sembraron de edificios roñosos Europa,
De estatuas acéfalas
Engullidas por la gloria de Roma.
No hicieron el Coliseo
Para que los tigres devoraran
A su antojo a los cristianos,
tan poco apetecibles,
Ni para ver ensartadas
Como entremeses del infierno
A las huestes de Espartaco.
Pensaron su ruina, una ruina proporcional
A la sombra mordida del sol que agoniza.
Mi amigo Dino Campana
Pudo haber saltado a la yugular
De uno de sus dioses de mármol.
Los romanos dan mucho en qué pensar.
Por ejemplo,
En un caballo de bronce
De la Piazza Bianca.
Al momento de restaurarlo,
Al asomarse a su boca abierta,
Encontraron en el vientre
Esqueletos de palomas.
Como tu amor,
Que se vuelve ruina
Mientras más lo construyo.
El tiempo es romano.


JMR(Medellín, 1946). Poeta, periodista, ensayista.

FRIGYES KARINTHY





Viaje en torno de mi cráneo (fragmento)



" Sólo existen los días. Veinticuatro horas, eso es lo que hay, y siempre es posible de una manera u otra resistir la vida durante ese tiempo. (...) Por primera vez gozo del dichoso estado de la irresponsabilidad total. ¿Cómo podría explicar esta sensación a personas normales y sanas? Debéis comprenderlo: un alma tan compleja como la mía es continua e incesantemente presa de una tensión en la que vosotros, felices mortales, sólo caéis una vez en toda vuestra existencia: en cada uno de los instantes de mi vida, me veo obligado a pensar en toda mi vida. Para mí, cada minuto es como para vosotros el instante en que caéis del sexto o os arrastra un ciclón. "