martes, 19 de noviembre de 2013

ALVARO MENEN DESLEAL





Recetas a una vieja burguesa para que sea feliz del todo

Sepulta cuidadosamente las páginas insólitas de
Viejos cascarrabias como Marx, el gran culpable;

Destruye hoja por hoja los versos de Rimbaud,
Joven durazno con vicios milenarios, y quiebra
Ojo por ojo a todo baudelaire, harapo brujo,
Alcohol mistificado, viejo corozo de durazno
Con vicios renovados;

Escupe por las rejas de la cárcel en que moran,
Empotrados en sus huesos, algunos jóvenes poetas.
Vigila que el guardián ponga las llaves
Y agrega siete que te sean de confianza;

Espulga el Nuevo testamento y abomina del Antiguo,
Cargados de puercas porquerías para lapidar
Perezosos; de pechos como paloma para reyes
Lúbricos y junturas de muslos como goznes
Labrados de mano maestra;

Compra galas chillonas sedosas suntuosas para
Halagar al gazmoño;

Lávate cada hora, refriégate de alcohol, pues el
Talento, con todo y no ser contagioso, podría
Afectarte de ictericia;

Castiga tu pensamiento sin pausa ni misericordia,
Si es que puedes pensar y si te sobra alguna
Misericordia.

Clávate las uñas en la carne cuando veas el amor
Adolescente;
(Desde luego, te prevengo contra mi persona);

Pero, sobre todo, enciende hogueras altas
Relucientes pulidas pendencieras piras funerarias
Para quemar, quemarnos;

Verás entonces, varicosa, que todo es más tranquilo.
Y más tuyo.
Al fin y al cabo
Dios te hizo cortada a su medida. 








Martín Luther King Narra cómo la Guardia reprime
una manifestación en Mississipi


No gesticulo
No hago gestos
Pero de cierto os digo
Os aseguro
Que es molesto hablar
Con las manos esposadas
Por eso seré breve
Aunque no todo esté dicho
Y la bodega más íntima
Reserve grandes sacos
Bolsas de frutos bien maduros
Pacas enérgicas del odio
Acribillado
Gajos de crudeza
La cosecha esperanzada
Nadie que siembre odio cosechará
Patatas.
En África puestos de pie los ríos y dormida la selva
El Abuelo nos dijo que Dios preguntó al negro
Que había hecho de su hermano
La culpa lo puso blanco
Y blanco sigue
Con esa piedra dadme e el rostro
Con esa piedra golpeadme
Eso cuenta el Abuelo
Despierte ya la selva y los ríos
Se arrimen a su cauce
Eso cuenta el Abuelo
El guardia es blanco
El presidente es blanco
Los tenderos son blancos
El Mississipi se saldrá de madre
Ya hoy nos mira de perfil. 









ZVONIMIR BALOG




CUANDO ESTEMOS MUERTOS
        (Kad budemo mrtvi)

cuando estemos muertos ya no iremos
al doctor/ nos podremos cortar las manos
y no nos dolerá/ seremos como las moscas que
comen su propia mierda/ masticaremos nuestra propia
lengua y viviremos de eso
cuando estemos muertos ya no se asustaremos
de nadie/ dormiremos en la boca del león
la caída del cielo no la sentiremos/ saltaremos
                                               desde la torre
y nos echaremos bajo el tranvía riéndonos por despecho a los vivos/
cuando estemos muertos ya no tendremos que tener
                                               pasaporte
ni dinero/ libremente pasaremos todas las fronteras/
nuestra casa no podrá quemarse/ ya no podremos
no pasar
el examen/ yo te traeré mis ojos para el desayuno
en vez de uvas/
cuando esté muerto mi mamá nunca jamás
podrá
morírseme/podremos comer la arena en vez de caviar/
cuando estemos muertos nada feo
nos podrá
ocurrir/ ¿podremos entonces tomarnos de las manos?
En todo caso tiéndeme tu mano/ no la retires
                                                        más        

                                                              Trad.  Željka Lovrenčić


Zvonimir Balog(Sveti Petar Čvrstec, 1932).



HAI ZI





primer amor


        Hace mucho tiempo, un hombre vagaba por este formidable río. Andaba con una caja de madera para sentarse y una serpiente, buscando sin cesar al asesino de su padre. Y así deambulaba por su vasto cauce, alimentándose de provisiones, de lo que mendigaba por las orillas o del maíz que sembraba sobre la caja. Todos los pescadores del lugar se quitaban el sombrero o le saludaban amigables a su encuentro, pues el hombre había recorrido todos sus tramos y riachuelos y aprendido sus muchas lenguas.  Había comprendido el amor, el santuario, la vida y el olvido, sin encontrar nunca a su enemigo.

        La serpiente que le acompañaba había sido de su padre, quien la había salvado y criado en aquél bosque de bambú que crece a la derecha del señorío. Allí se hizo cada vez más grande, y agradecida, practicaba el ascetismo mañana y noche, preparándose para saldar su deuda algún día. Y así fue hasta que la mañana del crimen la serpiente abandonó rauda su arbolado refugio.

        Salió del bosque siseando presagios envenenados, retorciéndose con amargura al pasar por el templo, revolviéndose en círculos alrededor de la plaza. En ese momento, a todo el pueblo le pareció muy extraño, un hecho insólito. Pero más tarde se supo la desgracia, y entonces, el hombre pensó que aquella serpiente era el único vínculo que aún guardaba con la muerte de su padre. Así que la metió en una caja de madera y se puso en camino.

        Mientras el hombre soñaba con vengar el honor mancillado de su padre, la serpiente se ovillaba en el fondo de la caja, estremeciéndose desconsolada, porque secretamente se había enamorado de una serpiente que vivía a más de mil leguas. Pero esa lejana serpiente no era una real de carne y hueso, sólo un manojo trenzado de bambú con esa forma. Enamorada, la serpiente vadeaba febrilmente la añoranza, el anhelo, ensoñaciones de dolor y secreta alegría, y así su amor fue insuflando vida en el cuerpo de esa otra serpiente inerte. Una noche, cuando la luna se suspendía radiante al sur, la serpiente de bambú comenzó a agitarse, prolija cual henchida por una gracia, de su cabeza parecían desprenderse infinitos destellos, como una danza de estrellas en el aire, y así su forma inmóvil fue con carne y cartílagos recreada. Lentamente tomó forma, hasta que, al amanecer, mientras su dueño dormía, salió por fin de la habitación de juguetes, y escupiendo chispas como mensajes emponzoñados, le mordió en el vientre matándole con su veneno. Pues el dueño de la serpiente de bambú era aquél mismo asesino que el hombre buscaba vagando por el río. Junto con amor y vida, la serpiente en la caja le había infundido también su odio profundo.


        Llegará una noche en que la serpiente de la caja se marchará sigilosa. Recorrerá insomne raudales, charcas, establos, cañas en flor al encuentro con la serpiente de bambú, mientras su dueño, sentado en la caja de madera, seguirá aguardando al asesino de su padre. El amor de dos serpientes le condena a vagar eternamente por el curso del río, buscando.  Una llama ardiendo en su corazón.

                                                       Traducido por Tyra Díez



HZ(Provincia de Anhui, China, 1964). Poeta y escritor prolífico,
su nombre real es Zha Haisheng. Se encontró su cuerpo en las
vías del tren, en 1989. Tenía 25 años y su suicidio planea por su
obra convirtiéndole en símbolo del joven artista atormentado,
arrebatado, místico, asceta y entregado.



GU CHENG




Durmiendo con música de día

  
La gente duerme dócil en la oscuridad
y apacible en el día.
  
Los parpados caen y sonríen,
los rostros son sombrillas
que florecen en las faldas
de las laxas amantes
tumbadas en verdes poltronas
perezosas donde hay bebes
y madres obesas que duermen sobre piedras
empolvados muchachos que levantan sus piernas
murmurando que desean ver un oso negro
y viejos masticando pipas raídas
abriendo sus bocas con amplios dolores.
  
El sol también duerme inalterable
respirando entre pálidas llamas azules
inmóvil mientras parpadea
pues las nubes son de amianto
y la nueva iniciativa
es plata de dolor distorsionada
que brilla en cada grano de arena.

Y  la noche no se mueve.
En un estudio de fotógrafo
el viento sopla fríamente
detrás de las sonrisas de todo el mundo
un viento frio sopla
el polvo que adormece
el vacio cargado vacio de la cámara.


Gu Cheng(Beijing, 1956-1993). 


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JUAN CARLOS MIESES





Viento de palos


Más allá de Moguer,
desde el lejano umbral de la Olivela,
desde la infancia y el pasado siempre,
el viento.

El viento desde las atalayas con sus voces de aurora
donde tañen las miserias del hombre,
donde tañe su gloria.
Oh despertar del día

Tercamente contra las velas
con su olor de mañanas amarradas al puerto
y amanecer de fuegos
cuando el sol se despeña desde el cielo.

El viento desde senderos
que fatigas tiradas por las bestias
dibujan en el suelo,
y donde el hombre crece paso a paso
y paso a paso muere,
como un molino,
como una fragua...

El viento desde constelaciones en lo alto

Oh lejanas esferas donde rielan los astros

Desde el girar del cielo
y de la tierra,
y ese punto constante que en la noche nos mira.

El viento desde el mármol tallado con amor
y el cincel que lo muerde
y lo desnuda.

Desde el domo del mar
bajo la bruma
y bajo un mismo cielo,
con el sol a babor al mediodía
y la imantada aguja siempre al norte,
el viento.

Desde tifones con órbitas de incienso,
y espejismos de bosques ataviados de especias
donde murallas cierran los confines de mundo
en silencios que guardan mil jinetes de barro,
y gusanos de plata entretejen diademas con reflejos de estrellas,
el viento.

Y en las quebradas donde el agua se pierde
al final de los ámbitos del cielo,
en la ira del dragón,
el calor de su aliento,
la luz de sus escamas...
Siguen girando los astros.
El abismo se lanza hacia adelante,
el vértigo de las constelaciones despierta los terrores
y arriba,
irremediable contra el mañana,
como un sueño que no cupo en los mapas,
como una mano
que señala la incertidumbre del poniente,
el viento, el viento.


JCM(Seybo, República Dominicana, 1947). Estudió Letras
Modernas en Toulouse, Francia. Obra poética: Urbi et Orbi
(Premio Siboney, 1983), Flagellum Dei (Premio Siboney 1985),
Aquí, el Edén, Dulce et Decorum, Gaia (Premio Pedro Henrí
Quez Ureña 1991) y Desde las Islas (Premio Internacional Nico
lás Guillén de Poesía Caribeña 2001). También es autor de las
novelas El día de todos y Las palomas de la guerra.

PETE SEEGER








Nunca conocí a Pete Seeger

                                     por Antonio Gómez











Imagen de Pete Seeger




Imagen de Pete Seeger


Imagen de Pete Seeger




Imagen de Pete Seeger


En junio del año pasado Bábara Celis escribió un artículo dedicado a PETE SEEGER –publicado en el diario EL País– en el que entre otras hermosas palabras me gustaría destacar las siguientes:


«El paso del tiempo es un dios insaciable que no hace distinciones entre seres humanos. Ni siquiera las leyendas pueden evitar su dictadura biológica. Por eso los 93 años de Pete Seeger se mueven lenta y cuidadosamente al bajar la empinada escalera que separa su comedor del altillo en el que está ubicado su despacho. Icono del activismo político y musical de Estados Unidos, su cuerpo es magro, enjuto, de brazos largos, manos con palmas anchas y dedos gruesos que en otros tiempos se movieron endiablados sobre un banjo y ahora se agarran tenaces al pasamanos. Sobre ese cuerpo se apoya un rostro de mejillas sonrosadas, de ojos pequeños que reflejan el cielo y una boca que muda en sonrisa con facilidad, dejando al descubierto su vieja dentadura. Sobre las arrugas insolentes que navegan a través de ese rostro amable y limpio se cinceló gran parte de la historia musical y política del siglo XX estadounidense, de la que Seeger puede que sea el representante más longevo».



Imagen de Pete Seeger





Pete Seeger - Pete Seeger









LEÓN FÉLIX BATISTA





En mis días de quimera

"Sus sábanas revueltas son la aurora de las cosas"

                                                        André Breton


Tramas íntimas quedaron entre las inflexiones infinitas de las sábanas, como si derivasen de la subyugación a la quebrantadura: persistencia. Superficie silvestre, fenómeno fugaz: tensión desordenada que se quiebra. Diviso en su plegado (que es hiperpercibido) la materia alcalina y el fresco de las algas, secreción que remeda una cúpula de espumas y talles modulados por lavanda. Y -aunque frágiles- no crujen y preservan la expansión de sus moléculas. Pero sólo es leyenda y existe en subconjuntos: apenas se distingue de lo abstracto. El augurio sinuoso -capaz de ensanchamiento- devenido ya dibujo relleno de persona; y en virtud de su vaivén policromo en lo menudo el objeto que yo esculpo será calidoscópico: el pelo es artificio (sino tejido muerto) que pretende nutrir los vientos con esparto, con una boca grave que juega con agudos modulando en alambre algún acorde. El cráneo sólo puede captar confusamente, aturdido en su vapor.


LFB(Santo Domingo, 1964). Ha publicado, entre otros, El 
Oscuro Semejante (1989), Negro Eterno (1997), Vicio(1999)
Burdel Nirvana (2001), Mosaico Fluido (2006),Pseudolibro 
(2008); Prosa del que está en la esfera (Buenos Aires 2006)
Inflamable(Montevideo, 2009) y Delirium semen(Aldus, Méxi
co, 2010).

GEO BOGZA




Canto de rebeldía, de amor y de muerte

                                    I

Existe un ovoide primordial, amasado por la vida
más hondamente por la muerte,
un camino entrelíneas cósmicas e hirientes,
resucitando en la memoria de los huesos
la emoción dolorosa del regreso
allá donde se ha plasmado el mundo y donde viene
de nuev a perpetuarse y morir,
óvalo de mujer, vientre, océano y nebulosa
una estrella maléfica, noche tras noche, en el sueño
de las criaturas surge,
y el pájaro mismo de la desesperación recibe el saludo
de las nuevas columnas de condenados,
quienes con las miradas ardidas por las llamas
recorrerán  los continentes extraños del amor
nostálgico y exasperado
y herirán sus rodillas con las ásperas aristas de la
arenisca,
y así tocar con su frente rebelde e incendiada
todas las gradas por las cuales subió desde el infierno
la virgen amarilla pariente de los grandes desastres
del amor.

                                              Trad. Omar Lara



GEO BOGZA(1908), poeta rumano.



FLORIANO MARTINS






Polillas

                                     A Jorge Pieiro


Fondo del ser, ¿cuál será? ¿Qué nobles escombros
se enorgullecen de la llanura de sus derrames?
¿Qué cicatrices engendra el delirio en el espejo?
¿Lo que fue, lo que somos, tenemos aceptado, cuerpos
cayendo en círculos, miseria desencontrada,
ríos de mármol, párrafos en sollozos,
bautismo de aquello que vemos, lo que nos toca?
Mancha que afirma el crimen en la oculta criatura
que nos persigue, deforma, ímpetu de la forma
que la piedra respira en el canto, a repetirse
no siendo más que lágrima, orina, orfandad
de arena guardada en el verso, torpe memoria,
¿qué sombras roen, al caer del espejo,
la memoria en sollozos de lo que aún vemos?


Floriano Martins(Fortaleza, Brasil, 1957. Poeta, editor,
ensayista y traductor. Se ha dedicado, en particular,
al estudio de la literatura hispanoamericana, sobre todo
respecto de la poesía.

FERNANDO VALLEJO





Texto de la renuncia de Fernando Vallejo a su nacionalidad colombiana


El gran escritor ha decidido hacerse mejicano en un gesto más de independencia y desprecio por los poderosos de Colombia


"A México llegué el 25 de febrero de 1971, vale decir hace 36 años largos, más de la mitad de mi vida, a los que hay que sumarles un año que viví antes en Nueva York. ¿Y por qué no estaba en Colombia durante todo ese tiempo? Porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política a los que desprecio y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos. Me fui a Nueva York a tratar de hacer cine, que es lo que había estudiado, y de allá me vine a México y en pocos años conseguí que Conacite 2, una de las tres compañías cinematográficas del Estado mexicano, me financiara mi primera película, Crónica roja, de tema colombiano. 

Entonces regresé a Bogotá a tratar de filmarla con el dinero mexicano. ¡Imposible! Ahí estaba el Incomex para impedirme importar el negativo y los equipos; la Dirección de Tránsito para no darme los permisos que necesitaba para filmar en las calles; el Ministerio de Relaciones Exteriores para no darme las visas de los técnicos que tenía que traer de México; la policía para no darme su protección durante el rodaje y el permiso de que mis actores usaran uniformes como los suyos y pistolas de utilería pues había policías en mi historia... Y así, un largo etcétera de cuando menos veinte dependencias burocráticas con que tuve que tratar y que lo más que me dieron fue un tinto después de ponerme a hacer antesalas durante horas. Entonces resolví filmarla en México reconstruyendo a Colombia. 

En Jalapa, la capital del Estado de Veracruz, por ejemplo, encontré calles que se parecían a las de los barrios de Belén y de la Candelaria de Bogotá y allí filmé algunas secuencias. Con actores y técnicos mexicanos, con dinero mexicano e infinidad de tropiezos logré hacer en México mi película colombiana a la que Colombia se oponía, soñando que la iban a ver mis paisanos en los teatros colombianos. ¿Saben entonces qué pasó? Que mi mezquina patria la prohibió aduciendo que era una apología al delito. Una apología al delito que se basaba en hechos reales que en su momento la opinión pública conoció y que salió en todos los periódicos, la del final de los dos hermanos Barragán, unos muchachitos a los que la policía masacró en un barrio del sur de Bogotá. A cuantas instancias burocráticas apelé, empezando por la Junta de Censura y acabando en el Consejo de Estado, la prohibieron. 

Nadie en Colombia, ni una sola persona, levantó su voz para protestar por el atropello, que no era sólo a mí sino al sueño de todos los cineastas colombianos, quienes por lo demás, sea dicho de paso, también guardaron silencio. Como yo soy muy terco volví a repetir el intento con mi segunda película colombiana, En la tormenta, sobre el enfrentamiento criminal entre conservadores y liberales en el campo cuando la época llamada de la Violencia con mayúscula, y con igual resultado: no me la dejaron filmar, la tuve que hacer en México y me la prohibieron, aduciendo que el momento era muy delicado para permitir una película así. 

Como yo sólo quería hacer cine colombiano y no mexicano, ni italiano, ni japonés, ni marciano, desistí del intento. En alguno de mis libros, aunque ya no me acuerdo en cuál, conté todo esto pero con más detalle: los camiones de escalera y los pueblitos colombianos que tuve que construir, los platanares y cafetales que tuve que sembrar en las afueras de la ciudad de México, los ríos quietos como el Papaloapan que tuve que mover para que arrastraran los cadáveres de los asesinados con la ira del río Cauca, la utilería que tuve que mandar a hacer o traer de Colombia a México, como las placas de los carros y las botellas de cerveza... Nunca acabaría de contarte cosas. 

Te lo resumo en una sola frase: Colombia, la mala patria que me cupo en suerte, acabó con mis sueños de cineasta.
Entonces me puse a escribir y durante diez años investigué, día tras día tras día, en un país o en otro o en otro, en bibliotecas y hemerotecas de muchos lados, sobre la vida de Barba Jacob, mi paisano, el poeta de Antioquia, que durante tantos años vivió en México y que aquí murió, y acabada mi investigación de diez años en uno más la escribí y me puse a buscar quién la editara. Se acercaba el año 1983, el del centenario del nacimiento de Barba Jacob, y el Congreso colombiano se interesaba en ello. No creían lo que yo les contaba del poeta ni los años que llevaba siguiéndole sus huellas. Me pidieron que les mandara pruebas y les mandé entonces fotos e infinidad de documentos. Nada de eso me devolvieron, con todo se quedaron y el libro lo pensaban publicar en mimeógrafo. Les contesté que eso no sólo no era digno de Barba Jacob, un gran poeta, sino de ellos mismos, unos aprovechadores públicos que se designaban como el Honorable Congreso de la República. Que se respetaran. Entonces publiqué mi biografía Barba Jacob el mensajero en México con dinero de amigos mexicanos. 

Cuantas veces me ha podido atropellar Colombia me ha atropellado. Hace un año me quería meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo señalando las contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios. Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sinvergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino. Y cuando reeligieron a Uribe descubrí que era un país imbécil. Entonces solicité mi nacionalización en México, que me dieron la semana pasada. Así que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir".

                                                                        Fernando Vallejo
                                                                    México, mayo 6 de 2007