domingo, 17 de noviembre de 2013

SILVIA BARON SUPERVIELLE


La obra de Silvia Baron Supervielle


no hay palabra
las sombras
del silencio
se dibujan
y remontan
la luz desnuda
de la mirada
que escribe


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me despierto para volver
al sueño verídico de verte
aquí donde no me ves


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un cuerpo blanco
colgado de la cuerda
de sus brazos
suelta recoge
la barra del espacio
lanza su sombra pendular
que se eleva
recae relanza
la curva voladora
hasta salir
del salto


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viento del río
sobre las hojas
que se mecen
en su sueño
sin árbol

                  de Al margen / En marge, Adriana Hidalgo


SBS(Buenos Aires). Reside desde 1961 en París. Alción le
publicó dos libros de poemas: El agua extranjera y Después
del paso . Traductora al francés de Borges, Macedonio Fer
nández, Pizarnik, Juarroz, Silvina Ocampo, Wilcock, Calveyra;
y al español, de la poesía y el Teatro de Marguerite Yourcenar.



DIEGO FORMÍA




abrazo atlántico
                      
allá ofrecen dinero
a cambio de tener hijos
acá, sin pretenderlo,
hacemos un culto de los afectos.

Del lado del patio nos cayó el planeta:
hoy nos visitamos, tuvimos sol
nuestros hijos jugaron en la tierra
y nosotros, como no sabemos qué hacer
los cuidamos. 



destiempo

para el viernes a la noche entrada
escribo
como el que vuelve a casa
sobre lo revirado de las calles
tras el cierre o lo perdido de las aulas
en el tiempo de la fuga que pasa (traspasa)
acostando gente
en la cama.



kama sutra

la farsa de la vanguardia
en épocas de remolinos
toda esa linealidad al frente
cuando todo va a los tumbos

¿adónde es adelante?

¿qué más para romper?
¿de fragmentación a trizas?
¿de trizas a polvo?

ay dios el arte telo del alma
oscuridad y luz penetrándose
arriba, abajo, por detrás, por adelante...

el gemido se hace tono
o color
no alineado
a lúgubres
iluminados.



raíz

este soporte proviene
de una nobleza natural
de la cual es incapaz
el poeta.

                                de Crol en el invierno líquido (2006)


DF(La Palestina, Córdoba, 1970). Poeta, animador cultural y 
director de la revista literaria y artística www.vuelodigital.com.ar.
Entre sus libros encontramos: Un velero en el vacío (1999), 
Sonajeros (2002)Crol en el invierno líquido (2006), El pez del 
ojo (2010) y Hueco de mundo(2013).

RAYMOND QUENEAU





EL HOMBRE DEL TRANVÍA

ESTE hombre que anda por la noche a lo largo del muelle
A lo largo del sena entre Asnières y Corbevoie
Este hombre cuya sombra a cada instante huye
Sigue su camino derecho y su curvada vía

A este hombre le duelen los pies – la miseria
Y el cansancio encorva su espalda
Este hombre baila en cada uno de sus pasos
Largos como noches de invierno

Desde hace una hora el tranvía está detenido
Este hombre mide los kilómetros
Por el espesor de sus suelas
Camina de noche por esta calle

Su amante una muchacha poco respetable le espera
Tirada en el arroyo y de crueldad nutrida
Y su tiempo se mide en su cuarto insaciable
Que aloja ahora al hombre del tranvía

Por la mañana con los ojos muy tristes debe huir
Y volver a tomar el camino hacia el depósito sonoro
Y mientras la muchacha duerme aún en el catre
Él suspira qué dulce es sentirse amado.

  

UN POEMA ES MUY POCA COSA

UN poema es muy poca cosa
Apenas algo más que un ciclón en las Antilla
Que un tifón en el Mar de la China
Un temblor de tierra en Formosa

Una inundación del Yang Tse Kiang
Que ahoga a cien mil chinos de golpe
Zas
No eso no da siquiera tema para un poema
Es muy poca cosa

Nos divertimos mucho en nuestro pequeño pueblo
Vamos a edificar una nueva escuela
Vamos a elegir nuevo alcalde y cambiar los días de mercado
Estamos en el centro del mundo ahora estamos cerca del río
               océano que corroe el horizonte

Un poema es muy poca cosa.


FERNANDO BELLINO




Música antigua

Escribo
sin saber del pavor
del ancho lenguaje
unto mi lengua ahí
donde el plano de lo posible
se hace polvareda

Inesperado salto
en el sabor de pueblos
y de tiempos
de todas las esquinas
donde se detienen
los versos por los besos
por los cuerpos

Soy hijo de una charla
escribo sin saber
definitivamente hablo
escribo.



Vigilia

Tengo que escribir,
a veces tengo
que escribir porque si no escribo no veo.
Ocurre esto o aquello
que no se puede nombrar
y nos asalta: la poesía
que es miembro de la vida
lugar en la sonrisa
y el llanto de todos,
no siempre;
es menos manejable que los potros del agua
cuando baja brava la crecida.

No debería poner más énfasis en lo que digo
un grillo resonando
en un acantilado
es más que yo,
más que cualquiera
que le alquila su ritmo
a las palabras.

Tengo que escribir porque si no escribo no creo
y en el transcurso fue decidido: que
en tierras del corazón
donde hay ternura
donde hay calambres
y el desmedido encanto
de lo cercano y lo lejano
nos lleva
a que la vida
se defienda
o se pierda.
Sobre todo se celebre.
  
                                          De Crías nuevas, 2011 

                
FB(Hurlingham, 1973). Integra el grupo de poesía Pan Comido
Con este ha publicado las plaquetas Un lugar desde donde se
guir al mundo (1999) y A todos los demás (2010). Participó en 
las antologías grupales Belleza obliga (2005), Derrota no (2006
y El día más parecido (2008). Autoedito El libro de la ceguera (
1998) y Sostener la palabra (2006) con Narvaja editor.

ITALO CALVINO


Italo Calvino - Las aventuras de tres relojeros y de tres autómatas


LA OVEJA NEGRA

Erase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna sorda, para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.

Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.

Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.

Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.

En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robar a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta: la casa que él hundiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía, de modo que se volvían pobres.

Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta ". Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.

De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo todos seguían siendo ladrones.

Honrado sólo había aquel fulano, y no tardó en morirse de hambre.
     
                                 de La gran bonanza de las antillas


INGEBORG BACHMANN




NADA DE DELIKATESSEN


Ya nada me gusta.

¿Debo
ataviar una metáfora
con una flor de almendro?,
¿crucificar la sintaxis
sobre un efecto de luz?
¿Quién se romperá la cabeza
por cosas tan superfluas–?

He aprendido a ser sensata
con las palabras
que hay
(para la clase más baja)

hambre
             deshonra
                             lágrimas
y
                                           tinieblas.

Con los sollozos depurados,
con la desesperación
(y desespero de la desesperación)
por tanta miseria,
por el estado de los enfermos, el coste de la vida,
me las arreglaré.

No descuido la escritura,
sino a mí misma.
Los otros saben
dios lo sabe
qué hacer con las palabras.
Yo no soy mi asistente.

¿Debo aprisionar un pensamiento
llevarlo a la iluminada celda de una frase?
¿Alimentar oídos y ojos
con bocados de palabras de primera?,
¿investigar la líbido de una vocal,
averiguar el valor amateur de nuestras consonantes?

¿Tengo que,
con la cabeza apedreada,
con el espasmo de escribir en esta mano
bajo la presión de trescientas noches
romper el papel,
barrer las urdidas óperas de palabras,
destruyendo así: yo tú y él ella lo

nosotros vosotros?

(Que sea. Que sean los otros.)

Mi parte, que se pierda.
                      


UNA ESPECIE DE PÉRDIDA


Usados en común: estaciones del año, libros y una música
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano.

De invierno, de un septeto vienés y de veranos me he enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto promesas he declarado irrevocables,
he adorado un algo y he sido devota delante de una nada.

(—de un periódico doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.

No te he perdido a ti,
sino al mundo.



EN VERDAD
                                                     Para Ana Ajmátova


A quien nunca se quedó sin palabras,
yo os lo digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
con las palabras,

a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo.

Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase
que no la firme.



        Ingeborg Bachmann, Ultimos Poemas, Ediciones Hiperión
        traducción de Cecilia Dreymuller y Concha García, 1999.