viernes, 15 de noviembre de 2013

ALFREDO FRESSIA




“Pienso que lo mejor que puede hacer un joven poeta es desobedecer, rebelarse, creer sólo en su intuición.”



-¿Cuál es su motivación a la hora de escribir?

-En gran parte los poemas se hacen solos. Dentro de uno. El trabajo del poeta es ponerlos en el papel y retocar algún detalle, a veces el esfuerzo está en no tocar nada, hay que esforzarse par ano hacer “retoques”. Y es bueno ir al papel cuando el poema ya está consistentemente armado.



-¿Qué significa para ti la Poesía?

-Es el espacio que me creé, o al que adherí, digamos, para existir más plenamente. Es mi pedacito de paraíso, el lugar donde recupero el perfume de la infancia y donde el mundo se reordena. Cuando escribo y cuando leo.



-¿Cómo es tu proceso creativo?

-Te dije que el poema viene entero o casi. Mi trabajo es detectar las pistas, anotar imágenes, y esperar. Mi real trabajo es esperar.



-¿Cómo es su relación con el lenguaje, con las palabras? ¿las buscas, las persigues o ellas llegan?

-Ellas llegan, siempre llegan. Podemos no anotarlas, pero siempre han de llegar. La cantidad de poemas que no llegamos a escribir es muy grande. Y no resultan por eso menos poema.



-¿Cómo es editar poesía hoy en Uruguay?

-En Uruguay, como en todas partes, editar está más barato. No debe ser tan difícil. Y hay que recordar que existen otros “apoyos” o “soportes” para la poesía, el internet, por ejemplo. También me gusta lo que hace Diego Cubelli en Lo Que Vendrá, imprime y pega libro por libro. Un poeta joven podría imprimir él mismo sus plaquettes, en fin, creo que vamos superando el libro como un destino, digamos. Para mi generación lo fue, sin duda, pero eso no debe perpetuarse.



-¿Cuál es la relación de los poetas y de la poesía en general con las editoriales hoy en Uruguay?

-Evidentemente cada editor va construyendo su propio canon: los libros de Vintén tienen la cara de Daymán Cabrera, los de Civiles Iletrados son muy Luis Pereira, etc. Por eso frecuentemente se componen “familias” poéticas. Y las relaciones que se crean son de un gran cariño (lo que, en poesía, no es un dato menor).



-¿Cuál crees que es el perfil del lector de poesía?

-El tema es que “el lector” es una ficción. Lo que existen son lectores. Y casi todos lo somos. Si te referís a los que compran libros de poesía, deben ser relativamente menos que los lectores, sin duda, pero la poesía no existe sólo en los libros, existe en revistas, en la calle, en internet, en ciertos muros, en algunas (pocas) canciones, en la memoria… No, no creo que se pueda hablar de “perfiles” sin caer en errores.



-En los concursos de poesías ¿Qué tan subjetiva es la elección de un poema para que unos sean publicados en un libro y otros queden afuera?

-No sé nada de concursos. Los premios que me han dado han sido de oficio, y cada vez desconfío más de “concursos”. En mis tiempos las vacas normandas eran las que más ganaban premios en la Rural.



-¿Cómo ves la poesía actual en Uruguay? ¿Y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

-La veo vital e irregular. Me gusta que las generaciones más jóvenes estén en contacto con otras partes de América, porque nos faltaba cierto cosmopolitismo. Cada vez lo vengo sintiendo más, tengo esperanzas y a veces descubro poemas, casi perlas. En cuanto a mi generación, es la del descalabro, la que se desperdigó por el mundo en los ‘70, o en la locura, o en el mismo silencio. Fue difícil volver a escribir después del salto en el abismo. De mi grupo, pocos lo hicimos. Resulta difícil, para decir lo mínimo, el cotejo crítico con la promoción que nos precedió.



-¿Qué te generó o dejó la generación del 45’?

-La estética, por ejemplo, de las poetisas (Amanda, Ida, Idea, y hay otras), o ciertas regiones de la obra de Sarandy Cabrera, también por ejemplo. Yo comprendo que la generación del 45 puede irritarnos, incluso porque trabajó con un proyecto de país que nunca se verificó. Pero a pesar de sus vicios, de cierta arrogancia en el “poder” literario admito que, en muchos casos, dejó una obra estética importante. ¿No es curioso que setenta años después todavía nos interpele, para bien o para mal?



-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y por qué?

-Los libros de falsa poesía, o esa poesía “yuppie”, o la poesía obediente. Los dioses me libren.



-¿Qué opinas de los ciclos clásicos de nuestro medio, ejemplo Caramelos y pimientos, Ronda de poetas, etc.?

-Bueno, son un lugar de encuentro y de descubrimientos. Ojalá hubiera más.



-¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?

-Le diría que no oyera las palabras que tendría para decirle… Siempre pensé y dije que escribir es deslindarse. Yo sé que no se parte de cero, pero cada uno debe buscar su camino entre las palabras. A propósito, me acuerdo siempre de dos profesores –muy apreciados en la enseñanza- que no podían parar de reírse frente a Marosa. Fue en Salto, en un concurso de Secundaria y Marosa había llegado vestida con ropas que ellos consideraron extravagantes, y su discurso, lleno de flores y perfumes, les pareció irrisorio. Se reían. Dos pequeños burócratas de la literatura tentados de risa frente a la artista que fue Marosa…no puede haber mejor alegoría. Me dirás que soy un poeta, y no un funcionario literario. De acuerdo, pero los consejos que sí podría dar corren el riesgo de podar los brotes, esos que florecerán. Pienso que lo mejor que puede hacer un joven poeta es desobedecer, rebelarse, creer sólo en su intuición.



-¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?

-No recomiendo ninguno. Que cada uno haga su propio canon. Sé cuáles llevaría yo a una isla desierta, claro, pero es un secreto…



-¿Crees que los uruguayos leen poesía?

-Sí, mucho, y la oyen a veces.


                                    entrevista

JON ITURRARTE ARTOLA



                                   JIA



Langako Plaza, la placita de juegos infantiles de 
Jon Iturrarte en Zarautz








             MARIMETA – GUERNIKA (Vizcaya)





Galoparé tus indios, si me dejas tu joven corcel. 
En su lomo pintaré una estrella, y a esta luna grande 
y redonda le pondré tu nombre. Permíteme creer en 
la inútil condición de ser voz para sordos. Estériles 
consuetudinarios de café a las diez o chiqueteo a la seis, 
ruina de tu sueño al fin, que desbordaba vida.
Cabalgaremos entre la indiferencia de quien ignora 
que ya no estás, pero yo te siento, porque tampoco estoy. 
Me recuerdas otro niño, otro sueño, también pesadilla, 
también el borde de la muerte. Te debo el esfuerzo de 
quienes lo salvaron, aunque yo no te pueda salvar.
Esta noche terrible, en la que cada cual esconde el 
miedo donde puede, yo estoy contigo. 
Sube al desvencijado velero de este viejo corsario, 
mil historias secretas tengo para contarte. 
Navegaremos hacia la isla de un viejo amigo, vetusto y 
legendario roble que cobija en sus ramas la risa de Javi, 
Anxo, Iñaki, Mayi, Garikoitz, Silvia, Belén y otros niños a 
quienes regalé sonrisa y sueños. Unos muertos que aún 
caminan se las rompieron.
Sujetaré el silencio que tu muerte abrió en mi vida, y en ese 
aliento, serás cada niño, todos los niños. Lucharemos por la 
vida, pequeño indio.
Tu secuestro sin rescate se me ha clavado en la palabra, 
mas no me callo, por vasco, exiliado y bien nacido.


                                                          Jon Iturrarte Artola




ENRIQUE VERÁSTEGUI




Si te quedas en mi país


En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
escribe cantos silva danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
y ha conocido el sabor dulzón del amor
en los parquecitos de crepé
bajo la luna
de los mostradores.
Pero en mi país hay quienes hablan con su botella de vino
sobre la pared azulada.
Y la poesía rueda contigo de la mano
por estos mismos lugares que no son los lugares
para filmar una canción destrozada.
Y por la poesía en mi país
si no hablaste como esto
te obligan a salir
en mi país
no hay donde ir
pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y esto te urge más que una palabra perfecta.
En mi país la poesía te habla
como un labio inquietante al oído
te aleja de tu cuna culeca
te filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
-la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablará por tu lengua.
Y otra mano guiará a tu mano
si te quedas en mi país.

                     De En los extramuros del mundo, 1971


Enrique Verástegui es a cualquier luz sorprendente.
Dueño de una poliarmonía que se despliega desde
sus versos más herméticos hasta los más palmarios
y prosaicos. Verástegui es un poeta clásico.