martes, 12 de noviembre de 2013

SILVIO MATTONI





El baño

Un conocido mentiroso griego
dijo que el heroísmo nunca era
críar, aseados, a los niños. Pero
teníamos poco más de veinte y Francisca,
un mes, nos observaba. La pusimos
en una bañera de plástico azul
donde su cuerpo movedizo se asombraba
por el líquido tibio. Vos le sostenías
la cabecita rapada, yo pasaba el jabón
casi sin espuma deslizándolo sobre
su ombligo nuevo. Tu alegría surgió
inevitable, te reías, y a todos
les contagiabas valor, como una imagen
pequeña de dioses más inteligentes
que los míos. Dijiste: “Agarrala bien,
así le lavo los pies”. Y quién querría
afrontar la vejez, la declinación
de los sentidos si no tuviera que mirar
cómo crece una heroína junto a otra,
cómo prueban sus armas, sus retóricas,
porque con ellas repetirán el sí
dado al mundo, esa pulcra devoción
que se ejecuta con necesaria crueldad
a veces. Es fácil responder por qué
alguien ama a una mujer más
que a las mujeres, atraído por el perfume
de lo que hace crecer, mosca estival
como la esperanza de grabar en bronce
versos libres. Con un rodete, ropa suelta
y brazos desnudos, acariciabas a tu hija
y me enseñabas la casa del afecto,
animándome a ser lo que creí
que no podría. Te sigo a todas partes
y mientras tenga fuerzas defenderé tus signos
pensando que nuestros cuerpos, su alegría,
todavía tienen tiempo y no se rinden.

                                      De La pieza de los chicos,
                                      Ruinas Circulares, 2013


SM(Córdoba, 1969). Poeta, crítico, traductor y docente.
Algunos de sus libros de poemas: El bizantino, 1994;
Sagitario,1998; Canéforas, 2000; Hilos, 2002; Poemas
Sentimentales, 2005; El descuido, 2007; La chica del
Volcán, 2010. Algunos ensayos: Koré, 2000; Bataille.
Una introducción, 2011. A traducido a Bataille, Ponge,
Duras, Michaux, Pavese, Quignard, Bonnefoy, etc.
Ha sido traducido al inglés, al francés y al alemán.

JOSÉ ANTONIO LABORDETA


20100322004259-labordeta1.jpg



Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad. Hermano, aquí mi mano, será tuya mi frente, y tu gesto de siempre caerá sin levantar huracanes de miedo ante la libertad. Haremos el camino en un mismo trazado, uniendo nuestros hombros para así levantar a aquellos que cayeron gritando libertad. Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad. Sonarán las campanas desde los campanarios, y los campos desiertos volverán a granar unas espigas altas dispuestas para el pan. Para un pan que en los siglos nunca fue repartido entre todos aquellos que hicieron lo posible por empujar la historia hacia la libertad. Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad. También será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver; pero habrá que forzarla para que pueda ser. Que sea como un viento que arranque los matojos surgiendo la verdad, y limpie los caminos de siglos de destrozos contra la libertad. Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad.


-------------------------


Adiós a los que se quedan y a los que se van también. Adiós a Huesca y provincia, a Zaragoza y Teruel.  Esta es la albada del viento, la albada del que se fue, que quiso volver un día, pero eso no pudo ser. Las albadas de mi tierra se entonan por la mañana para animar a las gentes a comenzar la jornada.


---------------------------


Somos como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar. Hemos perdido compañeros, paisajes y esperanzas en nuestro caminar. Vamos hundiendo en las palabras las huellas de los labios para poder besar. Hemos perdido nuestra historia, canciones y caminos en duro batallar.


----------------------------


Polvo, niebla, viento y sol y donde hay agua, una huerta. Al norte los Pirineos. Esta tierra es Aragón. Al norte los Pirineos y al sur la sierra callada, pasa el Ebro por el centro, con su soledad a la espalda. Dicen que hay tierras al este, donde se trabaja y pagan, y al oeste el Moncayo, como un dios que ya no ampara. De tiempos a esta parte, vamos camino de nada, vamos a ver cómo el Ebro, con su soledad se marcha. Y con él van en compaña, las gentes de estas vaguadas. de estos valles, de estas tierras, de estas huertas arruinadas. Polvo, niebla, viento y sol y donde hay agua, una huerta. Al norte los Pirineos. Esta tierra es Aragón.


---------------------------


Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad. Hermano, aquí mi mano, será tuya mi frente y tu gesto de siempre caerá sin levantar huracanes de miedo ante la libertad. Haremos el camino En un mismo trazado, uniendo nuestros hombros para así levantar a aquellos que cayeron gritando libertad.  Sonarán las campanas desde los campanarios y los campos desiertos volverán a granar unas espigas altas dispuestas para el pan, para un pan que en los siglos nunca fue repartido entre todos aquellos que hicieron lo posible para empujar la historia hacia la libertad. También será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver, pero habrá que empujarla para que pueda ser. Que sea como un viento que arranque los matojos surgiendo la verdad y limpie los caminos de siglos de destrozos contra la libertad.


(((JAL(Zaragoza, 1935-2010). Su aspecto de hombre bonachón
con grandes y poblados bigotes, lo popularizaron como El 
Abuelo, y así se lo llamaba sobre todo en su tierra. Tuvo 
muchos premios a su obra y trayectoria, entre ellos los 
máximos que entregan los gobiernos de Aragón y de España
éste último lo recibió en su casa de manos de dos ministros 
de la Nación, pocos días antes de morir.)))


TED HUGHES





LOS CABALLOS


Escalé por entre los bosques, sumido en la oscuridad de la hora anterior al alba.
Un aire maligno, una quietud heladora,

Ni una sola hoja, ni un solo pájaro –
Un mundo fundido en escarcha. Salí por la corona del bosque

Donde mi aliento dejaba estatuas retorcidas en la luz de acero.
Pero los valles fueron drenando la oscuridad

Hasta que la linde del páramo – heces ennegrecidas del gris resplandeciente –
Partió en dos el cielo. Entonces vi los caballos:

Enormes en aquel gris espeso – diez megalitos juntos,
Quietos. Respiraban sin moverse un ápice,

Con las crines alisadas y las patas traseras ladeadas,
Sin emitir ningún sonido.

Pasé junto a ellos: ninguno bufó ni agitó la cabeza.
Grises fragmentos silentes

De un silente mundo gris.

En el alto del páramo, me paré a escuchar el vacío.
La rabia del zarapito rajó el silencio con su filo.

Lentamente, algún que otro detalle comenzó a brotar de la oscuridad,
Justo cuando el sol anaranjado, rojo, rojo irrumpió

En silencio, y astillando hasta su cerne una nube rasgada y expelida
Con fuerza, sacudió la sima abierta, reveló el azul,

Y los grandes planetas colgantes.
Yo volví,

Tambaleándome en un sueño febril, abajo, hacia
Los bosques oscuros, desde aquellas alturas encendidas,

Y me acerqué a los caballos.
                                              Allí seguían aún,
Aunque ahora humeando y fulgurando bajo el flujo de la luz,

Sus alisadas crines pétreas, sus patas traseras ladeadas,
Agitándose bajo el deshielo mientras a su alrededor

La escarcha mostraba sus fuegos. Pero ellos siguieron callados.
Ninguno bufó ni piafó,

Con las cabezas colgando, pacientes como los horizontes
En lo alto, por encima de los valles, bajo los rojos rayos niveladores…

Ah, ojalá que en el estruendo de las calles abarrotadas, caminando
[en medio de los años, de los rostros,
Pueda recordarme tal y como fui en aquel lugar tan solitario,

Entre los arroyos y las nubes rojas, oyendo a los zarapitos,
Oyendo persistir a los horizontes.

                                                 Trad. Xoán Abeleira


                       en El azor en el páramo(edición bilingüe 
                            español-inglés, 2010)