domingo, 10 de noviembre de 2013

CARLOS PUEBLA





Hasta Siempre Comandante


Aprendimos a quererte,
Desde la histórica altura,
Donde el sol de tu bravura
Le puso cerco a la muerte.

Tu mano gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara,
cuando todo Santa Clara
Se despierta para verte.

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia
De tu querida presencia,
Comandante Che Guevara.

Vienes quemando la brisa
con soles de primavera
para plantar la bandera
con la luz de tu sonrisa

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia
De tu querida presencia,
Comandante Che Guevara.

Aprendimos a quererte,
Desde la histórica altura,
Donde el sol de tu bravura
Le puso cerco a la muerte.

Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos
y con Fidel te decimos :
«¡Hasta siempre Comandante!»

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia
De tu querida presencia,
Comandante Che Guevara.

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia
De tu querida presencia,
Comandante Che Guevara.

Aquí se queda la clara,
La entrañable transparencia
De tu querida presencia,
Comandante Che Guevara.



Carlos Puebla
(Manzanillo, Cuba, 1917).
 
Al triunfar la revolucióny sin abandonar sus composiciones románticas Puebla se con
virtió en el cronista musical de los acontecimientos que vertigino
samente ocurrían en el país, a canciones como “Pobre mi Cuba”
”Plan de machete”, siguieron 
”Y en eso llego Fidel”, “Como 
cae un General”
“La Reforma Agraria va”
desde entonces fue llamado 
“Cantor del 
pueblo”. Murió en 1989.

OSVALDO SAUMA





Viejo niño padre mío


I

te miré tan asustado
tan niño
                   Padre
cuando la muerte
anunció en tus ojos
su llegada irrevocable

hubiera querido decirte
                                       gracias
despedirme de vos con un abrazo
recordarte que Dios
te había desde siempre perdonado
Dios perdona a todos
los que apuestan la vida por la vida
e improvisan
con el coraje del corazón
la ruta de la existencia y sus azares

yo sólo hubiera querido decirte
que te amo
que amé tu altivez entre los altivos
tu humildad entre los humildes

y ese terco orgullo
                                forjado
en la noble arena de los desiertos



II

hubiera querido llevarte
                                         Padre
frente a la tumba de tu Padre
hubiera querido
que perdonaras en vida
el abandono que en vida te hizo
el que yace ahora
abandonado en Puerto Padre

hubiera querido que te fueras
sin ese peso en el costado
que en la otra orilla
fuera más ligera tu carga
que dejaras las heridas de este lado



III

ya podés irte en paz
viejo niño padre mío
ya los nietos hablan de vos
como si no te hubieras ido
como si fueras una presencia
perpetua en nuestras vidas

no temás
no bien traspasés el túnel de la luz
las Huríes te devolverán el corazón de niño
jugarás de nuevo entre el sol de los muertos

y le daré a mi Padre
el abrazo que en su muerte no pude darle
a mi Padre que yace ahora
abandonado en Puerto Padre


OS(Costa Rica, 1949). Poeta y antologista de poesía, ha publicado
los libros: Las huellas del desencanto, 1983; Retrato en familia,
1985; ASABIS, 1993; Madre nuestra fértil tierra, 1997; Bitácora
del iluso, 2000; También ha realizado las antologías: Poesía infan
til del Conservatorio Castella, 1986; Antología del Conservatorio
Castella, 1990.

JEROME ROTHENBERG





FLORES INVENCIBLES

Las flores aquí son tan tristes, que podría llorar.
Ninguna de ellas actúa como flor, o se ostenta a sí misma como una.
Ninguna enrojece a lo largo de la noche en el súbito anhelo de la primavera.
Yacen envueltas en papel encerado y se revuelven inquietas.
O a veces, una corola asoma del florero, medio viva:
Se han rendido.

Los colores palidecen mientras la inocencia huye de los ojos del florista.
Ajustando su reloj se aleja de las rosas.
Gritando órdenes a algo ―a la tarde, quizás― sofocará a los lirios.
Sólo los helechos sobrevivirán a sus cigarros (¿pero por cuánto tiempo?)
Tulipanes, margaritas, begonias, etc. se aprietan en una oscura caja rellena de algodón,
Enviada cada día a hospitales, bodas y velorios.
Observadores eternas, estas calladas, terribles flores.

¡No! Dénme flores de plástico, flores de granito y hielo,
Orgullosas flores hechas monumentos, para loa de Dios, las flores de la pobreza,
Flores formadas por las manos de jovencitas en los desvanes del Bronx,
Recortadas de periódicos en Tokio, escondidas en cascarones,
Flores pegadas sobre las paredes en grandes hatos, pintadas en botellas, en piedras, que atraigan “abejas reales” hacia mi mesa.

Pero a veces, sin quererlo, encuentro que me olvido.
Encuentro que recuerdo cosas que es mejor dejar olvidadas.
Quizás cuando llueve en mi habitación,
Y la ventana está abierta, las sábanas esparcidas como arena por el piso,
Y mi mano como un halcón se divide entre las presas de papel,
Escucho (primero a la distancia) el sonido de una gran Flor
Gritando a los cuatro vientos en el sol.
Y la idea de algo que no habré de traicionar crece libre en mi corazón.
La luz está del todo envuelta por la oscuridad de las flores.


                                                Trad. Edgar Trevizo

SERGIO DE MATTEO





Lascivas


I

En la penumbra
la mirada se extingue,
hace centro
en otro cuerpo contraído
y transpirado;
la boca cae extasiada
en la furia de los ojos,
socava sin ver
en la luz de las manos.
Simientes en el propio ser,
que tiemblan, plenamente.



II

La ferocidad de la cópula
indaga sin saber,
avanza como animal herido
desde la opacidad del sueño,
rompe telas y laberintos,
abre puertas al universo;
se agazapa, grita, y después
el silencio es un canto.



III

Los dedos
se encrecen
como enredaderas
sedientas
al rozarse sus yemas,
al tocarse sus ansiedades;
ávidos y eróticos
estrujan la tela,
palpan la piel,
se acechan
impetuosos,
cautivos de la tentación.

Los dedos
hurgan el fuego
como si sobaran la vida.



IV

Los labios
hilvanados
repetían sus besos,
tejían como las arañas
su nido
de aliento sudado.


Sus blogs
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GRACIELA CROS


Inscriben para un esperado taller de Graciela Cros


Geishas


I

¿Cuándo llegaremos a Hollywood?
interroga la geisha imprudente
y se estremece el raso de su traje.

¿Acaso buscas revolotear de hadas,
lloviznar de magnolias, ser feliz para siempre
como quieren los niños?
No es así, le digo, no lo creas.
Esa colina no existe.
Aquí sólo hay arena.

Abre tu corazón como abanico y siéntate
a celebrar los brotes del desierto.
No hay otra cosa.
La luz
y estas maripositas en el viento.


VIII

Tiembla su corazón de pájaro
detrás de la brillante vestidura.
¿Cuán importante es?
pregunto a la geisha amenazada.
Esa puerta cerró.
El hombre, al otro lado, no te oye.
El hombre, al otro lado, tiene la llave
que anhelas.
¿Cuán importante es?
No te detengas frente a una puerta clausurada.
Aprende a confiar en la zozobra del propio movimiento.
No es él, al otro lado, no lo es.
Es tu temblor el que amenaza.


                          de La escena imperfecta, 1996



JOSÉ LUIS MANGIERI





Las rosas se asoman insistentes en el aire azul.
¿Nos están permitidas sin traicionar la memoria?
El recuerdo es tan poca cosa para tanto pasado,
para tanta vida sobre el abismo.
¿Es este otro vino, otro el amor?
¿O todo es un río solitario que deja a algunos en la orilla
crucificados en la injusticia de la muerte temprana?

Sobre las rosas soldados de hielo desaparecen
llevados por el río
y nosotros olfateamos la vida
como animales desbarrancados pero vivos.
Aullamos los nombres de la batalla
pero la guerra ha terminado.

Las antiguas banderas flamean
en la tormenta de nuestro corazón.

Descansen en paz los compañeros
bajo una tierra sembrada de sal
sobre la cual comenzamos a pelear contra el olvido.


                       de "Poemas del amor y la guerra", 
                             Ediciones en Danza, 2008.