jueves, 7 de noviembre de 2013

ARNO SCHMIDT





meteoro de verano




Espejos negros (fragmento)


" Un fantasma recorre el mundo: en su bicicleta, el único superviviente de la especie vaga por una Europa desierta, purificada de toda vida humana. Los vestigios de la civilización siguen en pie, instantánea del momento previo a la hecatombe; pero es el "instante" el que se deteriora, como una fotografía cuyos colores se van desvaneciendo: en los almacenes las conservas se pudren en sus latas sin que nadie las consuma, en el correo amarillean las cartas nunca despachadas, la hierba invade las calzadas que sólo cruzan animales salvajes, al volante de un auto inmóvil un esqueleto femenino no se decide a partir. Saqueador apacible, el último hombre se sirve de lo que encuentra en su camino (¿qué mejor abolición de la propiedad privada que la extinción de todo propietario?). También él morirá, y ese día la humanidad habrá dejado incluso de ser un mal recuerdo: Me alegro de que todo haya acabado. "



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"los hombres nunca son tan pesados como cuando juegan a los soldaditos. (Y esta es una enfermedad que se da en ellos periódicamente, más o menos cada veinte años, como el paludismo, aunque parecería que ahora hay una tendencia a que se repita más frecuentemente). Al fin de cuentas son siempre los peores quienes ocupan los puestos de mando, es decir,los superiores jerárquicos, los jefes, los directores, los presidentes; los generales, los ministros, los cancilleres. ¡Un hombre decente se avergonzaría de ser el superior de alguien!" 
(Momentos de la vida de un fauno, trad. de Luis Alberto Bixio, p33).


AS, uno de los más importantes escritores alemanes del siglo
pasado. Nacido en 1914 y muerto en 1979, hombre de una
cultura vastísima, heredero de las vanguardias, gran admirador
de James Joyce (con quien suele comparárselo), Schmidt fue
contemporáneo de otros dos de los grandes escritores de su
tiempo, con quienes guarda, por momentos, similitudes llama
tivas: Samuel Beckett y Witold Gombrowicz. Meteoro de Verano
editado por La Bestia Equilátera –con una excelente traducción 
y un interesante prólogo a cargo de Gabriela Adamo- es una 
prueba contundente de su talento único.


JEROME ROTHENBERG





El poema de Chicago


por Jerome Rothenberg
los puentes de Chicago
no son los puentes de París
o los puentes de Amsterdam
excepto en que son una definición
que casi nadie se preocupa por definir
como la vida llena de sorpresas
en lo que ahora parece ser la más antigua
ciudad moderna de Estados Unidos
Oh aparición de la versión cinematográfica de
el futuro alrededor de 1931
los puentes de pronto se llenaron de líneas móviles
de los ejércitos de las personas trabajadoras
en la oscuridad de la primera visita decembrina
por el agua
recodo del río Chicago
los acantilados de la arquitectura como empalizadas
la noche estrellada en las ventanas
estrellas en el poema que escribió un cielo
a través del cual el tren elevado saca sus luces
de las calles del Nueva York de la infancia
es como un collar (corbata) en el lenguaje de
los viejos poemas viejos recuerdos
viejas visiones de Fritz Lang de la noche anterior
a la revolución las pobres almas
de las personas trabajadoras todos queremos
a los padres o tíos
que hemos perdido en los sueños y gasa
de un 1960 intervenido
hay tribus enteras de indios
en algún lugar que habitan
un paraíso de túnel
lo esperarán aún
con una perfecta seguridad de lo que vendrá
todos tan cultos en novelas antiguas
tal vez la economía de la catástrofe Ted
depresiones del espíritu
tan distinta a la promesa de
los primeros años
el brillo de la vida joven aliviando la muerte
la cima de una colina en Lawrence Kansas
el cielo de la tarde se convirtió en aluminio
(iluminación)
toca una pandereta para calmar
el miedo-serpiente
el cuerpo material que nos deja vulnerables
todos vendrán yo creo
No creo que te guste
estando tan a trasmano, tan lejos
pero seguimos  y yo
haré otra visita pronto
Espero que podamos dar un paseo
juntos es de noche y estamos
no tan mal para tener cuarenta
como los poetas contentos con nuestra tristeza
todavía somos seres humanos en una ciudad en voladizo
con puentes antiguos
te tomas tu pastilla me río
mira hacia atrás sobre el futuro de la
América y recuerda
cuando escribimos nuestros famosos poemas llamados
Tiempos modernos.


                                   trad. de Karen Hinojosa


ITALO CALVINO





EL RELÁMPAGO


Me ocurrió una vez, en un cruce, en medio de la multitud, de su ir y venir.
Me detuve, parpadeé: no entendía nada. Nada de nada: no entendía las razones de las cosas, de los hombres, todo era insensato, absurdo. Y me eché a reír.
Lo extraño para mí era que nunca antes lo hubiese advertido. Y que hasta ese momento lo hubiese aceptado todo: semáforos, vehículos, carteles, uniformes, monumentos, aquellas cosas tan separadas del sentido del mundo, como si hubiera una necesidad, una consecuencia que las uniese una a otra.
Entonces la risa se me murió en la garganta, enrojecí de vergüenza. Gesticulé para llamar la atención de los transeúntes y “¡Deteneos un momento!”, grité. “¡Hay algo que no funciona! ¡Hacemos cosas absurdas! ¡Este no puede ser el camino justo! ¿Dónde iremos a parar?”

La gente se detuvo a mi alrededor, me observaba, curiosa. Yo estaba allí en medio, gesticulaba, me volvía loco por explicarme, por hacerles partícipes del relámpago que me había iluminado de golpe: y me quedaba callado. Callado, porque en el momento en que alcé los brazos y abrí la boca, fue como si me tragara la gran revelación y las palabras me hubiesen salido así, en un arranque.
-¿Y qué? –preguntó la gente-. ¿Qué quiere decir? Todo está en su sitio. Todo marcha como debe marchar. Cada cosa es consecuencia de otra. ¡Cada cosa está ordenada con las demás! ¡Nosotros no vemos nada de absurdo ni de injustificado!
Yo me quedé allí, perdido, porque ante mi vista todo había vuelto a su lugar y todo me parecía natural, semáforos, monumentos, uniformes, rascacielos, rieles, mendigos, cortejos; y sin embargo aquello no me daba tranquilidad sino tormento.
-Disculpad –respondí-. Tal vez me haya equivocado. Me pareció. Pero todo está en orden. Disculpad –y me abrí paso entre miradas ásperas.

Sin embargo, todavía hoy, cada vez que no entiendo algo (a menudo), instintivamente me asalta la esperanza de que esta vez sea la buena, y que yo vuelva a no entender nada, a adueñarme de aquella sabiduría diferente, en un instante encontrada y perdida.



Relato incluido en el libro La gran bonanza de las Antillas (Tusquets; Barcelona, 1993). Traducción: Aurora Bernárdez.


ANTONIO JIMÉNEZ PAZ




PAJARILLO


Yo quería volar

Cuando me enjutó
una energía para batir las alas,
yo batí mis alas.
Se esponjaron todas mis plumas
acelerando el batir de dos aspas
como torbellinos. Y salían de mi cuerpo
como también unas ansias gigantes
por levantar mis pies. Entonces,
yo quería volar.
Así empecé a sentirme levadizo,
amigo íntimo del espacio.

Cuando me hallaste aquel lunes
de bruces contra el suelo,
yo quería volar.


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Yo sería pájaro, mi amor.
Tú serías pájaro, tu amor.
Él sería pájaro, su amor.

Nosotros nos desplumaríamos.
Vosotros os desplumaríais.
Ellos se desplumarían.


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Quiero romper el mundo.

Por eso
me muerdo los pájaros.


                        de Tratado de Ornitología Ed. Baile del Sol, 2013


Antonio Jiménez Paz(La Palma, 1961) autor de los poemarios: 
Los ciclos de la piel (1992), Tratado de ornitología (1994), Diario 
de la distancia (1996), Tren de vida [1992-2002], 2003Casi todo 
es mío (2005); Zoo sin fauna (2009): republicado en formato ebook 
y en papel por Editorial 23 Escalones, 2010).



MARC STRAND





Un viejo se va de la fiesta


Cuando dejé la fiesta quedó claro
que si bien yo pasaba los ochenta, todavía tenía
un cuerpo hermoso. La luna relumbraba como acostumbra
en tiempos de profunda introspección. El viento contenía
el aliento. Y, mira, alguien dejó un espejo apoyado en un árbol.
Después de asegurarme de que estaba solo, me saqué la camisa.
Las flores e la yuca bajaron sus cabezas bañadas por la luna.
Yo me saqué los pantalones, y volaron en círculos las urracas
por sobre las secuoyas.
Allá abajo, en el valle, el río seguía su curso.
Qué raro estar en medio de la nada, yo solo con mi cuerpo.
Sé lo que estás pensando. Yo alguna vez fui como tú.
Pero ahora, que tengo ante mí tantas cosas, tantos árboles
de color esmeralda, estos campos blanqueados de maleza,
y montañas y lagos, ¿cómo no ser yo mismo y nada más,
este sueño de carne, de a un instante por vez?



                                                   Versión de Ezequiel Zaidenwerg



Mark Strand


Entrevista a MS para Letras Libres por Ezequiel Zaidenwerg





GUILLAUME APOLLINAIRE


El poema del viernes: Caligrama de Guillaume Apollinaire



llueve



Il Pleut, 1916 de Guillaume Apollinaire

JEROME ROTHENBERG






El trabajo del sueño (uno)

                                                        a Barbara Einzig


soñar que pasa por una ventana
soñar que la ventana se mueve y que el aire alrededor se petrifica
soñar que lo apedrean
soñar con una ventana en la que se refleja una piedra
soñar que cae por un agujero dentro de una piedra
soñar con piedras & cajas
soñar que se está parado sobre una caja negra como un féretro
soñar que sueña con una piedra
soñar que las ventanas se quiebran a su paso
soñar con cables enrollados a una piedra
soñar que hay hombres con cables en las manos al pie de su ventana
soñar con manos que se cierran sobre sus ojos
& otras manos que se cierran sobre sus manos & su vientre
soñar que se está en un país asolado hace años por la guerra
soñar con banderas & balcones
soñar que está parado frente a una ventana mirando a los hombres
            con yelmos que acechan su casa
soñar que está en la casa parado frente a la ventana mirando a los hombres
            con yelmos que están en su calle
soñar con hombres con yelmos esperando en la puerta de la casa
soñar que la puerta de su casa es de piedra
soñar que está parado en la puerta de su casa gritando
que los hombres con cables en las manos lo han oído gritar
que los hombres con yelmos gritan un nombre que él no entiende
soñar que olvida su propio nombre
soñar que en el sueño encontrará otro nombre
soñar que sueña su nuevo nombre

soñar otra vez que sueña
soñar su nombre sílaba por sílaba
empezando con un nombre ominosamente
en sílabas
soñar con sílabas & colores
decir que su nombre es blanco & verde
soñar dónde está el blanco y dónde el verde
hay una piedra blanca y una verde
pero no hay ninguna piedra blanca en su casa
solo un reflejo blanco
un agujero blanco en una piedra
un obstáculo verde en el que se refleja una piedra blanca
soñar que sostiene una piedra blanca
que aprende a soñar el nombre de la piedra blanca
a soñar ominosamente
que aprende a soñar ominosamente con manos
a soñar con manos blancas & verdes
con manos que reflejan los colores de una piedra
soñar que está parado dentro de un círculo de un edificio de un sueño
soñar que hay gente con él dentro del círculo
soñar que es gente que él no conoce
soñar que hablan una lengua que él no conoce
soñar que no hablan su idioma
soñar un alfabeto en que escribir su idioma
cambiar el alfabeto día a día
soñar un alfabeto tal vez un calendario del sueño
soñar que guarda el calendario en la boca
soñar el domingo que la boca se le llena de calendarios
soñar el lunes que una mano le tapa la boca
soñar el martes que en la mano duerme una novia
soñar el miércoles que a la mano le han salido cien pezones
soñar con manos & calendarios el jueves
soñar el viernes que a una mano se le ha caído la piel que su nombre
            ha perdido las sílabas
soñar el sábado con el vacío
soñar que está parado sobre una caja vacía y que está martillándole
            los lados
soñar que está martillando un silencio
soñar que el silencio se abre como un huevo
soñar que el interior del huevo es labrador
alguien en el sueño dice "labrador"
alguien en el sueño dice "tiza"
soñar que alguien en el sueño dice "solitario"
soñar que camina con alguien en el sueño
soñar una cara soñar que la cara pertenece a una persona
soñar que la cara está en una pared
soñar una cara esculpida en la piedra
soñar una cara de piedra dentro muy dentro del espejo
soñar que ha soñado con esa cara antes
soñar que era niño & soñaba una cara
la cara era azul con rayas
la cara era como la cara de un mandril una cara azul & roja
soñar que las rayas de la cara se desvanecían
soñar que las rayas de la cara se habían desvanecido
            que su nombre había perdido las sílabas
soñar una lengua sin sílabas
soñar que él entiende esa lengua
soñar que toda la lengua es una sola palabra
soñar que él sabe esa palabra
soñar que él la olvida
soñar que él explica la ausencia de esa palabra
soñar que nadie en el círculo lo comprende
soñar que él les grita que les dice que están soñando
soñar que siempre ha soñado
soñar que nunca despertó del sueño


                 en El trabajo del sueño. Antología, Hilos editora, 
                 Buenos Aires, 2013


Originalmente en A book of concealments, 2004


                                                     Trad. Mercedes Roffé




Rothenberg, poeta vanguardista










HUGO CLAUS


Stuttgart eert Hugo Claus


DIEZ MANERAS DE MIRAR A P.B. SHELLEY


1

Su cuerpo lavado en las arenas.
Yace ahí donde el oro retrocedió
sobre las montañas.
En sus faldas-pantalón de algodón, en sus medias blancas
en los versos de Keats en su bolsillo interno
sólo los gusanos se movían.
Ah salvaje viento oeste,
tu aliento es el ser del otoño.


2

Su cara comida
por las criaturas del mar.
Su espíritu que tenía ojos
labios y fosas nasales
vieron a la soñante tierra
la lamieron,
olieron sus olores que destruyen
y preservan al mismo tiempo.


3

Fino como un hueso, espástico.
(En pantomima él era
la primera opción para jugar de bruja).
Una voz estridente. Callos en los pies.
Hasta la nuca en chicas.
Y todo el tiempo, burlas
acerca de los ángeles de la lluvia,
los ángeles del relámpago
que se suponía iban a descender esta noche
sobre el planeta azul.


4

Odiaba la carne picada de cerdo,
los santos, la veneración, el Rey.
Pero sobre todas las cosas odiaba
un marido y una esposa
en su monógamo abrazo.

Lluvia negra, bravo granizo
descendieron
sobre el raudal
de sus tiaras maenadas.*


5

Había espinas en cantidad, zarzas en cantidad
entre las cuales cayó y sangró.
Pero conservaba arsénico en el bolsillo.
ya que ¿quién sabe
si quieres sobrevivir
a la belleza de las agachadas?
¿Quién sabe si no preferirías,
sin partir del todo, hundirte
en las algas marinas, indómito?



Una vez le prendió fuego al mayordomo familiar,
el Señor Laker. En Italia
bailó frente a un arbusto llameante.
Más tarde, en la sombra, gris de
frío, luego de horas como carámbanos,
suspiró: "Atención, oh, escuchen
las ramas del cielo y del océano
enroscadas unas en otras".


7

Salió corriendo a los gritos de su cuarto,
había, ¡oh! visto
gordas mujeres de Sussex
con ojos donde debían estar los pezones.
Muchas veces en su cama de invierno vio
una criatura desnuda
surgir de un mar púrpura.

Oh, álzame como una ola,
una hoja, una nube.


8

Para el desayuno y la merienda comíamos bombones.
Entrañas secadas por el opio.
Los riñones y la vejiga dañados.

Sus acentos y ritmos
son soplados sobre la tierra helada.
Ecos de los dioses y de los mirlos
blasfemias también.


9

Se rehusaba a ponerse medias de lana.
La manteca lo hacía tener arcadas.
Con Harriet, Mary, Claire, y otras
insertaba una esponja embebida en vino,
para bloquear niños.

Determinado a exilarse a los bordes
de un círculo tras otro,
se fue hundiendo entre grandes señales,
rechazos.


10

Cuando sus fragmentos murieron
y él fue sepultado como oda y panfleto,
el Courier escribió: El infiel se ha ahogado.
Ahora él sabrá si hay un dios o no.

El meneaba a la puta de la elocuencia
en su rodilla.
Su infidelidad: un antídoto
a la venida del invierno
en el viento del oeste.

    
*Maenadas: en la antigua Grecia, las seguidoras femeninas
de Dioniso (Baco en el Panteón Romano).

                                             Trad. Robert Rivas









Conversaciones con Hugo Claus