martes, 5 de noviembre de 2013

EMILE CIORAN





ATROFIA DEL VERBO


Formados en la escuela de los veleidosos, idólatras del fragmento y del estigma, pertenecemos a un tiempo clínico en el que únicamente nos importan los casos. Sólo nos interesa lo que un escritor se ha callado, lo que hubiera podido decir, sus profundidades mudas. Si deja una obra, si se explica, se asegura nuestro olvido. Magia del artista irrealizado... , de un vencido que desaprovecha sus decepciones, que no sabe hacerlas fructificar.



* Tantas páginas, tantos libros que fueron fuentes de emoción para nosotros, y que releemos para estudiar la calidad de los adverbios o la propiedad de los adjetivos.



* Existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar la suma de obras maestras.


  
* Sin nuestras dudas sobre nosotros mismos, nuestro escepticismo sería letra muerta, inquietud convencional, doctrina filosófica.




* No queremos seguir soportando el peso de las "verdades", continuar siendo sus víctimas o sus cómplices. Sueño con un mundo en el que se muriera por una coma.



* Cuánto me atraen los autores de segunda fila (Joubert, sobre todo) que, por delicadeza, vivieron a la sombra del genio de los demás y que renunciaron al suyo por temor a poseerlo.




* Si Molière se hubiera replegado sobre sus abismos, Pascal, con el suyo habría parecido periodista.