martes, 29 de octubre de 2013

GUILLERMO DAVID





El talón de Aquiles



El Indio Deseado, del dios pampa al santito gay, Las cuarenta, 
Buenos Aires, 2009.


Los poderes y menoscabos inscriptos en el nombre propio aquejaron a
Manuel Namuncurá, cuyo apellido significa talón —o garrón— de
piedra. Contrariando ese mandato de invulnerabilidad propuesto,
Namuncurá será el talón de Aquiles, la falla interna de la soberanía
indígena, el tótem desjarretado y cojo que tras una infructuosa
resistencia consumará la rendición.

La sucesión de Calfucurá recayó en el mejor de sus hijos, que durante
décadas lo acompañara al frente de sus huestes o como embajador
ante los poderes; pero ya nada sería igual. La avanzada blanca sobre el
territorio indígena era incontenible, y conocería una escalada que
acelerará el tiempo histórico hasta su consumación en la campaña de
Roca. Nótese: Roca, que había escrito "Hay que eliminar esas piedras
del camino" al partir al mando de la columna sur, derrota a Talón de
Piedra. El destino impreso en el significante nuclear de la identidad
que es el nombre propio está en pleno curso.

El genocidio conocido como Conquista del Desierto mediante el cual
Roca y sus aliados se alzaron con 15.000 leguas de territorio se llevó a
cabo en sólo seis meses, arrojando un saldo de 1300 muertos, 1200
guerreros indígenas prisioneros y 10.000 ancianos, mujeres y niños
—"gente de chusma"—capturados, reducidos a esclavitud, y
extrañados de su ámbito.

El presidente Avellaneda, en su mensaje al Congreso de la Nación de
mayo del 79 se jactaba de no haber seguido la política "tan costosa" de
las reducciones a la manera de los Estados Unidos. "Nosotros hemos
encontrado hasta hoy facilidades inesperadas en el espíritu
profundamente cristiano de nuestras poblaciones y en la capacidad
que el indio mismo ha demostrado para adaptarse a las exigencias de
una vida superior"—arguye. Explica así tanto su labor "benefactora"
como la de los apropiadores, hijos directos de la institución hispánica
de la encomienda: "El indio es apto para todos los trabajos físicos; la
provincia de Tucumán ha empleado quinientos en sus ingenios de
azúcar y en sus obrajes. Las mujeres y niños han sido distribuidos por
las Sociedades de Beneficencia entre las familias". Situación que sería
refrendada por un decreto del 22 de agosto de 1879, mediante el cual
ponía a los cautivos bajo la custodia del Defensor Nacional de Pobres
e incapaces"[1].

En La conquista de 15.000 leguas, su manual del exterminio y
expropiación de las etnias patagónicas, Zeballos consignará que "la
tribu de Catriel de 4.000 almas y 800 guerreros ha desaparecido de la
faz de la tierra y desde su soberano hasta la última china están en las
prisiones del Estado o en los ingenios de Tucumán".



SANDRA FIGUEROA


Sandra Figueroa con N. Litvinova


























UN POEMA

                             A Ana Arzoumanián, Javier Galarza,
                             Natalia Litvinova


Yo tenía un poema.
No sé si podía escribirlo,
tenía un poema.

Caminando por las calles de Constitución; sin campanadas,
pateando botellas vacías de plástico,  como flores diseminadas
por  los jardines de las calles de Constitución.
                 
Tomamos vino tinto, comimos, bebimos,
no habían palabras, sólo un poema.

Ella decía: “No quiero morir sin acordarme."
¿Es que no irá por el Hades, el eterno río  Leteo?

El decía: “Quiero morir en otro.” En otro.

Ella dijo: “Es posible un nosotros”. Y no dijo yo o tú, sino nosotros.

Luego Alejandra,  esa delicada urgencia del rocío.
La que tenía sólo un yo, fatídico, visor, ultravisor,
cósmico, invisible en sustancia material.

 Yo no tenía ni yo.

Volví pateando botellas de plástico vacías en la noche por los jardines de Constitución.

¿Acaso es posible salir de la soledad?
¿Acaso es posible hacer un poema de la palabra oscura?

Allí donde no había ni cabía  un cuerpo, sino un silencio.
Un silencio caminando por las calles de Constitución.




ÁNGEL FARETTA





Canon Pali


Llegar antes que la flecha a la meta
es el único afán del corredor;
ignora lo que el círculo pintado propone
clavado contra el árbol, cada vez más lejos.
No es el fin de nada, ni el comienzo;
no es la seca proposición de sentido,
simplemente se deja ver lejano
para que los corredores pierdan el camino.
No es el círculo, es la flecha,
no es la llegada, su promesa;
es la simple rigurosa certeza
de que importa correr sin meta.

                                      de Datos tradicionales


ÁF(Buenos Aires, 1953). Escritor, crítico y teórico del cine, y 
docente particular. Desde hace treinta años publica en diferen
tes medios ensayos y artículos de análisis y de crítica sobre arte, 
literatura y cineFundó y dirigió la escuela de cine Aquilea. Dicta 
cursos y seminariossiempre desarrollando su propia teoría
Ha publicado Datos tradicionales'(poemas, 1993), 'El saber del 
cuatro' (relatos, 2005), 'El concepto del cine' (05), un primer 
volumen de su teoría estética, y 'Espíritu de simetría' (08), una 
recopilación de sus artículos y ensayos.




EDUARDO GROSSMAN



                   el autor(foto de Lucio Grossman/2013)



                          Parque Lezama/2012



                             Miramar-2012







                          Buenos Aires-1972



                          Retiro-Buenos Aires-1972



                      Draga en el Riachuelo-1972



                                  70 balcones-1972



                              Danza Abierta/1982



                              E.G.(Foto de Tito La Penna)



      E.G.(Foto de Tito La Penna-1987)



                  Abelardo Castillo/Buenos Aires, 1993



                              Buenos Aires 2013


                                   E.G



                                    E.G.



                                        E.G.



                           E.G.



                                   E.G.




CAROLYN RIQUELME





Esplendor


I

Hay que tapar los huecos
de la casa

que no nos encuentre
desprevenidas
la inundación de ratas
en octubre

que sea áureo el amor

que luminoso sea


II

los ojos rasgan niebla dura
la  mascan
(es delicado el movimiento)

muelen el nudo de dolor
… de miedo es el plomo en
el precipicio…
y saltan como de risa dando brillos
brillos de nena
amor mío


III

será el andar los pies en el aire
ir de vuelo ante el frío

ante la ternura que hiela
será un pie tras otro los días que vienen

la adivinadora toda certidumbre
dará pasos




Andamiada IV


Las mujeres conversan después de los quehaceres
preparan mate y roban galletas reservadas a los niños
Se cuentan los nacimientos
las muertes
los enfermos

El inventario es preciso:
no desmerecen detalles ni lástimas por la pobre gente
por nosotras pobres
mirá lo que nos ha tocado

Recuentan las muertes con adjetivos preciosos


 
Andamiada V


Y así pasan los días

Escandalosas las mujeres
van gritando de una habitación a otra
mientras friegan

Nadie las escucha pero ellas
ponen las leyes en su reino

Dolores oscuros a veces las silencian
ellas cuidan los enfermos
limpian heridas
sacan la mugre

ellas crían los hijos que nadie quiere
los hacen crecer
les vigilan la fiebre y las palabras nuevas

ellas van a los entierros

apenas se enteran planchan el vestido de luto
matan algunas gallinas corren a la huerta
y preparan la comida para los dolientes
consuelan porque de eso saben


CR(San Carlos de Bariloche, Río Negro, 1973). Es profesora de
Matemáticas. Textos suyos fueron publicados en “Marcas en el
Tránsito”, antología reunida por Graciela Cros (Ultimo Reino, '95)
y en “Desorbitados: poetas novísimos del Sur de la Argentina”
compilación realizada por Cristian Aliaga (Fondo Nacional de las
Artes, ‘09). En 2001, la editorial Revuelto Magallanes publicó
“Andreas y Jardines”.


LILIANA DÍAZ MINDURRY






Noche sin nada


Nada para esta noche, dije,
En esta irrealidad.
Nada para esta noche,
el silencio será poblado por abismos que empezarán a resplandecer,
alguno tendrá el universo herido en su costado, un gato sin forma cruzará una terraza fantasma,
habrá olor a plantas mojadas, desaparecerá el dolor como titular de un diario,
Nada para esta noche: se abrirán las puertas de cada ojo y ya no habrá la carcajada breve y seca del poder.

Nada para esta noche:
la caricia no será forma de la impiedad,
cerrarán las puertas de la iglesia y los curas irán a dormir sobre las ramas de los árboles.

Nada para esta noche
el cuarto
vacío.

Mientras todo se vuelve

inexistente.




LA GIOCONDA de Leonardo Da Vinci


Se ríe desde el fondo de los recuerdos,
se ríe desde el fondo de las esperanzas,
de la sangre de esos gatos que nadie recoge, del último fulgor que nadie ve en
/los ojos de los peces,
se ríe de los muebles de las alcobas que tienen deseos inconfesables, de las
/manos que jamás responden al dueño,
se ríe de los tigres en la calma del mar,
del revés de las caras.

Se ríe de la alegría que lastima la garganta ya por ser pena que endulza la lengua,
se ríe de las mañanas,
de las tardes,
del prometido amor y del temido infierno,
de los que descosen el futuro y tejen un pasado que no existió nunca para
/colgar en los balcones,
se ríe de la tibieza de las salas donde la palabra es terciopelo y seda, transparencia y perfume,
del cristal empañado en el ojo, del último calor del cuerpo
antes de la muerte.

Se ríe del corazón como una campana resonando, de la red que tiembla,
del Dios escondido en las cajas de las iglesias,
se ríe de los bosques cerrados hasta el borde de otros bosques cerrados,
hasta el borde de otros bosques cerrados.

Se ríe,
se sonríe,
sabe que no resucita ningún día perdido en la tristeza
y que la piedra sobre piedra sólo es tejido de piedras.

(Los sirvientes lavan los espejos para que su sonrisa no contamine el porvenir).


LDM(1953, Buenos Aires, Argentina). Publicó las novelas La
resurrección de Zagreus, A cierta hora, Lo indecible, Summertime,
Hace miedo aquí. Sus libros de cuentos son: Buenos Aires ciudad
de la magia y de la muerte, En el fin de las palabras, Retratos de
infelices, Ultimo tango en Malos Ayres. En poesía publicó Sinfonía
en llamas, Paraíso en tinieblas, Wonderland, Resplandor final.
Recibió numerosos premios. Realizó el prefacio a las obras comple
tas de Onetti en la Editorial Galaxia Gutenberg.

OLIVERIO GIRONDO






                                                              París, diciembre, 1922.


PAISAJE BRETÓN


Douarnenez,
en un golpe de cubilete,
empantana
entre sus casas corrió dados,
un pedazo de mar,
con un olor a sexo que desmaya.

¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!

Sobre los muelles,
mercurizados por la pesca,

marineros que se agarran de los brazos
para aprender a caminar,
y van a estrellarse
con un envión de ola
en las paredes;
mujeres salobres,
enyodadas,
de ojos acuáticos, de cabelleras de alga,
que repasan las redes colgadas de los techos
como velos nupciales.

El campanario de la iglesia,
es un escamoteo de prestidigitación,
saca de su campana
una bandada de palomas.

Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer por un instante
las narices de piedra de los santos.

Douarnenez, julio, 1920.



CAFÉ-CONCIERTO


Las notas del pistón describen trayectorias de cohete, vacilan en el aire, se apagan antes de darse contra el suelo.

Salen unos ojos pantanosos, con mal olor, unos dientes podridos por el dulzor de las romanzas, unas piernas que hacen humear el escenario.
La mirada del público tiene más densidad y más calorías que cualquier otra, es una mirada corrosiva que atraviesa las mallas y apergamina la piel de las artistas.

Hay un grupo de marineros encandilados ante el faro que un "maquereau" tiene en el dedo meñique, una reunión de prostitutas con un relente a puerto, un inglés que fabrica niebla con sus pupilas y su pipa.

La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos... unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.

El telón, al cerrarse, simula un telón entreabierto.

Brest, agosto, 1920.




CROQUIS EN LA ARENA


La mañana se pasea en la playa empolvada de sol.

Brazos.
Piernas amputadas.
Cuerpos que se reintegran. Cabezas flotantes de caucho.

Al tornearles los cuerpos a las bañistas, las olas alargan sus virutas sobre el aserrín de la playa.

¡Todo es oro y azul!

La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes. Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace rebotar sobre la arena.

Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.

Hay quioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas con pechos algosos de marinero y corazones pintados de
esgrimista. Bandadas de gaviotas, que fingen el vuelo destrozado
de un pedazo blanco de papel.

¡Y ante todo está el mar!

¡El mar!... ritmo de divagaciones. ¡El mar! con su baba y con su epilepsia.

¡El mar!... hasta gritar

¡BASTA!

como en el circo.

Mar del Plata, octubre, 1920.




NOCTURNO


Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.
¡Silencio! -grillo afónico que nos mete en el oído-. ¡Can¬tar de las canillas mal cerradas! -único grillo que le conviene a la ciudad-.

Buenos Aires, noviembre, 1921.




RIO DE JANEIRO


La ciudad imita en-cartón, una ciudad de pórfido.
Caravanas de montañas acampan en los alrededores.

El "Pan de Azúcar" basta para almibarar toda la bahía...
El "Pan de Azúcar" y su alambre carril, que perderá el equilibrio por no usar una sombrilla de papel.

Con sus caras pintarrajeadas, los edificios saltan unos encima de otros y cuando están arriba, ponen el lomo, para que las palmeras les den un golpe de plumero en la azotea.

El sol ablanda el asfalto y las nalgas de las mujeres, madura las peras de la electricidad, sufre un crepúsculo, en los botones de ópalo que los hombres usan hasta para abrocharse la bragueta.

¡Siete veces al día, se riegan las calles con agua de jazmín!

Hay viejos árboles pederastas, florecidos en rosas té; y viejos árboles que se tragan los chicos que juegan al arco en los paseos. Frutas que al caer hacen un huraco enorme en la vereda; negros que tienen cutis de tabaco, las palmas de las manos hechas de coral, y sonrisas desfachatadas de sandía.

Sólo por cuatrocientos mil reis se toma un café, que perfuma todo un barrio de la ciudad durante diez minutos.

Río de Janeiro, noviembre, 1920.




APUNTE CALLEJERO


En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.




MILONGA


Sobre las mesas, botellas decapitadas de "champagne" con corbatas blancas de payaso, baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de "cocottes".

El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, contradice el pelo rojo de la alfombra, imanta los pezones, los pubis y la punta de los zapatos.

Machos que se quiebran en un corte ritual, la cabeza hundida entre los hombros, la jeta hinchada de palabras soeces.

Hembras con las ancas nerviosas, un poquitito de espuma en las axilas, y los ojos demasiado aceitados.

De pronto se oye un fracaso de cristales. Las mesas dan un corcovo y pegan cuatro patadas en el aire. Un enorme espejo se derrumba con las columnas y la gente que tenía dentro; mientras entre un oleaje de brazos y de espaldas estallan las trompadas, como una rueda de cohetes de bengala.

Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta.

Buenos Aires, octubre, 1921




VENECIA


Se respira una brisa de tarjeta postal.

¡Terrazas! Góndolas con ritmos de cadera. Fachadas que reintegran tapices persas en el agua. Remos que no terminan nunca de llorar.

El silencio hace gárgaras en los umbrales, arpegia un "pizzicato" en las amarras, roe el misterio de las casas cerradas.

Al pasar debajo de los puentes, uno aprovecha para ponerse colorado.

Bogan en la Laguna, "dandys" que usan un lacrimatorio en el bolsillo con todas las iridiscencias del canal, mujeres que han traído sus labios de Viena y de Berlín para saborear una carne de color aceituna, y mujeres que sólo se alimentan de pétalos de rosa, tienen las manos incrustadas de ojos de serpiente, y la quijada fatal de las heroínas d’Annunzianas.

¡Cuando el sol incendia la ciudad, es obligatorio ponerse un alma de Nerón!

En los "piccoli canali" los gondoleros fornican con la noche,
anunciando su espasmo con un triste cantar, mientras la luna engorda, como en cualquier parte, su mofletudo visaje de portera.

Yo dudo que aún en esta ciudad de sensualismo, existan falos más llamativos, y de una erección más precipitada, que la de los badajos del "campanile" de San Marcos.

Venecia, julio, 1921.




EXVOTO


A las chicas de Flores

Las chicas de Flores,
tienen los ojos dulces,
como las almendras azucaradas
de la Confitería del Molino,
y usan moños de seda
que les liban las nalgas
en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores,
se pasean tomadas de los brazos,
para transmitirse sus estremecimientos,
y si alguien las mira en las pupilas,
aprietan las piernas,
de miedo de que el sexo
se les caiga en la vereda.

Al atardecer,
todas ellas cuelgan
sus pechos sin madurar
del ramaje de hierro de los balcones,
para que sus vestidos
se empurpuren al sentirlas desnudas,
y de noche,
a remolque de sus mamás
-empavesadas como fragatas-
van a pasearse por la plaza,
para que los hombres
les eyaculen palabras al oído,
y sus pezones fosforescentes,
se enciendan y se apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores,
viven en la angustia
de que las nalgas se les pudran,
como manzanas que se han dejado pasar,
y el deseo de los hombres las sofoca tanto,
que a veces quisieran desembarazarse
de él como de un corsé,
ya que no tienen el coraje
de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo,
a todos los que pasan por la vereda.

Buenos Aires, octubre, 1920.




FIESTA EN DAKAR


La calle pasa con olor a desierto, entre un friso de negros sentados sobre el cordón de la vereda.

Frente al Palacio de la Gobernación:
¡CALOR! ¡CALOR!
Europeos que usan una escupidera en la cabeza.
Negros estilizados con ademanes de sultán.

El candombe les bate las ubres a las mujeres para que al pasar, el ministro les ordeñe una taza de chocolate.

¡Plantas callicidas! Negras vestidas de papagayo, con sus crías en uno de los pliegues de la falda. Palmeras, que de noche se estiran para sacarle a las estrellas el polvo que se les ha entrado en la pupila.

¡Habrá cohetes! ¡Cañonazos! Un nuevo impuesto a los nativos. Discursos en cuatro mil lenguas oscuras.

Y de noche:
¡ILUMINACIÓN!
a cargo de las constelaciones




CROQUIS SEVILLANO


El sol pone una ojera violácea en el alero de las casas, apergamina la epidermis de las camisas ahorcadas en medio de la calle.

¡Ventanas con aliento y labios de mujer!

Pasan perros con caderas de bailarín. Chulos con los pantalones lustrados al betún. Jamelgos que el domingo se arrancarán las tripas en la plaza de toros.

¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!

Hay una capa prendida a una reja con crispaciones de murciélago. Un cura de Zurbarán, que vende a un anticuario una casulla robada en la sacristía. Unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar.

Las mujeres tienen los poros abiertos como ventositas y una temperatura siete décimos más elevada que la normal.

Sevilla, marzo, 1920.




CORSO


La banda de música le chasquea el lomo
para que siga dando vueltas
cloroformado bajo los antifaces
con su olor a pomo y a sudor
y su voz falsa
y sus adioses de naufragio
y su cabellera desgreñada de largas tiras de papel
que los árboles le peinan al pasar
junto al cordón de la vereda
donde las gentes
le tiran pequeños salvavidas de todos los colores
mientras las chicas
se sacan los senos de las batas
para arrojárselos a las comparsas
que espiritualizan
en un suspiro de papel de seda
su cansancio de querer ser feliz
que apenas tiene fuerzas para llegar
a la altura de las bombitas de luz eléctrica.

Mar del Plata, febrero, 1921.




BIARRITZ


El casino sorbe las últimas gotas de crepúsculo.

Automóviles afónicos. Escaparates constelados de estrellas falsas. Mujeres que van a perder sus sonrisas al bacará.

Con la cara desteñida por el tapete, los "croupiers" ofician, los ojos bizcos de tanto ver pasar dinero.

¡Pupilas que se licuan al dar vuelta las cartas!
¡Collares de perlas que hunden un tarascón en las gargantas!

Hay efebos barbilampiños que usan una bragueta en el trasero. Hombres con baberos de porcelana. Un señor con un cuello que terminará por estrangularlo. Unas tetas que saltarán de un momento a otro de un escote, y lo arrollarán todo, como dos enormes bolas de billar.

Cuando la puerta se entreabre, entra un pedazo de "foxtrot".

Biarritz, octubre, 1920.




OTRO NOCTURNO


La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.

¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de "apache", que fuman un cigarrillo en las esquinas!

¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar!;Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!

¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?

Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.

París, julio, 1921.




PEDESTRE


En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad.

Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda.

Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.

Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias.

Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar .

De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.

Buenos Aires, agosto, 1920.




CHIOGGIA


Entre un bosque de mástiles,
y con sus muelles empavesados de camisas,
Chioggia
fondea en la laguna,
ensangrentada de crepúsculo
y de velas latinas.

¡Redes tendidas sobre calles musgosas... sin afeitar!
¡Aire que nos calafatea los pulmones, dejándonos un gusto
de alquitrán!

Mientras las mujeres
se gastan las pupilas
tejiendo puntillas de neblina,
desde el lomo de los puentes,
los chicos se zambullen
en la basura del canal.

¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos
de los pies!
Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen
con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor
a mar.

Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos,
mientras los zuecos comienzan a cantar...

Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un
enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.

Venecia, julio, 1921.




PLAZA


Los árboles filtran un ruido de ciudad.

Caminos que se enrojecen al abrazar la rechonchez de los parterres. Idilios que explican cualquiera negligencia culinaria. Hombres anestesiados de sol, que no se sabe si se han muerto.

La vida aquí es urbana y es simple.

Sólo la complican:

Uno de esos hombres con bigotes de muñeco de cera, que enloquecen a las amas de cría y les ordeñan todo lo que han ganado con sus ubres.

El guardián con su bomba, que es un "Manneken-Pis".

Una señora que hace gestos de semáforo a un vigilante, al sentir que sus mellizos se están estrangulando en su barriga.

Buenos Aires, diciembre, 1920.




LAGO MAYOR


Al pedir el boleto hay que "impostar" la voz.

¡ISOLA BELLA! ¡ISOLA BELLA!

Isola Bella, tiene justo el grandor que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.

Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:

"HUMILITAS"

¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de angelitos.

"HUMILITAS"

Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos se ponga por lo menos una "aigrette" de ave de paraíso en el trasero.

"HUMILITAS"

Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas.


"HUMILITAS"

Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles para que al pasar, nos arreglemos la corbata, y que -ante la desnudez de las Venus que pueblan los boscajes- nos brindan una rama de alcanfor...

¡ISOLA BELLA!...

Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.

Isola- Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:

"HUMILITAS"

Pallanza, abril, 1922.




SEVILLANO


En el atrio: una reunión de ciegos auténticos, hasta con placa, una jauría de chicuelos, que ladra por una perra.

La iglesia se refrigera para que no se le derritan los ojos y los brazos... de los exvotos.

Bajo sus mantos rígidos, las vírgenes enjugan lágrimas de rubí. Algunas tienen cabelleras de cola de caballo. Otras usan de alfiletero el corazón.

Un cencerro de llaves impregna la penumbra de un pesado olor a sacristía. Al persignarse revive en una vieja un ancestral orangután.

Y mientras, frente al altar mayor, a las mujeres se les licua el sexo contemplando un crucifijo que sangra por sus sesenta y seis costillas, el cura mastica una plegaria como un pedazo de "chewing gum".

Sevilla, abril, 1920.




VERONA


¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra!

Una lluvia pulverizada lustra "La Plaza de las Verduras", se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo.

Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren.

La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un "bidé", derrama un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han puesto en los pies.

¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace nueve siglos en hacer el amor.

El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el uniforme de los soldados.

Verona, julio, 1921




Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891. Estudió Derecho, y muy pronto,
a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea,
publicó en 1922 su primer libro de, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía»,
seguido luego por «Calcomanías» en 1925,  «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión
de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra
que  constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Incursionó en la pintura. falleció en Buenos Aires en 1967.