domingo, 27 de octubre de 2013

CECILIA ERASO





límites


tungsteno el rojo de las plantas
iluminando el árido camino,
combustiones hacia el hondo
incomprensible
paredón del límite:



es el mundo




zefalonia


existe un mundo adentro, transcurre bajo el ala
compasiva de lo visto pero es otro;
se debate entre imaginación y fantasía
pero es más una cajita de madera con aromas,
una selva de caracteres inconclusos, una mancha
de plaga que
horada y
horada y
se hunde en lo recóndito
de lo inexistente




representación de engranajes


llorosos los ojos que miran la pantalla inmóvil, la imagen del animal muerto abatido por los escopetazos en el momento cúlmine de su rebelión y de tan vista sin embargo fastidia al corazón con la carga de las moscas

como un viento colmado de basura y hojas secas, la evasión de las ideas borra como un envoltorio de alfajor esa emoción, la del momento congelado el tenedor quieto en la mano y ya no poder comer por la urgencia del llanto contenido el bocado suspendido el vendaval de las ideas que se lleva todo resto sensitivo y trae en cambio las hojitas crujientes de las asociaciones y las resonancias políticas del hecho, no es imposible llorar por estas muertes, no 




Sin título

                                              a Javi.

(I)

Entre las hojas enceradas los gorriones se disputan territorios
amorosos, griteríos confundidos como hilvanes con las ramas;
eso en el verano en que las hojas abrasadas sin descanso
transpiran con el ritmo cruel de su alto magistrado que fulmina
la humedad abandonada por la sombra débil.

¿Cuántas hojas tiene el árbol siempre verde, del patio ajeno,
en el fondo, cúantas?
Los que habitan el claustro de su arquitectura, los fractales
perfectísimos de sus proporciones quizás sepan, hayan contado.


(II)

Puntos negros sobre el amarillo papel viejo son los síntomas
de las plagas primavera que también en él hacen sus nidos,
le desvisten los anhelos de perfecto verde, de los árboles
frondosos.


(III)

A través del enramado puede verse la pared en que recuesta
su estructura en las tardes orientales del invierno recreadas por el gris
traje nublado de ese cielo en buenos aires, los agostos que le enrostran
sus lloviznas, evidencian la impostura del recuerdo de sus hojas reluciendo
en el verano.


(IV)

Un árbol que no sirve para sombra, y las falanges ansiosas que apresan
los desagües más abajo, uno que hace de la sed una razón más para la lucha
por la subsistencia (¿lo sabe él, habitado por los pájaros rapaces del verano?
¿lo sabrán los gorriones ciudadanos del árbol que decora los palieres
de nuestros edificios?)


(V)

La estrellita navideña traza un arco inverosímil, va a dar en el centro
de ese seno maternal dispuesto al abrigo de la llama que puede
consumirlo (¿una madre verdadera es la que abriga hasta la muerte?)



CLAUDIA MASIN




ARCILLA


Deseaba un sistema solar en el fondo
de los pozos, un alma húmeda donde la compleja
red de constelaciones se volviera arcilla,
al fin y al cabo tan inasequible a lo humano
como Venus. Deseaba hablar de las sombras
con el amor que se reserva para el sol.

                            De Geología, Curandera, 2011



BORNEO


Los peces que habitan los lagos subterráneos
de las cavernas, hace ya generaciones
han quedado ciegos. La completa oscuridad
hizo que sus ojos se volvieran membranas
cerradas que no pueden distinguir luces o sombras.
Sí presencias: cuentan que esos peces,
cuando advierten unos ojos humanos
mirándolos al auxilio de la luz artificial
de las linternas, mueren. Las cámaras
han captado su agonía paso a paso, un dolor ciego
nadando en las cavernas como un pez
que hace siglos perdiera el poder o el deseo
de la luz. Los subtítulos debieran decir:
la transparencia ajena es siempre secreta.

                               De Geología, Curandera, 2011


CM(Chaco, 1972). Reside en Bs. As., es psicoanalista y
Escritora. Publicó los libros: Bizarría, Geología, La vista,
Abrigo, La plenitud y El verano.