martes, 22 de octubre de 2013

FRANCISCO HERNÁNDEZ





Ahora, rojo es el lenguaje...

Ahora, rojo es el lenguaje,
rojo como mi lengua cuando pasa
sobre la flor labiodental del flamboyán.
Ahora, tu cara es roja,
roja como cuando se enfrenta
a la rubicundez arrugada de mi cara.
Ahora, más que nunca,
rojo antojo de tus grandes ojos.

(Sobre una llave de agua, canta un gallo
blanco a punto de enrojecer.)



Desnuda eres como una calle...

Desnuda eres como una calle
subes, te abres, serpeas, te angostas,
doblas, sigues mis pasos y desembocas.



El amor, rodeado casi siempre por un antojo...

El amor, rodeado casi siempre por un antojo
de olvido, avanza resuelto hacia las trampas
creadas para cazar osos con piel de leopardo
y serpientes con plumaje de cóndor.

Y el amor sobrevive a las heridas y ruge,
voladora, la envidia de los venenosos.


FH(San Andrés Tuxtla, Veracruz, en 1946). Poeta. Su poesía es muy
versátil y maneja con igual vigor los temas sensuales, el humor negro
y la añoranza. «Gritar es cosa de mudos» en 1974, «Portarretratos» en
1976, «Textos criminales» en 1980, «Mar de fondo» en 1982, «Oscura
coincidencia» en 1986, «El ala del tigre» en 1991 y «Antojo de Trampa»
-selección de su obra- en 1999.

STEFAAN VAN DEN BREMT


Stefaan van den Bremt


¿Era a comienzos de marzo
o era a finales de septiembre?
Y ¿tiene alguna importancia
en qué temporada fuera?
De todos modos, era aquí:
en este país no hay allá.
Estamos en el suburbio,
donde empieza la urbe.

                               Trad. de Marco Antonio Campos



SvdB(Bélgica, 1941). Poeta, ensayista, dramaturgo y traductor.

ROBERT MUSIL





Mi pequeña desconocida señorita:


Como no la conozco, le escribo por el periódico. Sí, si reflexiono sobre las circunstancias de nuestro encuentro, se me hace claro que escribo a alguien que, simplemente, ya no existe, o, si existe, sólo de una forma sumamente vaga. Sin embargo, aquél encuentro se realizó en circunstancias de lo más ordinarias. Usted subía al tranvía en donde yo estaba sentado. Supongo que usted habrá reparado en mi entre los pocos viajeros que había, pues usted ostentaba, mi muy pequeña dama, un ser conservado de un modo poco común, que siente que alguien la mira. En su compañía se encontraba un señor de mi propia edad, que también me gustó; podía ser un hermano mayor, pero, si era su padre, se mostraba, juvenil, a su mismo nivel y no dominante, y yo quisiera sospechar que usted adulaba a sus pensamientos de forma semejante a los míos. Calculo que usted tendría, en aquel entonces, catorce años a lo sumo. Llevaba un vestido de terciopelo con colores de calle, con el talle estrecho, de modo que el tejido del vestido, algo pesado y, no obstante, plástico, simulaba por encima y por debajo la madurez de la femenina figura, sin que el tipo perdiera con ello lo infantil. Me vino a las mientes enseguida la expresión ?mujer-niña?, nada más verla a usted. Su vestido de terciopelo tenía en sus angostas mangas puños de piel y estaba guarnecido abajo también con piel, formando allí un amplio volante; y recordaba un poco un traje regional o de patinador, pero puede ser que no fuera ni un vestido, sino un abrigo: seguro que usted lo sabrá todavía hoy día y lo recordará con gusto, pero lo que es yo lo único que puedo hacer es aducir para disculparme que la admiración observa siempre con mucho más exactitud que la autodeterminación, que, ante el espejo, entra en objetividad en detalles y los examina.

Acaso es esta disculpa falsa, pero, en todo caso, concede que mi admiración era subjetiva y, en un sentido no totalmente irrecusable, romántica, cosa natural del todo, pues la posibilidad de enamorarme de usted estriba precisamente en el que yo no tratara la realidad con conciencia plena de lo que hacía, realidad que no me lo hubiera permitido. Usemos para designarlo la buena, la vieja palabra sueño: uno encuentra allí a una persona, reconoce quién es, y sabe que es distinta de uno; de forma similar, en las honduras de la mina sobre la que de ordinario nos movemos, usted siguió siendo para mi una niña y, con todo, fue para mi una mujer a escala reducida, por espacio de diez minutos, antes de que usted bajara y se me perdiera, sin que yo me resistiera a ello. El modo como usted entró, se sentó y entregó el dinero al cobrador, un poco negligentemente (pues lo hizo usted, y no su acompañante), no tenía ni sombra de aquella afectación con que lo hace una niña; y los rasgos de su rostro, que me parece estar viendo, con su ojo oscuro, las fuertes cejas, los labios llenos y la nariz un poco respingona, es verdad que se adelantaban a sus años, pero, no obstante, no configuraban algo así como el rostro reducido de una mujer adulta. Se me ocurre que el aspecto de usted tampoco puede ser comparado en absoluto con un ?capullo?, pues su forma es juvenil, es verdad, pero dura y decidida, mientras que el encanto amoroso de lo infantil de usted se asemeja más bien a una flor sin raíces, es más, sin tallo.

Propiamente no tengo más que decir. Y no tengo que derivar de esto ni una moralidad ni una inmoralidad: nuestro encuentro estaba, evidentemente, entre estas dos posibilidades, y además han pasado ya desde entonces más de diez años sin consecuencias. De vez en cuando, usted me hace recordar que hay toda clase de historias de mujeres que procedían misteriosamente de las ramas de un árbol, de manantiales o retortas, que no eran mujeres del todo y que con ese no-del-todo estimularon a los hombres a que inventaran leyendas. Es, manifiestamente, una fantasía que, por muchas razones, le llega al varón al corazón. Y, por otra parte, me pregunto qué es lo que usted puede aún saber de aquella pequeña muchacha que no quería esperar a convertirse en usted, y que, seguramente, ahora está un poco decepcionada de ello.


                        Robert Musil, a una desconocida señorita, Uniones
                        (Barcelona: Seix Barral, 1995)



Nota: "Publicado por primera vez en 1911, cuando el autor contaba treinta y seis años, y era bibliotecario de la Universidad Técnica de Viena, Uniones fue el segundo libro de Robert Musil. Nacidos como consecuencia de una petición para la revista Hyperion, los relatos conocieron una génesis insólita. En palabras del propio Musil, «trabajé en dos cuentos dos años y medio, se puede decir que día y noche. Estuve, por su causa, al borde del hundimiento espiritual». El propósito de Musil en estas narraciones era «describir el camino que lleva, en el plazo de sólo veinticuatro horas, de la más entrañable unión a la infidelidad»".



VLADIMIR NABÓKOV





No ese poema crepuscular que compones cuando piensas en voz alta,
con su tilo pintado en tinta china
y cables de telégrafo que cruzan una nube rosada;

no ese espejo que hay en ti, y el delicado hombro femenino,
desnudo y reluciente, que aún en él se refleja;
no el lírico tictac de una rima de bolsillo:
la diminuta música que da la hora;

no los centavos y pesas sobre esos periódicos
que se apilan bajo la lluvia;
no los demonios del dolor carnal;
no las cosas que podrías decir mejor en prosa llana,

sino el poema lanzado desde insospechadas alturas,
cuando aguardas el sonido de la piedra
al caer en el agua, en lo profundo, y a tientas buscas la pluma,
y de repente te llega un escalofrío, y después,

en la maraña de sonidos, los leopardos de las palabras,
los insectos hojiformes y los pájaros de ojos moteados
se funden y conforman una estructura mimética,
intensa y silente, de sentido perfecto.


                                          Trad. de Felipe Benítez Reyes
















Vladimir Nabokov


Владимир Набоков, 1972







JOSÉ PERONI





El día de la rassa

Estamos cerca, casi días
De la celebración,
Que un almanaque español
Señala como el día de la hispanidad.
Esto es simbólico, a lo sumo una costumbre
Como la mayoría de los actos
Que los seres intercambian,
Digo, sin estrellarse mucho, sin artilugios
El día pasará será celebrado, oficialmente,
No pondrán la bandera a media asta?.
Es casi seguro que habrá misas,
Que no cuestionarán las parcelas
De la tierra, que es la única explicación
Que el ser ha logrado sustentar, tentar,
Y lograr acopio de esos bienes. Es probable
Que celebremos, me excluyo, ese día
Como un acto de civilidad; hasta Freud
Estaba de acuerdo. Nadie podrá incorporar
A la memoria de Freud, otros conceptos,
Otros hechos, relatar lo ocurrido,
Que en muy pocos casos las costumbres,
Son desplazadas y da lugar a la verdad,
Tan cuestionada, tan pobre en sus consecuencias
De resultados que comprobados y aseverados
No dejan de estar presente en la superficie de los hechos,
Si querés llamalo memoria, anterior al nazismo,
Pero tan pródigo, tan exterminador y tan siniestro
Que nadie lo recuerda, los que tienen esa voz
No hablan, esa es su venganza, la culpa redonda
Que cada ser lleva en su inconsciencia, como amores
Como verdad o conocimiento que en cuanto lo es
Se parece muy poco a las celebraciones, tan caras.
Tan predispuestas a no cuestionar la propiedad,
La carencia de los dueños, que no tenían dueños
A lo sumo dioses parientes de los seres.
Es un buen día para señalar a los parientes
De la hispanidad. Que yo no celebro, más
Me he creado ese día, como un día de luto y lucha,
Por lo menos para mí mismo. Ese día es para mí
El día de las etnias, y no es sólo eso, es el día
Que me conjuro a mí mismo a seguir luchando,
En un mundo de ciegos que no quieren oír
El silencio que está lleno de buenas costumbres
Y que para ellos es nada más que una hilaridad
De ese silencio. Quizá Valle Inclan, algún otro
Que descrea de la ley de la soberbia y de la propiedad,
Que ni en términos religiosos puede ser explicada-
A no ser una bondad de la cultura que excluye a los más
Que explicada como ambición y competencia, no pueden
Dejar de relacionar los males con el poder. Pero no
Con la propiedad la enajenación y el dominio
Que son los pilares de la ignorancia. Toda cultura
Termina siendo segregada, asimilado por los dones-
De una sapiencia, que no es saber, sino cultura
De las relaciones que la propiedad propone, embelesamiento
Donde ya ni Darwin puede explicarse. Era más humilde
Einstein. Cuando señalaba la armonía del universo,
Ente y saber que en cuanto se conoce más se interroga más
A lo sumo lo que se identifica es un ser político que segrega
Tanto en cultura como en su religiosidad y que de esos
Placeres se han destinado como unos pocos o deseares
De esa plañidera desesperanza. A lo sumo costumbre
Y deseo como apropiación del otro y de su terreno.
Sólo la superficie de la tierra, la carótida hasta donde llega
El arado padre o los ladrillos del buen vecino que no puede excluirse
De la animalidad razonable que las que llamamos fieras no padecen.
Ghetos, lugares del vino pobre, desheredados, inanimados,
En cualquier lugar del planeta, son el reaseguro que la cultura
Debe ser cuestionada, en cuanto se excluya y nombre a dios
O su ausencia, como un bien a su favor, una bota o una estaca
Primordiales lugares, que no hacen resoplar. Y que lo único que aspira
Un bienestar, no será posible si lo que llamamos cultura no sitúa
El lugar de la enfermedad en un lugar que no necesariamente
Debe ser electoral, porque la tontería de las ostentaciones,
Los entusiasmos, son trampas que la ilustración y el saber
No pueden dejar de ostentar. Buenas costumbres, buenas maneras
En que se ejerce la prioridad del alimento. Si dijésemos, cordialidad,
Recepción del deseo y comprensión de la diversidad. Cambiaría no sólo
La ley que es pareja para todos, menos para quien detenta la ley,
Lugar político, que obliga a no exponerse a no negar esa inercia
Que nos expulsa, que nos hace cobijar, en el único lugar hasta ahora
Posible, el lugar de la sobrevivencia. Y de las muertes que son agregadas
Diarios a los que los sabihondos lo toman como una fatalidad, como un 
mal menor.
De esos males menores, y de esos silencios esta configurado
El exterminio actual. Yo creo que por lo menos los intelectuales
De mi país, como un remedio menor a sus costumbres
Deberían protestar y dar lugar a las chicas que laburan en la calle.

Es por lo menos un buen razonamiento. Y una disculpa.



RENÉ VÁZQUEZ


René Vázquez


                      De Ciudad dormida


Yo vine a vivir contigo.
En este asfalto impecable
sembramos la hierba de nuestra vida.
Nuestras familias
lloraban a lo lejos.
Pero el mar de la ciudad nos entendía,
este mar muerto repleto de lámparas sumergidas.
Lámparas de cristal triste y caro.
Pero el mar no sería abismo
sin tu nostalgia y la mía.
Tú viniste a vivir conmigo.
¡Qué aventura encender
las lámparas sumergidas!


René Vázquez, cubano, nacido en Caibarién en 1952, vive 
en Suecia. Tres de sus libros: Difusos mapas, poesía
(Devenir, España, 1994), Ciudad dormida / Stilla Stad,
poesía (es una edición bilingue en español y sueco y está
acompañado de las fotos de Merja Vázquez Díaz). 
La conversación en términos de matices que logran estos
textos con la fotografía es de veras sorprendente. 
Finalmente, está la novela La era imaginaria (Montesinos,
España, 1987). otros libros “Querido traidor” y “La isla 
de Cundeamor”.

ELVIRA ALEJANDRA QUINTERO




El goce


Ella habita el mundo que le dejó su padre.
Su padre recio y tierno,
cuando se levantaba en la niñez a jugar frente al espejo,
Haciendo muecas para que ella riera.

Parece que se hubiera detenido la vida.
Los días de la pasión en el bosque, con su amado, están tan lejos.
Tan lejana la gloria y la dicha, el deseo de correr en las calles desocupadas.

¿Hace cuánto sus labios no besan?
¿Hace cuánto no recorre la electricidad su cuerpo?
Y los pasos,
¿Hace cuánto la llevan nada más que a los sitios permitidos,
bajo toda la luz del día, en qué obediencia?


                                                                  De Los nombres de los días



Todos los días


Me levanto y no rezo.
Me repito que no volveré a lo mismo de ayer.
Reinicio el desordenado ritual de preparar 
cuerpo y ánimo para mostrar al mundo:
La prenda apropiada busco en el armario, 
la frase que taladra silenciosa mis oídos 
pronuncio en el silencio de mi boca.
No sale, se guarda, se recoge. Se unta 
maravillosamente
         de otros gritos que también quieren 
salir.
Todos los días me digo que no puede ser más 
esto.
Que no lo volveré, que no lo haré, que lo 
diré.
Y después de haber gozado en el sufrimiento 
de intentar aclarar
        mi pensamiento en la escritura, repito el 
desorden, la ambición,
        la locura, la codicia, y me digo que 
mañana será por fortuna otro día,
en que habrá tiempo para los buenos 
propósitos.

                                                         De Los nombres de los días



MARCELINO DE LA PARRA





Marcelino de la Parra, tierra y silencio de un luchador relegado



El olvido total sepulta en el cementerio de León a Marcelino de la Parra, líder de la guerrilla antifranquista del que nadie se acuerda. ‘Parra’, amigo de Girón, estuvo siempre al frente de la primera Federación de Guerrillas nacida en España hasta su detención y ejecución en 1948, quién sabe si delatado por su propia familia   Carlos J. Domínguez08/09/2013 - Diario de León El 1 de mayo de 1936, un joven cerrajero leonés de 18 años se sienta delante de un agente de policía de León para formalizar una denuncia. En el taller en el que trabaja le han robado una cazadora de cuero y un reloj de la marca Ken valorado en una fortuna: 60 pesetas. Doce años después, el 1 de mayo de 1948, el mismo mecánico, prematuramente envejecido, sale de la Oficina de Correos deTarragona. Acaba de enviar una carta certificada a León despidiéndose: está a punto de abandonar España. El resguardo de esa misiva permanece en el bolsillo de su chaqueta cuando el 14 de mayo unos agentes de policía le registran en la Comisaría de Tolosa tras una detención muy accidentada a bordo de un tren. ¿O en realidad no fue así? Son dos detalles los que dejan boquiabiertos a los agentes que le interrogan: primero, el trapo rojo que lleva atado al cuerpo, bajo la ropa.



WILLIAM OSPINA




Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar quietos.
Qué son los postes de colores sino los árboles hundiendo sus raíces en el cielo.
Qué son los puentes colgantes sino los árboles jugando con el vértigo.
Qué son las alegres fogatas sino los árboles contando su último secreto.
Follaje de las ondas que va quedando atrás con el golpe del remo,
Follaje de sonidos que en torno de los postes enardece al guerrero,
Follaje de invisibles caminos que comienza en el confín del puente,
Follaje de humaredas que ascienden en desorden entre las titilantes orquídeas.
Con granadillo hice el bastón para espantar a los malos espíritus.
Con la madera del caobo hice las cuentas de un collar para tu pecho oscuro.
Con fruto fresco del tekiba hice la copa en la que le ofreciste el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.


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ANTONIO PRECIADO


Antonio Preciado, poeta de Esmeraldas (Ecuador)



ESPANTAPÁJAROS


Alguno de nosotros ha querido mezclar
en esto de nosotros
a un extraño,
y le dijo al oído nuestros nombres,
de qué lado dormimos,
os sueños que soñamos,
el agua que bebemos,
e1 camino que andamos
con mayor certeza,
el cadáver que aguarda a cada uno
al final de sus pasos.


Hay pues entre nosotros
alguien que se ha torcido
y nos ha traicionado,
alguien que por el lado del abismo
sacó los trapos sucios al espacio,
alguien tan bueno,
bueno,
alguien tan desleal con sus pecados
que al reverso de su hombre siempre ha sido
algo así como un ángel desplumado.

Y yo temo a los ángeles lo mismo
con plumas o sin plumas.
con alas o con brazos.
así que ¡salgan de mis pronto
el ángel desde arriba
y el ángel desde abajo!
que aquí se salva el mundo
mundo
mundo,
pues yo me quedo al pie de este poema
como un descomunal espantapájaros.


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POEMA CON PÁJARO ROJO


Ya está de nuevo aquí
el pájaro de fuego
que viene por las tardes cuando escribo
y se queda conmigo por poemas enteros,
gorjeo tras gorjeo,
palabra tras palabra
Yo contemplo en silencio su afable llamarada
                cuando con devoción anida entre mis versos
y permanece quieto
mirándome,
mirándome,
como queriendo ver si también tengo alas.


                                                       De De boca en boca (2005)


Antonio Preciado(Esmeraldas, Ecuador, 1941). Licenciado en Política
y Economía. Rector de Universidad y catedrático; embajador del Ecuador
ante la Unesco, en París; ministro de Cultura de la República del Ecuador
2007-2008; Figura en infinidad de antologías y ha publicado, entre otros:
Jolgorio (1961), Este hombre y su planeta (1965, primer premio Concurso
Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño), Más acá de los muertos (1969),
Tal como somos (1969), De sol a sol (1979), De ahora en adelante (1993),
De boca en boca (2005).

ENRIQUE BUENAVENTURA





HAY UN HOMBRE


Hay un hombre que ha cruzado
ríos, mares y selvas y desiertos.
Hay un hombre que ha caído
al fondo como la piedra
que le servía de cabeza
al último de los decapitados.

Hay un hombre que ha visto
el fuego de los volcanes
ardiendo en el fondo del océano.
Hay un hombre que ha cantado
sobre la rama cuando el árbol
fue, sobre la selva, derribado.

Hay un hombre que se levanta
del polvo y las cenizas
y empieza a andar envuelto
en los harapos del sudario
y ya nada ni nadie podrá matarlo
porque ha muerto demasiado.

No sé si es bestia o demonio
o ángel caído o ser humano
la muerte lo mira de reojo
y ese hombre tranquilo toma el barco
endereza la vela y algo, algo,
no sé qué, lo espera en la otra orilla.