jueves, 17 de octubre de 2013

ALFREDO FRESSIA





ABEL


Juegan los dos niños. Hermano mío
tan exacto será el crimen, a ti
cabrán estas ciudades y los hijos,
y nos reiremos casi mareados
del carrousel. Dimos vuelta a los ríos
del Edén y vimos girar el globo
terrestre en el pupitre, un ecuador
obeso crujía sobre la esfera,
el calambre en la costilla de Adán.
Era como un vértigo, como un viaje
de regreso obediente rumbo al vientre.
Yo rumiaré con gratitud el pasto
de los nacidos para morir. Tú
trazarás con el compás ese círculo
donde otra vez me hundo. Hermano mío,
guardé el borrón de sangre prometida
en los lentos cuadernos de la infancia,
o eran pergaminos, piel mortal, versos.
Sólo quedó la bóveda del cráneo
y una estrella. Los misiles le apuntan.



"Yo les pido que se lea este poema que mando y que escribí estos días. Lo 
hice sin una intención explícita de compromiso con el pueblo palestino, y 
sólo al final me di cuenta que había hablado todo el tiempo de ese pueblo 
y de la agresión que sufre. Va con un abrazo a todas y todos,
Alfredo."

MARCO ANTONIO CAMPOS






¿QUIÉN LEERÁ MIS VERSOS?

                                 Quem sabe quem os lerá?
                                     Quem sabe a que maôs irâo?

                                         Alberto Caeiro, O guardador de rebanhos



¿Qué será de mis versos? ¿Quién los leerá?
Pronto me iré, y así será, y me iré ¿y qué pasa?
Me he resignado a irme, como me resigno
a los dolores de la tendinitis, a los cólicos          
que arquean el cuerpo y a la mala circulación.
Qué importan las novelas, los cuentos,
las crónicas o ensayos ¿pero mis versos?
Si en el futuro alguien los lee, tal vez perciba
que los escribí con la llama del sol en la hoguera del mediodía
sobre los girasoles, con los matices múltiples
del púrpura y del violeta en la disminución del crepúsculo,
con el grito doloroso del tigre lanceado
en el momento de fallar la red,
con gotas de sangre del pecho de las golondrinas
que no lograron completar el vuelo.


Marco Antonio Campos (México, D.F., 1949). Poeta, narrador,
ensayista y traductor. Ha publicado en poesía: Muertos y dis
fraces(‘74), Una seña en la sepultura (‘78), Monólogos(‘85), 
La ceniza en la frente (‘79), Los adioses del forastero (‘96) 
Viernes en Jerusalén (‘05). Su poesía en un solo tomo: El 
forastero en la tierra(1970-2004).




GREGORY CORSO




Poeta hablando consigo mismo frente al espejo


Sí, Soy yo
Esta caza de mí
se ha transformado en algo evidentemente absurdo
creyendo que cuando yo
era perseguido
no sólo me encontraría a mí mismo
sino también a todo un rebaño de yoes
yoes pasados, yoes futuros
un carro cargado de ellos
y todos estos años
y adónde he llegado
en este punto del tiempo
éste no es el mismo espejo
   que contemplé hace años

                  Es el espejo que cambia
                  nunca el pobre Gregory

  ¡Hey!, en la vida
         Donde fui, fui
         Donde me detuve, me detuve
         Cuando hablé, hablé
         Cuando escuché, escuché
         Lo que comí, comí
         Lo que amé, amé

Pero que puedo decir acerca de
        adonde fui, no fui
        adonde me detuve, continué mi camino
        cuando hablé, escuché
        cuando escuché, hablé
        cuando ayuné, comí
        y cuando amaba...
            no deseaba odiar

Ahora veo a las personas
       como las ve la policía

También veo a las monjas del mismo modo
      en que veo a los hare-krishnas

No tengo representante
me disgusta la idea de un poeta con representante
sin embargo Ginsy y Ferli tienen uno
y hacen pilas de plata con ellos
se vuelven más famosos también
Quizás debiera contratar un representante
     ¡Wow!
De ningún modo, Gregory, quedáte
    En la cercanía del poema

                           Trad. Esteban Moore