lunes, 23 de septiembre de 2013

JORGE AULICINO





ÁRBOLES


El tallo que detiene el ojo
crece un centímetro por día
en la ansiedad del día.
A un centímetro diario el tallo crecerá
3,65 metros anuales.
Pero el ojo no se engaña:
el árbol joven del jardín
no crecerá hasta esa altura en un año.
Hoy, solamente ahora, crece
un centímetro diario.

No durmió bien el observador.
El jardín, en una barrio
que hace cien años fue rico,
tiene plantas frondosas, oscuras, frescas.
El árbol joven, ensimismado entre ellas,
insolente y frágil,
no promete una copa frondosa
ni pájaros ni el suavísimo sonido a sedas
de las hojas de los otros árboles
pero crece, hoy, 3,65 metros anuales.

El momento es absoluto
para los árboles mayores,
lentos o eternos
con velocidad de acuario,
y para el tallo nuevo,
ágil y voraz.
Tallo  que no entiende, como los árboles mayores,
que su objeto es limitar el infinito,
no conquistarlo;
este tallo joven quisiera, en su velocidad,
abarcar con su copa, ramificada millones de veces,
el espacio completo
hasta anular todo dibujo del espacio
entre sus futuras ramas y sus futuras hojas.
Lo comprende bien el hombre que no durmió esta noche.
Su espíritu es
los árboles:
los viejos
y el nuevo.

                     De "Almas en movimiento", Libros de Tierra Firme, 1995

JOHN ASHBERY






inútil
  

Querido escupitajo, la semana está rotando
con el mundo. Afuera, todo es un gritar rabioso.
Me siento como una de las vírgenes de Santa Úrsula
dando un último atisbo a las gradas de árbol y roca,
embistiendo contra lo que debe ser lo inefable,
si es que algo es en sí.

Mañana está aquí el duro juez
y habrá más y más prisioneros
abriendo la ensenada tan lejos como la vista alcance,
hasta los azules comienzos. Tienen su plaza
en las poblaciones, pero en apariencia
no más que nosotros, sembrados aquí para vigilarlos
y retroceder con los sorbos de la marea.

Sabíamos que el puente de la torre era provisional,
las chanzas del alcohol un esquivarse del ojo de Dios,
que contemplamos a una distancia inquisitiva
y precisa. En verano, sombreros de paja y regaliz
para, desvaídos, tomar el gusto a otras fruslerías
y novedades. Nunca es demasiado tarde para el sigilo,
el propio luto o los otros fantasmas irregulares.

                            Traducción de Juan Ramón Mansilla



DANIEL MARTUCCI


Martucci con Mario Trejo
















ESPEJIMENES

alado fango que muebe
en las trofas
lustrada síncopa
flantastica elusión en pedrería
crispa la verdeante la chíllida de pumas
lame de napalm y nicotina
tus niñas órfanas tu crosta tu buqué
muerde pequeñheces
para su testura esquíboca
a pálidos ojazos
ya no te suave símbolo
el ecquinopio ausente
que opticos dragones
tituban en mostrar
no te me míres muerta
inmensa merma
atiza
los estrellados limbos
el pístilo de tu pupila morfa
cránida y maquínica
al raje de su violento atrás
ya no te savo cansina ni te silva
este podrido corazón
ya no acantar el fárrago de luz
azur te múerdago
final tirado a la marchand
rompitud de minas y meollos
de cabo a rabo del eterno pluf




SONETE

todo nos ciega nos empequeñece
la motoneta o toco rojo
al parecer la kryptoníta verde
la poca paga la paja el piojo

sólo amor a muerte enciende sus colores
sus trazos y trizas despabila
ese verdor al desnudar afila
la hoja que cortára su espesura
si no hubiere en vivir esa verdura
esos flashes de tinta adrenalina
comeríamos melanco y amargura
si no hubiere en bibir esa gambeta
que de canto se cuela en la fizura
nos sería esta vida re berreta




HARTÓ

¿terminó mal
antonín artaud?
¿o está bien muerto en su ataúd de pus ardida
harto de hipócrates
y otras injurias de la ley?
: antaud desfigura edipos
triturados con su morisqueta de afear
se iba o fue por tragar brujas kabuki
cucos mexicanos burbujeantes como moscas
escandilado
desparrama sus perlas de mierdra
sobre los secos institutos
¿qué hacés antrod? ¿no te dejabas agregar?
: en el esfuerzo estreya
brota de ojal u ojete un antodyn artod
flamante de sí mismo que
deja su cáscara o cascárria
flotar en las viejas cloacas del paris
“¿cómo se entiende?” preguntaron miliviles
-deshago imperfetos embocados esquizitos
arruino
los antojadizos antifaces
tram truc antrin antrok
eso no te podían permitir
ni te permitían poder artodyn
: indujeron la falta hasta por las cucas arteriales
te cayeron
caíste de la curda realidad
a esta famélica ficción
en que muerto estás en tu artaúd
¿o seguís produciéndote en la fricción
destos trozos de tramoya
partís flujos
como si fueran cuerpos de crujir
deseantes de vos
antonito?
eso no se sabe
estamos como monos que hacen grazia
: quizás vendrïan nuevas especies trans umanas
a empalmar los siete sexos
que se abren
a tu nabe de agujeros
por ahora solo
nos queda desarmar
la vida muerta
despeyejar
el animal humano
y el artilujio
de enterrarlo
en la garganta gigante de la lengua.




JOHN ASHBERY


John Ashbery final


♦♦

Las cosas no ocurrieron por sí solas. Trabajando como un equipo, Whitman enseñó el camino, también tomado por Frost y explorado por Pound. Eliot construyó el muro que la Generación Beat se encargó de derribar, levantando de la carretera las hojas muertas de la tradición. Los Confesionalistas, como Stevens, proponían una salida por debajo de cuevas o antiguas tradiciones.

En la comodidad de la crítica hablar de “escuelas” refiere a una clara homología entre las partes. Pero cada una de ellas, además de ser individuales, exceden en realidad su límites: basta pensar en las influencias orientales en la poesía de Kennet Rexroth –que tanto contribuyó a la de los Beatniks– para desacreditar las supuestas “comunidades (no una comunidad) de la escena pluralista de la poesía contemporánea en Estados Unidos”.¹

Nada de ésto ocurre sin los hombres, esos extraños…

En lo que respecta al resto de la literatura norteamericana, para no ser desprolijos, John Ashbery² representa el máximo exponente de la Escuela de Nueva York, “última” parada del camino recorrido.

Lejos de imponer un seguimiento de su obra, las preguntas versan sobre aquello mismo que no encontramos en sus poemas; mejor dicho, en lo que acontece en la búsqueda por el nombre del castillo.

De cualquier forma, Ashbery responde como un hombre, desde su experiencia, y le resulta un “honor saber que existen lectores de su obra en Buenos Aires”.

Como ningún castillo se sostiene por el aire, el agradecimiento por estas palabras es también para Eleanor Crawforth (Ed. Carcanet) que, trabajando como un equipo, posibilitó el encuentro con John.

Que sean del lector y del poeta las últimas palabras.

J.A: En el marco de las “tres clases de poesía” de Ezra Pound, me gustaría saber si está de acuerdo con los críticos que catalogaron su trabajo bajo el concepto de “Logopoeia”³. En ese sentido, ¿Considera relevantes estas “tres clases” en el contexto y emergencia de la poesía contemporánea?

J.A: Conozco estas tres clases de poesía de Ezra Pound, pero honestamente nunca fui un gran lector de su obra y esta clasificación se me hace un tanto arbitraria. Supongo que Logopoeia es la clase que probablemente encaje mejor que las otras dos [Melopoeia, Phanopoeia]  con mi poesía; y sí, las consideraría relevantes “en el contexto y emergencia de la poesía contemporánea”.

J.A: Como traductor de “Iluminaciones” de Rimbaud, me gustaría que nos cuente cómo vivió esa experiencia. También, teniendo en cuenta su conocimiento y admiración por este poeta… ¿Cuáles fueron las razones que lo llevaron a trabajar con él?

J.A: Viví junto a la poesía de Rimbaud desde que era un adolescente, aunque en ese momento mi francés era muy limitado y tenía que leerlo en una traducción. Siempre pensé que trataría de traducir las Iluminaciones en algún momento, y de hecho hice la primera, “Après le déluge,” [Después del Diluvio], hace algunos años.

El estímulo que finalmente me hizo trabajar en el libro fue una generosa oferta de un editor para que lo hiciera [Ed. Carcamet], sumado a una crónica escasez de dinero.


♦♦

[J.A:  Within the framework of the "three kinds of poetry" of Ezra Pound, I would like to know if you agree with some critics who rated your work under the concept of "Logopoeia". In that sense: Are this "three kinds..." considered relevant in the context and emergence of contemporary poetry?

J. ASHBERY: I know what Pound's three kinds of poetry are, but frankly I have never been a great reader of Pound and the three terms strike me as somewhat arbitrary. I suppose that Logopoeia probably fits my poetry better than the other two, and yes I would consider them “relevant in the context and emergence of contemporary poetry.”

J.A: As a translator of Rimbaud's Illuminations, I would like you to tell us how you lived that experience. Also, taking into account your own knowledge and affection for this poet... What were the reasons that led you to work with him?

J. ASHBERY I have lived with Rimbaud's poetry since I was a teenager, though at that time my French was very limited and I had to read him in translation. I had always thought I’d try to translate the Illuminations, and in fact had done the first one, “Après le déluge,” a number of years ago. The stimulus that finally got me working on the book was a generous offer from a publisher to do so, and a chronic shortage of cash.]



Δ (Entrevista completa en “Trabajando como un equipo «Questions from Buenos Aires Poetry to John Ashbery», Buenos Aires Poetry N°1, 2013).

———————

¹ James E. B. BRESLIN, “Poesía”, en Historia de la literatura norteamericana, Madrid, Cátedra, 2001.

² John Ashbery (Rochester, 1927). Se educó en la Academia Deerfield, graduándose en 1949 en la Universidad de Harvard, y en Columbia en 1951. Viajó a Francia, donde residió varios años con una Beca Fulbright, dedicándose a la traducción, además de la escritura. Desde 1970 fue profesor en el Brooklyn College y posteriormente en el Bard College. Su trabajo poético, ha sido reconocido a través de numerosos premios, tales como el Pulitzer o el Nacional del Libro.


³ Ezra Pound afirma que la poesía puede ser impulsada más allá de su significado de tres modos: 1) melopeia, cuando resaltan sus cualidades musicales, 2) fanopeia, las imágenes visuales, 3) logopeia, “la danza del intelecto entre las palabras”, el juego de la mente sobre toda las facetas de la manifestación verbal.




DANIEL FREIDEMBERG




AGUA FINÍSIMA

Días de rosas en declinación
y agua finísima,
antigua música en las habitaciones
donde el amor se viene a ser.
Aquí algo pasa que se nombra en vos.
Y lo que huía se detuvo: aquí
todas las cosas son el alma
como eran de alma las palabras
que el aire da lento a caer:
"vienen palabras" oigo
que decís. Palabras
bajando lentas al fondo de todo:
soy en las cosas que en el aire ordenabas,
soy,
ahí entre todas las palabras,
el que se entrega al tacto
de la materia impredecible
vuelta a nacer en cada movimiento:
lo que baja en vos.


Daniel Freidemberg nació en Resistencia, Chaco, en 1945. Es poeta,
crítico literario y periodista. Es autor de los libros de poesía "Blues
del que vuelve solo a casa", "Diario en la crisis", "Lo espeso real"
"La sonatita que haga fondo al caos", "Cantos en la mañana vil",
"Noviembre" y "En la resaca".

CÉSAR MERMET





Titanic


Los últimos serán los últimos
y perderán sus botes.
Subirán a escena los subsuelos del buque,
últimos pero tarde,
persistentes los últimos en fe y en servidumbre,
finales pero a tiempo
de asumir sus roles, los últimos chalecos,
las biblias, la nobleza,
para el magno descenso.

Porque los últimos serán primeros
contados desde el fondo,
y protagonizarán el llanto
y serán los últimos en ser primeros
en ganar el submarino cielo de las algas,
primeros como nadie en esto de ser últimos
encabezando por mérito el reparto.
Y perderán los salvadores botes
fletados con Yocasta y con Edipo
flotantes cómplices en plural promiscuo;
los últimos serán los puros,
su madurez a pique,
su soledad a fondo.
Por ser los últimos subirán puntuales a la víspera
de la condena, y justo para el reparto
principal de la catástrofe.

Los últimos serán el cierre.
Hefestos advocado a calderas
y Hermes transicional
en intercontinental resaca migratoria.
Y las legiones del servicio,
con licencia especial por cancelación de travesía.
los finales serán postreros,
nadie les quite su honra.
Últimos en retirar repetitivos dedos
del telégrafo litúrgico a la nada.
Últimos en quitar
la pala brava del carbón brillante,
la fina mano caligráfica de la bitácora,
el mentón del violín,
el capitán de su aplomo con insignias
y de su gorra impuesta a muerte,
los postreros serán primeros
en tránsito de la decente compostura
al grito solo de Job
hundiéndose Jonás en Leviatán helado.

Los últimos tendrán su himno,
su oficio de tinieblas pero iluminado
con altísimos fuegos de artificio.
Los que sostienen el pabilo sonoro y tembloroso
serán para alumbrar la gloria de los últimos,
serán también postreros
porque los últimos hacen la música a los últimos,
acompasan el miedo, templan el grito
afinan la discorde turba,
organizan los rostros y el aliento,
armonizan el tiritar final,
el crujir de los huesos, el castañetear de dientes,
clave de luna, con calderón final.

Por admirable devoción a compañías navieras
o a la Iglesia Anglicana
por hábito con liquen adherido al cónyuge,
por inconmovible fe en el Lloyd’s de Londres,
por elegir fracaso con santa ineptitud certera,
por contemplar en vez de saltar, golpear y vencer,
porque alguien tiene que ayudar a ser últimos a los últimos
porque poner final
cerrar, morir
es decencia del alma,
porque salvarse es sospechoso,
muchos prefieren ser alguno entre los últimos.
Porque sobrevivir
después de hora
resfría, habilita para la compasión lloriqueante,
porque huelen mal los botes de los salvos.

Todo será apacible,
por lo general, los mejores naufragios
acontecen sin cesación de fiesta,
se consuman con lenta belleza reservada
escéptica, dignamente,
el flirt, el póker, los negocios siguen
confortándose con respetable compostura,
las usinas, los barmen y la música
embellecen la noche hasta el último instante.
El hundimiento es feérico, fastuoso, iluminado
hasta aquí casi inmóvil, con decorosa calma,
y aunque el declive acelere el desnivel a proa, en ángulo salado,
aseguran que seguirán la música y las bellas luces
y fue en verdad la travesía de una ciudad flotante
con balcones de gala asomados a hielos fascinantes,
ciertamente plenos de luna alucinada
como las inolvidables noches de Saint Moritz.

La Compañía recomienda creer que es un ejercicio de rutina,
en verdad apasiona la patética verdad del simulacro.

A popa la orquesta y voluntarios de tercera cantan
en trasnoche de singular extravagancia
como en terrazas iluminadas, abiertas
al insondable tiempo:
bajo efímeras sombrillas leves de luz y de color
a gran final cayendo.

“Los últimos serán postreros.
¡Aleluya la confraternidad del frac con fogoneros,
la cofradía del último grito de los últimos solos,
y ay del plural culpable,
ay del náufrago converso,
ay de los que sobreflotan
la fiesta hundida!

¡Bienaventurados los últimos
porque ellos serán colmados
por túmulo eterno
porque ellos sembrarán salado olvido
perenne como las estrellas,
con lo que somos, fuimos,
éramos, íbamos, vaaaamoooooos....!”


Mermet nació en 1923, en Malabrigo, un pueblo al norte de la pcia. 
de Santa Fe; fue hijo de un ingeniero ferroviario y pasó su infancia 
en distintas ciudades del Litoral. Luego de vivir unos años en Men
doza, se casó y se radicó en Buenos Aires, donde tuvo dos hijos
Trabajó en televisión, en radio y publicidad. Escribió poesía desde los 
años cuarenta hasta el año de su muerte.



JOHN ASHBERY






AUTORRETRATO EN ESPEJO CONVEXO


Como hizo el Parmigianino,la mano derecha
mayor que la cabeza,tendida hacia el que mira,
retirándose con suavidad, como queriendo proteger
aquello que revela. Unos vidrios emplomados, vigas viejas,
forro de piel, muselina plisada, un anillo de coral
se acompasan en un vértigo donde descansa el rostro,
que va y viene flotando, como la mano,
pero que está en reposo.Es lo que queda
recluido.Dice Vasari:"Francesco se dispuso un día
a hacer su autorretrato, para lo cual se contempló
en un espejo convexo, como el que usan los barberos...
De este modo pidió que un tornero le hiciese
un globo de madera, y tras dividirlo en dos partes
y reducirlo al tamaño de un espejo, se dispuso
con mucho arte a copiar lo que veía en el cristal".
Principalmnete su reflejo , del que el retrato
es el reflejo cuando se ha apartado.
El cristal decidió reflejar sólo lo que él veía
lo cual bastó a su propósito: su imagen
vidriosa, embalsamada, proyectada en un ángulo
de 180 grados.
La hora del día o la densidad de la luz
que se adhiere a su rostro lo mantienen
alerta, intacto, en un gesto recurrente
de llegada. El alma se instala.[...]



Parmigianino, Autorretrato en espejo convexo,
h1524,ól/tabla, 24,4, cm diám. Viena.






























SELF-PORTRAIT IN A CONVEX MIRROR


As Parmigianino did it, the right hand
Bigger than the head, thrust at the viewer
And swerving easily away, as though to protect
What it advertises. A few leaded panes, old beams,
Fur, pleated muslin, a coral ring run together
In a moviment supportng the face, which swims,
Toward and away like the hand
Except that it is in repose. It is what is
Sequestered. Vasari says, "Francesco onc day set himself
To take his own portrait, looking at himself for
that purpose
In a convex mirror, such as is used by barbers...
He according caused a ball of wood to be made
By a turner, and having divided it in half and/
Brought it to the size of the mirror, he set himself
With great art to copy all that he saw in the glass,"
Chiefly his reflection, of which the portrait
Is the reflection, once removed.
The glass chose to reflect only what he saw
Which was enough for his purpose: his image
Glazed, embalmed, projected at 180-degree angle.
The time of day or the density of the light
Adhering to the face keeps it
Lively and intact in a recurring wave
Of arrival. The sould establishes itself.[...]



JOHN ASHBERY


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No es excusa la ignorancia de la ley

  
Nos advirtieron de las arañas y la hambruna ocasional.
Condujimos al centro para ver a nuestros vecinos. 
Ninguno estaba en casa.
Fuimos instalados en jardines creados por la municipalidad,
reminiscencia de otros diferentes lugares–
¿pero lo eran? ¿No los conocíamos de antes?

En viñedos donde el himno de la abeja ahoga la monotonía,
dormimos buscando paz, uniéndonos a la gran carrera.
Él se me acercó.
Todo fue como siempre ha sido,
excepto por el peso del presente,
que hizo naufragar el pacto que habíamos hecho con el cielo.
De verdad no había motivo de regocijo,
ni tampoco necesidad de dar media vuelta.
Estábamos perdidos sólo por estar ahí,
escuchando el zumbido de los cables allá arriba.

Lloramos la partida de esa meritocracia que, brutalmente vibrante,
había mantenido leche en el vaso y comida sobre la mesa.
A la usanza de barrio de mala muerte, destartalados
volvimos caminando al cristal de roca original en 
que él se había convertido,
todo preocupación, todo miedo por nosotros.
Bajamos con cuidado
hasta el último escalón. Ahí puedes afligirte y respirar,
enjuagar tus pertenencias en la helada fuente.
Tan sólo ten cuidado con los osos y lobos que la frecuentan
y la sombra que se acerca cuando esperas el amanecer.


                            © Traducción de Juan Carlos Villavicencio


ERNEST HEMINGWAY





D'Annunzio


 Medio millón de italianos muertos
 y encuentra placer en esto
 el hijo de puta. (1920)

    
   

  Asesinado en Piave . 8 de Julio de  1918


  El deseo y
  las dulces y pungentes penas
  y las superficiales heridas
  que fuiste tú,
  se han convertido en triste realidad.
  Ahora de noche vienes sin sonrisa
  a acostarte conmigo
  una torpe, fría y rígida bayoneta
  sobre mi alma encendida, palpitante. (1921)




 Últimamente


  Intentó escupir la verdad;
  con la boca reseca al principio,
  babeó y baboseó al final;
  la verdad goteaba por su barbilla. (1921)

       


  Todos los ejércitos son Iguales


  Todos los ejércitos son iguales
   la publicidad es fama
   la artillería hace el mismo viejo ruido
   el valor es atributo de los muchachos
   los viejos soldados tienen los ojos cansados
   todos los soldados escuchan las mismas viejas mentiras
   los cadáveres siempre han atraído a las moscas. (1922)




  No me interesan las mujeres extravagantes


  No me interesan las mujeres extravagantes
  ni el coñac
  ni las mentiras
  porque estoy enamorado. (1922)