sábado, 21 de septiembre de 2013

JOSÉ HIERRO





ALEGRÍA

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza

a las divinidades de la vida.



La crítica de arte de José Hierro


ALUCINACIÓN

Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos,
a sentir en la carne desnuda la escarcha.
¡Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba!
¡Tan feliz creación elevada a la cima más alta!
Siento el tiempo pasar y perderse y tan sólo por fuera de mí se detiene.

Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia.

¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio!
¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada!

¡Tanta luz ,tan abiertos caminos!
¡Tanta vida que evita los siglos y ordena en el día su magia!

Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro;
si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama.
Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida,
a costa de mí, de mi muerte diaria...

¡Tanta luz, tan remoto latir de la hierba...!
(Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha.)

¡Tanta luz, tan oscura pregunta!
¡Tan oscura y difícil palabra!
¡Tan confuso y difícil buscar, pretender comprender y aceptar,

y para lo que nunca se para...


José Hierro(Madrid 1922-2002). Autor de obras como Libro de las
alucinaciones o Cuaderno de Nueva York, el escritor cultivó una lírica
que lo llevó a ganar los principales premios del idioma: el Cervantes de
Literatura, el Reina Sofía de Poesía y el Príncipe de Asturias


FRANCISCO BRINES





Mis tres fauces

El perro aquél aulló varios veranos
 siempre solo en la casa abandonada.
Aún sigue su terror en mis oídos,
dentro de mi aúllan
(con el miedo de Cristo abandonado
en el viejo olivar)
las fauces de aquel perro, tan sediento
de alguna compañía,
en aquel cielo azul que se apagaba
por entre las palmeras y naranjos
donde mi juventud
se miraba en el mundo.
Yo soy ahora el perro, que aún no ha muerto,
y soy también el miedo de Cristo abandonado
en el viejo olivar,
bajo los astros fríos.
Mis tres fauces:
del animal que soy,
de Dios (que me abandona)
y estos restos de espíritu y de carne
que se muerden.



EL VASO QUEBRADO

     Hay veces en que el alma
se quiebra como un vaso,
y antes de que se rompa
y muera (porque las cosas mueren
también) llénalo de agua
y bebe,
          quiero decir que dejes
las palabras gastadas, bien lavadas,
en el fondo quebrado
de tu alma,
y que, si pueden, canten.

                               De Para quemar la noche, 2010


Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932)

MICHEL HOUELLEBECQ






TRANSPOSICIÓN, CONTROL

La sociedad es quien establece las distinciones
Y los procedimientos de control
Hago acto de presencia en el supermercado,
Interpreto muy bien mi papel.

Asumo mis diferencias,
Delimito mis exigencias
Y abro la mandíbula,
Mis dientes están un poco negros.

El precio de las cosas y los seres se tasa por consenso
transparente
Donde intervienen los dientes,
La piel y los órganos,
La belleza que se marchita.

Ciertos productos con glicerina
Pueden constituir un factor de plusvalía parcial;
Decimos: «Es usted hermosa»;
El terreno está minado.

El valor de los seres y las cosas es generalmente de una precisión extrema 
Y cuando decimos: «Te quiero»
Establecemos una crítica,
Una aproximación cuántica,
Escribimos un poema.



EXHIBICIÓN

Pendiente de tus palabras,
Caminaba por la plaza al azar
Los cielos se abrían, y yo debía representar un papel
En algún sitio.

Desplegada, la cascada muerta
Derramaba fragmentos de gel
Alrededor de mi arteria aorta,
Me sentía superficial.

Volcán de palabras superfluas,
Olvido de relaciones humanas
Existe un mundo en que la gente se mata,
Existe un mundo entre nuestras venas.

La aquiescencia de este mundo es sencilla
Si uno se resigna a perder la felicidad
La palabra no es inútil,
Llega justo antes de la hora

En que los fragmentos de vida estallan,
Se ordenan con serenidad
Al fondo de un ataúd decorado
Terciopelo helado, madera antigua, viejo rosa.

Terciopelo como una gaseosa
Que chisporrotea a flor de piel,
Cribado como una piel nómada
Que se desgarra en finos jirones

En un universo de atrezzo,
Un universo donde todo es bello
En un universo de exhibición,
En un universo en jirones.



LOS ALGEBRISTAS

Ellos flotaban en la noche cerca de un astro inocente,
Observando el nacimiento del mundo,
El desarrollo de las plantas
Y el impuro pulular de las bacterias;
Ellos venían de muy lejos, tenían todo el tiempo por delante.

Ellos en realidad no tenían
Ni idea sobre el porvenir,
Veían cómo el tormento
La penuria y el deseo
Se instalaban sobre la Tierra,
Entre los seres vivos,
Ellos conocían la guerra,
Ellos cabalgaban el viento.

Ellos se reunieron en la orilla del estanque,
La neblina se levantaba y reanimaba el cielo.
Recordad, amigos, las formas esenciales;
Recordad al hombre. Recordadle largo tiempo. 


                     De Poesía, Trad. de Altair Díez y Abel H. Pozuelo
                     Anagrama. Barcelona, 2012.


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