jueves, 19 de septiembre de 2013

AHARON SHABTAI


Aharon Shabtai



NO, SAFO


La cosa más bella, dijo Safo, es aquel que amas.
No Safo, digo yo. Aquel que amas no será bello
Mientras un contratista o corporación o compañía de personal chupe su sangre-
Con 15 siclos por hora no hay futuro para la belleza.
Déjame sacarte de la cabeza la basura con que te han alimentado.
Anaktoria no será bella si la obligan a trabajar como prostituta,
Attis no trenzará flores si cierran la fábrica y la trasladan a El Cairo.
Por lo tanto, lo más bello, la precondición de la belleza, es la lucha de clases.
Tenías razón. Ni jinetes ni fuerzas armadas, ni buques de guerra,
Pero cuando prevalecen la solidaridad de los trabajadores, la cooperación y la igualdad
Entonces los cielos y la tierra se besarán en los ojos de mi amada.
Por lo tanto, no es entre los escritores, ni entre los docentes ni en un concierto
Que encontrarás hoy la belleza, sino en los sindicatos:
Los basureros, los camiones de la basura, Safo, son la cosa más bella.




JIMMY SANTIAGO BACA



                          Foto de Karen Kuhen


Así que los mexicanos le están quitando el trabajo a los americanos


“¿Ah sí? ¿Llegan a caballo
con sus rifles y dicen

Eh gringo, dame tu trabajo?

¿Y tú, gringo, te quitas el anillo,
sueltas la cartera en una manta
tirada en el suelo, y te largas?

Oigo que los mexicanos te están quitando el trabajo.
¿Será que llegan a escondidas de noche a la ciudad,
y mientras vas a casa con una puta,
te agarran, te ponen un cuchillo en la garganta
y te dicen: Quiero tu trabajo?

Hasta por televisión, un líder asmático
se arrastra como una tortuga apoyado en su asistente
y desde el nido de arrugas de su rostro
una lengua repta bajo una lluvia de flashes
de reflectores de los cámaras y carraspea
“Nos están quitando nuestros trabajos”.

Bueno, he ido a buscarlos, 
preguntando dónde diablos están esos asaltantes.
Los rifles que oigo atronar en la noche
son de granjeros blancos que disparan a negros y morenos
de costillas que brincan 
y con hijos muertos de hambre,
los veo a los pobres partir en busca de trabajo,
veo a pequeños granjeros blancos vendiendo sus propiedades
a granjeros de traje limpio que viven en Nueva York,
que nunca han estado en una granja,
que no conocen el aspecto de una pezuña ni el olor
del cuerpo de una mujer agachada todo el día en el campo.

Esto veo, y oigo que unas pocas personas sólo
tienen todo el dinero del mundo, el resto
cuenta los centavos para comprar pan y mantequilla.

Bajo ese tibio mar verde del dinero,
millones y millones de personas luchan por vivir,
buscan perlas en la oscuridad más profunda
de sus sueños, contienen el aliento durante años
tratando de atravesar la pobreza para tener algo al menos.

A los niños los dan por muertos. Los estamos matando,
eso es lo que América debería decir;
en la televisión, en las calles, en las oficinas, decir,
“No damos a esos niños la oportunidad de vivir”.

Los mexicanos nos están quitando el trabajo, dicen en cambio.
Lo que en realidad están diciendo es, que se mueran,
y sus niños también.”


                                trad. Mª Soledad Sánchez Gómez



DEZSÖ KOSZTOLÁNYI





"Siempre me ha interesado una sola cosa: la muerte. Nada más. Me convertí en un ser humano el día en que, a la edad de diez años, vi muerto a mi abuelo, que era el ser a quien más quería por aquel entonces. Sólo desde ese momento he sido poeta, artista, pensador. El silencio de la muerte - la gran diferencia que opone la vida a la muerte- me hizo comprender que debía hacer algo. Empecé a escribir poesía... En lo que a mí respecta, lo único que tengo que decir, por muy pequeño que sea el objeto que puedo alcanzar, es que estoy muriendo".






“Hay hoteles de ambiente familiar, donde nos encontramos más a gusto que en nuestro hogar, con las ventajas añadidas de que gozamos de una mayor independencia, libres de las tensiones familiares. Hay hoteles apacibles, amables y cómodos. Hay hoteles tristes, sobre todo en provincias, que semejan pianos desafinados, que nos mueven a la melancolía con sus espejos ciegos y su ropa de cama húmeda. También hay, claro está, hoteles malditos, con olor a muerte, que nos sumen en la desesperación, muy apropiados para suicidarse una noche de noviembre. Hay hoteles joviales, en los que el agua ríe al salir borbollando de los grifos. Hay hoteles severos, solemnes, mudos, hoteles parlanchines, hoteles crápulas, hoteles señoriales, fiables, tranquilos, cubiertos de la noble pátina del pasado, hoteles livianos, hoteles pesados, hoteles sanos, en los que incluso los desagües irradian luminosidad, y hoteles enfermos donde cojea la mesa, renquea la silla, los armarios andan con muletas, los sofás padecen tisis, las almohadas yacen moribundas sobre la cama. En pocas palabras: hay hoteles de todas clases.”

                   De Kornél Esti. Un héroe de nuestro tiempo. Pág. 199.