domingo, 25 de agosto de 2013

LUIS GRUSS


  


CIEN VECES NO DEBO

No debo llamar al gato desaparecido. Debo aprender a estar solo. Cien veces no debo hacer lo que me duele. Siguen tirados los trapos meados en la terraza. No debo mantener en pie los árboles caídos. La casa es buena fosa donde dormir. No debo innovar. Los gestos son los mismos aunque la tierra se llene de cohetes que llevan a otros mundos. No debo llamarlo, oh pequeño ser, no debo llamarte. Ya no.



MEDIA VERDAD

Media verdad. Como una media rota en la base. Media verdad es todo lo que puede decirse. Y a veces ni eso. La mitad de la mitad. Menos aún. Media verdad como comer a medias. El mensaje contiene una media mentira que podría ser también media certeza escondida. Menos aún. La mitad de la mitad. Hay una verdad a medias que se cuela por los agujeros y revela una parte del conjunto. Es el bretel de un corpiño vacío. Una siesta. Un ataque de desesperación. Media palabra para no decirla ni mostrarla entera. Como pasa a veces en la litera de ramas que da paso al puente donde espera un beso la bella durmiente del bosque. Ella también miente. Pero es un hecho que está esperando algo húmedo que por fin la sacuda del largo letargo. Cae la noche en el bosque. Media noche. Media verdad.



LG, docente y escritor. Ha publicado libros de narrativa, ensayo y
prosa poética. Es autor de Malos poetas y La carne, editados por 
Atril en 1998 y 2004, respectivamente. En 2003 recibió el premio 
de Argentores por su obra dramática Oscura Clarice. Su libro Lo 
Inalcanzable(Capital Intelectual, 2008) fue finalista en el concurso 
de ensayos convocado por el diario La Nación. En 2010 publicó El 
silencio.


                        escrito-en-el-cuerpo-de-luis-gruss


                                       INTERVIEW        

HUGO GOLA


LA VOZ DE LA EXPERIENCIA. EL SANTAFESINO HUGO GOLA LEYO POEMAS Y REFLEXIONO SOBRE EL TRABAJO POETICO.




                    Una carta de Paul Celan

                                              Traducción del francés de Hugo Gola


Querido Hans Bender,

le agradezco su carta del 15 de mayo así como la amistosa invitación para participar en su antología Mi poema es mi cuchillo.

Recuerdo haberle dicho una vez que el poeta, desde el momento en que el poema está realmente allí, se halla liberado de la complicidad inicial. Es posible que eso mismo lo formulara hoy de otra forma, o más bien de un modo un poco más matizado: pero sobre el fondo tengo la misma –antigua– opinión. Ciertamente, existe aquello que ahora, con tanto gusto y tan ligeramente, se denomina oficio. Pero –permítame expresarle este compendio de pensamiento y experiencia– el oficio como trabajo exacto y honesto, es la condición de toda literatura. Ese oficio artístico no está, en verdad, a resguardo, para quien sabe que hay un suelo. Tiene sus abismos y sus profundidades. Algunos (ah, yo no me cuento entre ellos) disponen todavía de un nombre, el oficio (Handwerk), lo llaman, un asunto de las manos. Y esas manos a su vez pertenecen a un solo hombre, es decir, a un alma única y mortal que con su mutismo y su voz busca un camino.

Sólo manos verdaderas escriben un poema verdadero. En principio no veo ninguna diferencia entre un apretón de manos y un poema. Que no nos lleven de nuevo a aquella “poiein” y a otras tonterías. Esa palabra, con sus cercanías y sus lejanías, significa totalmente otra cosa que lo que se le quiere hacer decir en el contexto actual.

Existen ejercicios, querido Hans Bender, en el sentido espiritual del término, es cierto. A un lado uno encuentra, a cada lado del camino poético, todo un tráfico de experiencias con el así llamado material de las palabras. Pero los poemas son igualmente regalos –destinados a aquellos que están más atentos. Regalos que transportan con ellos un destino.

“¿Cómo se hacen los poemas?”

Hace años he podido ver de cerca, durante un cierto tiempo, y más tarde comprobar a mayor distancia, exactamente, cómo ese “hacer” poco a poco degeneraba en una habilidad y en una artimaña embaucadora. Sí, esto también existe, usted seguramente lo sabe, y no proviene del azar.

Vivimos bajo un cielo sombrío y hay pocos hombres. Por esta razón, sin duda, hay asimismo pocos poemas. La esperanza que todavía tengo no es mucha: intento preservar la que me queda. Con mis mejores votos para usted y su trabajo

Su
Paul Celan


París, 18 de mayo de 1960.



* Traducción publicada en Poesía y poética 28 (invierno 1997). 
   Dirección de Hugo Gola.

YUKIO MISHIMA






icaro

¿Acaso pertenezco al cielo?
¿Por qué de ser así
el Cielo me ha determinado
con su incesante mirada azul,
Induciéndome a avanzar y
elevando mi mente
hasta las cúspides,
me ha lanzado
a las últimas alturas
por encima de lo humano?
¿Por qué si el equilibrio
y el vuelo han sido estrictamente calculados
con la mejor razón,
de tal modo que por imperio de
lo correcto
desaparezca lo aberrante
Por qué, no obstante, la vehemencia
por el ascenso
parece tan cercana a la locura?
Nada me satisface. La novedad
terrena muere pronto
Pero yo soy impulsado más alto y
más alto, en la inestabilidad, hasta
llegar al resplandor del sol
¿Por qué esos rayos de la razón
me queman, me destruyen?
La poblaciones
y los arroyos serpentinos,
allá abajo
son tolerables
mientras más nos alejamos.
¿Por qué quieren persuadirme
me ruegan, me argumentan
para que ame a los humanos
si son tan insignificantes
desde lejos, si el amor
nunca será la meta
ni lo ha sido. ¿Podría entonces
yo pertenecer al Cielo?
No envidio la libertad del ave
Ni ansío la cómoda naturaleza,
tampoco busco en la nada
la salvación
ante la extraña aflicción
por las alturas; antes bien
mientras más me elevo
entro a las inmensas profundidades
del Cielo azul.
Desprecio todas las joyas naturales
porque están muy lejanas
del supremo placer.
Me deslumbra el vértigo
incandescente
de las alas de cera
¿O acaso, después de todo
pertenezco a la tierra?
¿Y por qué, si fuera así
la Tierra se afana
en hacerme caer y
no me deja pensar ni sentir?
¿Por qué la Tierra, indolente y
blanda, me llama con golpes
de platillos de acero?:
¿Para mostrarme que soy blando?
La naturaleza pertenece
a las cosas ordinarias.
¿Qué es más genuino, desde lo alto,
que mi pasión imponderable?
¿El azul del Cielo
es nada más que un sueño?
¿La Tierra a la que pertenecí.
tramó a nombre de lo efímero,
la intoxicación blanca y caliente
que acaba en un solo momento
con las alas de cera?
El Cielo me castigó
por no haber creído en mí,
o por haber creído
demasiado; me comió el ansia
por encontrar la lealtad o por
soberbia creí saberlo todo.
¿Y sólo porque he querido volar
a los confines
de los mundos conocido y
desconocido? Mundos
que se hacen uno
en el fragmento azul
de una idea.

                                         Último fragmento de " El sol y el acero"


Yukio Mishima (1925 -1970)

JORGE RIVELLI






10 de marzo …(12)…
edificio de la calle san josé al 200
cuarto piso departamento “C”
ocho y cuarto de la noche
enciendo la radio y el televisor
el presidente habla por cadena nacional
se refiere a los beneficios
de manejar una ferrari testarosa
al privilegio de ser argentino
por montar una bestia que ruge
y devora el asfalto de la ruta 2
en un abrir y cerrar de ojos
y sigue con un detallado
road test de la máquina italiana
más información
en la revista parabrisas corsa
del 23 de Febrero
preparo la cena y descubro
que la botella de amargo obrero
que utilizo para fraccionar
el vino de damajuana nacarí
tiene restos de óxido
suena el timbre y el teléfono
al mismo tiempo
levanto el tubo es mi ex mujer
pregunta cuando el full mata color
voy a la puerta es la vecina
me pide una taza de vino nacarí
es imposible contestar al unísono
si en la misma mano se dan esas dos piezas
y el juego es abierto entonces full mata color
en estos casos te recomiendo apuesta ciega
duplicando todo lo que abra
2 a 4 / 4 a 8 / 8 a 16 / 16 a 32 / 32 a 64
tengo dudas con el vino
-no importa tengo mucha sed-
por la escasa ropa
el rojo de las mejillas y
la temperatura de sus manos
debe tener fiebre uterina
-puedo pasar y probamos juntos el estado del vino-
con dos copas de cristal
y desnudos en la bañadera
brindamos por el privilegio de ser argentinos
el problema residual
puede ser el exceso de orujo
en la fermentación de las cepas
o lavandina en la higiene de la botella
pero la culpa del indio nacarí era insostenible
huyó de la etiqueta de la damajuana
rumbo a la rioja en busca de facundo
acabamos el presidente la vecina y yo
y quedamos de luto por la muerte de bukowski


JR(Buenos Aires, Argentina). Poeta. Durante 10 años editó y dirigió la
revista OMERO poesía. Premio Fondo Nacional de las Artes 2004.
Actualmente es Editor Responsable de La Porteña y dirige la selección
de poesía de la Colección Acento Urbano de esta editorial.