jueves, 8 de agosto de 2013

OCTAVIO ARMAND




MILTON


Si en mis sueños
también fuera ciego
no querría tanto a la noche,
que es mi día.



 ODA


Solo una vez
he oído cantar al ruiseñor.
Fue en tu poema, John Keats.



NO DEL TODO


Quien no se suicida,
no del todo,
nunca del todo,
hable otra cosa
ante el amarillo incauto
de los girasoles, la luz
que a veces parece un rostro,
o una silla, las botas
que pintó descalzo
en su cuarto menguante.


Con ojo de huracán,
no con astuto
reojo de cíclope,
admira el linaje rebelón
de una verdad.
Pero sigue.
Nada queda tan lejos

como la tierra que pisas.


OA(Guantánamo, Cuba, 1946). Poeta, ensayista, traductor. Fue 
director-fundador de la revista Escandalar. También dirigió Ujule
Publicó en poesía: Horizonte no es siempre lejanía (1970); Entre 
testigos (1974); Piel menos mía (1976); Cosas pasan (1977); Cómo 
escribir con erizo (1979); Biografía para feacios (1980); Origami 
(1987) y Son de ausencia (1999). En ensayo: Superficies (1980) y El 
pez volador (1997). Actualmente reside en Caracas-Venezuela.

ARTURO CARRERA





Otra moneda

Y el dialecto de ellos, moneda de la infancia,
aunque la infancia fuera nuestra sombra
que pesa sobre la levedad de otro paladar ínfimo

—el diapasón,
diapasón para todos,
de la primera moneda —aguda en cada orden.

Entre la orfandad y el colmo de las madres,
las tías y las primas y las abuelas,

y abuelos padres,
tíos y primos últimos,

granizo de verano sobre cada imagen;
vago error en cada compás del caos.

Debiste de ir al fondo,
contar cada detalle, cada pelito, y
cómo se hacía el dinero en el metal,
cómo se dibujaba su poderosa métrica
infantil cuando al comienzo
ellas también tenían
bellezas del balbuceo: tin-tin-eo.

Pero no tienen estilo,
y aunque tengan repeticiones, sílabas,
se llaman monedas;
susurros parecidos, altos agudos pistilos
como en las flores;

no tendrán el asidero de tus sueños,
ni tu verdad, ni tu sigilo de la forma
en esa trama en zig-zag parecida al toma y daca.

¿Quién puso de relieve la regularidad oculta
de ciertos afectos tan vivos
que parecían desordenados?


AC(Gral. Pringles, 1948). Cursó en la Universidad de Buenos Aires 
estudios de Medicina y Letras. Algunos de sus libros publicados: Es
crito con un nictógrafo, 1972. Momento de simetría, 1973. Oro, 1975. 
La partera canta, 1982. Arturo y yo, 1983. Mi Padre, 1985. Ticket, 
1986. La banda oscura de Alejandro (fragmentos), 1993. El vespertillo 
de las parcas, Bs As, 1997. Children´s corner, Macerata, Sestante
1997 (antología poética). Children`s corner, Último Reino, 1989. 
Pizarrón,  2004. Potlatch, 2004. Carpe diem, 2004. Etc, etc.

PAUL GUILLÉN




EL ESPECTADOR INVISIBLE, IMPARCIAL & ESPECTRAL
(RODRIGO LIRA’S FRONTISPIECES)


Si hay un Proyecto de Obras Completas de Rodrigo Lira ¿deberíamos empezar por la primera o la segunda parte? Yo empezaría a hablar del cachorro o del perro muerto, antes que de Rodrigo, cuando uno tiene un angustioso caso de soltería no debería fijarse que en la calle se hizo perro o que las azucenas de la esquina arden en perfume y sexo, el cachorro tiene el pelaje descastado, como es costumbre en él no cuida ni se pierde en la intersección de ninguna avenida, ese perro –ni flaco ni gordo ni negro ni azul– sólo mira a los transeúntes perder sus pisadas y sus ojos, y si esos ojos rodaran por la pista como canicas, los cachorros o los perros muertos sólo verían sangre y una piara torpe rumbo al camal; pero los cachorros tienen rabia y tiemblan y temen que la baja policía los atrape, sus babas son imparciales y frías, sus patas están rotas, no pueden chillar, ya no persiguen gatos, ratas o mariposas, sólo ven a los transeúntes pasar leyendo poemas ecológicos sin lógica, esos cachorros peludos y babosos pintan con sus rabos miles de acuarelas llenas de peces y palomas enlatadas, cuando tienen hambre ya no pueden ir al supermercado por la comida de moda, se arrastran y sólo ven y no quieren ser el perro desollado de Varela, sólo atinan a dar un mordisco al aire –niebla que se confunde con la carne del perro en las mañanas en que voy a recoger el periódico, y justo ahí me encuentro con el celeste color valium de tus ojos bien lustrados–, esa guasa es tu Belleza en toneladas kilométricas o son mis ojos que ya cayeron y son imparciales, espectrales e invisibles.



Administra el excelente blog  www.sol-negro.blogspot.com.ar/

ITALO TESTA





El corazón pesado

Como la fábula del provinciano           
perdido en la gran ciudad:
en la explanada donde las calles convergen
se orienta mirando los tilos
el callejero cobrizo de las manchas
que aquí atormentan las hojas.
Todo es selva, las torres de acero
las paredes que reflejan, los vidrios
son estanques hechizados, ramas y troncos
recorridos por cuervos parlantes;
será como el cuento del muchacho
que se casa con la selva y transforma
las venas en cables de acero, los ojos
en canicas de vidrio incoloras:
si un transeúnte sin querer lo roza
disipa el sortilegio, lo deja
caer en pedazos, en miles de añicos
de las agujas de pino del bosque.
Así caminas, en trance, a lo largo de los bulevares
rumiando un solo pensamiento
después de días que nadie te habla
te enfermas de luz, de los pasos
destinados a la masacre, arrojados al azar
sobre el mapa de las poblaciones,
la corona de calles sin salida
donde la nada te ha invadido;
y atravesar el crucero que ningún dios
campesino mira y protege
es exponerse al viento helado que sopla
desde la sombra lunada del mal:
o será como el niño velado
del apólogo que a tientas
vuelve a subir la cresta de la almohada
e inconsciente se abandona
hasta el día en que su corazón será pesado
y los ojos ofrecidos ante un altar
de nubes, hasta el nido del mirlo
donde una aureola de plumas
sobre el fondo azul oscuro de la infancia
lo clavará a su dolor.


                             Trad. de Jeannette L. Clariond


Italo Testa(Castell’Arquato, Italia, 1972

JAIME VÁNDOR




Autorretrato Yacente

Tengo que llevar mis huesos al taller de
recambios que está por inventar.
Así estoy bien, echado
y sin que
los portadores protesten de su carga.
Los ojos abiertos por un dulce insomnio
medito sobre el hoy y el mañana.
Nada que ver, nada que oír,
gafas y audífono
duermen dóciles junto al despertador.
Me disgustaban dos pliegues convexos
prolongando los bordes de la corbata
en mi cuello, liso
no hace tanto.
También eso pasó: determiné ignorarlos.
Los cabellos volaron, queda un páramo.
Sólo los ojos brillan todavía esperanzados.
Como dos astros gemelos que
parpadean
en la bruma de la noche cansada.

                          (De "Cosas que no entiendo" )



JV(Viena, 1933). Refugiado en Budapest en 1939, pasa las
vicisitudes de las persecuciones de los judíos y de la II Guerra
Mundial en Hungría. Estudió en Barcelonaenseñó en su
Universidad. Publico en poesía: "Algo largamente inesperado"
 (1999) y "Los flancos desprotegidos" (Seuba, Barcelona, 2002),
 "Nunca Korczak llegó a Jerusalén" (El Toro de Barro, Cuenca,
2002) y "Cosas que no entiendo" (Libros Certeza,  Zaragoza, 2005).



DAVID HUERTA


 


PERRO DE GOYA


De su perfecto hocico saldrá, cuando menos lo esperemos,
un murmullo de Eclesiastés.

De su pelaje temerario saltarán las chispas
de las Revelaciones. Ángeles y arcángeles
como gatos ciclópeos, asustadizos y, por eso mismo, tiránicos,
serán conducidos a los callejones salvíficos
y a los pasillos del oprobio punitivo
por la mansedumbre de este can visionario.

Hundido en el nacimiento de los colores
como en un prado sublime, este animal
ha visto los desastres de la guerra,
los caprichos de la razón,
extraños frutos en los árboles,
los calderos y gritos de los aquelarres.

Perro pintado: eres hermano del Kraken
y primo del Unicornio. Y eres igual a decenas
de millones de perros, hermanos tuyos
de color amarillo, famélicos, espejo
de la pobreza, el desamparo y el ejército
industrial de reserva.

Perro de Goya: estabas en España
durante los fusilamientos
de mayo, y seguías a las tropas napoleónicas
por las accidentadas geografías de los antiguos godos
y de los romanos intemperantes
—y escuchabas los discursos sobre la Igualdad,
la Fraternidad, la Libertad, todo ello
encajado en los penachos de los húsares y ondeante
en las banderolas y en los uniformes.

Perro hecho de sangre: circulas con un gesto rojo
por las ciudades y por los campos, glóbulo ardiente
de la perpetua canícula pasional; recorres sin cansancio
las orillas de los bosques y de las fábricas, de las escuelas
y los laboratorios científicos. Y observas
el incesante trasiego de tus supuestos amos,
de tus mejores amigos, según sentencia
invertida y atrozmente falaz
de la sabiduría popular. Pero sabes morder
y ladras o lates con furia digna de un dragón
y con porciones enormes de fuego
en la fragua de tu corazón desamparado.

Una tarde llena de magia y de alcoholes quemantes,
José Revueltas te dirigió la palabra junto a tu tribu
en el Parque Hundido. Nunca lo olvidarás:
de aquel discurso revolucionario has dado cuenta
al mismo Goya, en su cielo.

Veo tu paso y sospecho en ti una cojera heroica.
Veo tu silueta neblinosa junto a los burros
y las gallinas. Veo tus andanzas por los ranchos,
en los campos labrantíos, a un lado de Miguel Hernández.
Veo tu modo de cruzar las patas delanteras,
a imitación de los gatos: módica forma de la elegancia
en el muestrario de las conductas zoológicas.
Veo sin la menor duda la razón
por la que Giorgio Manganelli ha descubierto
tu naturaleza celestial: pareces caído
de la estrella Sirio para confundirte entre
los cuerpos humanos,
entre el escándalo de las concentraciones, miserias
y esplendores de la megalópolis.
Veo tu cola como una trenza dibujaba por Jim Dine
y me estremezco, pues ha sido cortada
por el paso raudo de un automóvil
o por la acción inicua de un machete torpemente blandido
por un canalla ocioso. Veo tu modo de tener pesadillas
entre centellas y velocidades y masas de impactos
y objetos contundentes o punzocortantes.

Perro de Goya: acércate, enséñame lo que sabes
a cambio del mendrugo devoto
de este poema que ahora termina,
junto al poema de tu hocico, esa presencia conmovedora.




JAIME VÁNDOR














Alternativas de fe

I.

No me llaméis descreído porque
no crea en las mayúsculas,
en los grandes conceptos
no en las proclamas
las consignas, los estandartes.
No en las doctrinas,
en los tomos de filosofía,
en los devocionarios.
No. Sí en la palabra.
Y en la mirada. Su debido soporte.
Tengo fe en la palabra
en la sinceridad de
la mirada clara
fe en la canción
en la buena intención.
No en las estadísticas
sí en el aval de la experiencia.
No en los grandes números
sí en el modesto uno.
No en la humanidad
sí en el hombre.
Si no creyera en la palabra
cerraría todos los libros
los archivos, el ordenador,
y me echaría a dormir
bolas protectoras
en los oídos, a oscuras,
un paño húmedo en los ojos.
Pero nada de eso pasa.
Yo no desespero, porque –
yo creo en la palabra.


II.

No me llaméis hombre sin fe
ni descreído no me llaméis
porque cada afirmación
la ponga en una balanza. Empezando
por los versículos de la Biblia.
Me embelesa su belleza literaria, pero
su veracidad la observo a trasluz,
porque bien dice el texto
que los fieles llamáis sagrado:
‘el simple todo lo cree,
mas el prudente discierne sus pasos’.
Y sigue Proverbios: ‘¡qué buena
es una palabra a su debido tiempo!’
¡La palabra! La debida palabra
Y la mirada. Su oportuno soporte.


                      De Más acá del Bien y del Mal