miércoles, 7 de agosto de 2013

JORGEN SONNE


Jørgen Sonne


No es nada

No es nada de lo que mueras__
no es nada a lo que sobrevivas:
el bosque de quince mil días y noches;
la nube de mil leguas __
y ni un imperceptible verano azucarado que
te alivie la salida, los amores maternales
los amores que respiran __
Oh desaparecer
(llega la sedante oscuridad)
hundirse en arena pura
hundirse en las llamas que se hunden
en las cenizas que ha encontrado hasta ser
       nada

                                        Trad. F.J.Úriuz

RODOLFO HÄSLER





EVOCACIÓN

Coloco en la estancia un ramo de anémonas
y observo con detenimiento su lenta evolución,
uno tras otro hasta fumar mi cajetilla de cigarrillos Abdula,
hierático en la pureza de los ojos.
No sé cuánto va a durar el proceso,
dependerá del clima, del grado de humedad, prefiero creer.
El discurrir de los días como recuerdo de las anémonas
en espera de eclosión, seguidas de muerte,
atento entre sus pétalos rojos, azules y violados
mientras insisto, por delicadeza, en perder la vida,
como quería Rimbaud,
pendiente de la metamorfosis,
impasible ante el inminente cambio
no puedo imaginar otra situación en estos momentos,
si el negro espacio me sostiene
como parte del reflejo de un diamante, de la luna,
y me devuelve a mi raro receptáculo vegetal,
transitorio exilio
entre hojas verdes y ramas en flor.

           (del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)



OLOKUN

Anterior a la felicidad, antes incluso de la creación,
luchaban una contra otra el agua y la tierra
por la posesión de la ira de tu cabeza.
Cuando la blanca paz interviene para salvarte,
una cuerda de dieciséis cauris te detiene
para que no me desbordes, para que no me asaltes.
Amarrado has de vivir, dominado por tu cólera,
en el fondo del mar la luna nueva te alimenta,
de no ser así pobre de mí, pobre si de ti me olvido.
Las conchas y las piedras guardo en la húmeda oscuridad
para salvar tu condición de sirena, mitad hombre mitad pez,
para acercarte a mis ojos, para afirmar, con toda certeza,
que el peso de tus sentimientos te abruma, no te deja hablar.
Tu color es el azul ultramar, lapislázuli, el misterio,
y para poder continuar beso los dedos que te han tocado,
tres veces me inclino, y pido la bendición, para encontrarte.

                       (De la belleza del puro pensamiento, Editorial El Bardo, 
                        Barcelona, 1997)



(Ciclo del agua y del fuego)

El infinito contiene todas las posibilidades,
todas las promesas,
y si en el agua te sumerges no saldrás sin disolverte en parte
en una muerte simbólica.
El movimiento nunca se detiene y cada ola te colma
de energía,
incansablemente, en su eterno fallecer. Ese es mi bautismo.
El espíritu del génesis se eleva a partir de lo tangible
y no concibes la vida sin alabanza ni regeneración.

El fuego se justifica en el ardor y en la entrega
más altruista,
lengua que me agota y en su arrogancia me vuelve a mentar.
Disuelve la envoltura para unir el alma con el cuerpo
que es salamandra incombustible en su trance espiritual.
El fuego se asienta en el lugar de la definición,
el estado más sutil. Su origen es terrestre y su destino
es celestial,
y en la cúspide te nutre de sorprendente naturaleza.

                         (Poemas de la rue de Zurich, Miguel Gómez Ediciones, 
                          Málaga, 2000).


RH(Santiago de Cuba, 1958). Desde los diez años reside en Barcelona
Tiene editados los siguientes libros: Poemas de arena, Tratado de lican
tropíaElleife, De la belleza del puro pensamiento, Poemas de la rue de 
Zurich, Paisaje, tiempo azul. Ha sido incluido en Anthologie de la poé
sie cubaine du XXè. siècle (París, 1997), Nueva poesía latinoamericana 
(México D.F., 1999), etc. Es traductor asimismo de la poesía completa 
de Novalis y codirector de la revista Poesía 080 de Barcelona.

JORGE DANIEL SANTKOVSKY




Silencio

Ocurre,
que el silencio se detiene;
como la ola a lo alto
en el instante previo a la rompiente.
Ocurre,
que imprevistamente
el paisaje se detiene.
El silencio acompaña
respetuosamente.
Los pocos espectadores
ni siquiera llegan a ponerse de pie.
Silencio y paisaje se retiran.
El público queda esperando
la próxima vez.



Abismo

Ambas
gota y río,
son fronteras
linderas al abismo.
Denuncia de unos ojos
que ven sólo el fragmento.
Aquello que es todo en sí.
Aquello que es nada



Objetos

Hay dos modos de abrazar los objetos:
Un modo seco,
lejano y ausente;
otro húmedo,
calmo y penetrante.
Si el abrazo es adecuado
decaen los múltiples futuros,
comienza un calor nunca olvidado.
Si el objeto es nuestro cuerpo
es de similar comportamiento,
se evapora la distancia
y lo que es alejado deja de serlo.
Todo gira
en una danza
interminable y serena.



Éxtasis

Con un escalofrío suave
la piel se estrella,
suaves nubes la acarician.
No es el cuerpo quien se aquieta
son los ojos que ya no quieren rutina.



Devorar

La ciudad respira.
Observo con detalle
uno a uno
cada rostro.
No serán devorados,
esta vez,
vertiginosamente.
Rastrearé
huecos y claves,
horas y días.
La ciudad es una suma de rostros
no necesita de vientos ni de tempestades.
Sólo suspiros,
una mirada atenta.
Una melodía.



DEREK WALCOTT








Limones de domingo


Desolados limones, aprieten
contra sí, en su vasija de barro,
la luz en su agria carne,

dejen que un destello limón sea
su única armadura
este domingo desnudo,

su luz inflexible
rebote sobre los escudos de manzanas
enceradas de tan reales,

compartan su ácido silencio
con esta mujer que recuerda
domingos de otras frutas

hasta que, concentrándose,
crezcan, falange de cascos,
listos a lo que sea,

ciudades hexagonales en donde abejas
murieron por la dulzura sola,
sean sus lámparas las últimas

sobre la mesa esmaltada
este domingo, que pide más
que la fe de sus velas

que conquistadores encascados
muriendo cual abejas, multiplicando
memorias en su dorada testa;

mientras la tarde vaga
hacia el índigo, deja que tus lámparas
sostengan, en esta ensombrecida

vasija de barro, un bodegón de vida quieta,
mas vida que escape de lágrimas o los
encantos del rocío, la contenta humedad

neón de la tarde que nubla
la forma de esta mujer recostada,

un limón, lámpara encendiéndose sin llama.


Trad. José Juan Pérez Meléndez










































Derek Walcott

CARLOS MORALES





El Santo Lapicero


         Hay cosas que son como las cosas
las cosas menudas que ya nadie barre
y esas cosas inválidas existen también
nos rozan el hombro
ciudades dibujan en la breve ventana
donde muere el invierno
agitan el rabo como versos cabríos
ante nosotros saltan al son de un trompetín
y a un lado pónense del vino terco

con ojos de hambre las cosas te contemplan
imploran tu licencia por amor de Dios
tu piedad reclaman con un cuenco vacío
y te piden su parte en el ágape celeste

y cuando nos damos cuenta
cuando atrapar la música soñamos
y la cabeza volvemos al santo lapicero
las cosas que nos duelen
los cánticos que callan aléjanse deprisa
cual humo por la chimenea
y en la pierna me dejan su recuerdo
su cicatriz grabada en una pata de palo


                          De "El Libro del Santo Lapicero", El Toro de 
                          Barro, Tarancón de Cuenca, 2000



DEREK WALCOTT




ME DETENGO A OÍR UN ESTREPITOSO TRIUNFO DE CIGARRAS...


Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras
ajustando el tono de la vida, pero vivir a su tono
de alegría es insoportable. Que apaguen
ese sonido. Después de la inmersión del silencio,
el ojo se acostumbra a las formas de los muebles, y la mente
a la oscuridad. Las cigarras son frenéticas como los pies
de mi madre, pisando las agujas de la lluvia que se aproxima.
Días espesos como hojas entonces, próximos los unos a los otros 
como horas y un olor quemado por el sol se alzó de la 
carretera lloviznada.
Punteo sus líneas a las mías ahora con la misma máquina.
¡Qué trabajo ante nosotros, qué luz solar para generaciones!-
La luz corteza de limón en Vermeer, saber que esperará allí
por otros, la hoja de eucalipto rota, 
aún oliendo fuertemente a trementina,
el follaje del árbol del pan, de contorno oxidado 
como en van Ruysdael.
La sangre holandesa que hay en mí se dibuja con detalle.
Una vez quise limpiar una gota de agua de un bodegón flamenco
en un libro de estampas, creyendo que era real.
Reflejaba el mundo en su cristal, temblando con el peso.
¡Qué alegría en esa gota de sudor, sabiendo que otros perseverarán!
Que escriban: “A los cincuenta invirtió las estaciones,
la carretera de su sangre cantó con las cigarras parlantes”,
como cuando emprendí el camino para pintar en mi decimoctavo año.

                                      Traducción de Vicente  Araguas



Derek Walcott (Castries, isla de Santa Lucía, 1930)



DEREK WALCOTT





FAMA

                                
Esto es la fama: domingos,
una sensación de vacío
como en Balthus,

callejuelas empedradas,
iluminadas por el sol, resplandecientes,
una pared, una torre marrón

al final de una calle,
un azul sin campanas,
como un lienzo muerto

en su blanco
marco, y flores:
gladiolos, gladiolos

marchitos, pétalos de piedra
en un jarrón. Las alabanzas elevadas
al cielo por el coro

interrumpidas. Un libro
de grabados que pasa él mismo
las hojas. El repiqueteo

de tacones altos en una acera.
Un reloj que arrastra las horas.
Un ansia de trabajo.

                           Traducción de Antonio Rasines



Derek Walcott (Castries, isla de Santa Lucía, 1930)

LEÓN FÉLIX BATISTA




LINCERÍA

                 “oh lince, mi amor, mi amor lince.”
                                                                  Pound


Leer este fenómeno ya es molde de la niebla. Aparece
desplazado a una región difícil. Pero pasa que el pensar (que
va como torrente) se involucra para hacer del desfase diferencia.
Siempre saca de lo amorfo la antigua percepción, de
modo que el absurdo boceta simetrías. Se conserva tan lúcida
en la curva de la córnea que simula reposar (pero en verdad
se muestra) mediante el argumento que expresa sus
constantes, bajo el tórrido estatuto de la audacia.
Yo pinto su perfil fijándolo a un desvío y (en esta sola
hipótesis) le doy actualidad.


             León Félix Batista, “Burdel nirvana”, Santo Domingo: 
             Casa de Teatro/Editora Taller, 2001.