domingo, 4 de agosto de 2013

ARSENI TARKOVSKI


Tarkovsky








Primeros encuentros


Cada instante de nuestros encuentros
lo celebrábamos como una epifanía,
solos en el universo mundo. Tú eras
más audaz y ligera que el ala de un pájaro,
bajabas la escalera como un torbellino
saltando los peldaños, y corriendo me llevabas
a través de húmedas lilas hasta tus predios,
al otro lado del espejo.

Cuando llegó la noche me fue otorgada
la gracia, las puertas del altar
se abrieron, y en la oscuridad resplandecía
y se inclinaba lentamente tu desnudez.
Y, al despertar, “¡bendita seas!”–
dije, aun sabiendo que era irreverente
mi bendición. Tú dormías, y para acariciar
tus párpados con el azul del firmamento
las lilas se extendían hacia ti desde la mesa,
y, acariciados por el azul, tus párpados
estaban serenos, y cálida tu mano.

En el cristal pulsaban los ríos,
humeaban las montañas, brillaba el mar,
tú sostenías en tu palma la esfera
de cristal, dormida en el trono,
y –¡oh Dios santo!– tú eras mía.
Te despertaste y transformaste
el cotidiano vocabulario humano,
tu voz se colmó de vigor sonoro,
y la palabra tú desveló
su nuevo sentido y significado: zar.

El mundo entero se transfiguró, incluso
las cosas más simples –el jarro, la jofaina–, cuando

se interpuso entre nosotros, como un centinela,
el agua laminada y dura.

Fuimos transportados quién sabe dónde.
A nuestro paso se abrieron, como espejismos,
ciudades surgidas por encanto,
la menta se extendía a nuestros pies,
los pájaros nos acompañaban por el camino,
los peces remontaban el río
y el firmamento se desplegó ante nuestros ojos...
Mientras el destino seguía nuestros pasos,
como un loco con una navaja en la mano.
                                                                     
                                                      Trad. José Escudero












Primeras citas


El breve instante en que estamos juntos
lo celebramos como una epifanía,
solos en la tierra. Y tú, más intrépida
y más ligera que un ala de pájaro,
volabas los peldaños como un vértigo desde lo alto,
arrastrándome a través de las lilas a tu imperio,
allá lejos, más allá del espejo.

Cuando llego la noche y se me otorgó la gracia
se abrió por fin la puerta del altar
donde, resplandeciente en la sombra,
tu desnudez se inclinaba lentamente.
Y al despertar dije: “Bendita seas por siempre”
y comprendí la audacia de mi bendición, pues dormías
y las lilas sobre la mesa buscaban
Rozarte para teñir tus párpados
con un dedo de azul, color del universo.
Sombreado de azul estaba quieto tu párpado,
tu frente serena, tu mano tibia.

En el cristal palpitaban los ríos,
brillaban los mares, se ocultaban las cimas
y en tu palma, sobre un trono,
sostenías esa esfera de cristal,
¡oh, justo cielo! ¡Y me pertenecías!
Despertaste… Un instante después
transfigurabas el vocabulario de todos los días.
Vibrantes las palabras desbordaban
plenas de vida, y la palabra tú
nos reveló un sentido de luz.

Hasta los simples objetos familiares
––palagana, jarra— todo se transfiguró
cuando entre nosotros, erguida como un dique,
acechaba el agua dura y estratificada.

Nos dejábamos llevar sin saber adónde.
frente a nosotros, cual espejismos
milagrosamente edificados, las ciudades se apartaban.
A nuestros pies se tendía la mejorana,
el pájaro seguía nuestras lejanas caminatas
y los peces remontaban la corriente,
se abrían para nosotros los celestes espacios…

Cuando el destino, con una navaja en la mano,
Seguía nuestras huellas como un demente.


                                                   Trad. de Javier Sicilia y Georges Voet




Autor: Natalia Moroz

Andrei y Arseny




Arseni TARKOVSKY (URSS), poète.  - URSS.  Rusia.  Moscú.  1979.  Poeta ruso Arseni TARKOVSKY.  - Gueorgui Pinkhassov





Primeros encuentros


Cada momento de nuestros encuentros
celebrábamos como la Epifanía,
solos en este planeta. Fuiste
más valiente y más ligera que el ala de un pájaro
bajando la escalera de dos en dos,
como vértigo, llevándome a través
de lilas mojadas a sus predios,
al más allá del espejo cristalino.

Cuando llegó la noche tuve la gracia,
se abrieron las puertas del altar,
en la oscuridad resplandecía
y se reclinaba lentamente la desnudez.
Y yo, al despertar, decía: “¡Sé bendita!”
porque sabía que era audaz mi bendición.
Tú dormías, pero las lilas de la mesa
se disponían a tocar tus párpados
con el azul del universo circundante,
los párpados, tocados por el color azul,
estaban muy tranquilos, tu mano cálida también.

En el cristal pulsaban tantos ríos,
montañas humeaban y mares despuntaban,
tenías en tu palma un globo cristalino,
estabas durmiendo en el trono.
¡Dios justo! Tu eras mía.
Te despertaste para transformar
el vocabulario humano, usado cada día,
y el lenguaje se llenó hasta el tope
de fuerza sonora, y la palabra tú abrió su acepción nueva, que era el zar.

En el mundo se ha transformado todo,
incluso cosas tan sencillas como el jarro y la palangana,
y el agua dura y laminada
estaba de guardia entre nosotros.

Algo me llevaba no sé adonde.
Nos cedían paso, como espejismos,
ciudades construidas por milagro,
la menta, cual alfombra, se acostaba bajo nuestros pies,
los pájaros nos acompañaban haciendo el mismo camino,
los peces subían el río
y el cielo se abrió ante nuestros ojos...
El destino seguía nuestra pista
como un loco con navaja afilada.

                                                 Trad. Enrique Turover









GARY SNYDER




Cayendo desde la altura, cogidos de la mano


¿Qué fue eso?
una tormenta de cristales
y ondulantes llamas

un día claro en el cielo lejano

antes de quemarse,
se cogen de las manos.

Seremos
dos peregrinos buceando

hasta el fondo



Falling from a Height, Holding Hands


What was that?
storms of flying glass
& billowing flames

a clear day to the far sky—

better than burning,
hold hands.

We will be
two peregrines diving


all the way down.


                       De Danger on Peaks, Shoemaker & Hoard, 2004.



INGEBORG BACHMANN


ingeborgbachmann


Despedida


La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.

No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.

Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.

                                               Trad. de Breno Onetto


Ingeborg Bachmann(Klagenfurt, Austria, 1926- Roma, Italia, 1973).
Esritora y poeta austriaca, considerada como una de las voces funda
mentales de literatura alemana en el s. XX. Miembro del movimiento
literario del Grupo 47, y de gran éxito como poeta, sus ideas sobre la 
literatura la llevaron a pasarse a la novela y cambiar por completo su 
registro narrativo. Entre otros premios recibió en  el Georg Büchner 
1964 como reconocimiento a la importancia de su obra.