martes, 30 de julio de 2013

EUGENIO DANERI




Autorretrato, 1946

Autorretrato con sombrero blanco



Eugenio Daneri


              
                Autorretrato con bufanda


Daneri. Autorretrato
                  Autorretrato, s/d, óleo


Daneri. Autorretrato
               Autorretrato, 1944, óleo s/tela



              Autorretrato (óleo s/ tela, 1955)


                Autorretrato, 1955, óleo s/tabla


          El jubilado (autorretrato), 1950,
                      óleo sobre tabla



OSÍAS STUTMAN





LOS PENSAMIENTOS

Hay que pensar cosas nuevas
sobre el limpio mundo. Figuras
regulares y definiciones,
nos dicen los copérnicos, ignorando
lo que ordenan todas las reinas
orgullosas o modestas (en Escocia y más allá).

¿Quién es el padre? ¿Quién es el hijo?
Eso preguntan los niños soldados mudos
del imperio, y sólo una mujer morada
escucha mis cantos. Gira. Vive cubierta
por la sombrilla oriental. Cuando la madre
le arranca el vestido, deja de girar.

Es mujer sesgada, de gran mentón
soberbio que nunca sintió lágrimas.
Una línea divide sus cabellos,
negros como las alas, es memoria
de ilusiones, lluvia de guantes
y otras intimidades próximas al cuerpo.

Es la Desaparecida, la que oscila
entre el ahora y el después. Desnuda
con el lujoso sombrero oscuro, marabú
y terciopelo, velour, estilete con perla,
su mano es color del marfil viejo.
Ella nunca vuelve de donde va. Aplasta la uva,

salpica su lenguaje de miradas, Entra y sale de
un cuadro (de Cranach, Lucas, el viejo) armada
de la maldad de esas tres húngaras pintadas. Se adueña
de mi memoria y mi futuro, me maneja, me opera y
me esgrime, me maniobra. Pero es ella una imagen tan
ajena que no puedo pensarla en ningún idioma.



LOS CELOS
                    
                                    A Antonio Gamoneda

Cincelar línea a línea
(el poema) como una visión.
Ópera desmesurada en su silencio,
con inmovilidad y blanco orden
en cada hoja. Eso es pensar
y no escribir. Es un pensar desterrado.

Los celos me impiden escribir
página a página como en las novelas
sonoras, invadidas de actores
y estratagemas entretenidas.
La populosa novela no es pensar
ni escribir ni escultura rasa. Es relato aparente,

engañoso. Describe momentos efímeros,
horas libres y noches claras, sin celos
cuando huye la mujer de guantes negros
y ojos en forma de trébol y la perla bajo la lengua.
Perdida la memoria la vemos ir y venir,
pero la tentación de llorar su ausencia es grande.



THE REAL THING O LA COSA REAL

La verdad tiene senos verdes
y boca que solo puede decir scream
que es grito y lamento fuerte que chilla
y aturde los sentidos.
Una mujer sin cintura me acosa.
Y la que busco, la de las largas
piernas, me huye, discreta.
Clavo mis ojos en sus rodillas
y aún así se escapa como un pez
de plata.

Un susto: Un par de blancas manos
salen de un sombrero que llevo puesto.
Mi viejo sombrero de Panamá de Guayaquil.
Veo una mujer mulata de ojos azules,
respiro aliviado pero es
una tigresa de las frutas. Un verdadero
demonio con alma de zorro, dueña
de torbellinos, habitante de las altas
nieves. Me sacude como si yo fuera
su ropa privada, puesta al fresco.

Pero la Joven Bella sigue siendo
la reina del mundo, es asoladora.
Y este teatro de sombras imita al tiempo
pues así es también con las secas cosas
reales. Las misteriosas barricadas del pensar
me acunan con cariño maternal.



UN VOCABULARIO PRETENCIOSO

Ninguna palabra existe antes de ser leída.
El texto de palabras no vive.

Este texto no existe como tal, no es ni aire,
necesita los ávidos ojos de lector.

Pero ese lector no es suficiente para que el texto exista,
que no es ni de aire.

El texto miente, miente y aclara pero no describe nada
de lo que vive en este mundo.

Describir no es ver, ni oler, ni sentir, ni escuchar la razón
palpitante y su quebrado conocimiento.

Todo es prestado, menos la manera de decirlo
o el callar.

               De  "La vida galante y otros poemas”.
               Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2008.


Osías Stutman (Buenos Aires, 1933)

EDGARDO RUSSO





Naturaleza muerta N° 5


En ramo, la flor de caña se abre por sobre el tapial.
En ramo quieto, ahora que no sopla viento...
Jacarandá, Lapacho en el parque dos veces florecido,
"victoria regia" en mi plato...
Es junio ahora, estación de las lluvias,
y la ventana que enmarca el ramo no me deja ver...

Todo como antes, una vez más, una vez más...
El hielo tintinea en el vaso, la mesa tiembla,
pueden golpear a la puerta una vez más...
Hay guerra, y yo sé que este ramo vivo
es como el que acuna muerto la florista,
o como el jazmín ahogado que se abre
muy cerca Estela, en tu taza de té.

                    De Reconstrucción del hecho, 1988




Modula en canto gregoriano
sobre el eje de la palabra papa.
Pero su bisilábico es otro.

Carece de aliento para lo que no sea
repetición de una palabra falaz.
Su sabiduría consiste en no decirla,
derivarla.
Su error: afilar el pico en un alambre,
lastimar su lengua.

No puede hacer otra cosa:
tríos cantábiles con violín y piano
o acompasar sus contrarios a la manera de Schubert:

conmovedores cuartetos, quintetos.

Jamás sonará en "La Trucha".


Edgardo Russo (Santa Fe, 1949) es también poeta y narrador.
Publicó, entre otros libros, Reconstrucción del hecho y Guerra
conyugal