viernes, 19 de julio de 2013

BEATRIZ VIGNOLI





EL PINCEL

                                   a Pat Roldán


Cada cara nueva que me encuentro
viene escrita en un idioma extranjero
que no sé si aprender.
Los rostros que no soy. Millones
de nombres donde no he sido: la otredad
es ausencia de mí. Y no hay más amor
humano que mirarlos
pasar, mientras aguardo
que el tiempo se termine.




EL PEZ


De nuevo aquí este extraño.
El antebrazo tiende a parecerse
a la arena; y así de insensible.
Camuflado como un róbalo, el cuerpo
envejece. Cuesta, bajo este sol, sostener
la falacia monista: ¿yo he nadado?
¿He sido yo quien fluía,
el maderamen vivo en flotación
y el huésped del cerebro en su cripta?
Mi osamenta se mueve por el agua, leva anclas
el nervio, sale bogando la cosa.
Mis materiales quisieran
desasírseme del pensamiento.
Tanto he batido el parche del tiempo
con palabras; ¿me es, todavía,
este esqueleto? ¿Diré, de él,
"yo"?




EL PINO


Apagué los motores
y anduve a la deriva
¿cuántos años anduve
a la deriva, el motor apagado, ni
impulso ni gobierno, sin dirección?

Me recuerdo leyendo neones
a la vera de avenidas
desiertas. ¿Cómo pudo
nevarme encima todo este cansancio?
¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida?

Sacudo la cabeza como un pino. La nieve
no se va.




SEÑORA ROBINSON


Escribo,
escribo a máquina:
cada letra es un disparo en la noche.




LENORE


Tras la cresta del mundo, como la aurora, yaces:
todo tu nombre junto con la noche se ha acostado a dormir.




NO ESTÁ TU CUERPO


No está tu cuerpo
teníamos la misma estatura

ya no
que el suelo olvide tus pies.

Hinchada de tu ausencia como un globo
se halla la noche.




TRAKLAND

                                     a D. G. Helder


Lo que vemos no es cierto. ¿Deberíamos
una vez más, ver apagarse el día,
sentir nuestras cenizas aplastarse
contra el vasto rumor? ¿Nos pertenece
algo de todo esto? ¿No es el mundo
un celuloide viejo al que asesina la luz?

Tomarse vacaciones, ver huir el paisaje.
Salir a buscar fuego, y no volver jamás.
Tu rostro, ese accidente al que vela una distancia.
¿Debo abrir la ventana? ¿Hay que mirar al cielo?
Qué bellos son los ojos de la muerte
bajo el mundo: este párpado.


Beatriz Vignoli (Rosario, 1965) publicó Proesía (Rosario, 1979),
Almagro (EMR; Rosario, 2000), Viernes (2001), Itaca (Rosario,
2004) y Antología Personal. Coordina talleres. Colabora desde 
1980 en diversas revistas de poesía. Contienen poemas suyos 
varias antologías, entre ellas Señales de la nueva poesía argentina 
(Llibros del Pexe, Gijón, 2004) y Los poetas interiores (Amargord,
Madrid, 2006).

ARSENI TARKOVSKI




Los primeros encuentros


Cada instante de nuestros encuentros
lo celebramos, como una presencia Divina,
solos en todo el mundo. Entrabas
más audaz y liviana que el ala de un ave;
por la escalera, como un delirio,
saltabas de a dos los escalones, y corrías
a través de las húmedas lilas, llevándome lejos,
a tus dominios, al otro lado del espejo.

Cuando llegó la noche, recibí la gracia,
las puertas del altar se abrieron,
y brilló en la oscuridad, en el espacio
la desnudez, y se inclinó lentamente,
y despertando, pronuncié: "'¡Benditas seas!",
y enseguida percibí la insolencia
de esta bendición. Dormías,
y para pintar tus párpados de aquel azul eterno
las lilas se inclinaron hacia ti desde la mesa.
Tus párpados azules ahora estaban
serenos, y tibias tus manos.

En el cristal se percibía el pulso de los ríos,
el humo de los cerros, el resplandor del mar,
y una esfera en la palma de la mano sostenías,
de cristal, y dormías en el trono,
y ¡oh Dios Santo! eras mía solamente.

Al despertarte, había transformado
el común lenguaje cotidiano
y con renovada fuerza se colmó la garganta
de vocablos sonoros, y la palabra "tú", tan liviana,
quería decir "rey" ahora, revelando su nuevo significado.
De pronto, en el mundo todo ha cambiado,
hasta las cosas simples, como la jarra, la palangana,
cuando se erguía en medio de nosotros, cuidándonos,
el agua, dura y laminada.

Fuimos llevados hacia el más allá,
y se abrían ante nosotros, como por encanto,
las ciudades milagrosas, y nos invitaban a pasar,
la menta se extendía bajo nuestro pies,
las aves seguían nuestro camino,
los peces remontaban nuevos ríos,
y el cielo se abrió ante nuestros ojos...
Mientras seguía nuestra huellas el destino,
como el loco, armado de una naranja.

                                  Traducción de Irina Bogdaschevski.

PEDRO TAMEN




MUCHO MÁS QUE PLAYA

                   para António Ramos Rosa

Ondea, asume, rememora,
abriga la espuma
con corazón disperso.
Una herida abierta
afirma y cede a la siembra temprana.
Completa, palpa, roza
tu cuerpo al cuerpo de ella,
de la ya llorada aunque viva muerte.



AHORA, ESTAR

9

La luz que viene de las piedras, de la intimidad de la piedra,
tu la coges, mujer, la distribuyes
tan generosa y a la ventana del mundo.
La sal del mar recorre tu lengua;
no están de más en ti las cosas demás.
Mejor que todo, el vuelo de los insectos,
la llave del momento en que comienza el canto
del ave o de la cigarra
— la mano que esto dirige con el mismo gesto hiere
la cuerda de lo que em ti hace acordar
los ojos densos de cada día uno solo.
¿Quién está salvando en esta respiración
boca a boca real con el universo?

                              Traducción de Xosé Lois GARCIA


PT(Lisboa, 1934). Licenciado en Derecho por la Universidad de Lisboa.
Traductor y poeta.

GUILLERMO BOIDO






Poetisos

o la persistencia del silencio
entre los pliegues de la palabra nada



Cartografía

A veces el mapa de la vida
orienta de otro modo sus caminos. Sus nombres
no designan, solamente
cantan. El mapa
modifica aquí o allá su escala, adquiere
los contornos de un rostro, se transforma
en un hombre. Y espera.
Pero nadie sabe
quién habrá de consultarlo ahora,
en símbolo o signo de qué se ha convertido.



Johannes Kepler

Ya no hay presagios, certidumbres
en la nube y la estrella.
Cayó el vuelo. Con su cielo a cuestas
se marchó la tierra.


Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941), La oscuridad del alba. 
Poemas 1970-2005, Ediciones Virgilio, Buenos Aires

JANE HIESHFIELD




LOS POEMAS DE AMOR PERDIDOS DE SAFO


Los poemas que no hemos leído
deben ser los más intensos:
imperfectos, extremos.
Como pasa con el amor, sus días, sus noches.
Está en la cima de la montaña
y busca más montaña, puntos más empinados.
El descenso una idea imposible de imaginar.


                         Traducción: Gerardo Gambolini


Jane Hirshfield(Nueva York, 1953). Poesía:
Después, 2006; Azúcar dada, dada la sal (2001); Las vidas 
del corazón(1997); El palacio de octubre (1994).